When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Mar 05, 2016 12:54 pm

Este día no podía ser más humillante. William había encendido la radio durante el resto del trayecto hasta el hospital. No dijo una palabra más. Sabía que estaba enojado o frustrado. Lo mantenía apartado de una mujer, pero yo intenté liberarlo. Él simplemente me ignoró.

Una vez estuvimos en la sala de emergencias, me consiguió un refresco mientras esperábamos, a pesar de que le dije que no lo necesitaba. Para el momento en que me llevaron para darme las puntadas, nos habíamos dicho un total de cinco palabras. Quería volver a decirle que se fuera, que conseguiría un taxi, pero tenía miedo de que me gritara. No conocía a este hombre. No tenía ni idea de lo que era capaz.

Cuando me dieron una inyección, William sostuvo mi otra mano y me dijo que apretara si lo necesitaba. ¿Qué significaba eso? ¿Trataba de aliviar el dolor? Era sólo una inyección. Cuando cosieron mi herida, que necesitó cinco puntos de sutura, continuó sosteniendo mi mano.

Me contó chistes. Eran cursis, pero me reí. No creía que alguien jamás hubiera tratado de hacerme reír antes. Era la primera vez que me contaban una broma que no se trataba de mí. En la escuela, había oído bastantes chistes, pero yo fui el blanco de todos ellos.

Ahora se estacionaba delante de mi apartamento. No me había hablado durante todo el camino. Parecía que iba a decir algo más de una vez, pero se detuvo. Finalmente, encendió la radio de nuevo, y supe que eso significaba que había terminado de hablarme.

No podía sentirme herida por su silencio. Había dejado a su cita o novia para llevarme al hospital y que me dieran unos puntos. Durante todo el tiempo había actuado tan agradable; más que eso en realidad, fue amable. Pero ahora su mente estaba en su novia, la chica que lo esperaba.

Me‖habían‖llamado‖“nena”,‖“caramelo”‖y‖“mamacita‖caliente” en el pasado, lo que todavía me hacía temblar. También me mencionaron otros nombres menos deseables, pero nunca‖“cariño”.‖Me‖preguntaba‖cómo debería sentirse. Que alguien te hablara de esa manera y que lo dijera en serio. Saber que no iba a hacerte daño.

Cuando estacionó la camioneta, sabía que tenía que agradecerle de nuevo y dejarlo ir.

—Gracias de nuevo por llevarme, y por‖el‖refresco,‖y‖por…‖por,‖em, sostener mi mano. Realmente lo aprecio. Siento haber arruinado tu día. Y volveré para limpiar el domingo. No tengo otra casa reservada para ese día. Y tú‖te‖vas‖ese‖día… ¿verdad?

William suspiró y me miró. —Sí, vuelvo a casa el domingo. Al menos, ese es el plan ahora mismo. Pero no te preocupes por la casa hasta que tu mano esté mejor. Nan no regresará hasta dentro de un mes. Está en París.

París. Guau. No podía imaginar ir a un lugar como París. Me preguntaba cómo se vería Nan. Si era su hermana, imaginaba que era hermosa.

—Está bien, gracias —dije de nuevo, incapaz de dejar de darle las gracias. Agarré mi mochila y abrí la puerta de la camioneta.

—Espera. Déjame ayudarte a bajar —dijo William, deteniéndome. Había hecho esto cada vez que entraba o salía de la camioneta. Era como si no creyera que pudiera saltar sin hacerme daño. Pero, de nuevo, después de lo que había visto hoy, probablemente pensaba que era una torpe.

Estaba frente a mí, tendiéndome la mano de nuevo para que la tomara. Dejé que me ayudara, porque estaba segura de que era la última vez que vería a este hombre. Él no se daba cuenta, pero me había dado esperanza. Y me había mostrado que no todos los hombres eran malos.

Me mordí la lengua para no darle las gracias de nuevo. En cambio, me limité a asentir y me dirigí al apartamento 1C.

—Maite —dijo William, deteniéndome en seco.

Me giré para mirarlo. El sol se ponía detrás de él, y estaba segura de que nada había sido tan perfecto en la historia.

—No arruinaste mi día. —Eso fue todo lo que dijo antes de abrir la puerta de su camioneta y volverse a subir.

Quería verlo alejarse. Pero no lo hice.

***

A la mañana siguiente, mi mano palpitaba. Pero tomé el medicamento y el antibiótico para el dolor que el médico me había dado y me alisté para el trabajo. Ese día tenía que limpiar otra casa en Rosemary Beach. Jimmy me había conseguido esta, porque era amigo de los propietarios. No iba a decepcionarlo reportándome enferma.

Jimmy estaba de pie fuera de mi puerta con dos tazas de cappuccino, sonriendo. No sólo era agradable, era atractivo. Y lo sabía. Sin embargo, era extraño que no pensara en él como un tipo normal. Era más como mi primera amiga. Se lo había dicho una vez, y se rio a carcajadas.

También tenía una máquina de capuchino en su apartamento. Comenzaba a amar esa máquina.

—Buenos días, preciosa. Aquí está tu jugo para despertar —dijo, y me entregó la taza. Empecé a tomarla con mi mano lastimada y me detuve. Utilicé mi mano buena, pero los ojos de Jimmy ya estaban fijos en la vendada—. Chica, ¿qué demonios te sucedió?

Suspiré, odiando recordar el desastre que había hecho el día anterior. —Me caí mientras limpiaba una ventana, rompí un espejo mientras descendía, y me corté la mano. —No quería darle detalles. Levanté la mano vendada—. Cinco puntos de sutura. El hermano de la dueña me llevó al hospital.

Jimmy hizo una mueca. —Ouch. ¿Estás segura de que hoy puedes limpiar una casa? Eso debe doler.

—Estoy bien. Iré un poco más lento, pero puedes apostar a que no voy a subirme en sillas para limpiar las ventanas de nuevo —bromeé.

Él no sonrió, simplemente sacudió la cabeza. —Eres todo un personaje, Maite Ellis. Vamos, llevemos tu culo caliente a lo de los Carter. También tengo un número para que llames. Blaire Finlay es una buena amiga mía, y está interesada en contratar una nueva asistente. La que tiene ahora va a retirarse, y quiere a alguien joven. Tiene un niño. Se hizo difícil para la chica que limpiaba manejar sus desastres. El niño es un amor. —Tomé el número que me entregaba—. Llámala. Es una muñeca. Vas a amarla.

Otro trabajo que conseguía sin utilizar la agencia. Esto era bueno. Tenía que mantener todos los ingresos de los clientes que encontrara por mi cuenta. —Gracias, Jimmy —dije, metiendo el número en mi bolsillo—. Le llamaré cuando mi mano esté mejor. No quiero presentarme en su casa con una mano vendada.

Jimmy sonrió, y su cara de ángel parecía aún más brillante. —Sucede que es la cuñada de Harlow Carter, para que lo tomes en cuenta.

En realidad, eso no tenía sentido. ¿Qué quería decir con “para‖que lo tomes en cuenta”? Me imaginé que no importaba. Además, me agradaba mucho la señora Carter. A menudo estaba allí cuando limpiaba, porque tenía un bebé, así que había hablado con ella varias veces. Siempre trataba de hacerme parar y almorzar con ella. De seguro me encantaría trabajar para su cuñada, también.

—Tengo una beneficencia para recaudar fondos esta noche en el club. No terminaré hasta la una de la mañana. Me gustaría que tomaras un taxi a casa. Especialmente con ese mano tuya. Después de limpiar en lo de los Carter vas a estar cansada. Y probablemente te dolerá.

Teníamos esta discusión todos los días cuando él tenía que trabajar hasta tarde. Siempre quería que tomara un taxi a casa, pero vivíamos tan sólo a trece kilómetros del club, justo afuera de Rosemary Beach y detrás de unos caminos hacia el interior. Había caminado a la escuela, biblioteca y la tienda toda mi vida. Estaba acostumbrada a caminar para llegar a los lugares. Si quería ir a algún lugar, tenía que caminar.

Probablemente podría permitirme un auto ahora, pero no podía pasar la prueba escrita. Le había pedido a mi madre que me ayudara una vez, y había sido un error terrible. Se aseguró de que comprendiera que la gente estúpida y perezosa no debía conducir autos. Era peligroso para todos los demás. Intenté leer la guía de estudio para el examen escrito dos veces, pero fue inútil. Las palabras no tenían sentido para mí.

Así fue como supe que mi madre, mi padrastro y todos los niños en la escuela tenían razón: era estúpida. Tenía que serlo. Mi cerebro no funcionaba de la manera en que el de todos los demás lo hacía. Tenía veintidós años y todavía iba a la biblioteca, tomaba libros ilustrados y trataba de leerlos.

—Apuesto a que Harlow te llevaría después del trabajo si sólo se lo pides. Caray, yo le preguntaré. No hay nadie más dulce que Harlow Carter.

No le pediría que me llevara a casa. —Está bien. Voy a pensar en llamar un taxi. Te lo prometo —le dije, sabiendo que lo pensaría pero no lo haría.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Mar 05, 2016 1:00 pm

5

William

No fui anoche a donde Harlow. Regresé a casa y recogí el vidrio, luego la llamé y le expliqué que me encontraba agotado. Todavía tenía que ponerme al día descansando. Las pocas horas que tuve esta mañana no fueron suficientes.

Cuando desperté en medio del silencio esta mañana, sentí un extraño sentimiento de pérdida. Lo cual era extraño, teniendo en cuenta que Maite no sabía cantar una mierda. No tenía la intención de ver a la chica de nuevo. Incluso si no me iba el domingo, no estaría aquí para cuando llegara. Tenía ganas de arreglar todos sus problemas. Lo cual era una estupidez. Ella lo hacía bien sin mí. Pero había algo en esos ojos grandes... y demonios, ¿a quién quería engañar? No había una parte de su cuerpo que no gritara clamando atención. Y quería darle esa atención.

Una mujer así debe tener un hombre. No tenía sentido que no lo hiciera.

Me estacioné fuera de la casa de Harlow y alejé todos los pensamientos de Maite de mi mente para dejar de pensar en lo de ayer. Sí, creía que merecía un jodido trofeo por no besar esos labios carnosos, pero eso terminó.

La puerta principal se abrió y Harlow salió corriendo, sonriendo como una niña pequeña. En mi mente, siempre sería mi hermanita. Todavía podía ver sus coletas y el espacio entre sus dos dientes delanteros cuando me sonrió. También tenía pecas en la nariz en ese entonces. Me necesitó durante mucho tiempo, y cuidé de ella. Sin embargo, Grant Carter lo hacía ahora.

—¡Estás aquí! —gritó y se lanzó a mis brazos.

Me reí de su entusiasmo y la sostuve en mis brazos mientras besaba mi mejilla. — Siento no haber venido ayer. Largo día —dije, sintiéndome culpable por no venir la noche anterior.

—Está bien. Tengo un día completo planeado para nosotros. Lila Kate está durmiendo dentro, y la chica de la limpieza, que Grant insistió que necesitábamos, está limpiando la planta de arriba. Lo cual, por cierto, no me dejó hacer. No le gusta que esté limpiando mientras Lila Kate está durmiendo; piensa que debería estar durmiendo con ella y descansar más. No quiere que limpie la casa. —Puso los ojos en blanco como si fuese ridículo. Pero concordaba con él. Harlow tenía un problema cardíaco que casi la alejó de nosotros. El recuerdo de casi perderla durante el parto todavía era demasiado duro. Lila Kate nació varios días antes de que Harlow abriera los ojos.

—Tiene razón —le contesté sinceramente, y Harlow se rio de mí.

—Vamos. Tengo el almuerzo listo. He estado viendo el canal de cocina mientras le doy a Lila Kate su biberón a medianoche, así que he estado cocinando últimamente. Comenzó como un arrebato.

Seguí a Harlow al interior mientras charlaba alegremente. Al escuchar la alegría en su voz y ver el amor brillar en sus ojos, realmente logró que Grant Carter me agradara. No estaba seguro al principio, pero el tipo se lo había ganado. Hacía feliz a mi hermanita. La adoraba de la forma en que debía ser adorada.

—Ya regresé, Maite. No tienes que mantener un ojo en Lila Kate. Tengo el monitor conmigo. ¡Gracias! —gritó Harlow al subir las escaleras.

Justo cuando el nombre "Maite" se hundió mí, levanté la mirada para ver los ojos azul claro mirándome fijamente tan amplios y sorprendidos. Bueno, mierda. Tanto para no verla otra vez.

—Maite, este es William, mi hermano. William, ella es Maite. La mejor asistente de limpieza de todo el mundo. Tengo que darle las gracias a Jimmy por ponerla en mi camino.

La vi cubrir su mano vendada con la buena mientras forzaba una sonrisa tensa y nerviosa. Estaba trabajando con la mano así. Maldita sea. ¿No escuchó nada de lo que le dije? Era tan jodidamente terca. Sus puntos tendrían que estarle ardiendo como un hijo de puta.

—Ella es muy eficiente, también, ya que está limpiando tu casa con cinco puntos de sutura frescos en su palma. Tu tolerancia al dolor es realmente impresionante, Maite —le dije.

—¿Qué? —Harlow se quedó sin aliento—. ¡Oh! ¿Maite limpia la casa de Nan, también? —Harlow giró su mirada hacia Maite—. ¿Estás limpiando después de cortarte la mano ayer? ¿Por qué no me lo dijiste? Nunca habría esperado que vinieras hoy. Necesitas descansar tu mano. Podría haberse abierto la herida de nuevo —la regañó Harlow.

Vi como Maite enderezó sus hombros y puso su mano vendada detrás de su espalda, como si eso fuera a hacer que desaparezca. —Estoy bien. En serio. Me desperté esta mañana y no me dolía en absoluto. Bueno, tal vez un poco, pero me tomé mi medicina, y estuve mejor. Ya casi termino con el piso de arriba. No lo haré como por otras tres horas.

Harlow sacudió su cabeza. —Absolutamente, no. Vienes a almorzar con nosotros, y luego William puede llevarte a tu casa. No quiero que vuelvas aquí hasta la próxima semana a más tardar. No puedes trabajar con la mano así.

Pude ver la frustración en el rostro de Maite, pero no iba a discutir con Harlow. —Bien. Permíteme poner las toallas dobladas en tu baño y luego bajaré.

Maldita sea, mujer. —Las toallas están bien dondequiera que estén. Harlow puede poner las toallas después. Baja. —Sonó como una orden. Pero ella acababa con mi paciencia.

Asintió con rigidez y bajó las escaleras lentamente. No llevaba pantalones cortos hoy. En cambio, tenía puestos unos leggings que terminaban justo debajo de su rodilla. La abrazaban como un guante. Deseé jodidamente que su camiseta no fuera tan grande para poder ver su culo en esa cosa.

—Siento que suene tan mandón. Siempre ha sido así. Es esta cosa macho alfa que lleva en él —dijo Harlow, mientras Maite se detenía frente a nosotros—. Vamos, vamos a comer. Estoy sirviendo algunas cosas que realmente he cocinado por primera vez. No puedo esperar a escuchar lo que opinan sobre ellas.

Vi como Harlow iba a la cocina y esperé hasta que estuvo lo suficientemente lejos delante de nosotros antes de mirar a Maite. —Déjame ver tu mano —le dije en voz baja, tratando de aliviar la tensión. Era claro que la ponía nerviosa cuando me frustraba.

Empezó a discutir. Podía verlo en sus ojos, pero cedió y tendió su mano hacia mí. Desenvolví suavemente y revisé su piel que se encontraba rosada y arrugada. No estaba infectada, pero abusó con la limpieza. Tenía que poner un poco de hielo y crema en ella.

—Te pondré un poco de hielo. Vamos —le dije, sosteniendo su muñeca y tirando de ella para que caminara delante de mí.

—Me gustaría que no lo hicieras. Harlow se sentirá mal porque haya limpiado su casa hoy.

Se preocupaba por Harlow. ¿Por qué no me sorprendía? —Está bien. Harlow querrá que cuides de ti misma.

Entró en la cocina y se dirigió hacia la mesa, a donde Harlow le indicó que se sentara.

Mi tranquila visita a Harlow acababa de convertirse en algo totalmente diferente. Me acerqué a la nevera para conseguir una bolsa de hielo. Harlow se encontraba sentada en la mesa frente a Maite, sin embargo, podía sentir sus ojos sobre mí. Mi hermana leía más en esto de lo que era.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Mar 05, 2016 1:08 pm

6

Maite

sto era tan incómodo.

Harlow‖ era‖ “cariño”‖ con‖ quien‖ habló‖ ayer.‖ Eso‖ es‖ todo‖ lo‖ que‖ descubrí.‖ Ella‖ mencionó que él no pudo llegar a verla anoche. Por lo cual me sentía terrible. Y ahora, aquí me encontraba de nuevo, interrumpiendo su visita. William, obviamente, adoraba a su hermana, y ella sentía lo mismo por él. Yo no tenía hermanos y ni idea de cómo se sentiría.

—¿Kiro te llamó? —preguntó William, mirando a su hermana antes de tomar un bocado del sándwich en el plato.

Ella sonrió tensa y asintió. —Sí. La está pasando mal por estar lejos.

—Me sorprende que lo hiciera por tanto tiempo. ¿Visitarás a tu mamá?

Harlow frunció el ceño y miró a su plato. Algo iba definitivamente mal. ¿Tenía problemas‖con‖su‖mam{‖como‖yo?‖Y‖él‖dijo‖“tu‖mam{”.‖¿Tenían‖diferentes‖madres?‖— Le preocupa que pueda molestarla sin él ahí. Piensa que es mejor para mí esperar hasta que regrese.

William dejó escapar un gruñido irritado. No parecía contento con su respuesta. Él giró su mirada hacia mí. —¿Estás bien? ¿El hielo ayuda?

Asentí.

—No hablemos de papá ahora. Es de mala educación hablar de cosas familiares cuando tenemos una invitada con nosotros —dijo Harlow, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Algo que dijo William la molestó.

—Su papá tiene un nombre genial —dije, con la esperanza de aliviar un poco la tensión que se cernió de repente en la habitación—. El único Kiro del que he escuchado es de Kiro Manning. Nunca he escuchado hablar de nadie más con ese nombre.

Harlow y William se miraron, y luego una verdadera sonrisa apareció en el rostro de Harlow, y sus ojos brillaban de risa. —Tampoco he escuchado nunca de alguien más con el nombre Kiro. Excepto, por supuesto, Kiro Manning.

Empecé a concordar cortésmente cuando asimilé sus palabras lentamente. No... espera. No...
—Supongo que no te dije mi nombre completo cuando me presenté —dijo William con una sonrisa.

Está bien, espera. Me desvené el cerebro. Hubo algunas noticias o algo, por el tiempo en que me fui de casa, sobre la esposa e hija de Kiro Manning. No siempre tenía acceso a la televisión en ese entonces.

—No ves mucha televisión, ¿verdad? —dijo William con una sonrisa burlona mientras tomaba un sorbo de su refresco.

No le explicaría por qué no veía mucha televisión. Solo negué con la cabeza. — No, no mucha, nunca.

Harlow suspiró y luego rio en voz baja. —Alguien que no sabe quién soy, y ahora lo has arruinado, William.

Podía decir que bromeaba. Solo sonreí y traté de entender el hecho de que me encontraba sentada a la mesa con los hijos de Kiro Manning. ¿En qué universo sucedió eso? La sensación incómoda se acrecentó, y no quería nada más que alejarme. No solo interrumpía una reunión familiar, interrumpía una reunión familiar de una legendaria estrella de rock. Oh, Dios, esto era tan vergonzoso.

Miré a los dos sentados ahí, tan agradables, con sus sencillas sonrisas. Parecían como cualquier familia normal y feliz. No parecían ser lo que se esperaría de los hijos de una leyenda del rock.

—Tengo que irme. Yo... mi mano empieza a molestarme, y dejé mi medicamento en casa. Muchas gracias por el almuerzo, y me comprometo a trabajar horas extras la próxima semana. Ustedes dos disfruten el resto de su comida, y saldré por mí misma — dije rápidamente, antes de que cualquiera de ellos pudiera interrumpirme. A continuación me puse de pie y les mostré una sonrisa más antes de salir de la habitación con tanta calma y rapidez como pude.

Acababa de salir cuando sentí una gran mano envolverse alrededor de mi brazo. —No tan rápido. Quieres irte, te llevaré. No te irás caminando.

William no sostenía mi brazo lo suficientemente apretado como para hacerme sentir pánico, pero el firme agarre hizo que mi ritmo cardíaco se acelerara. No me gustaba que me agarraran. Me las arreglé para controlar mi reacción. —Yo, uh, bien. Está bien. Gracias. —Era agotador discutir con este hombre. Él ganaría. Bien podía ceder.

Parecía contento de que no pusiera ninguna queja. Dejó caer la mano y la puso sobre mi espalda, como para guiarme hacia su camioneta. Caminé por delante de él lo suficientemente rápido como para que su mano no pudiera descansar en mí. No me gustaba que me tocaran. No de esa manera, especialmente. A pesar de recordarme a mí misma lo mucho que no me gustaba que me tocaran, no hacía que la cálida sensación de hormigueo en la espalda, donde su mano estuvo, desapareciera. No era una sensación desagradable, solo una nueva. Una muy nueva. Una que nunca sentí hasta ahora.

