WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

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WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Miér Nov 25, 2015 12:43 pm


Sipnosis:

William tenía su vida perfecta trazada para él. Levantar los rangos de la empresa familiar. Casarse con la joven rica de los sueños de sus padres. Pretender que la riqueza y privilegios eran lo que siempre había querido. Entonce,s una chica llamada Maite llegó a la cuidad, una hermosa imperfecta desconocida que capturó su corazón y le abrió los ojos a un nuevo futuro. William está listo y dispuesto a sacrificarlo todo por ella cuando la repentina muerte de su padre lo deja cuidando de su madre y administrando un negocio.

Maite está decidida a ser fuerte para William, incluso mientras se está cayendo silenciosamente en pedazos. No importa qué tan lejos huya de su hogar, los fantasmas de su pasado nunca han dejado de atormentarla. Luchando para ocultar sus verdaderos sentimientos de William, Maite teme que no pueda ser su roca sin arrastrarlo con ella hacia la oscuridad. ¿Pero es lo suficientemente fuerte como para dejar de lado lo último que la sostiene junta?
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por EsperanzaLR el Miér Nov 25, 2015 5:17 pm

Muchas Gracias Tami es interesante
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:21 pm

1

William

Mi madre no me dirigió la palabra durante el funeral de mi padre. Acudí a consolarla pero me dio la espalda y se alejó. Había un montón de cosas que esperaba en la vida, pero esa no había sido una de ellas. Nunca. Nada de lo que hice afectó la vida de mi madre. Sin embargo, ayudó a mi padre mientras él trató de destruir la mía.



Verlo frío y allí tendido en el ataúd no me impresionó de la manera en la que imaginaba. Todo era muy reciente. No tuve tiempo para perdonarlo. Lastimó a Maite. Nunca podría perdonar eso. Incluso con él muerto y enterrado en el suelo no podría perdonar lo que le hizo. Ella era el centro de mi mundo.



Mi madre pudo ver la falta de emoción en mis ojos. No estaba para fingir. Al menos ya no. Hace una semana me alejé de esta vida en la cual había nacido sin ni un poco de remordimiento. No fue difícil dejarlo ir. Mi atención se centró en encontrar a Maite. La mujer que entró en mi vida y lo cambió todo. Maite Sloane se había convertido en mi adicción cuando no estaba libre. Toda su perfección retorcida me hizo enamorarme perdidamente. Una vida sin ella parecía inútil. A menudo me preguntaba cómo la gente encontraba alegría en la vida sin conocerla.



Con la repentina muerte de mi padre, la vida que acababa de quitarme de encima y estado tan dispuesto a alejarme, ahora era colocada completamente en mis hombros. Della había estado a mi lado en silencio desde el momento en que puse un pie de nuevo en Rosemary Beach, Florida. Su mano pequeña entrelazada en la mía, sabía cuándo yo la necesitaba sin que le dijera nada. Un apretón de su mano me recordaba que estaba a mi lado y que yo podía hacer esto.



Excepto en este momento, que no estaba conmigo. Estaba en mi casa. No quería traerla aquí, a la casa de mi madre. Mi madre podría haber querido fingir que yo no existía pero ahora poseía todo en su vida, incluso la casa en la cual vivían. Vino con el club de campo, y mi abuelo se había asegurado de que cuando falleciera mi padre esto sería todo mío.



Ni una sola vez mi padre creyó que debía informármelo. Me recordaba continuamente que él controlaba mi vida. Si quería este mundo, entonces tenía que someterme a su voluntad. Sin embargo, después de todo, se convertiría mío en mi veinticinco cumpleaños o en el caso de la muerte de mi padre. Lo que ocurriese antes. No había ninguna gestión de esto ahora.



Pensé en llamar y cambié de opinión. Mi madre tenía que dejar de actuar como una niña. Yo era todo lo que tenía. Era el momento de que aceptara a Maite en mi vida, porque pondría un anillo en su dedo tan pronto como pudiera convencerla de ello. Conocía a Maite lo suficientemente bien como para saber que no iba a ser fácil conseguir que se casara conmigo. Con mi mundo completamente transformándose en algo que no esperaba, quería la seguridad de saber que cuando llegara a casa, Maite estaría allí.



Empecé a alcanzar el pomo de la puerta cuando se abrió. Mis ojos se levantaron para ver a Angelina Greystone de pie en la entrada de la casa de mis padres con una sonrisa inocente en su cara. El brillo malvado en sus ojos no podía enmascarar su intento de parecer agradable. Casi me había casado con esta mujer para poder tener el club que iba a ser mío de todos modos. Mi padre me hizo creer que tenía que casarme con Angelina para conseguir el ascenso y el futuro que merecía.


Lo que mi padre no había contado era que Maite entraría en mi vida y me mostraría que había más para mí que un matrimonio sin amor con una perra sin corazón.



—Estábamos esperándote. Tu madre está en el salón con una infusión de manzanilla que hice para ella. Necesita verte, William. Me alegro de que tomaras sus sentimientos en cuenta y que no trajeras a esa chica.



Lo único que sabía, a pesar de lo que la bruja había dicho, era que ella sabía el nombre de Maite. Podría haber querido fingir que nunca había oído hablar de ella y que no la conocía, pero lo sabía. Solo estaba siendo rencorosa. Lo que no sabía era por qué mier*da estaba en casa de mi madre.



Pasé por delante de ella y entré en la casa sin responderle. Sabía dónde estaba sin su ayuda. El salón era el lugar al que mi madre siempre iba para estar sola. Se sentaba sobre la tumbona de terciopelo blanco que una vez había sido de mi abuela y se quedaba mirando hacia el agua a través de los grandes ventanales que se alineaban en la habitación.



Ignoré el taconeo de los talones de Angelina mientras me seguía. Todo acerca de ella crispaba mis nervios. Su presencia aquí en el medio de una situación de la familia en el día del funeral de mi padre sólo aumentaba mi disgusto. ¿Por qué hacía esto? ¿Qué creía que ganaría? Tenía todo ahora. Yo. No mi padre. Y ciertamente no mi madre. Ahora era Kerrington en el control.



—Madre —dije mientras entraba en el salón sin llamar. No tenía la oportunidad de echarme. No es que me iría sin tener esta conversación. Tan equivocada como había estado, la amaba. Era mi madre, a pesar de que siempre había estado al lado de mi padre y nunca pensó en mí. Siempre había sido sobre lo que querían para mí. Pero eso no me hacía quererla menos.



No volvió su atención del exterior, de la vista del golfo. —Will, te estaba esperando. —Nada más. Dolió. Ambos habíamos perdido una parte de nuestras vidas con la muerte de mi padre. Ella no lo veía de esa manera. Nunca lo haría.



Caminé hasta estar en su línea de visión. —Tenemos que hablar — contesté.



Movió sus ojos para mirarme. —Sí, tenemos.


Podía haberla dejado controlar esta conversación, pero no iba a hacerlo. Ya era hora de establecer algunos límites. Sobre todo ahora que tenía a Maite conmigo y estábamos de nuevo en Rosemary.



—Por lo menos vino solo. —La voz de Angelina llegó desde la puerta y giré mi cabeza para mirar su intrusión. No era parte de esto.



—Esto no es asunto tuyo. Puedes irte —le respondí en un tono frío.



Se encogió.



—Forma parte de esto. Va a quedarse conmigo. Necesito a alguien aquí, así no estoy sola y Angelina entiende eso. Es una buena chica. Habría sido una excelente nuera.



Entiendo que el dolor de mi madre al perder a mi padre era reciente y estaba sufriendo. Pero no la dejaría controlar esto. Era el momento de dejar algunas cosas muy claras a las dos.



—Habría sido una perra malcriada, egoísta de nuera. Tuve la suerte de darme cuenta de ello antes de que fuera demasiado tarde y arruinara mi vida. —Escuché sus agudas inhalaciones pero no estaba dispuesto a dejarlas hablar— . Controlo todo ahora, madre. Cuidaré de ti. Me aseguraré de que no te falte nada. Sin embargo, no voy a aceptar o reconocer a Angelina en mi vida. Más importante aún, no permitiré que alguien haga daño a Maite. Voy a protegerla de las dos. Ella es mi perfección. Tiene mi corazón en sus manos. Cuando sufre me pone de rodillas. No hay manera de explicar lo que siento por ella. Solo entiende que no permitiré que alguien le haga daño de nuevo. No perdonaré eso. Pierdo un pedazo de mi alma cuando la veo sufrir.



La apretada línea de la boca de mi madre fue la única respuesta que necesitaba. No aceptaba esto. Hoy no era el día para tratar de convencerla acerca de mis sentimientos por Maite. Estaba de luto y yo todavía estaba enfadado con el hombre que ella estaba de luto.



—Si necesitas algo, llámame. Cuando estés lista para hablar conmigo y sin resentimiento hacia Maite, entonces llámame. Hablaremos. Eres mi madre y te quiero. Pero no te dejaré cerca de Maite, ni te pondré por delante de ella. Entiende que si me haces elegir, voy a elegirla sin pensarlo dos veces.



Me acerqué y puse un beso en la parte superior de la cabeza de mi madre antes de caminar más allá de Angelina sin decir palabra. Era momento de regresar a casa. Maite no estaba bien sola. Siempre me ponía ansioso cuando la dejaba.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:23 pm

2

Maite


Él seguía sin llorar. No mostraba ninguna emoción en absoluto. Odiaba eso. Yo quería que hiciera duelo. Él necesitaba dejarlo salir, no embotellar sus emociones por mí. La idea de que se endureciera para no mostrar su dolor porque me estaba protegiendo hacía que mis entrañas se retorcieran. Su padre lo había traicionado al echarme. Pero pude vislumbrar la mirada en los ojos de William al ver a su padre, buscando aprobación. Él amaba a su padre. Necesitaba llorar su pérdida.



—¿Maite? —Me giré para ver a William caminando dentro de la sala. Sus ojos escanearon la habitación antes de que me encontrara, de pie fuera en el balcón. Inmediatamente se dirigió a la puerta. Había una determinación en sus ojos que me preocupó. Abrió la puerta y salió.



—Hola, ¿está todo bien? —pregunté antes de que me tomara en sus brazos y me abrazará fuertemente. Había hecho esto muchas veces a lo largo de la semana pasada.



—Está triste. Hablaremos de nuevo una vez que haya tenido tiempo para procesar todo —dijo contra mi cabello—. Te extrañé.



Sonreí tristemente y me separé para así poder mirarlo a los ojos. —Te fuiste por aproximadamente una hora. No es mucho tiempo para extrañarme.



William pasó su mano por mi cabello, apartándolo, y después tomó mi rostro con ambas manos. —Te extrañé al segundo en que salí por la puerta. Te quiero conmigo todo el tiempo.



Sonriendo, moví mi cabeza y besé su mano. —No puedo estar contigo siempre.



Los ojos de William se oscurecieron con algo que conocía bien. —Pero te quiero conmigo —Deslizó una de sus manos alrededor de mi cintura, acercándome a él—. No puedo concentrarme cuando no estoy lo suficientemente cerca de ti para tocarte.



Sonreí mientras presionaba un beso en el interior de su muñeca. — Cuando me tocas tendemos a dejarnos llevar.



La mano de William se deslizó por debajo de mi blusa y me estremecí mientras la movía acercándola a mi pecho. —Justo ahora quiero dejarme llevar.



También quería eso. Siempre quería eso, pero él necesitaba hablar. Necesitaba decir algo.



Su teléfono sonó, interrumpiéndonos.



Su cara se tensó y quitó su mano de debajo de mi blusa a regañadientes antes de buscar el teléfono dentro de su bolsillo para sacarlo.



—Hola —dijo con su tono de voz para los negocios. Me miró disculpándose—. Sí, estaré ahí en cinco minutos. Dile que me encuentre en la oficina de mí... en mi oficina.



Estaba teniendo un momento difícil llamando a la oficina de su papá como‖“suya”.‖Ese‖era‖otro‖vistazo‖del‖dolor‖que‖él‖ignoraba.



—Era Vince. Hay varios miembros de la junta directiva en la ciudad y quieren reunirse conmigo en una hora. Gary, el asesor y mejor amigo de papá, quiere ponerme al corriente antes de la reunión. Lo siento —dijo buscando mi mano y acercándome a él.



—No te preocupes. No hay nada de que disculparse. Si hay algo en lo que pueda ayudarte, entonces lo haré. Solo dime.



William se rio entre dientes. —Si pudiera conseguir que permanezcas en la oficina conmigo todo el día, lo haría.



—Mmm... No creo que logres terminar mucho trabajo.



—Sé que no lo haría —replicó.



—Ve, muéstrales a esos directivos que estás listo para esto.



William besó mi cabeza. —¿Que harás?



Quería trabajar de nuevo. Extrañaba ver a todos y el tener algo que hacer. Yacer en la playa cada día no era la mío. —¿Podría regresar a mi antiguo trabajo?—pregunté.



Un ceño arrugó la frente de William —No. No quiero que trabajes en el comedor.



Estaba preparada para eso. —Está bien. Entonces buscaré trabajo en otro lugar. Necesito hacer algo. Especialmente contigo estando tan ocupado.



—¿Y si me necesitas? ¿Dónde te gustaría trabajar? ¿Y si no puedo llegar a ti? Eso no funcionará, Maite. No puedo protegerte si no estás cerca de mí. —Solo e estaba agregando más estrés. Necesitaba más tiempo para adaptarse. Le daría eso. Él necesitaba sanar. Tendría que encontrar una manera de pasar mis días.



—Está bien, esperaremos un par de semanas y hablaremos sobre esto de nuevo —dije con una sonrisa, esperando tranquilizarlo.



Parecía aliviado. Eso era lo que yo buscaba. —Te llamaré una vez que la reunión termine. Podríamos cenar juntos. No te dejaré sola mucho tiempo. Lo juro.



Solo asentí.



William me atrajo hacia él y me besó. Fue un beso posesivo. En este momento necesitaba que estuviera ahí para él. Por ahora, eso es lo que haría. Estar ahí para él.



—Te amo —susurró contra mis labios, y luego los besó una última vez.



—También te amo —contesté.

***

William se fue, y yo permanecí afuera en el balcón mirando hacia el golfo. Había desperdiciado mi vida durante tanto tiempo y ahora aprendía que la vida era sobre sacrificio. Especialmente cuando amabas a alguien.



Mi teléfono sonó esta vez y lo cogí de la mesa donde lo dejé más temprano. Era un número desconocido. Eso significaba una cosa: era Tripp.



—Hola —dije sentándome en la tumbona a mi lado.



—¿Cómo están las cosas?



—Bien. Will está ajustándose —respondí.



Tripp suspiró con cansancio. —Debería haber ido a casa para el funeral. Yo solo... no pude.



No sabía qué había en Rosemary que preocupaba a Tripp. Pero sabía que había algo. Desde que se marchó me había llamado dos veces. En ambas ocasiones desde un número desconocido y en ambas ocasiones parecía decaído. Casi deprimido.



—Jace dijo que trató de contactarte y no pudo. Has cambiado tu número.



—Sí, lo hice. Necesitaba algo de espacio.



—Jace te extraña. Se preocupa por ti.



Tripp no respondió y sentí que yo no era la persona que debería presionarlo para responder.



—Lo llamaré. Hazle saber que no hay razón para preocuparse. No debí permanecer en Rosemary tanto tiempo. Se mete en mi cabeza. No puedo regresar‖ahí.‖Hay‖cosas…‖cosas‖que‖no‖quiero‖enfrentar.



Ya sabía eso. No tenía idea de qué eran esas cosas pero sabía que lo perseguían.



—¿Estás trabajando de nuevo?—preguntó.



—No. William no quiere que trabaje en estos momentos. Necesita que esté disponible‖para‖él.‖Soy‖su‖única‖fuente‖de‖apoyo.‖Su‖madre…‖bueno…‖ya‖sabes‖ cómo es ella.



Tripp hizo una pausa y me pregunté sobre lo que estaba pensando. Realmente no quería que dijera algo negativo sobre William. —Ahora mismo te necesita. Lo entiendo. Pero Maite, acabas de empezar a vivir tu propia vida. No lo olvides. Ya dejaste una prisión, no te encierres en otra.



Sus palabras me atravesaron dolorosamente. William no era para nada como mi madre. Me necesitaba en este momento porque había perdido a su padre y pasado, de la noche a la mañana, a una posición a la cual no estaba preparado. No intentaba controlarme. —Esto es diferente. Estoy eligiendo permanecer al lado de William. Lo amo y estaré aquí para lo que sea que necesite. Una vez que mejore estará de acuerdo en que vuelva a trabajar.



Tripp no respondió y estuvimos por algunos minutos en silencio. Me pregunté si estaba en desacuerdo o si no estaba seguro de qué responder a eso.



—La próxima vez llamaré sin bloquear mi número. Quiero que lo tengas por si lo necesitas.



No necesitaría su número.



—Solo…‖no‖se‖lo‖des‖a‖Jace‖ni‖a‖nadie.‖Por‖favor.



—Adiós, Tripp —respondí antes de terminar la llamada. No quería escuchar sus dudas y preocupaciones. Él se equivocaba. Todo estaría bien entre Will y yo. Él obviamente se equivocaba.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:27 pm

3

William

Le eché un vistazo al teléfono y consideré llamar a Maite. No había hablado con ella en cinco horas. Mi mañana había estado repleta de reuniones y llamadas de conferencia. Ella nunca se quejaba. Eso me molestó. El hecho era que pensé que debería quejarse. Le estaba fallando. ¿Cómo se suponía que iba a manejar el Club Kerrington y cuidar de ella? Cualquier otra mujer habría estado en mi oficina lanzando un ataque. Pero nunca Maite.



Un ligero golpe en mi puerta me impidió levantar el teléfono. La llamaría en un minuto. —Adelante —dije en voz alta, y empecé a buscar los papeles que Vince me había traído para firmar antes.



—Vince no se encontraba allí afuera, así que llamé. —La voz de Angelina no era lo que esperaba oír.



—¿Qué necesita mamá ahora? —le pregunté, sin levantar la mirada. Eso era por qué estaba aquí. Al principio había estado molesto con su presencia, pero estaba ayudando a mi madre más de lo que yo podía. Más de lo que quería.



—Te echa de menos. Ha pasado más de una semana desde que la llamaste para ver cómo estaba.



Angelina era tan buena en hacerte sentir culpable, como mi madre. Las dos eran tan parecidas. —La llamaré más tarde hoy. Tengo trabajo. Si eso es todo, puedes retirarte por tu cuenta, por favor.



—No tienes que tratarme con tanta frialdad. Te estoy ayudando de la única forma que conozco. Cada día que me quedo aquí con tu madre es por ti. Es todo por ti. Estoy enamorada de ti, William. No puedo competir por tu corazón, ya que no me lo permites. Pero, ¿qué hace ella por ti? No la veo ayudandote  a…



—Suficiente. No vuelvas a ponerte al mismo nivel que Maite. No te pedí que cuides de mi madre. Puedo contratar a alguien para que me ayude si lo necesito. En cuanto a Maite, es la razón por la que salgo de la cama cada mañana, así que nunca subestimes su importancia.



Angelina se puso rígida, abrió la boca para decir algo más. Bajé la mirada, furioso de nuevo, a los contratos en frente de mí. Me harté de esta conversación. —Retírate.



El chasquido de sus tacones sobre el suelo de madera mientras salía de la oficina era el sonido más agradable que había oído en todo el día.



Cuando la puerta se cerró detrás de ella, cogí mi teléfono para llamar a Maite.



—Hola —dijo, con su dulce voz en el teléfono.



—Te necesito —le contesté.



—Acabo de terminar un almuerzo tardío con Blaire y Bethy. Estaré allí — respondió.



—Simplemente entra a mi oficina apenas llegues —le dije.



—Está bien.

***

Exactamente diez minutos y quince segundos después, la puerta se abrió y Maite entró. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta. El corto vestido que llevaba puesto abrazaba sus curvas más de lo que hubiera preferido. Me puse de pie y caminé alrededor de mi escritorio.



—Hola —dijo, con una sonrisa tímida.



—Hola —le contesté, antes de descansar mis dos manos en sus caderas y presionar mi boca sobre la suya. Sus labios eran siempre tan regordetes y suaves. El ligero sabor de cerezas de su brillo de labios se aferró a mi lengua.



Esto era lo que necesitaba. Esto era lo que me hacía superar cada día.



Maite rompió el beso y colocó sus manos a ambos lados de mi cara. — ¿Estás bien? —preguntó en voz baja.



—Lo estoy ahora.



Maite me miró como si me estuviera estudiando de cerca. Luego dio un paso atrás y se volvió hacia la puerta. Antes de que pudiera preguntarle lo que estaba haciendo, la cerradura hizo clic en su lugar.



—Quítate la ropa —Se limitó a decir, y luego empezó a dejar caer los tirantes de su vestido por sus hombros.



Me olvidé de cómo hablar en este momento. Hice lo que me dijo. No podía quitar mis ojos de Maite. Cuando su vestido se agrupó a sus pies, y ella se quedó en nada más que un par de bragas de encaje de color rosa y un sujetador a juego, mis manos empezaron a temblar. Nunca me cansaba de verla así.



—No hemos hecho el amor aquí todavía —dijo ella, sonriéndome mientras se desabrochaba el sujetador y lo dejaba caer descuidadamente al suelo.



—No, no lo hemos hecho —me las arreglé para decir. Cuando enganchó sus dedos en los lados de sus bragas y comenzó a tirar de ellos hacia abajo, llegué a mi límite. En el momento en que salió del encaje rosa, avancé los dos pasos que nos separaban y la levanté en mis brazos, sus piernas se envolvieron firmemente a mí alrededor. No se podía llamar besarse a lo que nuestras bocas estaban haciendo. Era demasiado crudo para eso. Nos estábamos tomando el uno al otro. Esa era la mejor descripción para lo que ocurría.



Quería tomarla en mi escritorio, pero no íbamos a llegar tan lejos. No después de ese striptease. Ni siquiera iba a poder disfrutar de degustarla y tocarla. Necesitaba estar dentro de ella ahora, antes de que explotara.



La dejé al nivel del suelo de nuevo, e hice que se diera vuelta hasta que estuvo enfrentándose a la pared. —Prepárate —le susurré al oído.



Maite se inclinó hacia adelante y puso sus dos manos contra la pared. Disfruté de la vista de cuerpo arqueado hacia fuera, y mi corazón se estrelló contra mi pecho. Era hermosa. Perfecta.



Agarrándola por las caderas, me hundí dentro de ella. Su grito de placer fue tan fuerte, que estaba muy muy seguro de que Vince lo había oído fuera en su escritorio, pero no me importaba.



—Tan bien, siempre se siente tan bien —le susurré al oído. El temblor que pasó por encima de su cuerpo me hizo sonreír.



—Más duro —jadeó Maite, apretando su dulce cu*lo redondo contra mí.



Arremetí dentro de ella y me detuve. Enterrado profundamente, me incliné hacia delante y acaricié sus pechos. —Me vuelves loco, nena.



Maite sólo gimió y movió su trasero. Quería que me moviera.



—Estás tan apretada. Se siente como el cielo. Quiero quedarme aquí por jodidamente siempre —juré, y lo decía en serio. El co*ño de Maite me succionaba como la boca más dulce que había conocido jamás.



El estrecho agujero que adoraba se apretó y me congelé. Entonces lo hizo de nuevo. ¿Qué cara*jo? Era como si estuviera bombeando mi polla.



—Mier*da —gruñí. Lograría que me corriera mucho antes de lo que quería. Me deslicé fuera de ella y de vuelta, y la compresión empezó de nuevo—. Nena, vas a hacer que me corra —dije, con voz ahogada. Estaba luchando contra el calor que se ajustaba a mi polla. Estaba tan cerca—. Maite, nena, deja de hacer eso. Voy a explotar, maldita sea. No puedo contenerlo.



Elevó su trasero aún más, y las paredes de su calor sedoso me apretaron más fuerte. Era como si acabara de llevarse todo el control de mi cuerpo. Sentí que estallaba mientras decía en voz alta su nombre y mi cuerpo se sacudía, impotente contra ella.



—¡Sí! ¡Oh Dios, sí! —gritó Maite, y su cuerpo se puso rígido en mis brazos antes de que empezara a temblar debajo de mí. La envolví con mis brazos y la abracé mientras ambos nos recuperábamos del clímax al que ella nos había enviado.



—¿Qué diablos me hiciste? —le pregunté, abrazándola.



Se apoyó en mi pecho y una sonrisa tiró de sus labios. —Te follé e hice un muy buen trabajo de verdad —respondió ella.



No esperaba esa respuesta. Riendo, la recogí, la llevé hasta la silla más cercana, y me dejé caer con ella en mis brazos.



—Eso fue increíble —dije, antes de presionar un beso en su cuello.



—¿Te sientes mejor ahora? —preguntó, arqueando su cuello para que pudiera acceder a él mejor.



—Eso depende —contesté.



—¿De qué?



—De si puedo convencerte que te quedes aquí conmigo todo el día.



—Tienes que trabajar —dijo, volviendo la cabeza para mirarme.



—Mmm, pero si estás aquí conmigo me puedo concentrar. Y luego puedes desnudarte para mí de nuevo, y ser una chica traviesa cuando te necesite.



Maite echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Ese sonido hizo que todo en mi mundo se sintiera correcto.


Última edición por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:30 pm, editado 1 vez
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:29 pm

4

Maite


El teléfono en el escritorio de William sonó dos veces. —Señor Kerrington, la señora Greystone está aquí para verle —anunció la voz de Vince por el altavoz.

William cerró los ojos y apoyó la cabeza en la silla donde estábamos sentados. —Mier*da. ¿Qué demonios necesita ahora?



¿Ella venía a menudo? Luché contra los celos que querían comerme por dentro. Por supuesto que venía a verle. Se estaba quedando con su madre y ayudándola a lidiar con las cosas, lo que a su vez ayudaba a William. A diferencia de mí. No hacía nada para ayudarle. No sabía qué hacer.