William abrió la puerta de la camioneta antes de que pudiera alcanzar la manija, y tomó mi mano para ayudarme a subir. Una vez más, me encontraba en su camioneta, pero esta vez, sabía más de él. Que era un buen y muy querido hermano. Que adoraba a su hermana. Que era hijo de Kiro Grandioso Manning.

Mierda, eso era una locura.

Cuando se puso al volante, miré hacia él. Su cuerpo alto y musculoso estaba cubierto por una camisa de franela y deslavados pantalones bastante usados. Sus muslos llenaban bien los pantalones, y pude ver los músculos flexionarse.

—Cuando llegues a casa, ponte en la herida un poco de ese ungüento que conseguimos ayer. Suavizará la piel alrededor de la herida y aliviará el dolor.

—Lo haré —aseguré.

Asintió, tomó unos lentes de sol que se hallaban en la visera y se los puso. ¿Cómo podía uno lucir sexy mientras se ponía lentes de sol? Hasta ese momento, no habría pensado que fuera posible.

—¿Es necesario llamar a Jimmy y decirle que te llevan a casa?

Negué con la cabeza. —No, de todos modos caminaba a casa. Él tiene que trabajar esta noche.

William frunció el ceño. —Hay servicio de taxi por aquí, sabes.

Tomé el vendaje y mantuve la mirada baja. No quería contarle a este hombre la historia de mi vida para explicarle por qué un taxi era inútil. Me gustaba caminar. Era lo que siempre hacía.

William suspiró cuando no respondí. —¿Trabajarás mañana? —preguntó.

No tenía una casa que limpiar mañana. Era el día que iba a la biblioteca y cambiaba mis libros. Me gustaba dar un paseo por la playa, limpiar mi apartamento y comprar alimentos. Era el tiempo para mí. —No. No trabajo mañana.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Mar 05, 2016 1:17 pm

—Bien.

7

William

Dos días después de que llevé a Maite a casa desde donde Harlow, todavía seguía pensando en ella. Preocupándome por su maldita mano y el por qué caminaba a todas partes. Trataba de olvidarme de ello. No era mi responsabilidad.

Harlow me pasó a Lila Kate luego de sacarla de su sillita. Sostuve el pequeño milagro de bebé, porque todavía era apestosamente pequeña. Y la forma en que Grant se comportaba a su alrededor como si se fuera a romper me hizo pensar en que tal vez podría hacerlo. Así que era cuidadoso.

—Tú cárgala. Voy por la pañalera —dijo Harlow, tratando de alcanzar el gran bolso lleno de suministros de viaje para Lila. La bolsa era más grande que la bebé.

—Solamente vamos a encontrarnos con los Finlay para el almuerzo. ¿De verdad necesita todas estas cosas para las dos horas que estemos aquí? —pregunté, pensando en cómo era posible que Lila Kate necesitara un bolso tan grande.

Harlow simplemente sonrió y se lo colgó en el hombro, luego colocó el seguro a la costosa camioneta que nuestro padre les dio cuando nació Lila.

—Vamos.

La seguí hasta la entrada.

—¿Por qué no solo usamos el servicio de estacionamiento? —pregunté, pensando en que sería más fácil.

—Porque toma un tiempo cargar todas las cosas de Lila y odio esperar en fila.

Eché un vistazo al aparcacoches que se encontraba vacío. Pero no se lo comenté.

—Buenas tardes, señora Carter, señor Manning —dijo el chico en la puerta, abriéndola por completo para que entráramos.

No era un miembro del Club Kerrington, pero Harlow, Rush, mi padre, el padre de Rush, y por supuesto, Nan, eran miembros. Creo que las personas asumían que también lo era.

—Señora Carter, el señor Finlay y su esposa ya se encuentran en la zona privada donde se les ha dado toda privacidad posible —dijo la anfitriona, antes de que siquiera llegáramos a ella. La seguimos por el comedor hacia una habitación con tres paredes de cristal con vista a los campos de golf y tenis.

Blaire se puso de pie de inmediato y vino hacia mí. Aunque sabía que no venía por mí.

—Dámela —chilló Blaire, extendiendo sus brazos por Lila Kate.

—¡Hola, William! —dijo Nate Finlay, mientras se levantaba de la silla y me saludaba. Cada vez que lo veía se parecía más a su padre.

—Hola, hombrecito. —Caminé hacia él para saludarlo con el puño.

—Hazhlo estallar. Ashí —dijo Nate. Luego abrió el puño mientras hacía un sonido con su boca como si algo estuviera, de hecho, estallando.

—Es una cosa del tío Grant —dijo Blaire, riéndose.

Me aseguré de hacerlo estallar y me senté frente a Nate y Rush.

Rush sonreía como si Nate fuera la cosa más divertida del mundo.

—Siéntate en la silla. No te quedes de pie. Recuérdalo —lo corrigió. Nate se sentó, y Rush despeinó su cabello, luego me miró y preguntó—: ¿Disfrutando la visita?

—Sí. Es bueno ver a Harlow así de bien. Y feliz.

Rush asintió.

—Grant también. En estos días siempre sonríe.

—Me alegro de no vivir aquí. Ustedes se ven felices y todo, pero caen como dóminos. Tú, Woods, Grant y ahora Tripp. —Me eché hacia atrás y sonreí—. Está en el agua, así que no me puedo quedar por mucho tiempo. Todavía no estoy listo para eso.

Rush se rio y miró a su esposa, quien arrullaba a Lila. Blaire era una belleza. No había duda de eso. Cuando decidió sentar cabeza, eligió una ganadora. Pero aún así, eso no era algo que quisiera. Al menos, no todavía. Solo tenía veinticinco. La vida familiar no podía ser toda color de rosa como la hacía parecer este grupo.

—Todavía no la has conocido —dijo Rush, mientras miraba a Blaire—. Cuando lo hagas, no importará lo que pienses ahora. Será todo lo quieras en tu vida.

Me hallaba seguro de que se sentía así, pero trabajaba todo el día en un rancho con caballos. No había mucho tiempo para mujeres o interacciones con féminas. Me encontraba demasiado ocupado ganándome la vida y construyendo mi propia tierra. Claro, tenía necesidades. Era un hombre. Pero tenía una amiga que se encargaba de esas, sin ataduras. Funcionaba para nosotros. Cordelia había vivido en el rancho de al lado casi toda mi vida. Nos entendíamos.

—Oh, Rush, es perfecta. Creo que quiero una niña. No estoy segura de cuánto más pueda esperar —dijo Blaire, a la vez que besaba la nariz de Lila.

—Nena, cuando estés lista para otro, hacer que suceda lo convertiré en mi objetivo número uno en la vida —dijo, sonriéndole.

Blaire se sonrojó, e intentó fruncirle el ceño, pero falló.

—Bueno, mira a quién me dieron hoy. Me imaginé que debían ser importantes, ya que me dieron el trabajo —dijo una voz masculina. Me giré para verlo sonriéndole a Blaire. Se inclinó hacia Lila Kate y dijo—: Hola, dulzura. Hoy no tienes a tu padre tacaño contigo. Quizás podría tomar un turno para sostenerte.

—Hola, Jimmy —gritó Nate, y ondeó su mano. Luego la sostuvo en un puño.

Jimmy sabía cómo funcionaba por lo que la hizo estallar.

—¿Quieres una soda de vainilla, amiguito? —le preguntó a Nate, quien asintió—. ¿Qué les puedo traer al resto? —preguntó Jimmy. Caminó de regreso hacia Blaire, tomó su orden de bebida e hizo su camino alrededor de la mesa.

Cuando se dio la vuelta para irse, Harlow lo llamó—: Jimmy, eres amigo de Maite, ¿no?

Regresé mi atención de inmediato a mi hermana para escuchar lo que diría. Ya me había preguntado casualmente de Maite, y sabía que investigaba por la razón por la cual la ayudaba. Pero acabé con ello. O eso pensé.

Jimmy sonrió alegremente.

—Es mi vecina, y mi nueva compañera para ver Juego de Tronos.

—¿No es la persona que me mencionaste acerca de la limpieza de la casa? —le preguntó Blaire.

—Sí. Es esa —respondió.

Harlow miró a Blaire.

—Es maravillosa. Te encantará. —Luego mi hermana volvió a mirar a Jimmy—. Me preguntaba como seguía su mano. ¿Ha mejorado?

La sonrisa de Jimmy cayó.

—Está bien. Sin embargo, fue a trabajar hoy. Pude haber pateado su sensual trasero. Pero es demasiado terca. No creo que tenga familia. Demonios, no creo que siquiera tenga amigos. Hace un par de semanas, me dijo que era su primera amiga. Pero compartíamos una botella de vino, así que puede que no haya hablado en serio. De todos modos, es una buena chica. Una cosita dulce. No puedo averiguar por qué se encuentra soltera. Dios lo sabe, todo hombre caliente de nuestro edificio le ha coqueteado. Incluso los casados. —Negó con la cabeza con disgusto.

—Eso es tan triste —dijo Blaire, luciendo cabizbaja—. Estar sola no es fácil. Me alegro de que te tenga.

Jimmy le guiñó el ojo a Blaire antes de darse la vuelta y salir de la habitación.

Tenía una sensación de pesadez en el pecho. Traté de alejarla y concentrarme en la conversación. Pero me molestaba el pensar en Maite estando sola, sin familia. Solo Jimmy comprobaba que se encontrara bien. ¿Cómo era eso posible? Esa mujer podría detener el tráfico sin intentarlo. Demonios, tenía hombres casados coqueteándole.

Me preguntaría si quizás le gustaban más las mujeres, pero la había visto mirando mi pecho desnudo. Lo sabía. No quería, pero miró de todos modos.

Cuando Jimmy vino a recoger los platos, vi la mente de Harlow trabajando. También se encontraba preocupada por Maite.

—¿Sabes cómo regresará a casa del trabajo? ¿La llevarás? —le preguntó Harlow a Jimmy.

Él frunció el ceño y colocó otro plato en sus brazos.

—No. Hoy tenía una casa más pequeña. Es probable que ya haya terminado y regresado a casa.

Harlow se giró para mirarme.

—¿Irías a buscarla y llevarla a casa? Lila Kate y yo nos podemos quedar aquí y comer un postre.

Ya me encontraba poniéndome de pie antes de que me lo pidiera.

—Maite no es buena con hombres. La ponen nerviosa. Es dulce que envíes a William, pero no subirá al auto con él así porque sí —dijo Jimmy, mirándome con recelo.

—Está bien. Conoce a William. La llevó a que le suturaran la mano, y también la fue a dejar a casa desde la mía —le aseguró Harlow.

Vi el rostro de Jimmy mientras me miraba. Sus ojos se abrieron, y sonrió.

—Bueno, al menos tiene buen gusto. Ya era hora —murmuró.

—Ignora a Jimmy. Es un romántico. Inventará cualquier cosa. Solo llévala a casa. Por favor —rogó Harlow. Se preocupó de que no fuera debido al comentario de Jimmy.

Miré a Jimmy.

—Quiero hablarte acerca de sus caminatas. Eso tiene que parar. Llévala a las casas. No la hagas caminar desde el club.

Los ojos de Jimmy se agrandaron, pero no esperé una respuesta. Sabía que el resto me escuchó, y sabía lo que pensaban. Pero no me importaba. Tomaría más que eso para que me negaran ver a Maite de nuevo. Me necesitaba. Demonios, necesitaba a alguien. Y maldita sea si no quería estar ahí para ayudarla.

Esto era culpa de mi madre. Me crió para ser de esta manera. Era la única excusa que tenía.

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Maite
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por Joanita el Sáb Mar 05, 2016 1:29 pm

Siguelaáaaaaa por favor! !!!!
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por asturabril el Sáb Mar 05, 2016 7:47 pm

cheers cheers Arrow Arrow I love you I love you
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 12:16 pm

No me di cuenta del aspecto caro del todoterreno detenido a mi lado hasta que oí una familiar voz profunda decir mi nombre. Me detuve y miré mientras William detuvo el coche detrás de mí. No esperaba volver a verlo.

La forma en que mi corazón cobró impulso, y bombeaba salvajemente en mi pecho me sobresaltó. ¿Qué había en ese hombre que me hacía sentir cosas que pensé que eran imposible para mí?

—Entra —dijo William, mientras caminaba alrededor de la parte delantera del vehículo para abrir la puerta del lado del pasajero.

La verdad era que no quería discutir con él. Se encontraba aquí, y tenía la oportunidad de estar cerca de él durante unos minutos. Lo aprovecharía.

Dejé que mis ojos captaran rápidamente sus vaqueros, la forma en la que la camiseta azul marino que llevaba puesta se aferraba a él, incapaz de ocultar toda esa definición. Tenía el pelo recogido, pero los rizos en los extremos hacía que las hebras parecieran desordenadas y era tentador tocarlos.

Cuando comenzó a dar la vuelta y mirarme, presté atención de repente y corrí hacia él. —Gracias —dije, mientras entraba. No me ayudó esta vez, pero al fin y al cabo, este coche no era tan alto como su camioneta. Era el coche de Harlow. Sabía que me resultaba familiar, pero el asiento del bebé en la parte trasera era definitivamente de Lila Kate. Lo vi antes.

William me cerró la puerta, y miré con apreciación toda su belleza masculina mientras caminaba alrededor de la parte delantera del vehículo, metiéndose un mechón de pelo detrás de la oreja. La barba de unos pocos días se encontraba de vuelta hoy en su cara, y decidí que me gustaba más cuando no se afeitaba.

—Trabajaste hoy —dijo, mirando hacia mi mano—. ¿Tu mano se siente mejor?

Sí. Mucho mejor. No tuve tantos problemas con ella hoy. Utilicé guantes de goma y fui capaz de limpiar sin ir más lento. —Sí —contesté—. ¿Ibas a alguna parte?

Sacudió la cabeza y se retiró de la carretera. —No. Acabo de terminar el almuerzo en el club. Jimmy mencionó que hoy trabajabas y que caminarías a casa —explicó.

¿Así que William se escapó para venir a buscarme? Si él hubiera ido a Carters, habría regresado unas pocas cuadras atrás. Mi estómago hizo algo oscilante.

Antes de que pudiera pensar algo que decir a eso, un teléfono empezó a sonar. William se echó hacia atrás y sacó un teléfono inteligente plano de su bolsillo.

—Hola, ¿todo bien? —dijo cuándo respondió, viéndose preocupado—. Por supuesto. Estaré de regreso para entonces. Creo que puedo arreglarlo. ¿Dijeron cuánto tiempo necesitaban para abordar? —Traté de no mirarle a la cara mientras se concentraba en la carretera y en la conversación que sostenía—. Sí, dámelo —dijo, y luego se acercó y abrió la guantera—. Mira si hay una pluma ahí, Maite.

Rápidamente hice lo que me pedía y encontré una pluma negra y se la entregué. La empujó hacia mí y cogió un trozo de papel que sobresalía entre los asientos. —Toma, escribe —me dijo.

Oh, no. Esto no.

Él vería lo que escribiera. Y era difícil para mí escribir cosas cuando me eran dictadas. Tenía que concentrarme. Mis letras cambiaban, y muchas veces empezaba a entrar en pánico cuando sentía la presión de escribir sin tiempo suficiente. Tenía que estar sola, y tenía que centrarme.

—Tres, tres, tres —comenzó, y rápidamente escribí los números. Podía hacer eso. No era difícil—. Berkley Road —añadió, y mi corazón empezó a golpear tan fuerte que no podía oír nada más—. Fort Worth —dijo, antes de que hubiera logrado escribir la B o lo que yo pensaba que era la B. Mis manos temblaban tanto que no estaba segura de poder escribir nada más.

Inhalé profundamente y traté duramente de ponerme bajo control. Berkley. Tenía la B. Luego era la E. Empecé a escribir la E, y se parecía al tres que escribí antes. Me detuve y miré de vuelta a los tres. ¿Por qué se parecían?

Su mirada se hallaba sobre mí. Un sudor frío estalló en todo mi cuerpo, y me obligué a seguir adelante. La siguiente era la R. Parpadeé rápidamente, mientras las palabras que escribí se trenzaban y mi cabeza empezó a palpitar.

—Envíamelo en un mensaje —le oí decir. Sabía que no me hablaba a mí.

Cerré los ojos con fuerza, con ganas de nada más que saltar fuera del vehículo en movimiento. Esto no me estaba sucediendo. Viví aquí casi un año sin que nadie supiera que era estúpida. Ese estigma quedó atrás. Utilicé el corrector ortográfico en la computadora de Jimmy para llenar mi solicitud para el servicio de limpieza.

El agarre en la pluma volvió blancos mis nudillos y bajé la mirada a través de las frustradas lágrimas que se reunían en mis ojos. Ahora William Manning sabía exactamente lo estúpida que era. De todas las personas que podrían averiguarlo, ¿por qué tenía que ser él? El universo me odiaba.

La gran mano de William se acercó y quitó la pluma de mi agarre. Le permití tenerla. Luego la lanzó a la guantera y la cerró. No podía mirarlo. Él no decía nada, y me negué a mirarlo a los ojos. Vería piedad o, peor aún, asco.

El coche se detuvo, y contuve el aliento, luego cogí el pomo de la puerta. Simplemente echaría a correr. Las posibilidades de ver a este hombre otra vez eran casi nulas. No dijo nada mientras salía del coche. Eso dolía, a pesar de que lo agradecía. No me abría la puerta o me decía. Dejaba que escapara como la idiota que era.

No miré hacia él mientras buscaba mi llave del apartamento en la mochila.

Me temblaba tanto la mano que no podía meter llave en la cerradura. Las lágrimas se encontraban distorsionando mi visión, y dejé escapar un sollozo de frustración antes de intentar una vez más abrir la puerta.

De repente, su mano se encontraba cubriendo la mía, y le observé mientras quitaba la llave de mi débil mano. Me quedé horrorizada y confundida mientras desbloqueaba la puerta y la abría. ¿Por qué salió del coche?

No me moví. Me hallaba congelada en el sitio. Entonces su mano me tocó la espalda, y me dio un empujón suave hacia el interior. Incapaz de pensar por mí misma, entré. Mantuvo su mano en mi espalda baja hasta que ambos nos encontrábamos en el interior, y cerró la puerta suavemente detrás de nosotros. Me siguió dentro. Iba a hacerme preguntas. Preguntas de las que él ya sabía las respuestas. En el coche probé que mi cerebro no funcionaba bien. Lo vio de primera mano. Sólo necesitaba que él se fuera ahora.

—¿Qué pasó? —Su voz era suave y amable. No escuché ninguna fealdad en su pregunta. Casi me sentí segura. Casi.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 12:27 pm

9

William

Mis pensamientos estaban por todo el lugar mientras intentaba con todas mis fuerzas descifrar qué sucedió en el auto. Nunca vi a nadie hacer eso antes. Fue difícil conducir mientras observaba a Maite luchar con escribir simplemente una dirección. No me di cuenta que tenía un problema hasta que hizo un suave sonido de pánico en su garganta como si no pudiera respirar.

Mi mirada fue a su rostro, y vi que lucía pálida. Mirando hacia el papel, también vi tres E en lugar de tres número tres. Su B al revés fue suficiente para que supiera que algo se encontraba mal. Debía tener alguna explicación. Una que tuviera sentido.

—Soy estúpida... yo... mi cerebro no funciona bien. Fui a la escuela por doce años y aun así no me gradué. No puedo pasar un examen. No puedo... ni siquiera puedo leer, no mucho.

Santa mierda.

Levantó su mano para limpiar sus lágrimas, y sus labios llenos hacían un puchero. Era hermosa hasta cuando lloraba.

—No eres estúpida —dije tensamente. Odiaba que se llamara así. Algo andaba mal con ella, pero no era estúpida.

Dejó salir una risa triste y continuó limpiando sus lágrimas. —Puede que seas la primera persona que sabe de esto y no piensa que soy estúpida.

Mi cuerpo se tensó, y una espiral de ira tensó mi pecho. —¿Alguien te dijo que eres estúpida? —pregunté, incapaz de mantener mis emociones fuera de mi voz. Estaba furioso.

Se tensó, luego me miró con cautela. —Sí —respondió en voz baja.

—¿Quién?

Me estudió por un momento. Al menos mi reacción detuvo sus lágrimas.

Esos inmensos ojos te atraían, pero al hallarse húmedos y rojos por llorar, eran más letales. Querías hacer lo que sea que fuera necesario para hacerlos brillar con risa.

—Mis padres, profesores, otros niños... todo el mundo —contestó—. Pero lo soy. Sólo no sabes... —Su voz se apagó, viéndose tan rota y desamparada. Su tono me dijo que no era fácil para ella. Me pregunté si alguien en su vida sabia esto.

—Entonces son idiotas. He estado cerca de ti lo suficiente para saber que eres inteligente. Vives por tu propia cuenta y tienes trabajo. Una persona estúpida no podría lograr todo eso.

Frunció el ceño de nuevo, entonces cruzó sus brazos sobre su pecho como si se protegiera.

¿Qué tipo de padres le hacían esto a su hija? Debió ser una niña hermosa. Del tipo que la gente simplemente quería mirarla y verla sonreír. Demonios, hasta me gustaba cuando hacía pucheros.

—No le digas a nadie, por favor —susurró, mirándome.

¿En serio pensaba que haría eso? Pasé una mano por mi cabello con frustración, olvidando que lo recogí en una coleta.

Tenía que ayudarla. No estaba seguro de cómo lo haría, considerando que tenía que volver a Texas en dos días. Ese fue mi padrastro al teléfono. Tenía más caballos a los cuales abordar. Y necesitaba el ingreso. No podía dejar de ir a casa para encargarme de esto.