Empecé a levantarme de su regazo, pero sus manos se tensaron sobre mí.



—Necesitamos vestirnos.



—No me dejes aquí con ella.



Me incliné y besé la pun*ta de su nariz. —No voy a ir a ninguna parte. Pero prefiero estar llevando ropa cuando entre.



William dejó escapar un suspiro y me soltó para que pudiese levantarme y vestirme.



—También vístete tú. No me importa lo que haya visto antes de mí, pero no la quiero viéndolo ahora.



William se rio a carcajadas y se levantó. —Me pondré la ropa, sexy. Relájate.



Nos sonreímos uno al otro mientras nos vestimos. Me gustó la idea de ella entrando y viéndonos juntos y sabiendo lo que habíamos estado haciendo. Era una tontería sentirme así, pero lo hacía.



—Puedes hacerla pasar —contestó William, de pie junto a su escritorio mientras me veía arreglarme el pelo, el cual se había enredado debido a nuestro sexo salvaje. Mi coleta apenas se sostenía.



La puerta se abrió y me giré para ver a Angelina pavoneándose dentro como si perteneciera aquí. —No‖ sé‖ por‖ qué‖ has…‖ —Su voz se desvaneció cuando su mirada se posó en mí. Terminé de arreglar mi coleta y dejé caer las manos a mis costados.



—Realmente acabas…



—¿Por qué has vuelto? —William interrumpió su pregunta.



Angelina volvió su mirada hacia él como si la hubiera abofeteado. Observé mientras luchaba por recomponerse. William no se había molestado en pasarse los dedos por el pelo, así que lucía enredado gracias a mis manos estando en él. Contuve una sonrisa mientras miraba su apariencia correctamente desarreglada.



—Volví para decirte que tu madre quiere que vayas a cenar —dijo Angelina severamente.



—A no ser que Maite esté invitada, me temo que no voy a ser capaz de hacerlo.



Angelina dejó escapar un suspiro de frustración y me lanzó una mirada molesta antes de volver a mirar William. —Es tu madre, Will. Acaba de perder a su marido y está herida. Eres todo lo que le queda. ¿No entiendes eso? ¿No te importa?



Ella tenía razón. Podría no gustarle nunca a la madre de William, pero era su madre, y ahora le necesitaba. —Quiero que vayas, Will —dije antes de que él pudiera decir nada.



Me miró y frunció el ceño.



—Por favor —dije, esperando que no discutiese conmigo delante de ella.



William pasó una mano por su pelo y sonreí por la forma en la que seguía enredado. Se veía adorable así. —De acuerdo. Pero solo una hora. Esto también será cosa de una vez. La próxima vez que cene con ella, Maite estará conmigo.



La mueca molesta de Angelina se convirtió en una mueca de satisfacción. Ella lo conseguiría esta noche, también, sin mí a su alrededor. Odiaba eso, pero no podía hacer que eso apartase a William de su madre.



—Me alegro que pienses con algo aparte del pene —respondió antes de girarse y salir por la puerta.



—Es una perra. Ignórala —dijo William, apartándose de la mesa donde había estado apoyado y caminando hacia mí.



—Lo sé —le aseguré, pero en el fondo me preocupaba que ella tuviera razón.

***

—Están en la puerta, Maite. No les dejes entrar. Nos harán daño. Todo lo que quieren es herirnos. Tenemos que mantener a tu hermano a salvo. Intentaron matarlo antes. Nos matarán esta vez. No les dejes entrar. Shhhh. ¡Deja de llorar, pequeña mocosa! Tienes que estar en silencio. Muy en silencio, y luego ellos se irán.



Me tapé la boca con las dos manos para detener los gritos aterrorizados que no podía controlar. Odiaba cuando esto pasaba. Mamá se pondría cruel después. No le gustaba cuando la gente llamaba a nuestra puerta. La enfadaba. Y ella hablaría con él. Él no estaba ahí, pero ella lo veía. Eso también me asustaba.



—¡Levántate! Se han ido. Ve a la puerta y coge el paquete que dejaron y ten cuidado de que no te vean.



No quería abrir la puerta. No sabía qué había fuera que quería atraparme, pero no quería abrir la puerta. Mamá me había estado obligando a hacer eso cada vez más últimamente. Desde mi sexto cumpleaños.



Dolor abrasó mi cabeza cuando envolvió una mano en mi coleta y me puso de pie. No podía dejarla oírme llorar o esto se pondría peor.



—¡Ve! —gritó con esa voz que mandaba escalofríos por mi cuerpo. El fuerte empujón de sus manos me envió tambaleándome fuera del armario hacia el pasillo. Ella estaría en el armario hasta que volviese con el paquete.



La miré, pero en lugar de ver sus locos y distantes ojos, había sangre. Se derramaba de la habitación y hacia el pasillo. No… no, no se suponía que hubiese sangre ahí.



Después, un agudo grito de terror fue arrancado de la pequeña habitación.

***


Me sacudí y el grito seguía haciendo eco a mí alrededor como si hubiera sido arrancado de mi pecho. Era mi propio grito. Siempre fue mi grito. No el de mi madre.



Seguía sola. Mirando alrededor del salón, tomé lentas y profundas respiraciones mientras que mi corazón seguía martilleando contra mi pecho. Levanté mis rodillas y las puse bajo mi pecho. Quedarme dormida sin William aquí no era algo que hacía a menudo. Tenerle cerca cuando dormía evitaba la mayor parte de los terrores nocturnos.



El reloj de la nevera dijo que eran más de las nueve. Él debería haber estado en casa hace una hora. ¿Se había quedado más con su madre? Alcancé mi teléfono de la mesa de centro y vi que tenía dos llamadas perdidas y un mensaje de texto. Todos de William.



Abrí el mensaje.



Por favor, responde. Estoy preocupado por ti y mamá se desmayó durante la cena. Creo que no ha estado comiendo correctamente. ¡Llámame!



Eso había sido hace diez minutos. Me levanté de un salto del sofá y empecé a marcar su número, cuando la puerta se abrió y William entró corriendo. Sus ojos se clavaron en los míos y se detuvo y dejó escapar un profundo suspiro. —Gracias a Dios. Mier*da, cariño, me asustaste.



Dejé mi teléfono y me acerqué a él. —Lo siento. Me acabo de levantar; me quedé dormida en el sofá. ¿Cómo está tu madre?



William me atrajo hacia él y envolvió sus brazos a mí alrededor. — Demasiado débil como para ponerse de pie, así que llamé una ambulancia. Angelina seguía diciendo que podía ser un derrame cerebral. Se subió en la ambulancia con mamá así yo podía venir y comprobarte.



Empujé su pecho. —¡Ve! Ve al hospital. No, espera, deja que coja los zapatos, yo voy también.



—¿Estás segura? Si estás cansada no quiero arrastrarte al hospital. Podríamos estar allí toda la noche.



Deslicé mis pies en un par de zapatillas de deporte y me pasé las manos por el pelo. —Quiero estar contigo.



William sonrió y me tendió la mano. —Bien. No voy a ser capaz de concentrarme si estoy preocupado por ti aquí sola. Si necesitas dormir, siempre puedo abrazarte.



Traté de no pensar en el hecho de que Angelina le ayudaba a cuidar de su madre. Él había sido capaz de dejarla sabiendo que ella estaría al lado de su madre. ¿Para qué era buena yo? Él tenía que preocuparse por mí. Yo era débil y necesitada. Yo era una cosa más para él por la que preocuparse. No era en absoluto una ayuda.



—Deja de fruncir el ceño. Estará bien. Los paramédicos dijeron que había una buena posibilidad de que su potasio estuviese bajo. No piensan que sea un derrame cerebral, pero dijeron que debido a su frecuencia cardiaca necesitábamos ingresarla y dejar que los doctores la comprobasen.



Asentí mientras enlazaba sus dedos con los míos. —Vamos —le dije.



Iba a encontrar una manera de ser útil. Él necesitaba alguien en quien apoyarse en este momento, y yo iba a ser ese alguien.



—¿Dormiste bien sin mí aquí? —preguntó él mientras salíamos.



—Sí. Dormí genial —mentí, porque decirle la verdad solo lo habría molestado.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:32 pm

5

William

Maite finalmente se había rendido y se acurrucó contra mí. Se quedó dormida en minutos. Eran más de las tres de la mañana y tenían a mamá en una habitación bajo observación. Angelina se encontraba allí con ella, era mejor así.



No era estú*pido. Sabía que Angelina no ayudaba a mi mamá por la bondad de su corazón. No tenía bondad en su corazón. Lo hacía para llegar a mí. No era como si mi mamá necesitara vivir con una enfermera. Solo una amiga, y Angelina era su amiga.



A Maite no parecía importarle. Yo había estado observándola para asegurarme de que no llegara a ella. El momento en el que pareciera como si a Maite le molestara que Angelina se encontrara todavía en nuestras vidas en esa función, terminaría toda conexión con mi mamá hasta que Angelina se fuera. De todas formas, al final, ella la dejaría cuando se diera cuenta de que yo no la quería y que nada de lo que hiciera iba a cambiar eso. Maite me poseía. Siempre lo haría.



Maite comenzó a quejarse en sueños. La deslicé hasta mi regazo, le quité el cabello del rostro, y susurré en su oído. Eso siempre la calmaba. Ahora raramente tenía pesadillas. Normalmente las veía llegando y las detenía antes de que pudieran tomar el control.



—Te tengo, estoy justo aquí. Estás en mis brazos y nada puede tocarte, Maite. Nada, nena. No lo permitiré —le aseguré mientras su respiración volvía a ser normal y su cuerpo se relajaba en un sueño tranquilo. Sonriendo, presioné un beso al lado de su cabello. Me gustaba saber que yo podía defenderla de su miedo. Era una droga poderosa saber que yo era todo lo que necesitaba.



—¿No es eso agotador? Es como una inútil, una niña necesitada. —La voz gélida de Angelina me molestó. No la miré. Prefería mantener mi enfoque sobre la mujer en mis brazos.



—¿Cómo está mamá? —le pregunté.



—Está durmiendo. No ha estado comiendo bien. Sabía eso, pero no puedo obligarla a comer. No soy una maldita enfermera. Si vinieras a visitarla más seguido, comería más. Te extraña.



Mi madre nunca me ha extrañado. Ella era el títere de mi padre. Me quería si él lo hacía. Cuando pensó que iba a casarme con Angelina, me quería cerca.



—La estás escogiendo por encima de tu madre y eso es decepcionante, William.



Levanté mis ojos del rostro pacífico de Maite. —No. Mi madre está eligiendo lo que quiere por encima de mí. No viviré mi vida de la forma que quiere que lo haga. Amaré a quien cara*jo quiera amar. Ella no controla eso — contesté con voz fría.



—Tienes que hacer funcionar el Club Kerrington, William. Necesitas a alguien que pueda estar preparado y ayudarte. Tienes que encargarte no solo del club si no también de ella. Es un peso para ti, no una ayuda. No puedes ser un hombre de negocios exitoso con una carga como ella —dijo, apuntando hacia Maite.



La sostuve cerca de mi pecho. Podía hacer cualquier cosa si tenía a Maite. Cualquier cosa.



—Lo que no entiendes, lo que mi madre no entiende, es que no puedo vivir sin Maite. No puedo respirar. No puedo jodidamente concentrarme. La necesito. Solo a ella. Puedo hacer cualquier cosa si la tengo conmigo. Así que toma tus comentarios y creencias maliciosas y déjame en paz. Sé lo que necesito, y nunca serás tú. ¿Escuchaste eso? ¿Te das cuenta esta vez? Nunca. Serás. Tú.



Angelina abrió su boca y la cerró de nuevo con un chasquido. El color rojo brillante de su cara me dijo que lo había conseguido. Se veía furiosa. Bien. Ya era hora. No quería verla irse. Miré de nuevo a Maite. Solo mirarla me calmaba.



Cuando el doctor vino cuatro horas después a decirme que mamá se encontraba bien y que quería verme, Maite despertó y se frotó los ojos. Vi cómo el doctor la miraba con apreciación. No me gustaba cuando un hombre la miraba así, pero era inútil enojarme. Era hermosa y sexy como el infierno. Solo tenía que recordarme que era mía.



—Ve a verla. Voy a encontrar algo de café —dijo con una voz soñolienta—. También te conseguiré uno.



Presioné un beso en sus labios porque necesitaba saborearla y quería que el doctor viera exactamente a quién le pertenecía. Inmediatamente respondió envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello y besándome de regreso.



—Te amo —dije contra sus labios mientras terminaba el beso.



—Te amo —respondió, luego se puso de pie.



Se alejó en los pantalones cortos que llevaba puestos y en una de mis sudaderas con capucha. Anoche, había venido conmigo en una camiseta sin mangas y le había dado frío en la sala de espera. Tuve que conseguirle una sudadera de mi camioneta.



—¿La mujer que está en la habitación con su madre, es su hermana? — preguntó el doctor. Lo miré. Era demasiado joven para ser doctor, ¿o no?



—No —contesté, y caminé hacia la habitación de mi madre pasándolo.



Angelina se encontraba sentada en la silla al lado de la cama mirando una revista. Había estado toda la noche. Aun después de haberle dicho lo que le dije. O estaba loca o realmente le agradaba mi mamá.



—Hola, mamá —dije y cerré la puerta detrás de mí.



—Hola —respondió—. Angelina dijo que te quedaste toda la noche. No tenías que hacerlo.



Me acerqué, me agaché y presioné un beso en su frente. —Sí, tenía que hacerlo —respondí.



—¿Enviaste a esa chica a casa? —El desagrado en su voz no se perdió.



—Fue a conseguir café —contesté. No iba a discutir con ella sobre Maite—. Necesitas comer más, mamá.



Suspiró. —Lo sé, es solo que ya no tengo apetito. Lo extraño.



El era un idio*ta. Trató de controlarme y me mintió. También lastimó a Maite y ella sabía eso. Perdonar esas cosas era difícil. El hecho de que había lastimado a Maite lo hacía casi imposible. No podía decir nada. No tenía nada que decir.



—Tengo que ir a trabajar. Cuando te den de alta, llámame y vendré a recogerte. —Salir de aquí era lo mejor. Era mi madre y la amaba, pero había demasiado entre nosotros que necesitaba ser perdonado. No podía quedarme aquí.



—La llevaré a casa. Ve a trabajar. Vas a estar cansado puesto que no dormiste en toda la noche. —Angelina sonó sincera. No confiaba en eso.



—Está bien, bueno, llámame si me necesitas —le dije a mi madre, y luego me di la vuelta y dejé la habitación.

Maite se paró afuera de la habitación sosteniendo dos cafés. La preocupación en sus ojos era la cosa más sincera que había visto esta mañana.



—¿Está bien? —preguntó Maite mientras me entregaba una taza del café malo de hospital.



—Sí. Está bien. Vámonos —respondí.



—¿Por qué no me voy y tú te quedas aquí? Es tu mamá. —Maite comenzó a decir más pero sacudí mi cabeza y la detuve.



—Está bien. Necesita comer más. Quiero irme contigo.



Maite soltó un suspiro cansado, luego asintió. —Está bien. Si eso es lo que quieres.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:33 pm

6

Maite

La hoguera iluminó la oscura playa. Me quedé mirando a todos beber, bailar y reír. William se había ido para hacer frente a un problema con el personal. Estaba buscando a alguien para hacerse cargo de su antiguo trabajo, pero no había encontrado todavía a nadie. En este momento él estaba haciendo todo por sí mismo y pude ver que se estaba aburriendo.



Miré hacia el grupo de los amigos de William, y sabía que era bienvenida. Bethy se reía en voz alta y estaba bastante segura de que ella estaba borracha. Pero necesitaba tiempo para pensar. No me sentía de humor para fingir que mi corazón no estaba molesto. William había estado telefoneándose hoy con Angelina cuando entré en su oficina. Habían estado hablando de su madre y que había sido amable. Ella le apoyaba y yo quería ser como ella. Ser agradecida con ella. Simplemente no podía.



Volviendo, me acerqué al estacionamiento de la playa. Nadie estaba allí de fiesta y podía esperar a que William volviera. Necesitaba ponerme en un mejor estado de ánimo antes de que él regresara. El hecho de que yo era un estorbo para él pesaba sobre mí. Se ponía peor cada día.



Si tan sólo pudiera mejorar... Si tan sólo pudiera dejar de tener pesadillas... Si pudiera olvidar mi pasado y seguir adelante... Si el temor de que podría volverme loca no me estuviera agobiando todos los días... entonces podría ser capaz de ayudarle. Podría ser un apoyo para él.



—Maite. —La voz de Angelina me sorprendió. Me volví para verla de pie detrás del edificio donde se encontraban los baños. La pequeña cantidad de luz que la luna estaba proporcionando brillaba sobre ella.



—Si —contesté, no estando segura si debería estar preocupada de estar a solas con ella o si solo estaba siendo idio*ta.



—¿Dónde está William? —preguntó.



—Tenía un problema con algunos empleados. Está lidiando con ello.



Angelina parecía disgustada. —Él tiene mucho sobre sus hombros y tú haces que sea mucho peor. Tan inútil y jodida. ¿Cuánto tiempo crees que te querrá? ¿Qué sucederá cuando la locura en tus genes tome el control? Entonces no va a ser capaz de cuidarte. Serás encerrada. Y sé que él no quiere tener niños contigo. Estaría preocupado de que se volvieran también locos. Eso lo mataría.



El oír derramar mis propios temores de sus crueles labios, me dejó sin aliento. Ella tenía razón. Todo lo que decía era cierto. William y yo pretendíamos que el futuro era posible. Pero no lo era. Yo nunca sería su futuro. Yo no estaba mejorando.



—¿Qué es lo que quieres? —pregunté.



—Quiero que lo dejes en paz. Él se merece mucho más —escupió.



Lo merecía, concordé. —Pero esa no serás tú. No eres mejor —repliqué, disparándole una mirada furiosa. Incluso si no podía verme en la oscuridad, esperaba que pudiera sentir mi odio por ella.



Se acercó a mí y contuve el impulso de alejarme de ella. No le tenía miedo. Pude resistir el mío propio.



—Eres una put*a loca. No sabes nada. Le encantó cuando le chupé la polla. Él gritó mi nombre y me sostuvo la cabeza como si tuviera la llave del cielo en mi boca. Le encantó.



—¡Basta! —grité. No quería pensar en William y Angelina juntos. Me ponía enferma.



—Él dijo una vez que mis muslos eran mágicos. Le encantaba estar entre
ellos.



—¡Cállate! —Le dije, retrocediendo.



Una sonrisa complacida tocó sus malvados labios. —Todavía puedo ponerlo duro. Todo lo que tengo que hacer es frotar mi mano por su entrepierna y hablarle sucio y está tan duro como una roca.



Me di la vuelta y empecé a caminar antes de que vomitara. Mi cabeza se echó hacia atrás y lancé un grito de dolor mientras Angelina tiró de mi pelo en sus manos. —Tú no vas a ninguna parte, perra loca —gruñó y me tiró del pelo mientras me tropezaba de nuevo en la oscuridad, detrás del edificio. Lejos del estacionamiento de la playa donde alguien podría vernos.



—Me tragué su corrida. ¿Tú lo haces por él? ¿Vas a su oficina sólo para chuparle la polla y hacerle gritar de placer? ¿Te dice lo increíble que es tu boca? ¿Eh?



Las lágrimas quemaron mis ojos. El dolor en mi cabeza no era nada comparado con el dolor de sus palabras. No quería pensar en William con ella. Dolía demasiado.



Ella me tumbó sobre la hierba y miré hacia arriba para ver una mirada salvaje en sus ojos que me asustó. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué estábamos allí en la oscuridad? Me apresuré a levantarme y me dio una patada en las costillas, y luego me empujó hacia abajo en el suelo. —Él está contigo. ¿Por qué? ¿Por qué se queda contigo? ¡Yo lo hago todo por él! ¡Todo! Soy lo que él necesita. Me criaron para ser su esposa. Encajo en su mundo. Puedo ser su compañera, ¡Pero él te quiere! ¿Por qué? —gritó, y me cogió el pelo de nuevo, sólo que esta vez partió un puñado.



—Si estás muerta, entonces no estarás en mi camino. Puedo hacerlo mejor para él. Puedo aliviar su dolor. Él estará por encima de ti y estará follándome en su escritorio otra vez. ¡Tú no! ¡Yo!



Cogió mi brazo y luego me tiró de espaldas. La sentí tirando de mi pelo de nuevo. Iba a desmayarme. La oscuridad me iba a llevar y me perdería en mí misma. Después, ella me mataría. Si no me centraba, no sería capaz de luchar contra ella.

—Puedo estrangularte. Nadie lo sabrá nunca —espetó—. Te lo llevaste de mí lado. Lo engañaste. Tú eres la razón por la que rompió nuestro compromiso. Iba a casarse conmigo. Hiciste que me dejara. Ahora voy a arreglar eso.



Sabía que estaba loca. Lo había visto toda mi vida. Y ahora estaba segura que no bromeaba. Esta no era una vana amenaza. Algo se había roto en su cabeza e iba a matarme. Tenía que hacer algo. Con mi punzante costado, no estaba segura de poder defenderme. Le rogaría, luego la cogería con la guardia baja y le daría un rodillazo en las costillas.



—No, por favor. Simplemente habla con William. Yo no he hecho nada. Te lo juro. No, oh Dios.



—Ya he terminado de hablar con William. Te llevaste lo que era mío. Él te eligió. Bien. Él puede quedarse tú mugriento cu*lo loco. Pero primero vas a pagar jodidamente por llevarte lo que era mío. —Me dio una bofetada en la cara con tanta fuerza que se volvió borroso.



—Duele, ¿no, put*a? Eres una psicópata. El por qué piensa William que puedes hacerlo feliz, no lo sé. Ya aprenderá. ¡Él aprenderá a no joderme! — rugió, luego me pateó las doloridas costillas de nuevo, quitándome el aliento. Tenía que contraatacar. Si ella mantenía este ritmo, no iba a ser capaz de defenderme.



Comencé a moverme cuando ella me agarró del pelo de nuevo y me tiró hacia arriba, sólo para darme otra vez una bofetada. No pude evitar gritar de dolor. Tenía que concentrarme en salvarme a mí misma, pero el dolor me era insoportable. Mi visión estaba borrosa y utilicé toda mi fuerza de voluntad para alejarlo. Tenía que evitar que me llevara lejos.



—Deja que se vaya. —La voz de Blaire llegó a través de la oscuridad como un ángel vengador y lloré de alivio. Entonces me volví para verla allí de pie, con una pistola apuntando a Angelina. Mier*da. Ella tiene un arma.



—¿Qué diablos? —dijo Angelina. Su dominio sobre mi pelo sólo se apretó. Debería haber hecho algo para defenderme ahora, pero estaba más asustada de la pistola en las manos de Blaire que de Angelina en este momento. ¿Sabría cómo usar esa cosa?



—Suéltale el pelo y aléjate de ella —dijo Blaire con firmeza. Me quedé impresionada y aterrada.



Angelina se echó a reír. Eso fue todo. Esta chica estaba demente. Tenía un arma apuntándola y ella se reía. Yo tenía miedo de respirar. —Eso ni siquiera es real. No soy un idio*ta. Metete en tus propios putos asuntos y dejar de jugar a Los ángeles de Charlie —dijo Angelina.



El arma de Blaire hizo un sonido que yo sabía que significaba que estaba lista para disparar. Había oído ese clic en la televisión antes. —Escucha, put*a. Si quisiera podría perforar tus dos orejas desde aquí y no arruinaría tu Oops! pelo. Adelante, ponme a prueba. —La mirada en los ojos de Blaire podría haber sido con la intención de advertir a Angelina pero pude detectar la verdad en sus palabras. Yo le creí y el alivio se apoderó de mí. Realmente podía a usar esa cosa.



Angelina me soltó y rápidamente me alejé de ella, mientras tenía la oportunidad. Creía que Blaire podría usar esa arma, pero no quería estar en cualquier lugar cerca de su objetivo.



—¿Tienes alguna idea de quién soy? Podría terminar contigo. Tu cu*lo se va a sentar en la cárcel un largo tiempo por esto —dijo Angelina, pero no deje de notar el miedo en su voz, y dudaba también que Blaire no lo notara.



—Estamos en la oscuridad y somos tres. No tienes ningún rasguño. Maite está sangrando y está magullada y es nuestra palabra contra la tuya. No me importa quién seas. Esto no tiene buena pinta para ti.



Angelina se movió de nuevo, como si pudiera escapar de una bala. —Mi padre se enterará de esto. Él me va a creer —dijo con una voz temblorosa.



—Bien. Mi marido también se enterará y te aseguro que él me creerá — respondió Blaire.



Angelina se rió. —Mi papá puede comprar este pueblo. Has jodido a la mujer equivocada.



—¿En serio? Venga, porque en estos momentos estas mirando a una mujer con un arma cargada que puede golpear un blanco en movimiento. Así que por favor. Atrévete —respondió Blaire completamente como un tipo duro. Quería ser como ella. Quería ser dura.



Saqué mis piernas y mis brazos alrededor de mis rodillas y recé para que esto terminara sin que ella tuviera que usar el arma.



—¿Quién eres tú? —preguntó Angelina. No me había dado cuenta de que Angelina no sabía quién era la esposa de Rush Finlay. Él era una celebridad debido a su padre. Pensé que todo el mundo sabía quién era Blaire.



—Blaire Finlay —respondió ella.



—Mier*da. Rush Finlay se casó con una cateta con una pistola. Me resulta difícil de creer —dijo Angelina en su sarcástico, tono arrogante. Ella realmente creía que estaba por encima de todos los demás.