—Jamás haría eso. Pero quiero ayudarte —dije, esperando que me dijera que no e intentara hacer que me fuera. En su lugar, hizo un puchero con sus labios de nuevo como si estuviera a punto de llorar. Mierda, ¿qué hice ahora?

—Eres tan... amable. ¿Por qué eres tan amable? Limpio las casas de tus hermanas. No me conoces, no en realidad. Pero abres puertas para mí y no actúas como si fuera una idiota, y tú... ¿quieres ayudarme? —dijo esa última parte en un sollozo ahogado—. Nadie puede ayudarme. No puedes arreglar lo que no está ahí. Y mi cerebro solamente no está todo ahí.

Maldito infierno. —No digas eso de nuevo —advertí. Me hartó el escucharla degradarse. Vi inteligencia brillar en sus ojos—. Tu cerebro está bien.

Los ojos de Maite destellaron con algo que no entendí, y entonces una pequeña sonrisa se formó en sus labios mientras sollozaba.

—Eres un hombre realmente amable, William Manning. Normalmente no me gustan los hombres. Me... ponen nerviosa. Pero tú, eres diferente.

Mis propias malditas emociones eran demasiado nuevas para esto. No podía permitirme cuestionar por qué no confiaba en otros hombres. La mirada atormentada en sus ojos cuando admitió eso, envió una advertencia que no podía evitar. Tenía más secretos, apostaría mi vida en ello.

El simple hecho era que, las chicas que lucían como Maite conocían bien a los hombres. Los controlaban desde la pubertad. Los hombres no las asustaban. Poseían a los hombres. A menos que... no. No dejaría que mis pensamientos fueran allí en este momento. Pero Dios, esperaba estar equivocado.

—Tengo que irme en dos días. Volveré a Texas. Tengo un negocio del cual encargarme. Pero te ayudaré. Cuando me vaya, puedes llamarme, y estaré allí para escucharte. Soy un muy buen amigo. Pero necesito que me prometas que lo que planee para ti, para ayudarte, lo harás. Confiarás en mí para ponerte en buenas manos. No dejaré que nadie te haga daño. Estoy a una llamada de distancia.

No estaba seguro de qué demonios haría en dos días, pero tenía algunas conexiones. Era el hijo de Kiro Manning, y a veces eso significaba algo. Nunca lo usaba para mí, pero lo usaría para ayudar a Maite. Kiro podía demandar lo mejor, y Maite obtendría lo mejor.

Maite ladeó su cabeza y me pregunté nuevamente lo largo que era su cabello. Cómo se vería alrededor de sus hombros. ¿Se rizaba naturalmente o era liso?

—¿Por qué? —preguntó.

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué quieres ayudarme?

No hice una pausa. —Porque vales la pena el que te ayuden.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 12:34 pm

10

Maite

Me quedé mirando la puerta por mucho tiempo después de que William se fuera.

No entendí por qué creía que yo era digna de su ayuda, pero lo hacía. Un desconocido sentimiento de calidez me llenó. Me encontraba asustada de moverme. No quería que se desvaneciera. Me gustaba demasiado. Así que me quedé perfectamente quieta y lo disfruté.

Aún sujetaba el teléfono. Me lo quitó y agregó su número a mis contactos. Incluso le sacó una foto a las botas que usaba para que apareciera en la pantalla cuando me llamará. No tendría que preocuparme por intentar leer su nombre. Sabría quién llamaba.

Sonriendo, pensé en la foto que Jimmy se tomó cuando agregó su número en mi teléfono. Había estado muy ocupado fotografiándose a sí mismo. Tan diferente de la foto de las botas. No me imaginaba que William alguna vez se hubiese tomado una foto a sí mismo.

Me gustaba William Manning. Me gustaba demasiado. Incluso más que Jimmy. De un modo totalmente diferente. Y sabía que no era algo bueno. William era lindo conmigo, pero yo no le gustaba de la forma en que me gustaba. Podía decirlo por la manera en que me trataba. Tal vez ese era el por qué me sentía segura cerca de él, porque me gustaba así. Sabía que nunca tendría que preocuparme de que se sintiera de la misma forma. Después de todo, ni siquiera vivía aquí.

Me entristecí.

Sacudiendo la cabeza para aclarar mis pensamientos, dejé el teléfono en el sofá y caminé a la cocina. Trabajar así era agotador. William iba a intentar ayudarme, y a pesar de que me preocupaba el no poder ser ayudada, tenía la esperanza. ¿Qué si alguien podía ayudarme? Quería creer eso. Cambiaría todo. Podría hacer mucho más. Podría obtener mi diploma de secundaria, y quizás incluso ir a la Universidad.

Con una determinación recién descubierta, tomé mi nuevo libro de fotografías de la biblioteca y me acosté en el sofá. Terminaría este hoy. Podía hacerlo. William tenía fe en mí. Solo necesitaba más fe en mí misma.

***

Tres horas después, casi había terminado el libro. Mi cabeza dolía, y mis ojos se sentían rojos e irritados por el esfuerzo. Un golpe en la puerta seguido por un—: Hola, nena, soy yo. Tengo helado de pistache y dos cucharas.

Sonriendo, puse el libro debajo del sofá y fui a dejarle entrar.

Él sonreía demasiado alegre cuando abrí la puerta. Sosteniendo dos cucharas, se deslizó dentro como solo Jimmy podía hacerlo y aún seguir luciendo bien.

Cerré la puerta y me giré para mirarlo.

—Voy a admitirlo ahora —me dijo—. Esto es un soborno. Quiero saber todo sobre tus interacciones con William Colt Manning. Cada último y delicioso detalle. Satisfáceme, por favor. Ese hombre estelariza muchas de mis fantasías.

Me reí. Jimmy me guiñó y se dejó caer en el sofá.

—Escúpelo, mujer —me urgió.

Caminé para unírmele.

—Me temo que buscas algo de jugosa información que no tengo. William ha sido un chico agradable. Nada para alimentar tus fantasías, me temo.

Jimmy arqueó una ceja.

—¿En serio? ¿Ni siquiera un besito?

—Eh, no —balbuceé, sorprendida de que incluso preguntara eso.

Sacó un poco de helado.

—Eso no tiene sentido. Es un hombre hetero. Sabría si no fuera así. Y cada hombre derecho estaría sobre ti como el blanco en el arroz. —Se detuvo y suspiró—. Demonios. Eso es. No está soltero. No pensé en eso. Bueno, mierda. Esperaba tanto que estuvieras a punto de tener algo de acción con un trozo de carne grado A.

Me avergoncé y reí al mismo tiempo, pero en mi estómago, no me sentía risueña. Me sentía un poco enferma. O derrotada. La idea de William teniendo una novia no me cayó bien. No era como si pensara que tenía una oportunidad o siquiera quisiera una oportunidad. Pero me hacía sentir segura y normal.

—Imaginé que no habías salido a citas porque eras selectiva y nadie estaba a tu altura. William está a la altura de todos, así que pensé que habías encontrado a un ganador. Apesta saber que no es el caso. Las opciones por estos lares son escasas. Los calientes están siendo sacados de la lista rápidamente. —Jimmy tomo una gran porción de helado como si fuera él quien se encontraba deprimido por esta situación.

Había perdido el apetito.

—También me encontraba tan seguro. Saltó antes de que Harlow incluso pudiera terminar de decirle que fuera a buscarte y te trajera a casa. El chico ni siquiera se despidió. Simplemente se aseguró de decirme que quería que te llevara a tus clientes. No parece gustarle que camines. —Sacudió su cuchara—. Entonces se escapó. Habría apostado mi bola izquierda a que se hallaba caliente por tu trasero. Y jodidamente amo mis bolas justo donde están.

Con esa nota, decidí sacar un poco de helado.

—Aquí vas. Come la cremosa delicia, y vamos a hablar de que tal vez podamos ir a una cita doble. Mi hombre tiene un primo que está bien. Vive casi a una hora de aquí, pero esta jodidamente cerca de un grado A. —Comencé a abrir la boca para detenerlo, pero levantó la mano y me hizo callar—. No tan rápido. Déjame terminar mi dura oferta aquí. Es un buen chico. Lo conozco, y yo estaría contigo. No dejaría que pasara nada con lo que no estuvieras totalmente de acuerdo. Es refinado. Creo que te gustará. Está haciendo sus guardias ahora, y apenas tiene tiempo para la vida fuera del hospital. Cuando sale, conocer mujeres aún le es difícil. Le gusta mantener su trabajo separado de su vida personal. Así que necesita una cita.

¿Un médico? No hay manera de que pudiera salir con un tipo tan listo. Ni siquiera podía leer el menú de la cena. Mis manos sudarían, y mi visión se nublaría por el pánico. No, no podía. Pero Jimmy lucia tan esperanzado. Odiaba esto. Odiaba no ser capaz de decir que sí. No ser capaz de conocer nuevas personas y confiar en que si lo descubrieran, no me juzgarían o ridiculizarían.

—Necesitas hacer esto, y estaré justo a tu lado. No quiero saber nada que no quieras compartir conmigo, pero sé que algo de tu pasado es terrible. Puedo verlo por la manera en que vives. He estado lo suficientemente cerca y te he observado. Cada maldito hombre hetero en este edificio ha tratado de llamar tu atención. Vuelas como si los murciélagos del infierno estuvieran en tus talones. Así que no lo estás escondiendo de mí. Te veo. Y creo que lo que sea de tu pasado que está arruinando tu presente necesita ser puesto a descansar. Soy tu amigo, Maite. Vamos a hacer esto juntos.

Era demasiado. Dos personas en un día queriendo ayudarme. Y ambos hombres. Una especie en la que pensé que nunca confiaría.

—Está bien —dije, dándome cuenta de que tenía que solucionar esto de algún modo. William me hizo valiente hoy. Podría no saber que sus palabras habían sido una salvación para mi alma herida, pero lo eran—. Pero necesito saber a dónde vamos a comer antes de ir. —No iba a explicar el por qué. No podía hacer eso ahora. No aún.

Jimmy me sonrió y asintió.

—Puedo hacer eso. Infiernos, incluso puedes escoger el lugar. Solo ve.

Podía buscar la página del restaurante e imprimir una copia del menú. Entonces descifraría algo en él para ordenar. Si era en la privacidad de mi departamento y sola, podía enfocarme. Quizás.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por Joanita el Dom Mar 06, 2016 12:43 pm

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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 12:44 pm

11

William

Una llamada de teléfono a Kiro, y tuve una cita al día siguiente con un psicólogo con un doctorado en problemas de aprendizaje a sólo una hora y media de la playa de Rosemary. El hombre se levantó para estrechar mi mano desde detrás de su escritorio amplio y desordenado después de empujarse las gafas en su nariz de donde se habían caído. No parecía muy emocionado por nuestra reunión. Un ceño fruncido enojado se encontraba entre sus cejas blancas, dándole un aspecto demacrado.

—Usted debe conocer gente de altas posiciones, Sr. Manning. Yo, como se puede imaginar, soy un hombre muy ocupado, y mis cursos están llegando al final del semestre.

Como había imaginado, no estaba contento con esto. Conociendo a Kiro, llamó al presidente de la universidad en donde este tipo enseñaba e hizo que le ordenaran al Dr. Henry Hornbrecker reunirse hoy conmigo. —Lamento haber llegado en un mal momento para usted. Mañana me voy de la ciudad, y hay algunos asuntos que necesito controlar antes de regresar a Texas.

El tiempo del hombre obviamente era importante, así que no iba a desperdiciarlo. Levanté la hoja de papel que Maite había dejado arrugada en el piso del Mercedes de Harlow cuando salió corriendo en estado de pánico. Cada vez que lo miraba, me acordaba de su lucha, y eso hacía que algo en mi interior doliera.

Le entregué el papel. —Le había pedido a la persona que escribió esto, que anotara tres-tres-tres carretera Berkley. Si esa persona es un adulto alrededor de la edad de veintidós años y luchó tanto por escribir esto, ¿qué cree que eso significa? ¿Por qué escribiría eso? Y ¿por qué sería tan difícil y la haría entrar en pánico?

El médico frunció el ceño hacia el papel. —¿De veintidós, dice? —preguntó.

—Sí, señor —le respondí.

—¿Me lo está preguntando por usted o por ella? Sin duda, una chica de veintidós años de edad, que sufre de esta gravedad ya ha sido diagnosticada en la escuela o cuando niña y sabe cuál es su problema.

Él sabía cuál era el problema. Mi corazón se aceleró. —No, ella no lo sabe. No pudo‖terminar‖la‖escuela‖secundaria.‖No‖puede‖pasar‖las‖pruebas.‖Le‖han‖dicho‖que‖es…‖ estúpida. Pero no lo es. De ningún modo.

El doctor murmuró una maldición y volvió a recostarse en su silla, mirando el papel que le había dado. —Pensaba que para los tiempos actuales, nuestros sistemas de escuelas públicas eran más hábiles en el etiquetado y en el tratamiento de problemas de aprendizaje. Especialmente uno tan común como la dislexia. Dígame, ¿ella lee?

Dislexia. No me jodas.

Había conocido a alguien con dislexia en la escuela. Él tenía clases especiales y un tutor que le ayudaba a diario. Terminó graduándose con honores. Nadie le había ayudado a Maite, y habría sido tan sencillo. Un nudo se formó en mi garganta, y apreté el puño en mis muslos. La ira, el alivio y la frustración, corrían a través de mí al mismo tiempo.

—No, no sabe leer —le contesté—. Lo intenta, pero le cuesta. Necesito conseguirle ayuda. Alguien que pueda ayudarle a leer y a escribir. Lucha a diario con las cosas que son tan fáciles para todos los demás, y piensa que es porque a su cerebro le falta algún tornillo. Pagaré cualquier precio. —Mierda, quería rugir en señal de protesta. Era pura injusticia. Y negligencia.

—Conozco a un profesor en Panama City. Es más joven, pero esta es una condición que es cercana y querida para su corazón. Su padre sufrió de lo mismo y no aprendió a leer y a escribir hasta que cumplió los cincuenta años de edad. Astor Munroe ha tenido varios casos de adultos que han terminado con éxito. Incluso trabaja en una escuela para la dislexia en un barrio menos afortunado, pro bono, varias tardes a la semana. Le haré una llamada y lo pondré en contacto con usted tan pronto como sea posible.

Un hombre. A Maite no le iba bien con los hombres. —¿Hay alguna mujer que pueda hacer lo mismo? Los hombres la ponen nerviosa.

Henry frunció el ceño. —No conozco de improviso de alguna mujer en esa área que pueda ayudarle a alguien que sufra tan severamente o haya sido tan descuidada como su amiga. Pero le aseguro que el Dr. Munroe es un buen hombre. Él la tranquilizará.

Tal vez ella dejaría que Jimmy la acompañara. Confiaba en él. Mierda, necesitaba quedarme. Pero no podía. Mi vida y mis responsabilidades estaban allá en Texas. Había hecho ya tanto. Ahora le tocaba a Maite dar el siguiente paso. No podía forzarla.

—Está bien —le dije—. Gracias, señor. Le agradezco que se haya tomado el tiempo para reunirse conmigo.

Él asintió, sin lucir tan molesto como lo había hecho cuando llegué. —Ella va a necesitar pruebas para confirmar mi diagnóstico, pero por lo que me ha dicho y lo que dice esto —sostuvo en alto el papel que le había dado—, es dislexia. —Agarró una libreta y un bolígrafo y los deslizó hacia mí—. Deme los datos de ella y los suyos. Haré que el Dr. Munroe se ponga en contacto con usted, el día de hoy o mañana, dependiendo de su agenda.

Maite iba a tener una oportunidad. Yo iba a darle una.

***

Me contuve de llamar a Maite hasta hablar con Astor Munroe. Dos veces me sorprendí a mí mismo cerca de escribirle, luego comprendí que no sería capaz de leer un mensaje o de responderme, así que me detuve. En su lugar, me pasé el resto de mi día y de mi noche con Harlow, Grant, y Lila Kate en la playa, y luego volví a la casa de Nan a empacar mis cosas. Necesitaba irme tan pronto como recibiera la llamada del profesor.

Antes de las diez a la mañana siguiente, Astor Munroe me llamó y me dijo que estaba muy interesado en ayudar a Maite. Incluso sonaba emocionado e intrigado por su situación. Su precio no era barato, pero explicó que le hacía lugar en una agenda muy apretada. Me hizo preguntas de las que no sabía las respuestas. Ella había compartido muy poco de su pasado conmigo. Le di su información de contacto y le dije que hoy iba a ir a hablar con ella. Tenía la esperanza de que llamaría al profesor por su cuenta después de que me fuera, pero si él no sabía de ella en dos días, me aseguró, que le haría una llamada.

Maite se encontraba en casa cuando la llamé para preguntarle si podía pasar para hablar. Ahora, aquí me encontraba yo, de vuelta en la puerta de su apartamento, esperando a que tomara esta oportunidad y la usara. No podía hacer nada más que esto. Incluso si quería quedarme y sostener su mano, eso no era posible. Tenía caballos y un rancho por los que volver a casa.

Maite abrió la puerta con el primer golpe y me sonrió tímidamente antes de dar un paso hacia atrás para dejarme entrar. Hoy tenía el cabello suelto. Capas de seda oscura y larga colgaban a mitad de camino de su espalda en suaves ondas. Se lo había rizado. Maldita sea, eso era mejor de lo que había imaginado. Tuve que aclarar mi garganta para calmar a mi lujuria instantánea.

—Me gusta tu cabello suelto —dejé escapar, antes de que pudiera detenerme.

Las mejillas de Maite se volvieron de un color rosa, y una sonrisa complacida tocó sus labios. Alguien tenía que haberle dicho eso antes. —Gracias —respondió en voz baja.

Entré y retiré con fuerza mi mirada de sus largas piernas, en una completa presentación en esos pantalones cortos. Incluso los calcetines a rayas brillantes que llegaban a sus pantorrillas no le restaban a sus piernas.

—¿Puedo darte algo de beber? —Su voz vaciló como si estuviera nerviosa.

—Uh, sí, gracias —contesté, sabiendo que no tenía tiempo para beber nada. Necesitaba darle los detalles y llegar al aeropuerto.

Comenzó a caminar hacia la pequeña esquina de la habitación que era su cocina. —Tengo jugo de naranja, y acabo de hacer un poco de limonada. Lamento no tener una gran selección —dijo, mirándome.

—Limonada suena bien.

Sonrió como si le gustara que quisiera probar su limonada. Observé como bajaba un vaso de las estanterías abiertas que tenía en lugar de armarios reales. Todo estaba perfectamente organizado. Incluso los estantes de comida se encontraban organizados. Necesitaba que viniera a mi casa y arreglara mis armarios. Era una jodida pesadilla encontrar cualquier cosa en ellos.

El hielo tintineó en el vaso, y moví mi mirada de regreso a ella. Me sirvió un poco de limonada, a continuación, colocó la jarra de regreso en la nevera angosta. No podía haber mucho espacio en esa cosa.

—Cuando estabas en la escuela, ¿alguien alguna vez te mencionó que podrías ser disléxica? —pregunté, mientras me traía la bebida.

Se detuvo a medio paso. Entonces continuó caminando hacia mí. —No, pero he oído hablar de eso. Solo que no sé lo que es, exactamente.

Tomé el vaso y me senté en la silla frente del sofá. —El especialista con el que ayer me reuní cree que eso es de lo que sufres. La dislexia no significa que eres de ninguna manera menos inteligente que los demás. Me han puesto en contacto con un profesor que tiene un doctorado en trastornos del aprendizaje. Se especializa en la dislexia. Está dispuesto a trabajar contigo de forma gratuita después de escuchar acerca de tus problemas. Su padre también nunca fue diagnosticado y no aprendió a leer y a escribir hasta que cumplió cincuenta años de edad. Ahora esta es una pasión suya. Él quiere ayudar a la gente. Desea ayudarte.

Maite se sentó en el sofá, mirándome con muchas emociones cruzando por su cara. Pero la que dominaba era el miedo. No quería que tuviera miedo de esto. Quería darle esperanza.

—Dime lo que estás pensando —la animé.

Agarró sus manos con fuerza en su regazo. —Qué…‖qué‖pasa‖si‖descubrimos‖que‖ no‖es‖eso,‖y‖te‖hiciste‖todo‖este‖problema.‖Podría‖ser‖simplemente‖estup…

—No me dejes escucharte llamarte a ti misma eso de nuevo. Me enfurece, Maite. Lo digo en serio. Estás muy lejos de eso. Te lo juro. Y si ese no es tu problema, el Dr. Munroe descubrirá lo que es. Se trata de un problema de aprendizaje. Puede ser solucionado.

Cerró sus ojos con fuerza y respiró hondo. Pude ver su deseo esperando por esto. Sólo tenía que convencerla de que extendiera su mano y lo tomara. —¿Él puede averiguar cuál es mi problema si no es la dislexia? —preguntó, mirándome con esos grandes ojos, azul celeste que le hacían cosas a mi pecho.

—Sí. Él puede.