—Yo le creería. Está sosteniendo una maldita pistola. —La voz de Rush vino de atrás de Blaire. Dejé escapar el aliento que estaba conteniendo. Gracias a Dios que está aquí.



—¿Me estás tomando el pelo? Esta ciudad es una locura. Todos ustedes —dijo Angelina, al borde de un grito.



—Tú fuiste la única que golpeó a una mujer inocente por un hombre en la oscuridad —respondió Blaire—. Tú eres la que parece una loca aquí.



—Está bien. He acabado con esto. He terminado. —gritó Angelina, y se acercó al estacionamiento de la playa. Me senté en shock mientras Blaire bajó el arma y le puso de nuevo el seguro antes de entregársela a Rush. Luego corrió hacia mí. Me senté ahí y la miré. Acababa de apuntar con un arma a otra mujer por mí. Mi cabeza no podía procesar todo lo que había sucedido. Sentí la oscuridad alrededor de mis ojos empezando a acercarse a mí. Tuve que luchar contra el ataque de pánico que sabía que estaba cerca.



—¿De verdad acabas de sacarle un arma? —Le pregunté, tratando de concentrarme en el aquí y ahora.



—Ella estaba dándote una paliza —dijo Blaire simplemente.



—Dios mío. Ella está loca. Te lo juro, estaba empezando a pensar que iba a golpearme hasta que estuviera inconsciente. No dejaba de pensar que me desmayaría y luego ella realmente me haría daño —Levanté la vista hacia ella— . Gracias. —Esas dos palabras no eran suficientes, pero era todo lo que podía decir en estos momentos. Estaba a punto de perderme. La oscuridad se acercaba.



Blaire me tendió la mano. —¿Puedes levantarte ? ¿O quieres sentarte aquí mientras llamo a William?



Necesitaba ponerme de pie. Tenía que luchar contra esto. Puse mi mano en la suya.



—Quiero estar de pie. Necesito ponerme de pie —Le dije. No quería decirle que estaba a punto de desmayarme. Era una debilidad que me avergonzaba. Tener que verme así sería humillante. Rush sabría que William estaba enamorado de una mujer loca. No podía hacerle eso.

Blaire me detuvo, y luego preguntó—: ¿Tienes un móvil?



No podía hablar. Tenía que mantener la concentración. Se lo di. Ella intentaría llamar a William. Lo sabía. Quería que lo llamara. Si él me sostenía podía luchar contra esto. Blaire me pasó el teléfono. Tendría que hablar con él.



—¿Nena? —Su voz se apoderó de la línea y mi miedo se moderó.



—Hola —contesté.



—¿Estás bien? —Me preguntó. Me di cuenta de que caminaba. Esperemos que se dirigiera hacia aquí.



—En realidad, no, no realmente. Tuve un incidente con Angelina —le expliqué.



—¿Ha dicho algo que te haya molestado? ¿Sigue ahí? Pon a la put*a en el teléfono —Escuché su camioneta arrancando. Ya regresaba.



—No... No... ella se ha ido. Uh, Blaire apareció y... uh, se asustó —Traté de explicar, aunque no estaba segura de cómo hacerlo.



—¿Ella asustada ? ¿Qué demonios te ha hecho? ¿Estás sola? —El pánico en su voz no era nada comparado con lo que iba a sentir cuando se enterara de lo que realmente sucedió.



—Blaire todavía está aquí y también está su marido —le aseguré.



—¿Rush está allí ? Bien. Quédate con ellos. ¿Dónde estás?



—Detrás del edificio de los baños.



—Estoy casi ahí. Te quiero, quédate conmigo. No te desmayes. Ya voy.



—Está bien. Yo también te quiero —le contesté. Él sabía que yo estaba cerca de perderme en los monstruos de mi mente.



Colgué y miré a Blaire. —Él está en camino.



—Bien. Esperaremos contigo —respondió, y luego abrió su bolso y sacó una toallita húmeda—. ¿Quieres limpiarte la sangre de tu labio antes de que llegue aquí y vaya tras Angelina? —preguntó ella, sujetándomela para mi.



No me había dado cuenta de que estaba sangrando. Lo tomé. —Gracias.



El sonido de la camioneta de William rompió el silencio y quería llorar de alivio. Estaba aquí. Su puerta se abrió y él saltó y se acercó corriendo hacia mí. Me sentí como hundida en alivio. Él estaba aquí y yo estaba bien.



—¡Maldita sea! —rugió, furioso, mientras cogía mi cara. Me tomó en sus brazos y me abrazó con fuerza. Su respiración era rápida y dura. Estaba molesto—. Dios, cariño, lo siento mucho. Ella va a pagar por esto —dijo,mientras sus manos empezaban paseado por mi cuerpo para asegurarse de que estaba bien. No estaba bien. Pero lo estaría.



—Está bien. Creo que Blaire la asustó —le aseguré.



—¿Qué hizo Blaire? —me preguntó.



—La apuntó con un arma y la amenazó con perforarle sus orejas —le expliqué.



William, arqueó una ceja. —Así que, ¿Alabama sacó su arma de nuevo? Gracias, Blaire —dijo antes de besar mi cabeza—. Te amo. Estoy aquí y vas a estar bien. Quédate conmigo. Te tengo —Me susurró al oído. Él sabía que yo no quería que supieran lo cerca que estuve de perderme en mi cabeza.



—Estoy contenta de haberlas encontrado. Tienes que hacer algo con esa mujer, ella es una perra loca —dijo Blaire, luego se volvió a caminar de regreso a Rush.



—Gracias —dije detrás de ella. Me había salvado literalmente la vida.



—De nada —respondió con una dulce sonrisa. No se veía como una persona que había apuntado con un arma y amenazó con agujerarle los oídos. Yo ahora sabía que bajo ese hermoso exterior, de aspecto inocente, Blaire Finlay era una chica dura y resistente. Quería ser como ella algún día.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:35 pm

7

William

Encendí la ducha, y luego alcancé a Maite. Manchas de sangre todavía eran visibles en su cara. Trató de limpiarlas pero pasó por alto algunas. Un moretón ya se formaba en su cara y hojas se aferraban a su maraña de pelos.



No me permitió llamar a la policía. Lloró y me rogó que no lo hiciera. Iba a matar a Angelina yo mismo. Daño lo más preciado en mi vida y pagaría por ello. Me aseguraría que pagara una y otra vez. Pero ahora tenía que mantener a Maite lucida y fuera de su cabeza.



Busqué su camiseta y comencé a ponerla sobre su cabeza cuando gritó de dolor. Me quedé congelado. —¿Qué pasa, nena?



—Mis costillas —dijo ella en un tenso susurro.



Mier*da. Me obligué a calmarme. La rabia que se expandía en mí iba empeorando. Me iba a romper. La camiseta sin mangas que vestía se hallaba arruinada. La sangre y las manchas la dejaron inservible. Extendí la mano y la agarré del cuello, rompiéndola con un rápido movimiento. Cayó al suelo detrás de ella y mis ojos encontraron su piel magullada. Era demasiado. Ver los moretones cubriéndola me rompió. La había dejado sola y dejé entrar a esta mujer en nuestras vidas. Era mi culpa.



Mis rodillas cedieron y caí frente a ella. Saber que le hacía daño, era demasiado. El sollozo que llenaba la habitación era mío.



—William, por favor, no —rogó su dulce voz. Las manos de Maite acariciaban mi cabeza en un intento de consolarme. Yo. Yo no fui el atacado. Era ella la que tenía moretones y se encontraba cubierta con sangre pero era yo el que se hallaba de rodillas, llorando—. Está bien, estoy bien. —Trató de tranquilizarme. Sentía dolor y aun así se preocupaba por mí. Era un hombre, maldita sea. No podía romperme frente a ella. Era mi lugar cuidarla, no al revés.



Me obligué a pararme y concentrarme en desvestirla. Necesitaba limpiarla. Tenía que arreglarla. Hacer que el dolor desapareciera.



—¿William?—Su voz era suave e insegura. Sabía que las lágrimas seguían corriendo por mi cara silenciosamente. No era capaz de hacer que se detuvieran. Lo intentaba. Pero no se iban.

—Necesito limpiarte. Déjame limpiarte —dije, finalmente levantando mis ojos para ver los suyos. Ella no me iba a dejar nunca más. La mirada vidriosa que había visto antes en sus ojos se había ido. La tenía de nuevo conmigo.



—Está bien —dijo simplemente, y camino hacia la ducha.



La desvestí y la seguí dentro. No se detuvo bajo el agua caliente.



—Necesito lavar tu cabello —le dije, moviéndome cerca de su cuerpo y pasando mis manos por sus brazos.



—Ten cuidado con mi cabeza —dijo.



¿Su cabeza? ¿Qué mier*da le hizo Angelina a su cabeza?—¿Qué pasa con tu cabeza, nena?



Bajó la mirada al piso de mármol. —Arrancó un montón de mi cabello. Quema —dijo tan suave que casi lo pierdo.



Mi cuerpo se estremeció. Santo infierno.



—Seré gentil. Pero necesitamos limpiarlo. ¿Confías en mí? —pregunté mientras ella comenzaba a ir con cautela hacia el agua. Entonces, asintió.



La moví bajo el agua y presioné un beso en sus labios mientras le susurraba palabras reconfortantes a la vez que se estremecía.



Suavemente, lavé su cabello, luego me moví para limpiar su cuerpo. Se estremecía cuando tocaba lugares sensibles. Cada estremeciendo de su cuerpo le causaba a mi pecho un encogimiento. Una vez limpia enrollé una toalla en su cuerpo y la llevé a la cama. Necesitaba sostenerla pero primero tenía que revisarla.



—Voy a llamar a un amigo mío. Vendrá aquí y te revisará. Necesito saber que estas bien. Tus costillas pueden estar rotas.



Comenzó a negar con la cabeza pero no podía darle esto. Necesitaba saber que estaba bien. —Maite, tengo que…‖no, no puedo estar seguro de que estas bien. Por favor, nena, él es un doctor deportivo. Lo usamos en el club durante torneos de tenis. Es un amigo. Estarás bien.



Finalmente asintió. —Está bien —aceptó.



No quería dejarla sola pero quería hablar con Martin sin que ella me escuchara. No quería asustarla.



—Hola —dijo Martin después de un timbre. Tenía su línea privada para emergencias. El club lo había estado usando por casi veinte años.



—Martin, es William. Necesito que vengas a casa. Mi novia fue golpeada hoy por mi loca ex novia. Estoy preocupado de que sus costillas estén rotas o tenga una hemorragia interna. No creo que Angelina sea lo suficientemente fuerte para causar una hemorragia, pero aún así, necesito que revises a Maite. Ella no irá al hospital.



Martin dejó escapar un lento silbido. —Mier*da, William. Eso es algo jodido —respondió.



—Sí, lo es. ¿Podrías venir a revisarla esta noche?



—Estoy en camino. Estaré ahí en veinte minutos. ¿Ya estás en tu casa?



—Sí, gracias, hombre. Nos vemos en un rato.

***


Maite no estaba feliz de que Martin la revisara, pero sostuve su mano mientras él comprobaba sus costillas. Se encontraban magulladas pero era todo. Le dejo algunas pastillas para el dolor. Tenían a Maite exitosamente noqueada dentro de treinta minutos. Aunque yo no iba a ser capaz de dormir. Tenía algo que hacer.



Jace llegó diez minutos después de haberlo llamado. No hizo preguntas. Solo estuvo de acuerdo con quedarse con Maite y llamarme si despertaba. Él entendía que yo no me encontraba listo para hablar de esto. Empecé a ir a la puerta.



—No hagas nada que pueda alejarte de ella. Ten cuidado como manejas esto. No mates a una perra, no quiero tu trasero en la cárcel. Yo también querría venganza.‖Solo…‖solo ten cuidado. Usa tu cabeza.



Rush debió de haberle dicho. No miré hacia él. Solo asentí, luego abrí la puerta y me dirigí hacia afuera. Me iba asegurar de que Angelina entendiera que esta sería su única advertencia. Tenía una hora para recoger su mier*da y tomar un avión y nunca volver. No podía golpear a una mujer, pero podía hacerla desear nunca haber nacido. Había cruzado la línea.



Cuando conduje hasta la casa de mamá, el coche de Angelina no se encontraba. Se escondía o ya no estaba en casa. Subí las escaleras a la casa de mi madre de dos en dos y llamé a la puerta una vez antes de sacar mis llaves y abrir la puerta.



Mi mamá bajaba por las escaleras con su vestido.—¿William? ¿Qué haces aquí tan tarde? Me asustaste.



—¿Dónde está ella?—pregunté, tratando de controlar el enojo de mi voz.



—Se fue. ¿Qué hiciste?



Solté una gran carcajada. —¿Qué hice? Solo me quedé con Maite mientras un doctor la revisaba por hemorragia interna y costillas rotas porque Angelina le dio una paliza. Si Blaire Finlay no se hubiera aparecido y puesto un arma en su loco trasero ella hubiese matado a Maite. Entonces, ahora dime, ¿dónde está?



Mi madre se cubrió la boca con sus dos manos mientras sus ojos se abrían de sorpresa. —¿Qué?‖Eso…eso‖es‖ridículo.‖Angelina es una chica dulce. Nunca haría algo tan horrible. Maite te ha mentido.



—No, mamá. Rush y Blaire Finlay la encontraron y detuvieron a Angelina. Tengo testigos. No es dulce, te usaba para mantenerse cerca de mí. Es una maldita psicópata.



—Cuida tu boca en mi casa. No voy a escuchar esto. La pobre chica dejó la casa llorando y diciendo que tú la heriste muchas veces. Quería quedarse conmigo pero se fue a la casa de sus padres para empezar de nuevo.



Se negaba a creerme. No debía de haber estado sorprendido. Siempre escogió a mi padre sobre mí. Ahora escogía a Angelina porque era la elección de mi padre para mí. Lo que importaba era que Angelina se había ido. La perra se había ido. Mejor que no regresará nunca más.



—Si hablas con ella, hazle saber que si pone un pie en Rosemary de nuevo la pondré bajo arresto. Tengo testigos y presentaré cargos. Me importa una mier*da quien es su papá.



No esperé a que mi madre respondiera. Di la vuelta y dejé la casa, golpeando la puerta detrás de mí.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:37 pm

8

Maite

Me quedé mirando mi teléfono después de colgarle a William. Me había llamado para saber cómo me sentía cuatro veces ese día. Había sido así toda la semana. Desde que Angelina me atacó había estado asustado de dejarme. Tenía un club de campo del que cuidar pero seguía llamándome. Mencioné conseguir un trabajo de nuevo y entró en pánico y me suplicó que no lo hiciera. Dijo que no se podría centrar en el trabajo si se preocupaba por mí.



Estábamos parados. Esto no era sano. Él necesitaba ser capaz de vivir sin preocuparse por mí. Yo necesitaba ser capaz de vivir. Su naturaleza protectora comenzaba a ahogarme y lo amaba demasiado para herirlo diciéndole algo. Iba a tener malos momentos. Iba a dar un traspié con mi cabeza a veces y él no podría estar siempre ahí para mí. Solamente no sabía cómo hacerle entender y aceptar eso. ¿Cómo podríamos hacer que esto funcionara? No podría ser para siempre.



Yo quería esto para siempre, pero William se merecía mucho más. Lo estaba refrenando. Esta relación lo destruiría. Yo lo destruiría. Sentí náuseas. Yo hice esto. Dejé que esto pasara. Me dejé enamorarme tan desesperadamente de él. Me dejé creer que podría arreglarme. Que nosotros podríamos arreglarme. Pero no está pasando.



i teléfono sonó y bajé la mirada para ver el número de Tripp. No me había llamado en dos semanas. Pensé en decirle a William que Tripp me llamaba un par de veces al mes, pero no había encontrado las palabras adecuadas para explicar eso. William parecía celoso de Tripp. No tenía ninguna razón para estarlo, pero lo estaba. No quería darle nada más por lo que preocuparse.



—Hola —dije mientras cruzaba las piernas delante de mí en la arena de la playa.



—¿Cómo están las cosas?



—Bien, supongo —contesté.



—¿Supones? Eso no suena bien.



—Angelina me dio una paliza y Blaire Finlay le apuntó con una pistola y la asustó. William es más sobreprotector que nunca y siempre está preocupado por mí.



Tripp se quedó callado por un momento. Le dejé digerir mis palabras.



—Santa mier*da. ¿Blaire tiene una pistola?



Me reí. ¿Esa era su respuesta a lo que le acaba de decir?



—Lo siento. Creo que ese no era el punto. Pero, maldición, no puedo imaginarme a esa pequeña y caliente rubia con una pistola.



—Sí, fue una sorpresa —repliqué, sonriendo ante el choque del agua contra la orilla.



—Jace dijo que ella era de Alabama. Tal vez he estado buscando una mujer en los Estados equivocados. Necesito probar suerte en Alabama la siguiente vez.



Tripp siempre se las arreglaba para hacerme reír, y me hacía olvidar por un momento que el pecho estaba a punto de explotarme por el dolor.



—Gracias —dije.



—¿Por qué?



—Por hacerme reír —contesté.



—No es nada.



Nos sentamos en silencio de nuevo por unos momentos.



—¿Dónde estás ahora? —pregunté, sabiendo que se hallaba en un viaje por carretera.



—Estoy en Carolina de Sur, en un sitio llamado Myrtle Beach. Me gusta.



—Te gustan las playas, ¿no? —contesté.



—Me hacen sentir que estoy en casa, de alguna manera.



—¿Volverás aquí algún día, para quedarte?



No respondió inmediatamente. Me hizo preguntarme qué lo mantenía alejado. Había secretos que no compartiría conmigo.



—Lo dudo —dijo finalmente.



—No creo que yo pueda quedarme —dije, por primera vez en voz alta.



—¿Por qué?



—Porque esto no está funcionando. Lo estoy reteniendo. No estoy mejorando. Esto no está yendo a ninguna parte y él se merece más. Necesita más. Alguien que se quede a su lado.



—Él te quiere a ti, Maite.



—A veces lo que queremos no es lo mejor para nosotros —contesté.



—Sí…‖no sé —dijo, despacio—. Pero si lo dejas, eso lo romperá.



Me destrozaría a mí. Pero lo amaba demasiado como para arruinar su futuro. —Se recuperará, y, luego, la mujer que puede ser todo lo que necesita entrará en su vida un día y estará contento de que no cometió el error de seguir conmigo.



—No digas eso. No eres un error. Te subestimas. Lo haces feliz. William es feliz contigo.



—Por ahora, lo es —contesté.



Tripp suspiró. Lo frustraba, pero en el fondo él sabía que tenía razón. — Cuando llegue el momento y necesites marcharte, sólo llámame. No te vayas sola.



—Vale —respondí. Le llamaría cuando lo necesitara. No se encontraba atado a mí. Yo no controlaba sus acciones y pensamientos. Podría viajar con Tripp y no destruir su futuro. Al menos hasta que estuviera lo suficientemente estable como para vivir sola.



—Creo que tienes que hablar con William sobre esto primero. No lo dejes a ciegas.



No estaba segura de que eso fuera posible. Nunca me escucharía. —Vale —contesté.

***


Salí del auto y saludé a Bethy con la mano mientras ella entraba con su carro de golf en el hoyo quince. Era una chica de los carros en el Club Kerrington. Así fue como había conocido a Jace. Él era miembro y los había escuchado discutir sobre ella marchándose más de una vez. Odiaba ver a los hombres flirtear con ella. Ese había sido él una vez. Ella se negada a cambiar sólo porque estuviera saliendo con él. Creo que, en el fondo, él la respetaba por eso.



Después de colgar con Tripp, me había sentado y pensado durante un buen rato. William necesitaba ayuda y todo lo que yo parecía estar haciendo era gimotear por no tener un trabajo y ser una carga para él. Era más fuerte que eso.



¿Por qué no podía ayudarle? Sí podía. Me tendría cerca y yo tendría un propósito. Así que volví a casa y me vestí.



Iba a aplicar a un trabajo como su asistente. Podría hacer las tareas que le causaban más dolores de cabeza. Podría encargarme del staff. Podría estar tratando con algunos problemas mentales, pero no era una inútil. Si me podía probar a mí misma que podía hacer esto, entonces podía probarle a William y al resto del mundo que me estaba curando.



Vince me miró y sonrió. —Entre, señorita Sloane —dijo antes de volver al trabajo. William le había informado que yo nunca necesitaría permiso para entrar. Era libre de ir y venir como quisiera.



Llamé y después abrí la puerta.



—Sé eso, pero haz que pase. Necesito la orden aquí mañana, no el lunes. Cambiaré de proveedores si no pasa —dijo él.



—Sí, señor Kerrington, haremos que funcione —dijo la voz desde el auricular.



—Bien —dijo él; luego terminó la llamada antes de levantarse y caminar hacia mí—. Tenía que verte —dijo él, sonriendo mientras me llevaba a sus brazos. Levanté ambas manos para pararle antes de que pudiera besarme. Si le dejaba hacerlo terminaría olvidando mi propósito aquí, y había una buena posibilidad de que termináramos desnudos en unos pocos minutos.



—Estoy aquí para aplicar como tu asistente —dije.



Eso lo paró. Bajó la mirada hacia mí, confundido, y aproveché la oportunidad para vender mi idea. —Necesitas a alguien que se encargue del staff y haga pedidos. Tienes cosas más importantes con las que tratar. Puedo encargarme del staff. Puedo extinguir los fuegos pequeños y dejarte los grandes a ti. Puedo hacer los pedidos y ayudarte. No puedo sentarme en casa sola y perdida. Puedo estar aquí, cerca de ti, ayudándote cada día. —Pausé y tomé una respiración. No se había movido, pero tenía toda su atención.



Finalmente, se alejó lo suficiente como para ver la falda de lápiz y el par de tacones que me había puesto. Incluso llevaba una bonita blusa y me había recogido el cabello en un moño con unos palillos. Era tan profesional como podría ser con todo lo que tenía que tratar. Una pequeña sonrisa tiró de sus labios.



—¿Es tu ropa de entrevista?



Asentí y seguí mirándole.



—Quieres ser mi asistente. Para ayudarme. Luciendo así —dijo.



Otra vez, solo asentí. Luego, se rio entre dientes y sacudió la cabeza. —

Nena, no dudo de que seas capaz de ayudarme, pero si pretendes pavonearte vestida así, voy a terminar follándote a todas horas, o a pensar en follarte cada maldito minuto.



Mi estómago se revolvió al escucharle decir que iba a follarme. Tenía que centrarme. —Puedo llevar otra cosa —contesté.



William me estudió por un momento. —¿Estás segura de que quieres hacer esto?



No me iba a decir que no. Contuve mi emoción. —Sí, por favor. Quiero hacer algo. Sabes que quiero un trabajo, pero quiero ayudarte más que eso.



—¿Vas a presentar una demanda de asalto sexual contra mí cuando decida que lo que necesito es tocarte?



Negué con la cabeza y sonreí esta vez. —No. Pero no estoy aquí por eso. Quiero quitarte algún estrés —le dije.



—Oh, eso me quitaría estrés —dijo, colocando su mano en mi cadera y acercándome a él—. Estás contratada. Pero en el minuto en el que sientas que es demasiado, me lo dices.



Solté un chillido y me levanté para alcanzar su cabeza y besarle, duro, en la boca. —Gracias, jefe. Prometo que haré un buen trabajo. Solo tienes que prometer que me darás cosas que hacer. Quiero quitarte pendientes.



—Puedes quitarte la ropa —dijo contra mi boca antes de dejar besos por mi cuello. Me arqueé con él. Su lengua daba golpecitos contra mi piel, haciéndome temblar—. Puedes comenzar a trabajar para mí después de que te haya tenido en este pequeño y sexy conjunto. Luego tienes que cambiarte. Porque no seré capaz de concentrarme contigo vestida así. Todo en lo que puedo pensar es que quiero estar enterrado hasta el fondo en mi nueva asistente.



Su mano bajó por mi falda y se deslizó por el borde de mis bragas. — Toda húmeda —contestó antes de introducir su dedo en mi interior.



—Oh. —Lloré, y su boca se volvió más hambrienta.



—Desabotónate la blusa —gruñó él.



Hice lo que pidió y su boca se dedicó a adorar mis pechos mientras su dedo continuaba follándome. —En mi escritorio —dijo, levantándome y colocándome sobre él, y luego levantando mi falda.



Lo vi bajarme las bragas. Se puso de rodillas y abrió mis piernas, colocando mis pies en el borde de su escritorio. —Joder, hueles bien. —Maldijo antes de que su lengua comenzara a trazar círculos alrededor de mi clítoris y luego a metiera en mí. Todo lo que yo podía hacer era gimotear y rogar. Siguió con la tortura hasta que estuve gritando—: Por favor, William, por favor.



Finalmente, su lengua golpeó contra mi clítoris, enviándome rápido contra mi liberación. Antes de poder ver claramente otra vez, William se hallaba sobre mí, extendiéndome mientras entraba en mí. Amaba cuando me llenaba.



—Cielo. Esto es mi cielo. Joder, todo lo que necesito para respirar —dijo él mientras movía las caderas, entrando y saliendo de mí.



Empujé unos papeles a un lado y me recosté sobre mis brazos para prepararme. William todavía tenía la camisa puesta, y me hubiera gustado que no la tuviera. Me encantaba ver los músculos de sus flexibles brazos cuando se cernía sobre mí. —No te desabrochaste la camisa —dije mientras se me escapaba un gemido de placer.



Sonrió, satisfecho. —¿Quieres que me quite la camisa?

Asentí y levanté las piernas para colocarlas alrededor de su cintura. —La próxima vez, nena. No puedo parar ahora —gruñó.



Deslicé las piernas más arriba por su espalda y él gimió, y luego echó la cabeza hacia atrás. Lo sentí crecer en mi interior y me rompí debajo de él mientras su cálida semilla se vertía en mí.



Me recosté en mis codos y jadeé por aire.