Dejó escapar una pequeña risa, y luego se tapó la boca cuando liberó un sollozo. No estaba seguro de si debía consolarla o esperar que eso saliera, pero luego se puso de pie y se lanzó hacia mí. Sus brazos rodearon mi cuello mientras se estrellaba contra mí. Toda esa dulzura de canela envolvió mis sentidos. —Gracias…‖Ni‖siquiera‖sé…‖eso‖ni‖ siquiera‖es‖suficiente.‖No‖puedo‖encontrar‖las‖palabras‖adecuadas.‖Pero‖solo…‖gracias‖ —dijo, mientras soltaba otro sollozo, todavía aferrándose con fuerza a mí.

Envolví gentilmente mis brazos a su alrededor y traté con mucha fuerza, no pensar en lo bien que sus tetas se sentían presionadas contra mí. Se había puesto emocional y me daba las gracias; no iba a aprovecharme de esto. —De nada. Me alegra que estés dispuesta a hacerlo. Creo que estás destinada a hacer grandes cosas, Maite. Sólo necesitabas que alguien te levantara.

Se echó hacia atrás para mirarme y me dio una sonrisa acuosa, luego hundió la frente en mi pecho. —No puedo creerte. No sé por qué querrías ayudarme o qué hice para merecer esto. Te desperté cantando, y sé que mi canto es horrible y probablemente era muy fuerte. Y rompí el espejo e hice un lío que ni siquiera he limpiado aún, y te hice sangrar. Es sólo que no sé por qué todo eso te llevó a que hicieras algo como esto para mí. Pero gracias. —Apenas se detuvo para respirar un poco al tiempo que dejaba salir todos sus sentimientos contra mi pecho.

Sonriendo, extendí la mano y toqué su cabello. Había estado luchando contra el impulso desde que había entrado y visto que lo tenía suelto. Justo como me lo imaginaba, era sedoso. —Rompiste el espejo de mi hermana, y no me preocupo mucho por Nan. Además, puede darse el lujo de sustituirlo. Nunca me hiciste sangrar, sólo el piso, y he limpiado ese desastre. Hace mucho que ya no está. En cuanto a tu forma de cantar, sí, es horrible. Pero hay algo sobre ti, Maite, que me hace querer aliviar esa mirada perdida en tus ojos.

Se quedó muy quieta en mis brazos, y luego aflojó su agarre y se echó hacia atrás para mirarme antes de soltar su agarre de alrededor de mi cuello y alejarse, pero sólo a un par de centímetros. Una sonrisa tiraba de sus labios. —Mi canto es horrible, ¿no es así? —Entonces se echó a reír—. Dios, estaba tan avergonzada cuando me di la vuelta y te vi allí de pie. —Negó con su cabeza—. Puedo cocinar mejor de lo que canto. Te lo juro. ¿Esta noche puedo hacerte la cena? Quiero hacer algo por ti.

Nunca había estado molesto por conseguir nuevos caballos. Me gustaba el dinero, y necesitaba caballos para mantener el rancho en funcionamiento. Pero maldita sea, si no lo resentía ahora mismo. —Me tengo que ir —le dije.

La luz de sus ojos se atenuó pero sólo por un momento. —Es cierto. Tienes que volver a Texas. Lo olvidé.

Asentí. —Tengo que llegar al aeropuerto de inmediato.

Me puse de pie, y ella retrocedió, dándonos más espacio. No quería que retrocediera. Se llevó con ella ese olor a canela y a azúcar.

—El Dr. Munroe tiene tu número, pero aquí está su información de contacto. Llámalo. Está esperando que lo llames. Solamente te llamará si tú no lo haces.

Tomó el papel de mi mano y asintió. —Lo haré. El día de hoy —contestó.

—Bien. —Necesitaba irme, pero me quedé allí de pie, mirándola fijamente.

—Gracias de nuevo. De verdad. Puedo decirlo un millón de veces más. —Sus ojos brillaron con nuevas lágrimas contenidas.

—No tienes que hacerlo. Pero me gustaría que me llamaras después de tu reunión con él. Tendré curiosidad de cómo van las cosas. Mantenme actualizado.

Me miró. —Sí. Puedo hacer eso.

Con una última mirada hacia ella, me dirigí a la puerta. Tenía que salir de aquí antes de que extendiera mi mano y tirara de nuevo de ese cabello brillante hacia mí, para así poder oler su aroma de canela y enredarme en todos aquellos mechones sedosos.

—Ten cuidado —gritó.

Abrí la puerta, y luego la miré y le guiñé un ojo. —Siempre.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 12:48 pm

12

Maite

Mi cita doble tuvo que ser pospuesta. La habíamos acordado para el jueves, pero ese día era la primera tarde que me reuniría con el Dr. Munroe. Pensé en llamar a William y decirle que había llamado al profesor y había acordado mi primera reunión, pero me dijo que lo llamara después de mi cita. No quería molestarlo.

Así que en su lugar, miré mucho la foto de sus botas en mi teléfono.

Estaba enamorada de William Manning. No era mi primer enamoramiento. Tuve un par en la secundaria, pero pronto descubrí que esos chicos sólo coqueteaban conmigo cuando nadie se encontraba cerca. Cuando me veían en los pasillos, me ignoraban. Era invisible para ellos a no ser que me encontraran sola. Esos enamoramientos murieron rápidamente, y dejé de prestarles atención a los chicos guapos. Mi último año de secundaria, la capitana del escuadrón de porristas atrapó a su novio arrinconándome afuera y enfureció. Él nunca me habló de nuevo, lo cual fue un alivio, pero poco después, toda la escuela decía que era lesbiana.

No supuse que eso era algo malo. No me gustaban las chicas. Especialmente las víboras malas con las cuales iba a la escuela, pero tampoco me gustaban los chicos de allí. Así que los dejé insultarme y los ignoré. Finalmente, siguieron adelante hacia alguien más quien respondió su crueldad.

No es necesario decir que había pasado un tiempo desde que tuve un enamoramiento de verdad con un chico. Mi padrastro se había asegurado de que mantuviera a los hombres a la distancia de un campo de fútbol. Me encogí pensando en el hombre que me había quitado mi inocencia y me había manchado de por vida.

Empujando todos los pensamientos de William a un lado, fui a tomar una ducha. Recuerdos de cómo mi padrastro siempre me enviaba a limpiar mi cuerpo bajo el agua más caliente que pudiera aguantar vinieron a mi mente, pero al menos ya no vomitaba al pensar en él. Estaba poniendo distancia de mi terrible pasado. Mejoraba.

La noche del miércoles, mi teléfono sonó justo cuando saqué del horno la lasaña que había hecho. Preparé una cacerola completa, esperando que Jimmy pudiera venir y comer. Pero me llamó alrededor de las tres para informarme que saldría esa noche ya que había cambiado nuestra cita doble. Me presionaba para que le diera otro día que funcionaría, pero no parecía poder reunir el interés. En este momento, me encontraba muy enfocada en aprender a leer.

Así que continuaba inventando excusas de por qué no podía ir.

Me quité mi guante para el horno y fui a recoger mi teléfono. Mi corazón empezó a acelerarse cuando vi las botas de vaquero en mi pantalla. Era William.

—Hola —dije al tercer repique.

—Hola. No me has llamado —Su voz profunda vino a través del teléfono, y los dedos de mis pies se enrollaron en la alfombra.

—Oh, bueno, no voy a mi primera reunión hasta mañana —expliqué, realmente agradecida de que no pudiera ver la sonrisa tonta que tenía en mi rostro en ese momento.

—Bien. Tienes una programada. ¿Te gustó cuando hablaste con él por teléfono?

Caminé hasta la silla, me senté en la que él se sentó antes de irse y jalé mis pies debajo de mí.

Sí. Fue muy agradable. Parecía ansioso por conocerme. Me hizo varias preguntas, y después de escuchar mis respuestas, dijo que estaba seguro de que yo, de hecho, tengo dislexia. —Quise bailar alrededor de la habitación cuando me dijo eso.

—Estaré disponible mañana en la noche. Llámame cuando haya terminado. Quiero escuchar todo.

El hecho de que le importara tanto hizo que mi pequeño enamoramiento creciera aún más. Tener un enamoramiento con alguien como William Manning era ridículo. Probablemente tenía todo un mundo de mujeres enamoradas de él. Me estaba ayudando, y lo haría sentir incómodo saber cómo me sentía.

—De acuerdo. Te llamaré —le aseguré.

—Bien. Tengo que irme. Cenaré en casa de mis padres. Hablamos mañana.

—Está bien. Adiós —contesté.

Dejando caer mi teléfono en mi regazo, sentí ganas de aplaudir y chillar. Pero en su lugar, me puse de pie y fui a disfrutar algo de lasaña.

***

Astor Munroe no era como lo esperaba. Cuando pensaba en un profesor, imaginaba a un hombre con plateado en su cabello y posiblemente anteojos. Quizás un poco de barriga bajo su almidonada camiseta abotonada.

Lo que no había esperado era a un hombro de alrededor de treinta y cinco, con un cuerpo alto y desgarbado, usando un par de vaqueros azules, zapatillas marca Nike y una camiseta polo de manga corta. No era atractivo exactamente, pero bueno, me hallaba comparándolo con William, y eso no era precisamente justo. No quisiera ser comparada con Harlow. Eran personas atractivas. Así que no debería hacerle eso al Dr. Munroe.

Sus suaves ojos marrones eran amables. No me hacía sentir nerviosa en absoluto. En el momento en que entré en su oficina, se puso de pie y, con una sonrisa genuina, me invitó a tomar asiento. Después de cada pregunta y petición, me aseguraba que me ayudaría a aprender. Era obvio que estaba emocionado por el reto que presentaba para él. Compartió la historia de la lucha de su padre, y estuve asombrada de cómo, a sus veintiún años, el Dr. Munroe le había enseñado a su padre a conquistar algo con lo que había estado lidiando toda su vida.

Pero cuando me levanté para irme, hizo un comentario que no entendí. Pensé en ello en el taxi de camino a casa, mientras la conductora charlaba de sus nietos y lo bueno que era su pollo y sus albóndigas.

Cuando le agradecí por haberme metido en su calendario tan rápidamente, dijo que tenía que agradecerle al Sr. Manning por eso.

La duda era, ¿qué significa eso? ¿Manning había hecho algo que él actuara tan rápidamente? Y si lo hizo, ¿qué?

13

William
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por Joanita el Dom Mar 06, 2016 1:01 pm

Siguelaáaaaaa por favor! !!!!
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 3:22 pm

La próxima vez que alguien golpeara a mi puerta, iba a comprobar en la ventana primero antes de abrirla. Había estado esperando por la llamada de Maite cuando había cometido el error de contestar un golpe en la puerta. Cordelia, mi amiga con beneficios, entró pavoneándose usando sus vaqueros muy ajustados y camisa halter. Sus botas taconearon sobre el piso de madera dura y sonrió con suficiencia hacia mí mientras se movía en dirección a mi habitación.

―No‖has‖llamado‖y‖necesito‖una‖buena‖follada‖―gritó‖ella‖sobre‖su‖hombro,‖ antes de quitarse la camisa halter y lanzármela con una risa.

Mi polla ni siquiera se sacudió. Mierda.

Había esperado que‖esta…‖cosa que estaba sintiendo sobre Maite no fuera más que solo una cosa de amistad. Pero jódeme, todo lo que podía ver era lo que se encontraba mal con Cordelia. En primer lugar, su ombligo estaba perforado, solía pensar que eso era sexy, pero ahora parecía que estuviera intentando demasiado duro y sus caderas no se ensanchaban. Cuando balanceó esas caderas inexistentes, no hubo una linda redondez en su trasero. Apenas se hallaba allí.

Esto no iba a funcionar. He sido amigo de Cordelia por años. Dos años atrás nos habíamos emborrachado y dormido juntos, así que en vez de hacer las cosas incomodas habíamos acordado que estaba bien. Nos habíamos rascado la comezón el uno al otro cuando lo necesitábamos. Solo una vez le habíamos puesto un alto, cuando se había puesto seria por aproximadamente cuatro meses con un chico que resultó estar casado. Ella lo había terminado y habíamos vuelto a nuestras viejas andanzas.

No tenía citas a menudo, no estaba lo suficiente disponible para las mujeres. Eran necesitadas y después de un par de relaciones fallidas había decidido que el sexo con Cordelia era el arreglo que necesitaba, pero las cosas parecían lejanas ahora. Algo había cambiado.

Y era yo.

Mierda. No tenía tiempo para esto.

―Deberías‖haber‖llamado‖―dije,‖lanz{ndole de regreso la camisa halter.

No la atrapó, si no que la dejó caer al piso a sus pies. El ceño fruncido confuso en su cara no aseguraba nada bueno. —Nunca llamo, solo aparezco. Lo mismo contigo ―me‖recordó‖ella.

―Estoy‖esperando una llamada telefónica, es importante. No puedo esta noche. Ahuecó sus tetas en sus manos y pellizcó los pezones rosados. —¿Me estás diciendo que una llamada telefónica es mejor que esto? Conocía lo suficiente bien a las mujeres para no decirle la verdad. —Esta noche no va a funcionar, no estoy seguro cuando funcionará. Tengo una semana ocupada por delante. ―En‖ caso‖ de‖ que‖ esos‖ sentimientos‖ que‖ me‖ estaban‖ jodiendo‖ la‖ cabeza‖ en cuanto a Maite concernía disminuyeran, no quería terminar las cosas con Cordelia. Era una amiga, también. Se agachó y agarró su camisa y la sacudió antes de ponérsela. —Bien. Sé un idiota. No volveré, así que si lo quieres tienes que venir y conseguirlo‖ ―dijo‖ airadamente.

Oh, hombre, esto no era por lo que me metí con ella. Cordelia no hacia drama. Ella era fácil de tratar. Esto era drama, odiaba el drama.

―Lo‖ siento,‖ Cord.‖ En‖ serio‖ lo‖ siento,‖ pero‖ tengo‖ un‖ montón‖ pasando‖ ahora‖ mismo. Solo no es un buen momento para mí. Mentalmente, no estoy en el juego.

Me fulminó con la mirada y cerró de un golpe la puerta detrás de ella.

Con suerte, consultaría esto con la almohada y lo superaría mañana. Me gustaba Cordelia, solo que nunca me gustó para nada más que una amiga. La cosa del sexo solo era mejor que masturbarse solo. Necesitaba disculparme con ella, pero por ahora estaba contento de que se hubiera ido sin demasiado de un escándalo.

Mi teléfono sonó. De pronto, ya no me preocupaba sobre Cordelia.

―Hola‖―contesté, mientras sostenía el teléfono en mi oreja, ansioso de escuchar a Maite contarme sobre su reunión.

―Espero‖que‖no‖sea‖demasiado tarde, hubo un choque en la treinta y uno A y el tr{fico‖se‖atascó.‖―Su voz suave me calentó a través del teléfono.

―No, no es demasiado tarde. ¿Quién te llevó?

―Tomé‖un‖taxi.‖Hay‖una‖señora‖que‖Jimmy‖conoce‖quien vive cerca de Panama City. Ha trabajado en esta línea de la playa por aproximadamente veinte años. No tenemos muchos taxis por aquí.

Había estado con una señora, eso me hizo sentir mejor. Un hombre extraño llevándola la habría hecho sentir incomoda. No había pensado sobre eso. Me seguía olvidando‖ que‖ ella‖ no‖ tenía‖ un‖ auto.‖ Espera… ―Maite,‖ ¿Puedes‖ conducir?‖ ―Si no podría leer, nunca habría pasado su examen escrito para conseguir una licencia de conducir.

―No‖―respondió. Otra cosa que ha dificultado su vida. —La próxima vez que esté en la ciudad te llevaré a una carretera secundaria y te daré lecciones. Estudiaremos el examen escrito, también.

Estuvo callada un momento. Me pregunté si se encontraba asustada de ponerse detrás de un volante. Luego finalmente la escuché moverse. —Está bien, me gustaría eso. A mí también me gustaría. —Cuéntame sobre tu reunión.

―El‖ Dr. Munroe fue amable. Está muy emocionado sobre ayudarme. Hice algunos exámenes y definitivamente soy disléxica, eso es. Eso es todo lo que está mal conmigo. Dijo que mis profesores o mis padres deberían haberlo descubierto cuando era una niña pero de alguna manera fue pasado por alto o mal diagnosticado.‖―Se‖fue‖ apagando. No quería a sus pensamientos yendo allí. Alguien le había dicho que era estúpida y sabía que sus padres eran parte de eso.

―¿Cu{ndo comienzas a trabajar con él?

―Los‖ lunes‖ por‖ la‖ tarde.‖ Tiene que venir a Grayton Beach, lo cual no está demasiado lejos de aquí. Su madre vive allí, y cena con ella. Dijo que podría encontrarme en la librería en la ciudad. Luego, los jueves por la tarde, tengo que ir a su oficina a hacer las lecciones. Él cree que leeré rápidamente una vez que me ayude a aprender cómo enfocarme en las palabras. Nadie ha trabajado conmigo antes de la forma que necesito.

Estaba emocionada. Mientras continuaba, se ponía más ruidosa y hablaba más rápido. Era adorable. Podía imaginar sus ojos azules centellando con felicidad.

―Para‖cuando‖regreses‖podría‖ser‖capaz‖de‖leer‖para‖ti‖―dijo, y luego escuché su risa nerviosa como si no hubiese querido decir eso en voz alta.

―¿Por‖qué‖esperar‖hasta‖que‖te‖visite?‖Puedes‖leer‖para‖mí‖por‖teléfono‖cuando‖ llames para contarme sobre tus lecciones.

Se encontraba silenciosa de nuevo y la dejé jugar con esa idea un momento. No quería hacerla sentir nerviosa, pero quería que estuviera cómoda conmigo. Incluso por teléfono. —¿Quieres que te llame después de mis lecciones?

―Por‖supuesto‖que‖quiero,‖si‖eso‖est{‖bien.‖Me‖gustaría saber cómo van las cosas.

―Sí,‖eso‖est{‖bien.‖Yo‖estoy… haré eso, y cuando sea lo suficiente valiente leeré para ti.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 3:28 pm

14

Maite

Durante dos semanas, fui a mis clases y llamé a William después. Para la cuarta lección, me di cuenta que me encontraba más emocionada por escuchar la voz de William que realmente por mis lecciones. Y eso era mucho decir, porque me encantaban mis lecciones. Amaba lo fuerte que me sentía mientras aprendía a centrarme en las palabras y a descifrar que cosas indicaban.

Nunca sería una lectora rápida o ávida. El Dr. Munroe me dijo que no dejara que eso me desanimara. La lectura nunca sería mi punto fuerte, pero sería capaz de hacerlo. Esto ya no me detendría de conducir, ir a la universidad, o llenar solicitudes de empleo.

Al comienzo de nuestra tercera semana, tenía todo arreglado para reunirme con el Dr. Munroe en la biblioteca de la ciudad. Me enviaría a casa con un libro para practicar. Los últimos dos libros que me dio eran muy simples, una o dos palabras por página, libros ilustrados. Había leído esos en cinco minutos cada uno para mi próxima lección. Me daría algo más complicado esta noche. Me preparaba para ello. Podría hacerlo.

Entonces llamaría a William después y le contaría sobre mis lecciones.

***

Lila Kate se despertó de su siesta y gritó; me trasladé a la escalera donde me encontraba quitando el polvo para llamar a Harlow, pero ya venía corriendo girando la esquina con una amplia sonrisa en su rostro. Mantenía uno de los dispositivos del monitor de bebé con ella cuando no se encontraba con Lila Kate. Había olvidado eso. —Me dejó terminar las galletas que cocinaba para Grant —dijo Harlow, mientras me pasaba en la escalera—. Cuando se enfríen, ¿Por qué no tomas un descanso y comes unas galletas y leche conmigo?

Harlow siempre me preguntaba cosas como esa. No me ignoraba de la forma en que otros de mis clientes hacían, y no me miraba por encima del hombro cuando me hablaba. En cambio, actuaba como si fuera su compañera. Valoraba mi ayuda, a pesar de que me pagaba por hacerlo. —Me gustaría, y gracias por preguntar, pero tengo que encontrarme con alguien esta noche. Necesito terminar y llegar a casa a arreglarme antes de ir. —Deseé no tener que declinar la oferta. Me salté el desayuno y tenía hambre. Harlow me miró. —Bueno, puedo arreglar eso. Comes leche y galletas conmigo, y te doy un aventón a casa. Estarás de vuelta mucho antes con un viaje. Y no me digas que no. Me rechazaste la semana pasada, y mi hermano llamó para asegurarse de que te di un aventón. Le expliqué que no me dejarías, y me culpó. Así que de ahora en adelante, te estoy llevando. Sin discusión. —Se giró y corrió en busca de Lila Kate, que ahora lloraba más fuerte desde que escuchó la voz de Harlow.

Me tomé un momento para estabilizarme. Apreté mis manos contra mis mejillas y deseé que no me hubiera ruborizado. William llamó para ver si ella me llevaba a casa. Pensaba en mí, fuera de cuando lo llamaba. La sonrisa loca que se formaba en mi cara cada vez que pensaba en William estaba de vuelta.

Cuando comencé a desempolvar las escaleras de nuevo, Harlow reapareció en la parte superior de ellas sosteniendo a una Lila Kate con los ojos abiertos y sonrientes. Era feliz ahora que tenía a su mamá. La niña podría iluminar una habitación. —Lila Kate también está esperándote para las galletas y leche. Así que no puedes rechazarla. Nadie está autorizado a decirle que no. Pregúntale a su papá —dijo, Harlow, bajando por las escaleras—. Vamos a disfrutar de nuestro descanso.