La cabeza de William cayó a mi pecho y tomó unas cuantas respiraciones profundas.



—La mejor entrevista de todas —dijo entrecortadamente.



Dejé salir una risa que solo hizo que él riera contra mi piel. Iba a hacerme merecedora de este hombre.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:39 pm

9

William

Me quedé allí de pie, fuera de la vista, mientras Maite calmaba a los cocineros que discutían. Quería manejar esto. Odiaba tener que observarla allí entre esos dos hombres gritándose el uno al otro. Pero no podía interferir. Ella era feliz con su nuevo trabajo. Al principio, no quería darle demasiado trabajo, pero puso las manos en sus caderas y me reclamó un día cuando me vio afuera lidiando con un problema del personal. Una vez que comprendí que eso la haría feliz, le permití tener más de mis responsabilidades.



También era buena en eso. Ni una sola vez en toda la semana tuvo un episodio. Yo había estado observándola de cerca, y tenía a otras personas vigilándola para asegurarme de que no me necesitaba. Me gustaba saber que podía comprobar cómo le iba en cualquier minuto. E iba a mi oficina. Donde teníamos un montón de sexo oficinal, lo cual me ponía muy feliz. Vince no estaba nada emocionado con ello, pero no se quejó demasiado.



—¿Cómo van las cosas con tu nueva asistente? —preguntó Jace con tono burlón. Me giré para verlo vestido para jugar golf.



—Es muy buena en lo que hace —repliqué.



Jace se rio entre dientes y miró por encima de mi hombro mientras ella calmaba a los cocineros. Ellos estaban escuchándola ahora. Era difícil no mirarla cuando estaba cabreada y con el rostro enrojecido. Si el nuevo mesero no dejaba de mirarla como si quisiera comerla tendría que despedir al idio*ta.



—¿Quieres almorzar algo? Iba a comer antes de mi hora del té.



Yo iba a preguntarte a Maite si quería almorzar conmigo, pero ella tenía bastantes cosas que hacer y sabía que no aceptaría para poder terminar sus tareas pendientes. Asentí. —Sí, suena bien.



Caminamos alrededor de la entrada y la anfitriona nos sonrió mientras nos dirigíamos a nuestra mesa. Maite entró en el comedor y habló con la anfitriona, luego se dirigió hasta Jimmy. Fue una mesera la primera vez que vino aquí y Jimmy se convirtió en uno de sus amigos. Me gustaba eso, principalmente porque sabía que Jimmy tenía más interés en mí que en ella.



—Se ve tan profesional —dijo Jace, arrastrando las palabras.



Sabía que él la miraba en su falda, tacones y ese jodido moño en su cabello. Eso me volvía loco. Me dijo que necesitaba vestirse de esa manera para parecer profesional, pero que me jodieran si no se veía como una fantasía.



—No la mires —gruñí.



Jace rio. —Relájate, hombre. No me interesa tu mujer. Ya tengo la mía.



Lo sabía, pero me sentía territorial viéndola moverse por allí vestida así y llamando la atención. Ella escribía algo en una pequeña libreta, probablemente las cosas que Jimmy le decía sobre lo que se necesitaba ordenar. Él era el jefe de los meseros. Puso la tapa de la pluma en su boca mientras escuchaba a Jimmy, luego volvió a escribir más.



—¿Has oído algo de esa perra loca? —preguntó Jace.



Angelina estaba desaparecida y me gustaba de esa manera. Tener que ver a mi madre era cada vez un dolor en el trasero porque seguía cabreada conmigo. Aun creía que Angelina era inocente y yo un imbé*cil porque la dejé escapar.



—No, y si sabe lo que es bueno para ella nunca se acercará a mí o a Maite otra vez.



El nuevo mesero, que había estado mirando a Maite en formas que no debería haberlo hecho, se acercó a ella y le dijo algo que la hizo sonreír. Ella asintió y luego miró sobre su hombro para verme observándola. La sonrisa en sus labios creció antes de que sus ojos regresaran hacia el chico. La vi decirle algo antes de regresar con Jimmy, quien tenía una expresión molesta en su rostro. Eso decía suficiente.



Jimmy asintió en mi dirección y le dijo algo al chico, quien miró hacia mi mesa, luego caminó hasta nosotros. Jimmy lo envió a atendernos. Buen hombre.



—Hola, Sr. Kerrington, ¿Qué desea de beber? —preguntó el mesero mientras llenaba nuestros vasos con agua.



—Maite es mía. Mantén tu distancia. Si necesitas algo, pregúntaselo a Jimmy. Él le dirá a Maite lo que necesitas. No tú —dije, sin importarme que mi tono fuera más como el de un novio molesto que el de un jefe.



Sus ojos se abrieron más de lo normal y asintió. —Sí, señor —respondió.



—Consígueme un té dulce —dijo Jace.



—Café —Le dije, y luego volví mi atención de regreso a Maite, quien estaba un poco atrás, esperando para acercarse a mí. Parecía cautelosa.



—Hola, nena —repliqué, poniéndome de pie y caminando hacia ella. Me sonrió, luego miró hacia el mesero que se marchaba.



—¿Qué le dijiste a Ken? —preguntó.



—No tiene que estar mirándote y hablando contigo. Tiene que estar trabajando —dije.



Apretó los labios y asintió. —Bien. Pero es nuevo. Sólo fue contratado la semana pasada.



Pasé mi brazo alrededor de ella. —Sí, lo es, y entiendo eso. Pero debió de haber estado preocupado por el hecho de que su jefe acababa de llegar y necesitaba ser atendido. No estar mirando a la mujer increíblemente caliente que hablaba con Jimmy.



Maite sacudió la cabeza, entonces rio. —De acuerdo, bien. Pero se amable. Jimmy necesita ayuda.



—Come con nosotros —le dije.



—No puedo, tengo que hacer un pedido de nuevos delantales y hay un problema con el botón de la máquina de té caliente. Tengo que llamar al servicio para que lo arreglen.



—Tienes que comer —le dije.



—Comeré más tarde con Blaire —Me informó, luego sonrió—. Ahora déjame trabajar, jefe.



Bajé la cabeza hasta su oído. —Llámame jefe de nuevo y terminaremos en el un cuarto de limpieza jodidamente rápido.



Maite se apartó de mí, riendo mientras se alejaba.



Amaba a esa chica.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:41 pm

10

Maite

Blaire me llamó para preguntarme si quería comer con ella ese día. No había hablado con ella desde el incidente con Angelina, excepto algunas veces que la había visto con Rush por el Club. Era extraño, porque ahora sentía que teníamos una conexión desde que nos habíamos enfrentado juntas a Angelina. Esa noche fue mi heroína. Hizo que deseara ser fuerte. Yo no lo era lo suficiente, y lo deseaba muchísimo.



Salí de la antigua oficina de William, a la cual me trasladó y me dijo que la decorase de la forma que quisiera. Blaire se dirigía hacia mí.



—Incluso tienes una oficina —dijo Blaire, sonriendo deslumbrantemente. Tenía que admitir que amaba tener una oficina. Especialmente esa oficina. Allí tenía muy buenos recuerdos. No tenía la intención de cambiar nada.



—Sí, me siento muy profesional —repliqué.



—Bien. Me alegro que William te tenga. Eres perfecta para él.


No estaba de acuerdo con ella. Él podría haberlo hecho mejor, mucho mejor, pero trabajaba para ser lo suficientemente buena. Suficientemente fuerte. Suficientemente dura.



—¿Preparada para ir a comer? —pregunté, queriendo cambiar el tema de conversación.



—Estoy hambrienta. Nate no está durmiendo tanto como antes. Me mantiene ocupada, pero es genial. Desgraciadamente no tengo demasiado tiempo para comer. Cuando Rush está en casa ayuda un montón, y se asegura que tenga tiempo para comer. De todas formas, estoy preparada para una comida libre de niños.



Nate era el bebé de Rush y de Blaire. Era una adorable mezcla de ambos. Normalmente no pensaba que fuesen atractivos los chicos con piercings, y un estilo de estrella de rock, pero Rush Finlay sosteniendo el bebé en sus brazos era muy bonito de ver.



—¿Está Nate con Rush ahora? —Pregunté, mientras caminábamos hacia el comedor.



—Sí. Se irán de pesca, lo que significa que Nate se sentará en una manta y comerá arena si es capaz de llegar al extremo de la manta. Rush pescará por unos cinco minutos antes de darse cuenta de que no puede pescar y vigilar a Nate al mismo tiempo. Entonces parará de pescar y se sentarán en el borde del agua dejando que sus pies se mojen.



La felicidad en la voz de Blaire era inconfundible. Rush Finlay la hacía feliz. Ella le hacía feliz. Rush podía dejarla con su bebé y no preocuparse por qué se desmayara y se perdiese dentro de sí misma. Podía amarla y no preocuparse por que su hijo heredase su enfermedad mental. Su amor era fácil. Era del tipo que duraría a través del tiempo. Lo que William y yo teníamos no era así.



Cada vez que veía a Rush sosteniendo a su bebé hacía que quisiese eso para William. Esa mirada de orgullo y felicidad en su cara. Yo no podía darle eso.



—¿Estás bien? —La voz de Blaire se introdujo en mis pensamientos y forcé una sonrisa.



—Lo siento. Sólo trabajo en mi cabeza. Prometo apartarlo y ser una buena compañera durante la comida —La reconforté.



—Siempre y cuando sea el trabajo lo que esté causando esa mirada de angustia en tu cara —replicó Blaire, sonando como si no me creyese.



No había sido lo suficientemente valiente para hablar de ello con Branden, mi mejor amiga. Me amaba profundamente y pensaba que no podía hacer nada malo. También pensaba que podía ser una madre y esposa estable. Vivía en un cuento de hadas en el que no me permití a mí misma incluirme. ¿Sería Blaire igual, o sería capaz de ver mi punto de vista y entender mis miedos?



La recepcionista se puso alerta cuando me vio, y nos dirigió hacia la mesa de William. Él le había dicho al personal del comedor que la mesa debería de estar disponible para mi conveniencia.



—Oh, conseguimos la mejor mesa —dijo Blaire, sonriendo, cuando nos sentamos—. Supongo que ahora eres la jefa también.



—William hizo un gran barullo para que siempre me sienten aquí. —Me di cuenta que me sonrojé y Blaire se rio.



—Eso es dulce —dijo.



No estaba segura de cómo responder a eso. William siempre era dulce. Era imposible enfadarse con él. Incluso cuando se lo merecía. Como cuando hizo que el nuevo camarero, Ken, casi se meara encima por hablar conmigo.



Jimmy salió pavoneándose de la cocina, sonriéndonos.



—Parece que también vamos a conseguir servicio especial —dije, asintiendo con mi cabeza hacia Jimmy.



—Bueno, hola, mis hermosas. No sabía que tendría tanta suerte hoy — dijo él, con un acento del sur que hacía que la mayoría de las mujeres salivaran por él.



—Hola, Jimmy —dijo Blaire.



—Te libraste del trabajo de cuidar al bebé, ya veo —se burló él.



—Nunca es un trabajo —replicó ella.



—¿Té dulce para ambas?—preguntó.



—Agua con gas mineral para mí —le dijo Blaire.



Sus cejas se alzaron y entonces se rio. —Bueno, mira a Alabama volviéndose toda sofisticada con su elección de agua. Maldita sea, pequeña nena. Recuerdo cuando bebías agua del grifo.



Blaire se rio. —Es mejor para el bebé que un refresco o el té. Eso es todo.



—Mmm, la próxima vez estarás pidiendo sushi con la mier*da esa cruda de carne que lleva —dijo, moviendo su dedo hacia ella.



Entonces nos lanzó un guiño y se giró para irse a la cocina.



—Es un loco —dijo Blaire mostrando cariño en su tono.



—Sí, lo es, pero lleva la cocina tan bien…‖No sé qué haríamos sin él.



Blaire se reclinó en su asiento y cruzó sus piernas. —Le pedirías y suplicarías que volviese. Eso es lo que harías.



Sabía exactamente lo importante que era él. Blaire también fue una camarera aquí. Jimmy había sido su primer amigo en Rosemary. La historia empieza por cómo vino al pueblo buscando a su padre, y en su lugar, se encontró al hijo de su nueva mujer. Rush Finlay no era un fan de su padre y la aborreció en el momento. Pero la dejó vivir en la habitación de servicios mientras trabajaba para William y hacía algo de dinero, hasta que su padre volvió de Francia con la madre de Rush.



Rush la trató muy mal, pero terminó enamorándose de ella en contra de su voluntad. Al final, tuvieron que pasar por mucho sufrimiento por una mentira que les hizo separarse. No habría creído nada de ello viéndoles ahora, pero Bethy me lo contó todo. Fue la amiga de Blaire durante todo el suceso.



—¿Fue mi arma la que fue efectiva para librarnos de la malvada bruja, o fue William quien lo consiguió? —preguntó Blaire.



—Creo que fue tu arma y el hecho de que sintiese miedo por lo que William podría hacer cuando se enterara. Se fue esa noche, y no hemos visto ni escuchado nada sobre ella desde entonces. La Sra. Kerrington no está muy contenta con William por todo el asunto. Le echa la culpa de que se fuera.