No iba a discutir. Sería grosero, y, bueno, si William quería que me diera un aventón tanto que la llamaba para molestarla, no le diría que no. Además, realmente tenía hambre.

La cocina de los Carters me recordó a algo de una comedía. Era cálida y acogedora, pero no habían escatimado en gastos. Harlow colocó a Lila Kate en su columpio, el cual se encontraba ubicado en la ventana con vista al patio trasero. — Balancéate y observa las aves y te prepararé tu biberón —le dijo a su hija, como si la bebé entendiera lo que decía. Luego se giró hacia mí—. Puedo hacerte café si lo prefieres. No puedo tomar café a menos que sea descafeinado y entonces sólo puedo tener un poco. Pero tengo aquí. Grant lo bebe.

La leche sonaba muy bien para mí. —Me gusta la leche —contesté—. ¿Puedo ayudarte?

—Solo siéntate y toma un respiro. Has estado trabajando durante horas sin parar. Deberías tomar descansos para comer.

No se suponía que tomara descansos más largos de quince minutos cada dos horas según la agencia. Y descubrí que a la mayoría de la gente para quien limpiaba no le gustaba verme tomar un descanso. Si estaban en casa, entonces querían que trabajara hasta que terminara. Así que lo hacía.

La casa de los Carters era diferente en muchas maneras. Esa era una de ellas. También era mi favorita porque llegué a ver una familia feliz y normal. No era algo que hubiera visto antes. La forma en que Harlow adoraba a su hija me hacía sonreír, pero siempre sentía una punzada en el pecho por lo que no tenía. Por lo que mi madre nunca eligió darme. Amor.

Grant Carter era impresionante cuando sostenía a su hija. O incluso cuando la veía desde el otro lado de una habitación. Toda su cara se llenaba de amor y completa devoción. No había duda en la mente de nadie que protegería a su niña a toda costa. Me sorprendí preguntándome más de una vez si mi verdadero padre hubiera sido de esa manera. ¿Acaso siquiera sabía sobre mí?

Me sacudí el pensamiento de nuevo y me centré en los Carter. No pensaría en mi familia o mi pasado. Eso solo me llevaría a un estado depresivo. Había trabajado duro para no gastar tiempo pensando en esas cosas.

Esta casa era un hogar. Era un lugar feliz y seguro. A pesar de que era una de las casas más pequeñas que limpiaba, aún era la única que esperaba todas las semanas.

Harlow puso un vaso de leche y un plato con dos grandes galletas de chocolate en frente de mí. —Aquí tienes —dijo, y colocó lo mismo en el asiento frente a mí—. Trataré de escabullirme un poco antes de que Lila Kate recuerde que es hora de comer. Su biberón estará listo en unos pocos minutos, de todos modos. Tiene que calentarse. — Se sentó. —Huelen delicioso —le dije, con la esperanza de que fuera una buena excusa para devorarlas. Me encontraba aún más hambrienta de lo que pensaba, y el olor haría que sea difícil tomar pequeños y delicados mordiscos. —Deberían hacerlo. Es la receta de mi abuela. Hacía las mejores galletas — respondió Harlow—. Grant las ama.

Como predije, terminé comiéndome la primera en tres bocados. Harlow sonreía mientras me observaba. También masticaba alegremente, haciéndolo menos embarazoso. Pero esas galletas estaban de verdad deliciosas. —¿Has hablado con mi hermano desde que regresó a Texas? —preguntó Harlow, sorprendiéndome.

Asentí, preguntándome si debería darle más información. ¿Quería William que ella supiera que él y yo hablábamos? Podría pensar que se trataba de algo más y hacerse una idea equivocada. Me sentía cómoda con Harlow, pero decirle que tenía dislexia era otra cosa. ¿Cómo explicaría como hice para llegar tan lejos sin ser capaz de leer y escribir sin entrar en los otros detalles de mi pasado? —Él‖ parece…‖ interesado en ti. William es del tipo protector, pero no puedo recordarlo preocupándose por alguien que no fuera de la familia. Hasta ti. —Una sonrisa tiró de la comisura de sus labios.

Oh, no. Se hacía una idea equivocada. Si no le explicaba esto, le diría algo a William, y no quería eso. Había sido tan atento, y le debía eso. Además, no era algo de lo que avergonzarse. Astor me había dicho eso varias veces. Incluso me lo había hecho repetir después de él—: No soy menos. No tengo nada de qué avergonzarme. Soy una persona inteligente y capaz.

Recordando esas palabras, puse la segunda galleta de regreso en el pequeño plato de porcelana. Encontré la mirada curiosa de Harlow. —Llamo a William después de mis lecciones con el Dr. Munroe —me detuve por un latido—.‖Yo…‖tengo‖dislexia,‖y‖hasta‖ que William encontró al doctor Munroe, no sabía por qué no podía leer y escribir. Las palabras son tan difíciles para mí. Tu hermano dio el primer paso y encontró a un especialista que me indicó la dirección correcta. Solo me está ayudando porque es un buen hombre.

La mirada de Harlow se quedó en mí durante varios segundos, y tuve que bajar mis ojos a la galleta delante de mí. No quería que leyera lo que no podía ocultar en mi cara.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 3:33 pm

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William

―Es‖ una‖ mujer‖ ―dijo‖ Major,‖ mientras‖ abría‖ el‖ refrigerador‖ y‖ agarraba‖ una‖ cerveza―.‖Conozco‖las‖señales.‖Puedes‖tratar‖de‖engañarme‖con‖cual‖sea‖la‖bazofia‖que‖ quieres lanzar, pero he estado allí, amigo.

Major se estaba convirtiendo en un dolor en el trasero. Era el sobrino de mi padrastro y crecimos como primos. Aunque no éramos familia de sangre, eso no parecía importar. Hoy necesitaba su ayuda con los caballos, pero ya me encontraba listo para que se fuera. Maite llamaría pronto. Y Major era la última persona que quería aquí cuando ella lo hiciera.

―Terminamos‖por‖hoy.‖Agarra‖la‖cerveza‖y‖vete‖a‖casa.‖Tomaré‖una‖ducha,‖luego‖ iré‖a‖la‖cama.‖Estoy‖agotado.‖―Caminé‖pasando‖la‖cocina‖y fui hacia mi habitación.

―Y‖ahí‖est{.‖Esto.‖Es.‖Mierda‖―gritó‖detr{s‖de‖mí―.‖Mierda‖de‖mujer.‖Lo‖he‖ visto. Lo sé.

Odiaba lo cerca que se encontraba de la verdad. Maite se hallaba en mi mente la mayor parte el día, cada maldito día. Esperaba sus llamadas más de lo que debería. Pero demonios, su voz me hacía sonreír. Oír lo emocionada que se sentía por su progreso también‖ me‖ comenzaba‖ a‖ extasiar.‖ ―Vete‖ ―disparé‖ de‖ regreso,‖ y‖ cerré‖ de‖ golpe‖ la‖ puerta de mi habitación.

Empecé a quitarme las botas cuando mi primo decidió golpear la puerta. ―¿Quién‖es?‖No‖puede‖ser‖Cordelia.‖Podrías‖haber‖m{s‖que‖tomado‖su‖trasero‖desde‖ hace‖ tres‖ años‖ si‖ la‖ quisieras.‖ Est{‖ m{s‖ que‖ disponible.‖ Espera…‖ Rosemary‖ Beach.‖ Conociste a alguien allí, ¿no? ¿Una nena rica? ¿Tenía dinero? ¿Tenía una hermana? No, espera, no quiero a su hermana. Aún quiero a tu caliente hermana soltera.

Dios,‖¿podría‖ser‖m{s‖molesto?‖―Supéralo,‖Major.‖No‖te‖daré‖nada.‖No‖hay‖una‖ mujer. Vete y déjame duchar en paz. Maldita plaga.

La risa de Major se filtró por la‖puerta.‖―No‖protestaste‖demasiado.‖―Golpeó‖la‖ puerta‖una‖vez‖m{s―.‖Bien.‖Sigue‖así.‖Pero‖muy‖pronto‖lo‖admitir{s.‖O‖descubriré‖esta‖ mierda.

No le respondí. Esperé hasta que sus pasos se movieron hacia la puerta principal. Cuando se abrió y se cerró, dejé salir un suspiro de alivio. Mirando el reloj, vi que tenía cuarenta y cinco minutos antes de que ella hiciera la llamada que necesitaba. Podría bañarme y comer algo.

Si Major supiera acerca de Maite, le diría algo a mi madre. Luego nunca oiría el final de ello. Amaba a mi mamá, pero haría preguntas. No estaba listo para responderlas. Ni siquiera me encontraba seguro hacia dónde se dirigía esto. Negar que me sentía atraído por ella era inútil. Tenía que admitirlo.

Demonios, estuve pensando en la peca bajo su trasero desde el primer momento en que la vi. Pero ahora era más que solo lujuria. Me gustaba Maite. Me gustaba la mujer que se hallaba en su interior. Al principio, tenía miedo de que fuera pena y que mis emociones estuvieran envueltas en un sentimiento de lástima por ella y por el querer ayudarla.

Ya no pensaba eso. Maite no quería lástima. No la necesitaba. Era fuerte. Mucho más fuerte de lo que le di crédito. Respetaba su habilidad para enfrentar los golpes de la vida y seguir luchando. Con un cuerpo como el suyo, pudo haber usado esos recursos para seguir otro camino en la vida. Uno en donde su apariencia pagara las facturas. Pero no lo hizo. En cambio, trabajaba duro limpiando casas, y se sentía orgullosa de ello.

Había mucho más en Maite de lo que asumí al principio. Mucho más de lo que pude haber esperado. Me estaba consiguiendo, atrayendo, y ni siquiera se daba cuenta. Pero tenía que enfrentar el hecho de que ella podría no querer eso. Probablemente Maite no se encontraba interesada en mí para nada más que una amistad.

Quizá era lo mejor. Para empezar, vivíamos a varios estados de distancia. Eso por sí solo era un problema. Y no era como si ella se levantara y se trasladara solo para salir conmigo, y mudar mi rancho a Rosemary Beach era imposible. Tenía un trabajo y un futuro aquí.

Entrando a la ducha, decidí que no pensaría en eso en este momento. No tenía sentido. Necesitaba tomarlo lentamente. Mis fantasías sobre ella permanecerían de esta forma.

***

Treinta minutos después, mi teléfono sonó mientras me encontraba de pie en el pórtico terminando una cerveza, aún pensando en ella.

―Hola‖―dije,‖respondiendo‖al‖primer‖timbrazo.

―Hola.‖ Llamo‖ m{s‖ temprano‖ de‖ lo‖ usual.‖ Espero‖ que‖ esté‖ bien.‖ ―Sonaba‖ entusiasmada.

Sonreí.‖―Sí.‖Est{‖bien.‖De‖todas‖formas no hacía nada además de esperar a que llamaras.
―Oh.‖―Fue‖su‖única‖respuesta.

―¿Cómo‖fue‖esta‖noche?‖―pregunté.‖Aston‖Munroe‖también‖me‖daba‖completos‖ reportes una vez a la semana vía correo electrónico. Estuvo de acuerdo en no mencionar el hecho de que le pagaba para que ayudara a Maite. No creía que estuviera tan dispuesta a trabajar con él si se enterara. Quería a su mente completamente libre de distracciones para aprender.

―Genial.‖Le‖leí‖un‖capítulo‖del‖libro‖que‖me‖dio‖la‖semana‖pasada.‖No‖era‖de‖ dibujos. Fue mi primer capítulo de un libro. No fui rápida ni nada, pero leí sin ataques de pánico o sin decir una palabra equivocada. También presenté un examen de deletreo. El‖primero‖que‖he‖pasado‖en‖mi‖vida‖―agregó,‖sonando‖emocionada.‖La‖idea‖de‖no‖ser‖ capaz nunca de pasar un examen de deletreo me partió por dentro. Odiaba pensar en la pequeña niña que había luchado y fue ignorada.

―Eso‖ es‖ increíble.‖ Estoy‖ muy‖ orgulloso‖ de‖ ti,‖ pero‖ sabía‖ que‖ podías‖ hacerlo.‖ Nunca‖dudé‖de‖ti‖―le‖aseguré―.‖Aún‖espero‖que‖seas lo suficientemente valiente como para leerme.

Eso siempre hacía que se quedara en silencio. Todavía tenía miedo de hacerlo, pero demonios, quería que confiara en mí. Quería que se sintiera cómoda con ello. Saber que leía para Astor me ponía celoso del hombre. Lo que era ridículo pero cierto.

Comenzaba a asegurarle que no tenía que hacerlo si no estaba lista, pero habló primero.

―De‖ acuerdo.‖ Eh,‖ permíteme‖ ir‖ por‖ el‖ libro‖ que‖ leí‖ esta‖ noche‖ ―dijo‖ con‖ suavidad.

Quizá era egoísta dejarla hacerlo cuando obviamente se encontraba nerviosa, pero‖quería‖esto‖demasiado.‖―Es‖un‖honor‖―admití.

Una‖risa‖tranquila‖vino‖por‖el‖teléfono.‖―Sigo‖diciéndome‖a‖mí‖misma‖que‖me‖ has escuchado cantar, y que lea no es tan malo como eso, así que puedo hacer esto.

Solo esta mujer podría hacerme sonreír como un idiota en el maldito teléfono. ―Eso‖es‖verdad‖―concordé, burlándome.

Se rio de‖nuevo.‖―No‖es‖una‖lectura‖profunda‖ni‖nada.‖Dime‖ cuando‖tengas‖ suficiente. Mis sentimientos no se lastimarán. Esto podría ser muy aburrido.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 3:40 pm

La dejaría‖leer‖todo‖el‖libro‖si‖quisiera.‖―Lo‖haré.‖Léeme.

Durante los siguientes treinta minutos, me senté en la mecedora frente a mi pórtico con mis piernas apoyadas sobre la baranda y escuché la dulce voz de Maite leerme en el teléfono. Sólo quedó colgada unas pocas veces, y la ayudé rápidamente para que no se pusiera nerviosa ni se detuviera.

Fueron los mejores treinta minutos que había tenido en toda la semana.

center]16[/center]

Maite

Después de leer por primera vez a William, nuestras llamadas de teléfono de dos veces a la semana se convirtieron en una cosa de todas las noches. En los días cuando no iba a mis clases, William me llamaba. Quería que le leyera antes de que se acostara. Me preguntaba cuánto realmente quería escucharme mientras leía. Tenía la sensación que estaba tratando de que practicara con él. Era su manera de asegurarse de que me sintiera cómoda leyendo delante de personas.

Escuchar su voz en la noche antes de ir a la cama era reconfortante. Es extraño lo fácil que empezaba a dormir otra vez desde que comencé a hablar con él. Siempre terminaba las llamadas con "Buenas noches y dulces sueños". Como si mi cuerpo estuviera bajo su mando, tenía exactamente eso. Cada noche era buena, y mis sueños eran siempre sobre él. Por lo tanto, eran muy dulces. Tenía que hacer algo para tomar el control de mi creciente afecto hacia este hombre y rápido. William era solo un amigo. Uno de los mejores que una chica podría tener. No quería estropear esto por nada. Y si le hiciera sentirse incómodo, eso podría terminar con todo. Eso era demasiado deprimente para considerar.

—Tierra a Maite. Te hice una pregunta. ¿Dónde fuiste? —Jimmy se sentó frente a mí en el sofá.

Su visita fue inesperada, pero vino con helado de nuevo y no pude patearlo afuera. Pero mi teléfono sonaría pronto, y quería que Jimmy se vaya cuando sucediera. No quería decirle a William que no podía hablar.

—Lo siento. Estaba pensando en cosas. Ignóralo. Estoy cansada.

Jimmy ladeó una ceja como si no me creyera. —¿De veras? ¿Demasiado cansada para un poco de helado?

No. no estaba demasiado cansada para el helado. Estaba demasiado emocionada por escuchar la voz de William que por el helado. —Por supuesto que no. —Tomé la cuchara que había puesto en el recipiente y tome un gran bocado.

—Tranquila, chica. El cerebro congelado es una perra —advirtió Jimmy.

Sonriendo, silenciosamente lo acepté y me tomé mi tiempo antes de otro bocado.

—El próximo fin de semana. No esperaré más. Saldrás con el doctor. Es una cita doble. Escoge la noche. Viernes o sábado. Porque va a suceder. Ya no voy a esperar por ti.

Mierda. No lo dejaba ir. Lo mencionaba al menos una vez por semana. Había estado evitando contestar.

Pero tal vez esto era una buena cosa. Estaba tan concentrada en William, y eso no podía estar bien. Si iba a la cita, podría ser capaz de distraerme. Parecía muy improbable, pero al menos si William estaba con la idea de que estaba interesado en él, esto lo tiraría. No se tendría que preocupar de mi afecto hacia él. Y significaba que no dejaría de llamarme.

—La noche del viernes sería mejor.

Jimmy festejó y levantó un puño en el aire.

—¡Sí! ¡Victoria! ¡Gol! —Antes de que pudiera responder, mi teléfono sonó, y eché un vistazo hacia mi regazo para ver las botas de vaquero en mi pantalla. Lo levanté antes de que Jimmy lo viera. —Esto es importante. Es sobre una clase que pienso tomar. ¿Podemos terminar esto mañana, tal vez?

Parecía curioso, pero sabía que la mirada suplicante que le daba sería bastante para conseguir que se vaya. El teléfono dejó de sonar, pero inmediatamente sonó otra vez, y lo contesté antes de que parara. —Oye, dame sólo un minuto —le dije a William, luego me levanté para abrir la puerta para Jimmy, que me miraba con incluso más curiosidad ahora.

—No te creo, pero lo dejaré pasar —susurró Jimmy, meneando un dedo hacia mí.

Cerré la puerta y di un suspiro de alivio. —Lo siento. Jimmy estaba aquí. Ya se ha ido ahora —expliqué.

—¿Interrumpí algo?

—Un poco de helado y un amigo curioso.

Se rio entre dientes. —Me podrías haber dicho que disfrutabas de un poco de helado con él. Habría llamado más tarde.

Ah, no, no podría. No cuando mi día giró alrededor de estas llamadas con él. — Esto está bien. Estábamos terminando —mentí.

El sonido de neumáticos chillando sacudió el piso, y antes de que pudiera averiguar lo que estaba pasando en el exterior, sonó un disparo. Me congelé. No podía moverme. Seguramente no era lo que había escuchado. Tal vez el coche derrapó. Esta era una zona segura; es el por qué había elegido este apartamento.

Una serie de disparos de armas se escuchó, y caía sobre mis rodillas detrás de la silla que había delante de mí. Los gritos hicieron eco en las calles, y por primera vez, me arrepentí de estar en el primer piso. Me sentí completamente abierta y vulnerable, incapaz de llegar a la seguridad.

—Maite, ¿estás bien? —gritó William por teléfono. Me di cuenta de que había estado preguntando una y otra vez, pero estaba muy impactada como para registrar su voz.

Mi mano cubría mi boca, y me preguntaba si había gritado. Mis ojos estaban pegados a la ventana, mientras que los gritos de afuera continuaban. Alguien tenía que llamar a la policía. Yo. Necesitaba hacerlo. Oh, Dios.

—Tengo que llamar a la policía. Hay disparos afuera y gente gritando. Tengo que llamar y conseguir ayuda —le dije, no quería colgar. Estaba aterrorizada, y sabiendo que William estaba en el teléfono me dio un poco de consuelo. Aunque no podía hacer nada.

—¡Joder! Mantente en el suelo. Acuéstate detrás del sofá. No te muevas o respondas a la puerta. Llama a la policía ahora. Y luego, me llamas de nuevo —ordenó William, antes de finalizar la llamada.

Mis manos temblaban cuando otro disparo sonó. Voces, gritos ininteligibles palabras junto con los gritos. Me arrastré hasta el sofá y me planté detrás de él, a continuación, intenté llamar al 911 con pánico. Los números de mi teléfono empezaron a cambiar y hacerse borrosos. Las lágrimas de frustración llenaron mis ojos.

Mi cuerpo se sacudía mientras lloraba, tratando de averiguar dónde estaba el 9, pero las sirenas de la policía se unieron a los ruidos de fuera, y las luces azules intermitentes parpadearon a través de mi ventana. Dejé mi teléfono sobre la alfombra y cubrí mi rostro con mis manos.

Tomando respiraciones profundas para calmarme, escuchaba mientras más sirenas se unían a la escena, seguidas de una ambulancia. Pero no me moví. Ni una sola vez.

Me quedé allí mientras el griterío paraba, pero todavía alguien gritaba, la gente gritaba. Tenía miedo de moverme, aunque sabía que la policía estaba afuera ahora.

Un golpe sonó en mi puerta, y me congelé. —Policía —una grave voz.

Policía. En mi puerta. Oh, Dios. Tenía que levantarme. Mis piernas temblaban horriblemente, y mi corazón aún corría acelerado.

El golpe sonó otra vez. —¡Policía! —llamó de nuevo.

Agarré el pomo y miré por la mirilla de la puerta. Sí había un oficial en mi puerta. Su ceño fruncido sólo me atemorizó más, si eso fuera posible.

Abriendo la puerta, miré fijamente al hombre.

Exhibió su placa. —Oficial Milton, señora. Necesito hacerle unas cuantas preguntas.

¿Yo? ¿Por qué yo? Asentí y me obligué a respirar. —¿Vio algo? —preguntó, estando de pie allí como las luces parpadeaban y las sirenas gemían detrás de él. Alguien estaba cubierto por una sábana plástica. La bilis se elevó en mi garganta, y apreté la manija para impedir caerme cuando mis rodillas se pusieron débiles.

—Ay, Dios —logré susurrar.

—¿Conoce a Melanie y Jacob Sanders? Viven a tres puertas de usted.

Sacudí mi cabeza, no. No conocía a nadie que viviera alrededor de mí. Excepto a Jimmy. Me había mantenido cerrada de todos los demás. Pero tres puertas abajo, había una pareja casada. Conocí al marido, lamentablemente. Me había puesto los pelos de punta. Había caminado hacia el coche un día, y había silbado y llamado a mi culo “delicioso”.

—No los conozco. Sólo conozco a Jimmy... Jimmy Morrison. Vive en el departamento dos D. Estaba aquí justo antes... ¡Ah, Dios! Jimmy estaba justo aquí. Tuvo que andar por la escalera para regresar a su piso. Pasó directamente después de que se fue. —La expresión del poli se ablandó—. Jimmy Morrison está bien. Es el que llamó por la perturbación. Vio la mayor parte de ello, lamentablemente, y está dando su declaración. Conocía a la víctima.

Mi teléfono sonó. William me estaba llamando nuevamente.

—Si recuerda cualquier cosa, por favor, llame a la oficina. Jimmy habrá confirmado que acaba de dejar su apartamento. Si no, estaremos aquí nuevamente para hablar con usted. Necesito su nombre, para el registro.

—Maite Ellis —respondí, cuando mi teléfono dejó de sonar e inició de nuevo.

—Gracias, señorita Ellis. —Asintió y cerré la puerta cuando el policía caminó hacia la puerta siguiente, me fijé antes de contestar mi teléfono.

—Los policías estaban aquí —le dijea William—. Me preguntaron unas cuantas cosas.

—Estás bien. —Dejó escapar un suspiro de alivio.

—Sí. Jimmy lo vio. Está con la policía, dando su declaración. No estoy totalmente segura de lo que pasó; la policía ni siquiera me dijo quién era la víctima, pero una pareja de casados a unas cuantas puertas más abajo estaban involucrados de alguna manera. Todo lo que hice fue escuchar los disparos y los gritos. Nada más. Pero Jimmy estaba allí afuera. Podría haber sido disparado.

—Pero no lo fue. No pienses en eso —dijo William con voz firme.

Asentí, aunque no podía verme. Tenía razón. No necesitaba hundirme en algo que no ocurrió.

—¿Bloqueaste tu puerta? —preguntó.

—Sí, eché cerrojo.

—Cuando Jimmy termine con los policías, vendrá y te dirá lo que pasó. Sólo siéntate y relájate. Voy hablar contigo hasta entonces. Vas a estar bien. Sé que estás disgustada y asustada.

Sólo escuchar su voz me calmó. Me senté en el sofá y miré las luces seguir destellando fuera.

—Lee para mí, Maite. Quitará tu mente de todo esto.

No estaba segura de que pudiera. Mi visión se había puesto completamente borrosa cuando me alteré antes. Concentrarse no funcionaba cuando entraba en pánico. —No sé si pueda —admití.

—Sólo inténtalo —dijo gentilmente.

Porque quería complacerlo. Lo intenté.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:03 pm

17

William

Escuchar su suave voz era la única cosa que podía calmarme. Estaba parado en mi pórtico del frente con las botas puestas y mis llaves en la mano. Cuando no me llamó de regreso y no respondió su teléfono, había estado listo para ir detrás de ella.

Si no hubiera contestado a ese último timbre, iba a llamar a Grant y Rush para comprobarla y luego iba a pedirle a mi padre que ordenara un jet privado inmediatamente y llevaría mi culo volando hasta Rosemary Beach. Diablos, mis rodillas casi se doblaron por el alivio cuando finalmente contestó el teléfono. Quería que Jimmy llevara su culo hasta ella y le digiera que pasó, así ella sabría. Y entonces no estaría sola.

Pero hasta entonces, no iba a dejarla ir. Mierda, no la dejaría una vez que Jimmy esté ahí. Estaba seriamente cerca de llamar a Rush y Grant para que estuvieran con ella hasta que pudiera llegar ahí.

Luchaba más esta noche de lo que hizo en semanas mientras me estudiaba. Odiaba pensar en ella estando sola y asustada. También odiaba el hecho de que vivía en un apartamento por su propia cuenta. No era seguro. Esto lo probaba.

—Jimmy está en la puerta —dice.

—Quiero escuchar lo que tiene que decir —dije. No quería que me colgara.

—Está bien. Solo, umm, pondré el teléfono abajo.

Esperé mientras abría la puerta. Jimmy preguntó si estaba bien y sonó como si la estuviera abrazando. Ella dejó salir un sollozo y preguntó si él estaba bien. Luego, él le aseguró que se encontraba bien.

—¿Qué pasó? —le preguntó Maite.

—No se la historia completa. Cuando me dirigía a las escaleras, escuché el crujido de unas ruedas y entonces oí a Jacob gritándole a Melanie que era una puta. Melanie comenzó a llamarlo por nombres también, luego él solo sacó una pistola de su cinturón y le disparó. Ella salió corriendo y gritando, tratando frenéticamente de marcar al novecientos once cuando un‖segundo‖disparo‖estalló.‖Vi…‖—Jimmy hizo una pausa—. Necesito sentarme. Mierda, voy a necesitar un buen trago esta noche.

—No necesitas estar solo —dijo Maite.

—Mi hombre está en camino. Me sostendrá esta noche —contestó Jimmy.

—Bien.

Eso no me ayudó. No me gustaba la idea de Maite estado sola esta noche tampoco. También odiaba jodidamente que se encontrara en el primer piso. Era peligroso ahí abajo.
—La vi caer. Solo se desplomó en el piso. Había una piscina de sangre a su alrededor y no se movía. No fue la cosa más inteligente, pero fui corriendo hacia ella. Y entonces el bastardo me disparó. Falló y huyó, pero no sé si seré capaz de quitar la imagen de mi cabeza de una pistola apuntándome.

Mierda.

—Oh, no, ¡Jimmy!

—El tipo en su apartamento con el que había estado teniendo una aventura salió corriendo en ropa interior como un idiota. Pero los policías lo atraparon. No llegó muy lejos. Él estaba aterrorizado. Atraparon a Jacob, también. Se quedó mucho tiempo, luego se metió con su auto en una zanja yendo muy rápido alrededor de una curva. Los policías lo atraparon mientras corría lejos del carro. Este lugar era un maldito circo. Las personas abriendo sus puertas, gritando y chillando. Ninguno trataba de ayudar; solo causando‖p{nico.‖Él‖solo…‖la‖mató.‖Le‖disparó. Maldito psicópata. Estuvieron casados por tres años.

—Eso es horrible. —La voz de Maite se apagó. Estaba descontenta. E iba a dejarla jodidamente sola, ¿mientras se acurrucaba con su novio?

—Tengo que tomar una ducha y un poco de tequila. Cualquier cosa para quitar esta mierda de mi cabeza. Quédate encerrada. Aunque estarás a salvo. Los policías estarán alrededor de la escena la mayor parte de la noche. Está bien. Pero si me necesitas, solo llama.

Escuché a Maite levantarse y seguirlo a la puerta.

—Estoy feliz de que estés bien —dijo, su voz cortándose.

—Ah, chica. Estoy bien —le aseguró—. Solo jodido de la cabeza después de ver eso. No era cercano a Melanie. Difícilmente la conocía, pero diablos, no importa. Ver a una persona morir es trágico. Malditamente trágico.

Se despidieron y pude oír a Maite bloqueando la puerta mientras el seguro se deslizaba en su lugar.

—Oye. ¿Oíste todo? —me preguntó. Había tensión en su voz. Como si estuviera tratando de no llorar.

—Sí. Es un desastre. Pero no fue un acto de violencia al azar. Así que nadie va a volver para disparar más. Estás a salvo —le aseguré.

No respondió enseguida. Me preguntaba si ahora estaba asustada de dormir. Después de todo eso, necesitaba a alguien para estar con ella y que la sostenga.

—Ve a prepararte para la cama. Deja el teléfono. Esperaré. Luego llévame a la cama contigo. Estaré justo aquí en tu oído. Podemos hablar hasta que te quedes dormida. ¿Está bien?

—Est{‖bien…‖¿no‖te‖importa‖hacer‖eso?

No iba a ser capaz de dormir esta noche. Estaría preocupado por ella. Pero no necesitaba saber eso. —Quiero hacerlo. Ahora, ve a prepararte para la cama. Esperaré.

—Gracias —susurró.

Mientras se alistaba, puse el teléfono en altavoz y lo metí en mi bolsillo, luego me dirigí dentro. Coloqué una lata de cerveza en la cesta de reciclaje y lavé unos cuantos utensilios en el fregadero.

Una vez que terminé, fui a mi habitación. Cepillé mis dientes y me quité la ropa que me puse encima cuando estuve aterrorizado por Maite y listo para ir detrás de ella. Entonces me metí en la cama. Dentro de unos minutos, su voz regresó a la línea.

—Volví —dijo y pude escuchar las sabanas moviéndose.

Puse una mano detrás de mi cabeza y me recosté sobre mi espalda, mirando hacia el ventilador en el techo de mi habitación. Imágenes de Maite en su cama me afectaban. Debería de sentirme realmente culpable por eso, pero no podía evitarlo.

—¿Quieres leerme algo más? —pregunté, tratando de pensar en algo que decir para mantener a mi mente lejos de lo que ella usaba.

—No…‖no‖realmente.‖Mi‖cerebro‖está muy cansado para leer —dijo, moviéndose alrededor otra vez. Pude oír leves sonidos de las sabanas.

—¿Qué estas usando para dormir? —pregunté, antes de que pudiera detenerme. Tenía que saber. Me estaba volviendo loco.

Dejó salir una risa. —Nada especial. Solo un pantalón chándal corto y una camiseta sin mangas. Es suave y vieja. Además, amo dormir en ella.

Realmente quería ver esa suave y vieja camiseta sin mangas en ella. La imagen en mi cabeza causaba estragos en mi polla. Despertó. Pero le pregunté lo que usaba, así que me conseguí esto yo mismo. —¿De qué color es? —le pregunté, haciendo una mueca por mis palabras. Maldición, ¿qué estaba haciendo?

—Rosa…‖ o‖ lo‖ era. Está descolorido ahora. Ya no es muy rosa —respondió dudosamente.

—Suena cómodo.

—Aja. —Fue su única respuesta. Comencé a cambiar el tema por mi propio bien, pero no tuve la oportunidad—. ¿Solo duermes con tu ropa interior? —preguntó, tan suave que casi no escuché su pregunta.

Pensé que sabía cuan desnudo dormía después de que salí al pasillo envuelto en una sábana la primera vez que nos conocimos.

—No —respondí, sorprendido de que me preguntara.

—Oh. Es solo que asumí eso desde que viniste corriendo al salón de juegos en tus calzoncillos cuando me corté la mano, debías de dormir con ellos.

Una sonrisa estiró mis labios. Los arrebaté de mi maleta y me los puse mientras corría por pasillo hacia ella esa mañana.

—Me puse esos antes de ir a comprobarte —expliqué.

Una rápida respiración fue su respuesta.

—Dormir desnudo no es tan malo. Deberías intentarlo alguna vez —le dije en broma, tratando de aligerar el humor, ya que parecía que no encontraba las palabras para expresarse.

Entonces se rio con nerviosismo. Misión cumplida. —No estoy segura de que pueda hacer eso —dijo en un tono divertido.

Estaba seguro de que podría. Me mente jugaba con imágenes de ella haciendo eso. Luego, la incluí en mi imaginación y las cosas se pusieron incluso más interesantes. Esas largas piernas y esa pequeña peca escondida debajo de su culo sería la primera cosa que exploraría. Una imagen de ella en mi cama, con su culo en el aire así podría acariciar con mi nariz esa peca y besarla, envió un latido hacia mi polla.

Envolví mi mano alrededor de ella y apreté, tratando de jodidamente calmarla. Estaba caliente al tacto y no se iba a enfriar pronto. Especialmente con la voz de Maite calentándome.

—Maite, dame unos minutos. Estaré de regreso —dije.

—Oh, está bien —respondió.

Odiaba que fuera tan malditamente débil, pero tenía que calmarme ahora si iba a mantenerla al teléfono hasta que se fuera a dormir. Tenía que darme una ducha fría o terminar la fantasía en la privacidad de mi baño. Estaba apresurado, y las imágenes de Maite en mi cama con su jugoso y redondo culo al aire me provocaban.

Cerré la puerta del baño, caminé hacia la pared y me recargué contra ella, después tomé mi palpitante polla en mi mano otra vez. Despacio, la acaricié mientras lamía la peca y el culo de Maite, luego separé sus piernas y sentí su caliente coño escurrirse por mi toque. Mi otra mano acariciaría su culo, se deslizaría hacia arriba hasta sentir sus duros pezones y la pesadez de sus pechos colgando contra el colchón.

Ella chillaría mientras yo deslizaría mi lengua sobre su sensible carne, sus pechos se sacudirían y rebotarían en mi mano. Mierda, eso fue todo lo que tomó. Grité mientras mi liberación salió y cubrió mi mano, aun con mi puño ligeramente cerrado a su alrededor.

Desde que conocí a Maite, hacía esto más y más. Traté con duchas frías, pero las odiaba jodidamente. Ésta era la solución fácil. Y la menos dolorosa. Además, mis fantasías sobre Maite se volvían mucho mejores.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:17 pm

18

Maite

Jimmy llegó la mañana siguiente para decirme que había avisado que iba a faltar el resto de la semana y que se iba a unas mini-vacaciones para alejarse de todo. Él no durmió en toda la noche, y hoy se veía con ganas de llorar. Su principal preocupación era cómo iba a llegar al trabajo. Aunque le aseguré que podía caminar, me dijo que no sería capaz de relajarse y concentrase si estaba preocupado por mí. Entonces hizo que un hombre en el que confiaba viniera a recogerme y me llevara a casa en los días que trabajaba. Me aseguró que conocía a este tipo de toda la vida, y que era un amigo cercano del Sr. Kerrington. Antes de que se fuera, tuve que prometerle que iba a viajar con su amigo, Thad. Porque estaba preocupada por Jimmy, estuve de acuerdo. Pero era algo que no quería hacer. Hubiera preferido tomar un taxi. Pero Jimmy se negó a aceptarlo.

Así‖que‖ahora‖me‖encontraba‖afuera‖de‖mi‖apartamento‖esperando‖un‖“BMW‖ negro‖con‖llantas‖plateadas‖brillantes‖que‖simplemente‖no‖podrías‖ignorar”‖para‖que me recogiera. Jimmy también dijo que Thad tenía el cabello largo y rubio y que parecía que pertenecía a una tabla de surf.

Cinta amarilla rodeaba la puerta y la acera de tres casas más abajo. Me encogí al pensar en el horror de lo que sucedió. Jimmy lo vio todo. También me preocupaba por él. ¿Cómo iba a sacar eso de su cabeza y seguir adelante?

Ayer por la noche, me quedé dormida mientras William me ponía en espera. Me sorprendió, en realidad. El hecho de saber que él se hallaba allí, y que no iba a dejarme había sido suficiente para relajarme. Luego estaba la extraña conversación que tuvimos sobre cómo dormíamos. Él desnudo. La imagen de ese hombre sin ropa me excitaba. Lo cual iba a ser realmente incómodo cuando tuviera que verle la cara de nuevo.

El impecable BMW negro era difícil de ignorar mientras se detenía en el estacionamiento. Incluso sin ver las llantas o el rubio en el asiento del conductor, sabía que era él. Nadie en este complejo de apartamentos conducía un coche así. Ajusté la mochila sobre mi hombro y respiré hondo. Jimmy no enviaría a alguien a recogerme si fuera peligroso. Podía hacer esto. Podía lograrlo.

La puerta del conductor se abrió y un hombre alto, de cabello rubio rizado que terminaba justo debajo de sus orejas me sonrió. Tenía puestos unos lentes de sol, así que no podía ver sus ojos. Sin embargo, parecía seguro. Su sonrisa era amable, y de nuevo, Jimmy confiaba en él.

―¿Eres Maite? ―preguntó.

Asentí, bajando a la acera y dirigiéndome hacia su coche.

―Solo Jimmy ―dijo Thad, sacudiendo su cabeza y riéndose.

No le pregunté qué significaba eso. ―Gracias por recogerme. Te pagaré por el gas ―le dije mientras me metía en el coche.

Thad frunció el ceño. ―Eh, no, no lo harás. Puedo llevar a una hermosa chica al trabajo y viceversa.

No me tensé cuando me llamó hermosa. Esa era una buena señal. Estaba progresando. No todos los hombres eran malos. Jimmy, William, y el Dr. Munroe me habían enseñado eso. Luego se encontraba la manera en la que Grant Carter adoraba a su esposa e hijo. Mis pensamientos sobre los hombres estaban cambiando. Cuanto más tiempo me quedaba en Rosemary Beach, más veía el lado bueno de la humanidad.

―¿Acaso Jimmy te dijo que me llevaras al Club Kerrington? Puedo caminar al trabajado desde ahí. ―Últimamente, Jimmy me llevaba a las casas en las que trabajaba en vez de dejarme caminar. Era algo que sabía que William le mencionó.

―Me dijeron que hoy tenía que llevarte a la casa de Nan. Oí que iba a regresar dentro de dos semanas. Oh, que felicidad ―dijo Thad, mirándome como si entendiera lo que decía.

Nunca había conocido a Nan, pero por lo que todos, incluyendo a su hermano, decían de ella, no estaba segura de querer hacerlo. Me gustaba limpiar su casa. Necesitaba ese trabajo. Pero ella empezaba a asustarme. Tendría que decirle sobre el espejo cuando regresara. Temía eso. ―No creo que tenga muchas ganas de conocerla ―le admití a Thad―. A nadie parece gustarle mucho.

Thad soltó una carcajada. ―El eufemismo del año.

Oh, guau. Deseaba que ella se quedara en París.

―¿Oíste esos disparos anoche? ―preguntó Thad, cambiando de tema―. Ver la cinta de la escena del crimen es una mierda extraña.

Asentí y alejé el recuerdo de la noche anterior de mi cabeza. ―Sí ―fue mi única respuesta. Entonces centré mi atención en la ventana. No quería hablar sobre el tiroteo.

―Lo lamento. Si ella era tu amiga o algo. No quise sonar irrespetuoso.

Seguí mirando por la ventana. ―No la conocía ―le dije.

Se quedó callado entonces. Probablemente debí haber hablado y no ponerlo todo tan incómodo, pero no estaba segura sobre qué decir.

Cuando se detuvo en la puerta de Nan y siguió la curva de su camino de entrada, me sentí aliviada. Sentía ganas de limpiar y disfrutar de mi tiempo a solas.

―Te recogeré aquí alrededor de las tres.

―Sí, gracias. ―Por extraño que se veía ser llevada por un desconocido, era agradable ir a trabajar más rápido.

Thad me dio una sonrisa torcida. ―No hay problema.

***

Esa noche, le conté a William sobre la ida de Jimmy y acerca de Thad llevándome. No parecía muy emocionado por ello, pero no le pregunté al respecto. Éramos amigos, nada más. En cambio, le leí dos capítulos. Justo antes de colgar, me preguntó si ya estaba usando mi pijama.

―Sí ―le contesté, mirando hacia mis pantalones cortos y a mi camiseta de tirantes.

Suspiró, y luego se echó a reír. ―Lo siento. No pude evitarlo. Buenas noches, Maite.

―Buenas noches, William.

―Dulces sueños.

Él no tenía idea de lo dulce que iba a resultar.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por EsperanzaLR el Dom Mar 06, 2016 4:20 pm

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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:27 pm

19

William

Mi café se encontraba haciéndose, y no me había puesto nada aparte de los pantalones vaqueros, cuando llamaron a la puerta molestando mi rutina de la mañana.

Molesto, pensando que era Major aquí una hora más temprano, fui y abrí la puerta, listo para fruncir el ceño hacia él. En cambio, era Cordelia.

Ella no había llamado ni aparecido desde que la había enviado a su casa hace casi un mes. No di ni un paso atrás y dejé que entrara, porque en el pasado, todos nuestros negocios tenían que ver con el sexo, y no iba a hacer eso. No cuando me hallaba cada día más involucrado con Maite.

—Estoy enamorado de ti —me espeto, mientras sus ojos se llenaron de lágrimas.

Santa mierda, no necesitaba eso hoy. O cualquier día. Cordelia no debía nunca enamorarse de mí. Habíamos tenido sexo. Eso fue todo. Nunca ninguna caricias o besos, simplemente follar.

Maldita sea.

—Cordelia, lo siento. Pero entramos en esa relación sabiendo que era sólo una cosa de sexo. Yo no sabía que tenías sentimientos más profundos o que estuvieras desarrollándolos. Me he puesto un alto hace mucho tiempo.

Ella inhaló, y sus hombros se hundieron en derrota. —¿Entonces no sientes nada de verdad? ¿En absoluto?

Mierda, sentí un puto orgasmo cuando conseguí mi liberación. Y sí, su cuerpo había sido agradable y se sentía bien, y me gustó mucho, pero eso fue todo. Nada emocional. Negué con la cabeza, odiando hacerle daño. —No. Fue solo sexo para mí. Pensé que también eso era todo para ti.

—¿Hay alguien más? —preguntó—. ¿Es por eso que estás poniéndole fin?

No estaba seguro de cómo responder a eso. Maite no era su asunto, pero era la razón de que esto terminara. —Sí, tengo sentimientos por alguien más —dije.

Se cubrió la boca en un sollozo. —¿Tienes una relación con otra persona mientras me follabas?

Sacudiendo la cabeza, dejé escapar un gemido frustrado. Sólo quería un poco de café. No esto. —No estoy en una relación... aun —dije—. Pero eso no importa. La quiero. Estoy esperando por ella.

Cordelia dejó escapar una risa dura y se limpió las lágrimas que le corrían por el rostro. —Así que una mujer que está dispuesta a darte todo no es lo suficientemente buena. ¿Deseas una que se contenga, es eso? ¡Dios, odio a los hombres! ¡¡Todos son unos imbéciles!! —gritó Cordelia en la última oración. Me señaló—. Te arrepentirás de esto. Cuando me necesites, te vas a arrepentir de esto. Todo el sexo caliente que teníamos era fantástico, y lo sabes. Querrás mi coño y mi culo de nuevo, y no te lo daré. Eso es, William. Has tenido tu última oportunidad.

No tenía una respuesta para eso. La vi darse la vuelta e irse de nuevo a su camioneta y subir dentro. Cerré la puerta y esperaba que ella cumpliera su palabra y que esto fuera un hecho. Yo no podía hacer más esto, y mostrarme agradable con ello. Odiaba hacerle daño, pero me presionaba.

Mi teléfono comenzó a sonar, y miré con nostalgia el café en la olla. Tenía muchas ganas de café. Frustrado, cogí el teléfono. ¿Por qué todo el mundo no me dejaba en paz? Maldita sea, quería una mañana tranquila.

El nombre de Harlow iluminó la pantalla.

—¿Estás bien? —pregunté, ansioso de que algo pudiera ir mal. Ella nunca llamaba tan temprano.

—Me imaginé que estarías levantado ya. Grant me dijo algo antes de salir para el trabajo que oyó ayer algo que creí que era una noticia interesante. Quería compartirla contigo.

Tenía miedo de escucharla. Ella se encontraba tramando algo. Podía oírlo en su voz. Cualquier información que tuviera, la disfrutaba demasiado. —Son las siete de la mañana, Harlow. Me acabo de levantar, y necesito café —me quejé mientras me sirvo una taza.

—Bebe tu café, gruñón. Te puedo decir todo la información que tengo mientras te lo bebes.

—Sí —concordé, sólo medio escuchándola. Me hallaba más centrado en el líquido caliente en la taza delante de mí

—Thad, ya sabes, el amigo de Woods Kerrington, ha estado llevando en coche a Maite al trabajo toda la semana.

¿Esa era la noticia? Rodando los ojos, caminé afuera para disfrutar de mi café. — Ya lo sé —le informé.

—Oh. Bueno, ¿sabes que él la invitó a salir ayer para este fin de semana, y ella dijo que sí?

Mi mano se detuvo en el aire, la taza preparada ante mis labios. ¿Qué diablos?— ¿Maite va a ir una cita con Thad? —pregunté, bajé la taza, todavía no estando seguro de que eso era lo que acababa de oír. Maite se ponía nerviosa en compañía de hombres. Thad era un mujeriego. Había visto el tipo en acción. Era exactamente el tipo de hombre que sabía que a Maite no le gustaba tener cerca. ¿Cómo demonios?—. ¿Quién le contó esto a Grant? —pregunté, esperando el chiste. Esto tenía que ser una maldita broma.

—Thad. Él se lo preguntó cuándo la llevó al trabajo ayer por la mañana, y ella dijo que sí. Grant dijo que parecía un niño al que le dieron un nuevo juguete brillante. Él quería que yo hablara con Maite sobre Thad. Es una especie de mujeriego, ya sabes, y Grant no quiere que él lastime a Maite. Pero consideré que debía contártelo. Puesto que eres su amigo, tal vez podrías llamarla y darle un aviso.

Era una mentirosa. Ella sabía que eso me iba a cabrear. Harlow me conocía demasiado bien. De ninguna jodida manera Maite iba a salir con Thad. Si quería una cita, entonces por Dios, tendría una cita conmigo. —Gracias. Necesito irme. Hablaré contigo más tarde.

—Vale, bueno, vas a hablar con ella, ¿verdad?

Casi me reí de ella por su falsa preocupación. Sabía muy bien que yo no iba a dejar que esa cita sucediera. —Voy a hablar con ella —dije, antes de colgar el teléfono.

Me tragué el café y dejé que me quemara la garganta. Tenía que hacer una llamada para conseguir un vuelo y luego llamar a Major para que se hiciera cargo de todo lo que estaba abandonando para asegurarme de que Thad mantuviera sus manos de mujeriego fuera lo que era mío.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:40 pm

20

Maite

¿Por qué le dije que sí a Thad? Claro, me hacía reír y era agradable, pero no quería salir con él. Tampoco estaba segura de cómo decir que no. No quería ser grosera. Se mostró tan atento durante toda la semana y luego del primer día incómodo, caímos en una rutina fácil.

Afortunadamente, no tenía que trabajar hoy, así que no tendría que enfrentarlo. Pero lo vería mañana a la noche cuando se presentara a nuestra cita. Casi le dije a William la noche anterior, pero algo me hizo guardármelo. Sólo porque estaba algo así como enamorada de William, no significaba que los sentimientos fueran mutuos. Incluso si le gustaba saber cuándo usaba mis pijamas, no significaba que quisiera verme en ellos.

La idea hizo que mis mejillas se sonrojaran.

Para, me reté a mí misma. Tenía que pensar sobre lo que acordé con Thad. Una cita. Una cita de verdad. Con un tipo rico y atractivo. Oh, no. ¿Qué había hecho? No podía hacer esto.

Jimmy estuvo planeando llevarme a una cita doble con él esta noche, hasta que sucedió lo de los disparos. Luego se fue y ahora no iba a volver hasta el domingo. Hablé con él dos noches atrás. Cuando me di cuenta de que no estaría en casa para nuestra cita doble, había estado aliviada de escaparme. Luego, esto sucedió.

William me llamaría esta noche. ¿Debería mencionarlo? Probablemente no. Él no me contaba cuando tenía citas. ¿Tenía citas? ¿Qué si había estado saliendo últimamente? Si estaba teniendo citas, volvía temprano a casa, porque hablábamos por lo menos a las diez cada noche.

Bajé la vista a mi camiseta y mis shorts y suspiré. De verdad estaban desgastados, pero eran suaves y cómodos. Las mujeres en el mundo de William vestían sedas y encajes caros. Yo no poseía nada ni remotamente sexy para dormir. Hasta William, no deseé nada como eso. Él cambió un montón de cosas. Quizás era la razón por la que le dije que sí a Thad.

Un golpe fuerte en mi puerta me sobresaltó, por lo que dejé mi teléfono en el sofá y me paré para ver quién estaba afuera. No esperaba a nadie y de verdad esperaba que Thad no estuviera viniendo a visitarme. No cuando planeaba hablar con William por teléfono.

Miré por la mirilla y jadeé.

Como si lo hubiera soñado, él estaba ahí parado afuera de mi puerta. Su rostro lucía determinado y su cabello estaba peinado hacia atrás, por lo que podía ver las líneas duras de su mandíbula. Estaba aquí. La confusión fue reemplazada por preocupación mientras destrababa el cerrojo de la puerta y la abría.

—William, ¿está todo bien? —pregunté.

Me observó. Comenzó a moverse hacia mí, pero luego frenó. —No. ¿Puedo entrar? —preguntó bruscamente.

Asentí y di un paso hacia atrás para dejarlo entrar. —¿Qué está mal? —pregunté, asustada de oír la respuesta. Estaba nerviosa.

William entró, su mirada lentamente bajando por mi cuerpo y luego volviendo a subir. Muy lentamente. Cuando llegó a mi rostro, había un destello en su mirada que me hizo estremecer.

—Eso luce incluso mejor de lo que imaginé. Y confía en mí, nena, te he imaginado con ese conjunto un montón.

Su voz sonaba como si estuviera acariciando las palabras en lugar de decirlas. El tono oscuro me hizo temblar de nuevo. No podía hablar. No ahora. Robó todas mis palabras con esas miradas.

—No quiero que salgas con Thad —dijo firmemente, sacándome de mi extraño estado abrumado. Su mandíbula estaba apretada de nuevo y ese brillo en sus ojos volvió.

—¿Cómo te enteraste? —le pregunté. ¿Y por qué te importa?, pensé silenciosamente.

—Le dijo a Grant —respondió. Eso era todo lo que necesitaba decir—. Te daba tiempo. Parecías asustadiza. No quería presionarte. Pero si vas a salir con alguien, va a ser conmigo, Maite. No con el maldito playboy de Thad.

Dijo la última parte en un gruñido que me hizo saltar.

»Él no sabe ni una cosa sobre ti. No sabrá cómo leer tus expresiones para saber cuándo te gusta algo o no. No sabrá que tienes dos risas diferentes. Una es real y la otra significa que estás nerviosa. No sabrá ni una mierda. Pero yo sí.

¿William Manning de verdad me persuadía para que saliera con él? ¿Pensaba que tenía que darme un discurso para engancharme?

»Y va a cometer un error. Hará algo para herirte y voy a matarlo. No soy un tipo violento, pero a la mierda, si él fuera a herirte, lo perdería, nena. Perdería mi mente. Así que, de la manera en que lo veo, tienes que cancelar esa cita con él y hacer planes nuevos. Conmigo.

Antes de que pudiera tratar de convencerme de nuevo, sonreí. —Está bien.

Abrió su boca, luego la cerró. Sus ojos brillaron con algo que sólo podía ser llamado satisfacción y dio un paso hacia mí. —¿Está bien? —preguntó.

Asentí. —Sí. Está bien —repetí.

Una sonrisa tiró de la comisura de su boca hermosa. —¿Está bien, como que vas a cancelar esa cita con Thad y hacer planes conmigo? ¿Todo el fin de semana?

Todo el fin de semana. ¿Estaba aquí por el fin de semana entero? Asentí, incapaz de evitar sonreír más brillantemente. Iba a pasar el fin de semana entero con William. Había venido a verme.

¡A mí!

William cerró la distancia entre nosotros y sus manos se levantaron y acunaron mi rostro. Mi cuerpo se tensó, pero luego se relajó casi inmediatamente. Su olor llegó a mi nariz y estaba aliviada.

—Voy a besarte ahora, Maite. Ya no puedo resistirlo —dijo, su aliento un susurro sobre mis labios antes de que la suave redondez de su boca tocara la mía.

Fue tan dulce mientras presionaba besos suaves en cada comisura de mi boca antes de que la punta de su lengua se deslizara por mi labio inferior, como si estuviera pidiendo entrada. Había visto a las personas besarse. Sabía que tenías que abrir tu boca, pero parecía tan íntimo. No estaba segura de sí estaba lista para eso. O si sería buena.

—Por favor, abre para mí —rogó contra mis labios, y me di cuenta de que probablemente haría cualquier cosa que me pidiera.

Abrí mi boca y jadeé cuando su lengua se deslizó dentro y rozó la mía, como desafiándola a jugar. Sabía a menta. Un gemido profundo salió de su pecho y una de sus manos fue a mi espalda baja y me presionó más cerca de él mientras deslizaba su otra mano en mi cabello y acunaba la parte trasera de mi cabeza. La manera en que me sostenía era diferente. Era cuidadoso conmigo.

Su lengua seguía jugando con la mía, por lo que pasé mi lengua por la suya y comencé a explorar el sabor a menta de su boca. Cuando mi lengua se deslizó por su labio inferior, su mano contra mi espalda baja se volvió un puño. Con una inhalación brusca, su cuerpo tembló.

Así que lo hice de nuevo.

Esta vez, dejó salir un sonido satisfecho, luego rompió el beso y puso su frente contra la mía. —Sabía que serías dulce. Pero demonios, nena, sabes a mi propio cielo.

Mi pecho se hinchó y sonreí. No había hecho nada mal. Él lo disfrutó tanto como yo. —¿Podemos hacerlo de nuevo? —le pregunté, posando mis manos en sus bíceps.

Una carcajada baja resonó en su pecho. —Sí. Podemos besarnos todo lo que quieras.

Sus labios rozaron los míos de nuevo antes de presionarme más cerca y explorarme. Saboreé la sensación de tocarlo de una manera tan personal. Sus manos estaban en mi cadera y cada vez que lamía su paladar o probaba sus labios, se tensaban ligeramente.

Mi cuerpo hormigueaba y quería acurrucarme en su regazo y hacer esto toda la noche. Lo disfrutaba y estaba asombrada de disfrutarlo tanto. Mis pechos dolían y mi cuerpo se presionaba instintivamente más cerca del suyo para encontrar alivio.

Al segundo en que mi pecho tocó el suyo, me alejó varios centímetros. Basta de
besos.

William me observaba como si no estuviera seguro de cómo manejarme. Me mantenía a un brazo de distancia. Literalmente.

—Necesito saber qué puedo tocar y qué no —dijo, sonando sin aliento—. Sé que hay algo que te pone cautelosa y nerviosa. Te he observado de cerca y leo bien el lenguaje corporal. Pero estás confundiéndome, Maite.

Sin pedirme que le contara sobre mi pasado, me decía que sabía que había algo. Algo que me perseguía. Y era cuidadoso para no asustarme. El pequeño pedazo de mi corazón que pensaba que todavía poseía, huyó. William Manning lo tenía completo ahora.

—Me gustaba lo que hacíamos —le dije, esperando que todo el amor que sentía por este hombre no se estuviera mostrando en mi cara como el brillante rayo de sol que calentaba todas las cosas dentro de mí que se habían sentido frías por un largo rato.

William sonrió, luego sacudió su cabeza. —Sí, me di cuenta de que te gustaba besarme. Pero acercarte y presionar esos‖dulces…‖—Se calló mientras su mirada viajaba a mi pecho y dejó salir un pequeño gemido antes de alzar la vista a mi rostro—. Mis manos van a querer explorar. He estado fantaseando sobre tu cuerpo por un rato. Necesito saber a dónde mis manos pueden ir y a dónde no.

¿Había‖estado‖fantaseando‖sobre‖mí?‖Oh,‖mi…

¿A dónde podía ir? Mi corazón quería que fuera a todos lados, pero sabía que mi cabeza podría no estar de acuerdo. El problema era que no estaba segura de qué me haría explotar. Hasta entonces, lo que hacíamos no era nada como la pesadilla en la que viví. Era maravilloso. Ayudaba a contener los recuerdos feos. Quería más de esto, esperando que ahogaría el pasado.

—¿Qué parte de mí quieres tocar? —pregunté.

Sus ojos volvieron a mi pecho. —Me gustaría empezar ahí —dijo en un susurro ronco.

Mis pechos comenzaron a hormiguear y a doler en los pezones, como si supieran que iban a conseguir atención de este hombre hermoso y les gustaría. Eran tan desvergonzados como yo. Asentí, y sus párpados descendieron mientras mantenía su mirada cálida fija en mis pechos ahora palpitantes. Me costaba respirar, porque estaba tan excitada por sentir las manos de William en mí.

Él dio un paso hacia mí y su mirada encontró la mía de nuevo. Creo que dejé de respirar en ese momento cuando su mano se alzó y sentí la calidez de su piel mientras acunaba su palma alrededor de mi pecho necesitado.

Inhalé bruscamente y él me estudió cuidadosamente. No se movió hasta que comencé a respirar normalmente de nuevo. O tan normalmente como puede esperarse cuando tu pecho está siendo acariciado por el hombre del que estás enamorada. Su pulgar rozó mi pezón y agarré sus bíceps para no perder el equilibrio. Sus ojos ahora estaban fijos en mi pecho. Con la yema de su dedo, rodeó y frotó mi pezón, llevándome a hacer sonidos que nunca antes hice.

Cuando su otra mano se movió hacia mí, tuve que cerrar mis ojos y tomar una respiración profunda por el miedo a desmayarme. Justo como había hecho con el otro pecho, lo acunó suavemente y luego comenzó a prestar atención al pezón. De repente, odiaba la camiseta con la que amaba dormir. Estaba en el camino. Pero la idea de William quitándomela y mirando mis pechos desnudos era tan aterradora como excitante.

—¿Esto está bien? —susurró casi reverentemente.

—Sí —respondí.

—Quiero besarte de nuevo mientras te toco —dijo, estudiando mis labios—. ¿Podemos recostarnos en tu cama?

Mi cama. Eso era más. Mucho más.

Pero tenía a William en mi cama cada noche. Incluso si era simplemente en el teléfono.

—Sí —le dije, antes de que pudiera asustarme y cambiar de idea.

Su mano izquierda se deslizó por mi estómago y cadera y luego tomó mi mano. No dijo nada más mientras me guiaba hacia la puerta de mi habitación. La lámpara al lado de la cama era la única luz en la habitación.

Su mano dejó la mía y se sentó en el borde de la cama. Observé, fascinada, mientras se quitaba sus botas y las dejaba en el suelo, su mirada nunca alejándose de la mía.

—Ven aquí —dijo, curvando su dedo índice.

A este punto, el hombre podría decirme que saltara de un puente y estaba bastante segura de que le preguntaría de cuál.

Tomó mis manos y me atrajo a su regazo.

Tuve que sentarme a horcajadas sobre él con mis rodillas en la cama. Inclinó su boca para adaptarla a la mía y luego todos los nervios se desvanecieron mientras me besaba de nuevo. Las maravillas que podía lograr con un roce de su lengua. Envolví mis brazos‖alrededor‖de‖su‖cuello‖y‖me‖hundí‖en‖él…‖hasta‖que‖la‖dureza‖que‖recordaba‖de mi pasado se presionaba contra mí. Entonces me congelé.

Sin advertencia, los recuerdos volvieron, burlándose de mí. Me estremecí, salté, y me alejé, asustada de que pudiera ver el horror en mis ojos. De que sabría exactamente cuán sucia estaba. No quería que él estuviera sucio. ¿En qué había estado pensando? No podía hacer esto. William era tan bueno, agradable y amable. No me conocía. Él pensaba que sí. Pero no tenía idea.

—Vuelve a mí, Maite. No vayas allí —dijo, sus manos tomando las mías y sosteniéndome—. Mírame, nena.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:46 pm

21

William

La expresión rota y aterrada en su rostro me hizo sentir enfermo físicamente. Nunca quería ser la razón por la cual la oscuridad se apoderara de ella.

—Por favor, Maite, mírame. A mis ojos. Concéntrate en mí. En nada más —La animé, mientras sostuve sus manos firmemente en las mías a la vez que mantenía algo de espacio entre nosotros. Mi reacción inicial había sido jalarla apretadamente en mis brazos u abrazarla. Pero esos ojos me habían detenido.

Parpadeó varias veces, y su mirada se aclaró a medida que hizo lo que pedí. Se encontraba conmigo. Los demonios que la atormentaban habían sido alejados una vez más.

—Lo siento —susurró, su voz gruesa con emoción.

—No. Nunca lo sientas. Nada es tu culpa. Conmigo, nunca tienes que disculparte —respondí.

Sus hombros se hundieron en derrota, y lucía como si estuviera a punto de llorar. No la dejaría. No ahora. No después que me había dado tanto, confiado tanto.

—¿Puedo sólo abrazarte? Nada más. Sólo déjame hacerlo Se suponía que fuera una pregunta, pero se había convertido en un ruego.

Asintió y dio un paso hacia mí. La reuní en mis brazos y los envolví a su alrededor. Lentamente, sus brazos se deslizaron en mi cintura, y me abrazó igual de ferozmente.

No hablamos ni nos movimos. Sólo nos quedamos de pie así, sosteniendo al otro por varios minutos. Me aseguré de que estaba aquí y que iba a estar bien. Estaría allí a su lado a través de todo esto. Lo que sea que fuera.

Presioné un beso en la cima de su cabeza, entonces mis mejillas contras sus sedosos rizos. El olor a crema dulce de canela que amaba me envolvió, y cerré mis ojos, deseando poder borrar cada cosa mala que le había sucedido.

—Lo odio. No sé quién es, pero lo detesto con cada fibra de mí ser —susurré contra su cabello.

Se tensó en mis brazos por un momento, y luego su cuerpo se relajó a medida que sus brazos se apretaron a mí alrededor como si estuviera buscando seguridad y consuelo en mí. Podía darle eso. Aún si no encontraba lista para que le diera otras cosas, podía darle paz.

—Es tarde. Necesitas ir a la cama —dije, queriendo nada más que meterme en esa cama con ella. Aunque fuera sólo para dormir.

—¿Te... te quedarás aquí esta noche? —preguntó contra mi pecho.

—No hay ningún otro lugar en el que preferiría estar.

Se apartó de mí y la dejé ir. Caminó hacia la cama, jaló las sabanas y se metió bajo ellas. Entonces dio golpecitos en el sitio a su lado. —Duerme aquí. A mi lado.

Su deseo era mi orden. Me acosté a su lado pero me quedé encima de las sabanas. Completamente vestido, así que no la necesitaba de todas formas. Extendiendo mi brazo, la vi acurrucada en su costado, observándome. —Ven acá —Le dije, e inmediatamente se movió para meterse en el hueco entre mi brazo y hombro. Envolví mi brazo a su alrededor y la abracé.

Mirando el techo, me pregunté cómo podía volver a casa el domingo por la mañana. Dejarla no sería fácil. No me gustaba pensar en ella aquí sola.

La necesidad de protegerla había crecido hasta convertirse en algo feroz y posesivo dentro de mí. Pensaba en ella todo el tiempo, y en todo lo que podía pensar era en que la quería a salvo. La quería conmigo. No quería que nadie más la tocara o consolara. Sólo yo.

Se suponía que arreglara sus problemas. Era el único que debería estar abrazándola cuando llorara. Me enloquecía pensar en alguien más haciendo algo por ella que debería hacer yo.

Esta chica me está enloqueciendo. Me sentía fuera de mi alcance. No sabía porque tenía este impulso demente de envolverla y escaparme con ella. No podía ser sano. Siempre había sido protector con Harlow y mi mamá. Pero aparte de ellas dos, nadie más era así de importante para mí.

Hasta ahora. Y esto era una liga totalmente diferente.

¿Por qué ella? ¿Por qué me afecta así? Había visto cuerpos sexy antes y sonrisas hermosas. Era más que su apariencia exterior. Las mujeres bonitas sólo me interesaban para una cosa. Maite había alcanzado algo dentro de mí y lo había apretado fuertemente, desde el momento en que corrí hacia la habitación y la encontré sentada en la habitación rodeada de vidrio roto.

De hecho había estado enojado con el espejo por haberle hecho daño. ¿Quién demonios se enoja con un objeto?

—¿William? —dijo su suave voz contra mi pecho.

La sangre en mis venas se calentó y aceleró por el sonido de mi nombre en sus labios. O al menos, así se sintió. Todo mi cuerpo reaccionó a ella. —Sí —respondí, gentilmente envolviendo un mechón sedoso de su cabello en mi dedo.

—Fue mi padrastro —declaró, en voz tan baja que casi no la escuché.

Todo en mi pecho se sintió como si estuviera retorciéndose en nudos. Dolía respirar. Santa mierda, dolía tanto. Tuve que forzar al oxígeno a que entrara a mis pulmones a medida que comprendía lo que acababa de admitir. Ira como ninguna que hubiera experimentado antes chocó través de mí, y quería asesinar a otro ser humano por primera vez en mi vida. No, quería torturarlo lentamente primero. Escucharlo gritar de agonía. Luego quería verlo morir.

»¿William? —Su voz dijo mi nombre nuevamente, e inhalé agudamente, poniendo a un lado la venganza y odio por un hombre que no conocía. Mi chica me necesitaba ahora. No necesitaba que me volviera loco por esto. Confió en mí con ello.

—Sí, nena —contesté.

—También lo odio.

Esas cuatro palabras prácticamente me deshicieron. —Yo lo limpiaré todo. Lo juro por Dios, lo haré, Maite. Un día, todo lo que verás o recordarás es a mí y cómo nos sentimos juntos. Lo juro.

Volteó su cabeza y besó mi pecho, entonces se acurrucó más cerca. —Te creo.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:52 pm

22

Maite

Me tomó unos segundos despertarme completamente y recordar que no estoy sola en mi apartamento. No tuve que abrir los ojos para saber que me encontraba sola en la cama. Podía sentir la ausencia de William. Su calor se había ido.

Pero él estaba en otra habitación. El olor a café llenó el pequeño apartamento. Y la voz de William, a pesar de estar hablando en voz baja, se escuchaba a través de la puerta cerrada.

Hice el trabajo rápido de cepillarme los dientes y el cabello antes de ir a la sala a enfrentarlo después de anoche. El hecho de que todavía estuviera aquí me sorprendió. Había venido a detenerme de ir a una cita con Thad. Y a cambio, enloquecí con él mientras hacía algo tan simple como besar y tocar.

Abrí la puerta y entre a la habitación, y mis ojos fueron directamente a la alta figura de perfección de pie junto a la ventana, de espaldas a mí. Hablaba por teléfono. Todavía vestía los pantalones y la camiseta que tenía anoche, pero su bolsa de lona estaba en el sofá. Había venido preparado.

—Preferiría que no viniera, Harlow. Me gusta Tripp y todo, pero no planeaba estar aquí este fin de semana, y no vine aquí por su fiesta. Tengo otras cosas que preferiría hacer esta noche —dijo en un tono frustrado, a pesar de que todavía hablaba en voz baja.

Su mandíbula trabajaba mientras escuchaba lo que sea que su hermana le decía. Parecía que ella realmente quería que fuera a su fiesta esta noche. Comenzaba a hablar y a decirle que debería ir.

—Bien. Iré si Maite quiere ir. Pero si no quiere, estamos haciendo otra cosa. Fin de la discusión. Ahora, te quiero, pero me tengo que ir. Estoy intentando hacer algo de desayuno antes de que se despierte.

Cerré la boca y miré con sorpresa su espalda. ¿Me quería llevar? ¿A la fiesta con su gente? ¿Y me hacia el desayuno? No solté que lo amaba, porque después de escuchar su conversación, quería abrir la ventana y alertar a todos los vecinos que estoy enamorada de este hombre.

Se dio la vuelta, y su mirada se fijó en la mía. Una lenta y sexy sonrisa tocó sus labios, y estoy segura de que podría desmayarme justo aquí en el acto. —Me tengo que ir. Está despierta —dijo en el teléfono, y terminó la llamada.

Me pare donde estaba, incapaz de moverme, con ese brillo en sus ojos y el calor de su mirada arrastrándose lentamente por mi cuerpo y subiendo otra vez.

—Incluso despiertas hermosa —dijo en un tono suave.

—Gracias —Fue mi respuesta tonta. No sabía que más decir.

—¿Tienes hambre? Iba a hacer un inventario y hacernos algo para desayunar —dijo, mientras se acercaba a la cocina—. Ya he hecho el café.

—Sí, pero puedo hacer el desayuno. Hago unos muy buenos waffles caseros. —Lo seguí a la pequeña cocina.

Me miró por encima del hombro. —¿Waffles caseros? Vendido. Todo lo que puedo hacer es huevos y tostadas.

—Entonces ve a sentarte allí, porque ambos no encajamos en esta cocina.

Se sirvió más café en su taza. Luego se dio la vuelta y salió del hueco que tenía de cocina. Puede o no que haya estado mirando su trasero en esos pantalones. Tuve que ajustar mi cabeza cuando se volvió hacia mí.

Una conocida sonrisa iluminó su cara, y dio unos pasos hacia atrás en mi dirección y puso la taza de café en el bar. —Voy a admitir algo que creo que debes saber. Soy un poco hombre de las cavernas. La idea de que cocines para mí me excita. —Su voz cayó al decir la última parte, luego inclino la cabeza y dio un cálido beso a mis labios.

Ya lista para otra ronda de besos si él lo estaba. Me acerqué de puntillas con impaciencia. Medía un metro ochenta, pero William era por lo menos un metro noventa o un metro noventa y cinco. Me hacía sentir pequeña.

Su mano se deslizo alrededor de mi espalda baja y me apretó más a él, justo antes de abrir la boca yo ya recibía el rico sabor de su menta. Moví las manos de sus brazos a su cuello para ayudar a levantarme incluso más en los dedos de los pies.

William movió las manos sobre mi trasero y lo acuno, y por un momento, los dos nos quedamos inmóvil. Cuando el pánico no llegó, me incline más cerca, William respiró hondo y luego me empujó hacia su cuerpo mientras sujetaba mi trasero.

Justo cuando me encontraba lista para explorar sus labios un poco más, rompió el beso y respiro profundo. —Maite, nena, tengo una cosa por tu trasero. He tenido una cosa por tu trasero desde el primer día. Y ahora que tengo mis manos en él, necesito un minuto para calmarme sin tu pequeña boca caliente jodidamente excitándome —dijo con una voz ronca que me hizo temblar.

Agaché la cabeza para ocultar mi sonrisa. Le gustaba mi trasero. Era demasiado gordo, pero le gustaba. No pude evitar una sonrisa.

—Veo esa sonrisa —dijo en broma, mientras apretaba mi trasero en sus manos y luego gemía—.‖Joder…‖eso‖es‖bueno‖—dijo en mi oído—. O te llevo a ese sofá y continuo agarrando el mejor culo del mundo en mis manos mientras te beso, o te dejo ir, así puedes hacer esos waffles. Tu elección. Quiero hacer lo que te haga sentir cómoda.

Este hombre y sus palabras me hacían sentir como pegajosa por dentro. Toda pegajosa y sentimental. ¿De todos modos, quien necesita el desayuno? —El sofá —susurré, y dejé escapar un gruñido de satisfacción mientras me recogía del suelo. Enrollé mis piernas alrededor de su cintura, y mantuvo sus manos en mi trasero. En tres zancadas, nos hundíamos en el sofá. Sentí la rigidez bajo mi trasero y se quedó quieto. No entraría en pánico. Este era William. Este era William.

Mantuve los ojos fijos en su hermoso rostro y observe con fascinación mientras sus ojos parpadearon con algo tan sexy y necesitados lo que hizo que mi centro doliera.

—Puedes sacar las piernas y sostenerte a ti misma en mi regazo, si sientes que lo que me haces te pone nerviosa —su voz era firme, como si le estuviera haciendo daño de alguna manera.

Me moví para que así mis piernas se doblaran a cada lado de él y yo estuviese a horcajadas. Al igual que la noche anterior. Si me hundiera hacia abajo, sentiría su erección contra mí. Pero había un cosquilleo doloroso allí que no había estado antes. La idea de poner alguna presión allí me excitaba.

Las manos de William se flexionaban en mi trasero, y respiraba pesadamente por la nariz mientras mantuvimos las miradas firmemente en la del otro. Poco a poco, me deje hundir sobre su regazo. La dura cresta de su pene encajó a lo largo de la hendidura entre mis piernas, y jadeé ruidosamente cuando una chispa que se sintió tan bien que era casi dolorosa se disparó por mi cuerpo por el contacto entre mis piernas.

William tragó con tanta fuerza que lo escuché. Su respiración era más pesada ahora, y sus manos habían endurecido su control sobre mi trasero. —¿Estás bien? —preguntó con una voz que sonaba como si tuviera dolor.

—¿Te estoy haciendo daño? —pregunté, horrorizada. Ni siquiera había pensado en cómo podría sentirse. Empecé a levantarme, y sus manos de inmediato se trasladaron a mis muslos mientras me sostenía.

—No. No. No‖lo‖hagas.‖Esto‖es…‖joder,‖nena. No tengo palabras para lo que es esto —dijo, luego dejó escapar una risa fuerte mientras colocaba la cabeza contra el sofá y se quedó mirando el techo—. Necesito otro minuto.

Sus manos apretaron mis muslos mientras se quedaba ahí sentado. Admiré el espesor de su garganta. Incluso parecía musculoso. ¿Los cuellos tenían músculos?

Sintiéndome valiente, me incliné hacia adelante y presioné un beso en su cuello. Sus manos se flexionaron en mis muslos, pero ese fue el único movimiento que hizo. Así que lo besé de nuevo e inhalé su aroma. Me recordaba al cuero y el aire libre. A mi cuerpo debieron gustarle ambos olores, porque tuve que presionarme para conseguir algo de alivio en el dolor pulsante entre mis piernas.

—Nena —dijo en voz baja.

—¿Si? —pregunté, tomando una pequeña probadita de su piel con la punta de la lengua.

—Joder —gimió, y luego me empezó a alejar. Sus manos en mi pecho, me puso en el sofá mientras se levantaba y se alejaba tan rápido como podía.

Había estado tan perdida en él que no me había dado cuenta de lo que pasaba hasta que lo vi detenerse y poner las manos en sus rodillas. Lo vi tomar varias respiraciones profundas antes de levantarse. Tenía miedo de preguntarle. Esperé a que dijera algo primero.

Pareció una eternidad hasta que finalmente se dio la vuelta y me miró. Puse las rodillas frente a mí y enrollé mis brazos alrededor. Algo estaba mal. Esperé que me dijera que era eso, exactamente.

—Lo‖siento.‖Yo…‖tú…‖—se detuvo y se rio de sí mismo, luego negó con la cabeza en frustración—. Te quiero desnuda, Maite. Quiero mis manos y mi boca en todo tu dulce pequeño cuerpo. Quiero doblarte y besarte la peca que se está justo debajo de tu nalga izquierda, la que vi la primera vez que te conocí. Fui recibido con tu perfecto trasero inclinado en exhibición, y he soñado con ese trasero desde entonces. Pero más que eso, quiero que te sientas segura conmigo. Quiero tomarlo con calma y lento contigo, por lo que nunca quiero ver esa mirada embrujada en tus ojos o el terror en tu expresión otra vez. Así que podemos tener más momentos cuando presiones eso —cerró los ojos y respiró con fuerza por la nariz—, cuando te presionas contra mí y me tocas de una manera que me vuelves tan loco que temo que voy a romperte y tocarte donde aún no estás lista.

Al escucharlo decirme que me quería besar y tocar desnuda aceleró mi ritmo cardiaco. Se produjo una mezcla de miedo y emoción. La sensación entre mis piernas todavía se encontraba allí. Tenía un dolor necesitado que me recordó un tiempo en el que era mucho más joven y un chico con el que tuve un flechazo en la escuela me arrincono y me tocó, llamándome hermosa.

Después me había ignorado y dejó a su novia llamarme por horribles nombres al día siguiente, ese dolor nunca había regresado. Luego otras cosas pasaron que hicieron que cualquier emoción en esa parte de mi cuerpo muriera. Solo recordar el pasado apagó las sensaciones dejadas por estar en los brazos de William.

Me sentí aliviada de que ese dolor se había ido y triste de que esta sesión de besos con William había terminado cuando me puse de pie. —Entonces creo que es hora del desayuno —dije, forzando una sonrisa.

William me estudiaba cuidadosamente, y no quería que pensara por un momento que me encontraba molesta con él. Hacia esto por mí. Se preocupaba lo suficiente como para poner sus necesidades a un lado y ser amable conmigo. Me hizo amarlo aún más.

—¿Entiendes? —preguntó, su voz llena de preocupación.

Una verdadera sonrisa se formó en mis labios mientras lo miraba. — Entiendo. Gracias. Cosas como esta solo me hacen confiar más en ti.
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Re: When I'm Gone WebNovela LevyRroni Adaptada

Mensaje por tamalevyrroni el Dom Mar 06, 2016 4:56 pm

23

William

Esta no era la manera en la que quería pasar mi última noche con Maite. No sabía con certeza si conseguiría otro fin de semana para venir a quedarme con ella. Me pase casi toda la mañana mirando al techo mientras la sostenía, pensando en maneras de convencerla de ir a Texas. Me hallaba listo para llevarla a mi casa. Así de involucrado estaba, y ni siquiera todavía teníamos sexo.

Afortunadamente, la prometida de Tripp Newark Montgomery, Bethy, no era una de las estiradas mujeres de Rosemary Beach que hacían todo de etiqueta. Por años, trabajó en el Club Kerrington con su tía. Esta fiesta fue planificada bajo su supervisión, de manera que todos nos encontrábamos vestidos como para una fiesta en la playa.

Eché un vistazo a Maite, que se aferraba a mi brazo con fuerza. Bajo su vestido de verano, usaba un bikini y podía ver las tiras asomándose. Los trajes de baño eran el atuendo sugerido. Tras la ceremonia de inauguración del nuevo hotel de cinco estrellas de Tripp; todo el mundo se dirigía a la piscina del Club Kerrington que, con cascadas y palmeras, era más como una isla tropical.

—Parece que también a ti, mi esposa puede persuadirte de cumplir sus órdenes —dijo Grant Carter con una sonrisa, mientras se acercaba a nosotros—. Hola, Maite. Me alegra ver que mi cuñado tiene buen gusto.

—Hola, señor Carter —dijo, su voz revelando lo nerviosa que se sentía.

Grant frunció el ceño. —Estás saliendo con William y compartes galletas con mi esposa. Puedes llamarme Grant. Por favor. —Volvió su atención hacia mí—. ¿Te quedas en la ciudad mucho tiempo?

Maite se tensó junto a mí, pero solo por un segundo. Si no estuviera tan en sintonía con todos sus movimientos, se me habría escapado ese detalle. —Tengo que irme mañana. Dejé las cosas un desastre —admití.

Grant se rio entre dientes, y sus ojos se movieron hacia mi izquierda. —Sí, escuché que te abalanzaste y robaste la cita de Thad para la noche. En este momento está bebiendo mucho y tiene una mujer en cada brazo. Así que, se está recuperando.

Ni siquiera me molesté en mirar. No dudé de Grant ni por un segundo. — ¿Dónde está Harlow? —pregunté, cambiando de tema.

—Está alimentando a Lila Kate. Me ofrecí a hacerlo, pero dijo que era yo quien tenía que estar aquí mostrando mi cara, no ella.

—Tengo que decirlo, me gusta el ambiente relajado. No estoy seguro de que Harlow podría haber conseguido que venga si esto fuera formal.

Grant se rió como si no me creyera.

Un camarero apareció con una bandeja de copas de champagne. Agarré dos y le entregué una a Maite. —¿Tienes sed?

Sonrió y miró el vaso, luego a mí. —¿Qué es?

—Champagne —respondí, incapaz de apartar los ojos de su rostro. Cada expresión que hacía era algo que quería grabar en mi memoria.

—Nunca he bebido champagne —dijo en voz baja.

—Creo que te gustará. Solo toma un pequeño sorbo.

Llevó la copa hasta sus labios, y sus ojos permanecieron fijos sobre mí mientras saboreaba la bebida rosada. Sus ojos se iluminaron con placer y excitación. Le gustó. Y observar su experiencia fue jodidamente increíble. Era solo una bebida, pero lo convertía en toda una aventura. —Es muy bueno. Me hace cosquillas en la nariz.

Había varios lugares en los que quería hacerle cosquillas. Pero mantuve ese pensamiento para mí mismo. Mirando por encima, me di cuenta que me olvidé de Grant; pero de todos modos, ya se había ido.

—Hola, soy Della. Debes de ser Maite.

Me di la vuelta para ver a Della Kerrington, la esposa de Woods, sonriendo a Maite. Della era una buena persona. Me sentía a salvo con ella acercándose a Maite. Tampoco provenía de este mundo, aunque ahora era la esposa del dueño del Club Kerrington.

—Sí, lo soy. Es un placer conocerte —dijo Maite, esta vez menos nerviosa. Parecía ser que solo los hombres la hacían retraerse.

—También es un placer conocerte. He oído tantas cosas buenas sobre ti por Harlow.

Los ojos de Maite se abrieron ampliamente, y me miró rápidamente antes de devolverle la sonrisa a Della. —Oh. Bueno, me gusta trabajar para la señora Carter. Son una muy agradable familia.

Harlow odiaría que Maite todavía sintiera que tenía que llamarla señora Carter. Sin embargo, no la corregí; a pesar de que podía ver el destello de confusión en los ojos de Della. No esperaba que Maite fuera tan formal sobre su relación con mi hermana.

—Sí, lo son —dijo Della, sonriendo—. Tengo ganas de verte más en el futuro. —Me dio una mirada de complicidad—. Disfruten. Tengo que ir a rescatar a mi marido del señor Hobes. Si me disculpan. —Se apresuró hacia Woods, que escuchaba a un hombre más viejo y viéndose como si prefiriera estar en cualquier otro lugar.

—Es hermosa —dijo Maite, mientras observaba a Della alejarse.

—No me di cuenta —contesté, y luego la estiré más cerca. Thad se dirigía hacia nuestra dirección con sus dos citas, una de cada lado. No sabía con seguridad cuál era su plan, pero no le permitiría decir o hacer algo que avergonzara a Maite.

También necesitaba entender: ella era mía.

El cabello de Thad se encontraba metido detrás de las orejas, y sus ojos no se hallaban vidriosos o inyectados en sangre por el exceso de bebida. Las chicas a su lado ya estaban en sus bikinis. A diferencia de todos los demás, renunciaron a los pareos o vestidos.

Al segundo en que lo vio, la mano de Maite se tensó sobre mi brazo. La acerqué y le dirigí una mirada de advertencia a Thad. Él solo me sonrió como si estuviera exagerando.

—Maite, William, espero que estén disfrutando —dijo Thad, mientras aparecía su estúpida sonrisa con hoyuelos. Esperaba que a Maite no le gustaran los hoyuelos.

—Sí, gracias. Es un hermoso sitio para un hotel —dijo Maite sinceramente.

—No planeaba venir, pero ya que fracasaron mis planes para la noche, pensé en traer un par de citas para entretenerme —dijo, con un guiño, luego le hizo algo a la chica de la derecha para hacerla chillar y reír.

—Puedo ver que estás hecho pedazos por esos planes fallidos. Si nos disculpas, quiero que Maite conozca a Blaire y Rush —dije, poniendo una mano posesiva en su espalda baja. No esperé a que dijera algo más. Hacia unos minutos, vi llegar a Rush y Blaire, y sabía que Blaire sería una persona de confianza para hablar; además, era parte de mi familia, por así decirlo. Con Rush teníamos padres en la banda de rock Slacker Demon. Aunque Rush creció más en esa vida que yo, comprendíamos lo que era tener padres que el resto del mundo idolatraba.

Rush tampoco miraría a Maite como si quisiera una probada. Porque si tenía que ver otro segundo a Thad deseando a Maite, iba a estrangularlo.
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