—Eres bienvenida para decirle que fue todo por mi culpa —dijo Blaire con una sonrisa.



—Gracias, pero no creo que importe. No me aprueba. Quiere a Angelina para William.



Blaire suspiró. —Lo entiendo. Tengo una suegra que me odia tanto que ni siquiera ha visto aún a su único nieto.



Blaire era elegante y preciosa. Ella no luchaba contra algo como una enfermedad mental, por lo que pensarías que su suegra la amaría. Pero ella representaba algo para la madre de Rush que nunca podría desaparecer. Era algo sobre el oscuro pasado que compartía con el padre de Blaire.



—Escuché que el padre de Rush estuvo en el pueblo la semana pasada visitando a Nate —dije, recordando cómo todo el club estuvo hablando sin parar sobre el batería de Slacker Demon. Él era una leyenda, así como la banda de Rock a la que pertenecía.



—Sí. Dean es un abuelo maravilloso. Es un poco surrealista verle abrazándose con Nate y cantándole una canción. Nate adora al hombre. Adoro ver la cara de Rush cuando observa a su padre con su hijo. Hace que aparezcan lágrimas en mis ojos cada vez que pasa.



—Puedo imaginar lo especial que es —repliqué. No tenía padres que pudiesen ver a mi hijo si alguna vez lo tuviese. Si alguna vez estuviese lo suficientemente segura para tener un hijo.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:42 pm

11

William

Mi madre comenzaba loco. Se sentía sola. Entendía eso. Con Angelina ausente, ella pasaba la mayor parte de su tiempo sola. Mi madre nunca lo había hecho bien sola. La vi en el club jugando tenis con algunas de sus amigas a principios de semana. Había puesto un buen espectáculo para ellos, tratándome como si estuviera orgullosa de mí. Pero sabía que aún se sentía enojada conmigo. Había estado lidiando con su actuación toda mi vida.



Había enviado a Maite a mi oficina para organizar algunos archivos en mi escritorio que realmente no necesitaba organizar. Sólo la quería con seguridad fuera del camino mientras mi madre estaba aquí. No me hallaba seguro de que mi mamá pudiera actuar educadamente con Maite. Y no iba permitir que Maite se sintiera dolida o avergonzada.



El resto del personal amaba a Maite. Cuando la veían venir todo el mundo se volvía más feliz y más agradable. No querían decepcionarla. Cuando cometían un error, inmediatamente estaban dispuestos a arreglarlo. Me ayudaba mucho. Sin embargo, mis celos aumentaban por el hecho de que los hombres de mi personal intentaban todo para hacerla sonreír. Pero, ¿quién no querría hacer a Maite feliz? No podría estar enojado con ellos por eso. Siempre y cuando mantengan sus manos apartadas de ella.



—¿Dónde está Maite? —Preguntó Marco, nuestro profesional de golf mientras yo entraba en la casa club.



—¿Por qué necesitas a Maite? —Le pregunté, recordándome que este hombre estaba felizmente casado.



—Intentaría buscarme un reemplazo para la próxima semana. Están induciendo a Jill el lunes, y quiero estar con ella y el bebé la primera semana.



—La tengo trabajando en algo. Me aseguraré de buscar un reemplazo temporal para ti. Deberías estar con tu esposa e hijo —le contesté.



—Gracias, Sr. Kerrington —respondió, y asintió con la cabeza antes de dirigirse a tomar un agua de la nevera.



La puerta trasera se abrió y Vince se quedó allí, mirando con los ojos abiertos. —Sr. Kerrington, señor, tiene que venir rápido.



Era Maite. Conocía esa mirada. Tenía uno de sus episodios. ¡Mier*da!



Corrí hacia la puerta. —¿Dónde está? —Pregunté.



—En su oficina, señor. Vino a verle y entonces su mamá pasó a saludar. Intenté llamarlo pero fui al correo de voz. Su mamá fue a la oficina para hablar con Maite. Después de que salió escuché a Maite lloriqueando. Llamé a la puerta, señor, pero no respondió, así que entré.



—Eso es suficiente. Conozco el resto. No lo digas a nadie, ¿lo entiendes? —Esperé hasta que asintió antes de que yo corriera a través del estacionamiento de las oficinas principales. Mi madre está fuera de control. ¡Mier*da! No debí haber dejado a Maite sola durante tanto tiempo.



Varias personas llamaron mi nombre mientras corría por las escaleras, sin esperar por el maldito ascensor. Tomando dos escalones a la vez, llegué a la tercera planta en menos de un minuto. La puerta de mi oficina estaba cerrada y agradecí que Vince no la hubiera dejado expuesta a quien caminara hasta allí.



Abrí la puerta y examiné la habitación hasta que la encontré sentada contra la pared con sus rodillas tiradas hasta la barbilla. Sus brazos envueltos alrededor de sus piernas y se balanceaba atrás y adelante, gimiendo. Odiaba verla así. Había estado haciéndolo tan bien. Sus terrores nocturnos habían aflojado; no había experimentado ninguna en un mes, por lo menos.



—Maite. —Llamé su nombre mientras me acercaba a ella, con la esperanza de que pudiera oírme y mi voz podría sacarla. Me agaché a su lado y la tomé en mis brazos. Estaba rígida y fría.



—No, no, no, no, no —dijo, una y otra vez.



—Te tengo, cariño. Estás en mis brazos. Te tengo, Maite. Shh, está bien. Vuelve a mí, nena. Por favor, vuelve a mí. Estoy aquí y te tengo —susurré en su oído lo mucho que la amaba. No iba a dejarla ir hasta que su cuerpo empezara a ceder.



Poco a poco, sus brazos aflojaron su agarre alrededor de sus piernas y se envolvieron alrededor de mí, y luego enterró su cara en mi cuello. Estaba de vuelta. Seguí diciéndole que era una maravilla y era mía, y me gustaría cuidarla. Tranquilizarla me aseguró que la tenía. Que estaba aquí y podía cuidar de ella. La había dejado asumir demasiada responsabilidad porque era buena en eso. Había empezado a dejarla trabajar más tiempo y comprobándola menos. Esta fue mi culpa. Mi madre nunca habría llegado a ella si hubiera estado observándola de cerca.



—Lo siento —dijo Maite con voz llorosa contra mi pecho.



—No digas eso —Repliqué, mientras pasé la mano por su pelo y por su espalda—. Por favor, cariño, no digas eso. No me gusta que pienses que tienes que decir eso.



Sollozó. —Necesito ser más fuerte. Quiero ser más fuerte. Quiero ser fuerte.



¿No se dio cuenta de lo jodidamente fuerte que era? Había vivido una historia de terror durante dieciséis años de su vida que había acabado aún más horriblemente. Y todavía se reía y encontraba motivos para sonreír. Fue lo suficientemente valiente como para vivir la vida, incluso después de soportar los monstruos que la habían aterrorizado en su habitación cuando era niña. Y no estuvo fingiendo. Se había enfrentado a verdaderos monstruos y sobrevivió. No existía nadie tan jodidamente resistente como esta mujer.



—Maite, eres más fuerte que cualquiera que conozca. Sólo porque tienes que protegerte a veces y distanciarte de mí no te hace débil. Eres una superviviente. Eres mi inspiración y te amo. No importa qué, te amo.



Maite se aferró más fuerte a mí. Mi madre la había molestado. Me gustaría tratar con ella. No iba a estar cerca de Maite de nuevo, incluso si tuviera que prohibirle la entrada al club. Esto la detendría. Estaba terminado con mi familia por hacer sufrir a lo que era mío.



Nos sentamos en silencio. Maite me dejó tenerla lo más cerca que necesitaba. Me dejó besar su cabeza y las manos, y correr mis manos sobre sus brazos y espalda para asegurarme de que estaba bien.



El golpe en la puerta terminó nuestra paz y tranquilidad. Maite comenzó a moverse fuera de mi regazo, pero la retuve hacia mí. Iba a ignorar quienquiera que fuese. Vince debería haber estado ahí ahora mismo.



—¿Está todo bien, señor? —preguntó Vince, desde el otro lado de la puerta.



—Sí, estamos bien —Le contesté.



Maite inclinó la cabeza hacia atrás para mirarme. —¿Me vio?



Asentí. No quería mentirle, a pesar de que sabía que ella odiaba que la gente la viera cuando estaba así.



—Va a pensar que estoy loca —dijo con un suspiro de derrota.



Agarré su barbilla y la obligué a mirarme. —No, no lo hará. No estás loca. Eres inteligente, amable y hermosa. Pero no estás loca. Viviste en el infierno y saliste de él, Maite. La mayoría de la gente no puede superar algo así como lo que has superado. No vuelvas a pensar que eres menos que increíble.



Una pequeña sonrisa tiró de las comisuras de sus labios. —Es solo que me amas —dijo.



—Más que la vida —le contesté antes de presionar mis labios con los suyos.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:44 pm

12

Maite

William no me dejó sola desde mi desmayo de ayer. Sabía que tenía que trabajar. Yo también tenía que hacerlo, pero él me mantenía en su casa, a su lado. Cada vez que mencioné ir a la oficina, hizo algo para distraerme. Tener sexo oral en el mostrador de la cocina fue su primera táctica, y funcionó. Me olvidé de todo, excepto de la forma en que me hizo sentir.



Después me atrapó escabulléndome para tomar una ducha mientras él realizaba una llamada telefónica relacionada con el trabajo. Mencioné que necesitábamos alistarnos, entonces me tomó contra de la pared de la ducha. Después de que cortó el suministro de agua y me llevó a la cama, hicimos el amor de nuevo.



Ahora se encontraba afuera, hablando por teléfono de nuevo. Sabía que estaba haciendo el trabajo desde casa, demostrando mi punto de que lo estorbaba. Mi debilidad era un peso sobre él, pero quería ayudarlo. Cuando abrió la puerta y entró, comencé a decirle que realmente deberíamos ir a trabajar. Iba a luchar contra cualquier avance sexual que tratara de utilizar para mantenerme allí.



—Era Vince. Dos miembros de la junta están en mi oficina, mi madre los contactó por algunas cosas sobre las que no sabe nada. Tengo que ir a trabajar para tratar con ellos. Estaré de vuelta en dos horas como máximo —dijo antes de que la puerta se cerrara detrás de él.



No iba a dejar que me fuera. —Podría ir a trabajar también. Hay cosas que no terminé ayer.



—No. Tengo que concentrarme en esta reunión, y si sé que estás ahí me distraeré. Voy a estar preocupado por ti. Quédate aquí, te prometo que regresaré.



Me dio un beso en los labios antes de caminar hacia el dormitorio para vestirse. Me quedé allí y dejé que sus palabras penetraran en mí. Él me alejaba de mi trabajo. Iba a mantenerme aquí de nuevo. Tenía miedo de que estuviera en el trabajo y tuviera uno de mis episodios.



Trabajé muy duro para ser fuerte. Para aliviar sus preocupaciones. Un mal día, y me tenía en una caja de cristal nuevamente. No era justo. Quería vivir. Me encantaba estar cerca de él y tener un propósito, saber que lo ayudaba. Permanecer aquí todo el tiempo era solitario. No podría hacerlo nuevamente.

Salió de la habitación vestido con un traje y me sonrió. —Vamos a ir a comer a ese lugar italiano que amas en Seaside esta noche —dijo, como si eso hiciera que todo estuviera bien.



En lugar de decirle cómo me sentía, me limité a asentir y le devolví el beso, luego lo vi salir.

No contraataqué. Le permití que decidiera lo que yo haría. No era difícil. Blaire no habría dejado que Rush lo hiciera. Se hubiera defendido. Se volvería a Alabama, furiosa, y se saldría con la suya.



Tenía que demostrarle a William que podía hacer esto. Tuve un desliz, pero era más grande que eso. Podía seguir trabajando. Me necesitaba allí. Lo ayudaba. Era buena en eso.



Fui a la habitación y me preparé para el trabajo.

***


Enfrentarme a William mientras se encontraba en una reunión no era una decisión prudente. En lugar de eso, terminé el trabajo que me faltó concluir ayer. Logré contratar a un golfista profesional temporalmente, pedí nuevos carros de golf para reemplazar dos de los más viejos, y me reuní con la administradora del campo de golf, Darla, para hablar sobre el uso de los nuevos proveedores de aperitivos, agregando algunas nuevas cervezas.



Pasaron tres horas antes de que tuviera la oportunidad de reunirme con William. No me había llamado todavía, por lo que ni siquiera era consciente de que se había ido por más de dos horas. O todavía se encontraba en una reunión, o estaba tan inundado de trabajo que perdió la noción del tiempo.



Vince me sonrió aliviado cuando entré en el ascensor. —Señorita Maite, estoy tan contento de que estés de vuelta hoy. Se le ha extrañado.



Necesitaba seguir adelante y hacer frente a esta cosa con Vince. —Gracias —dije, deteniéndome en su escritorio—. Sobre lo de ayer, Vince, siento que me vieras así. Estoy muy agradecida de que fueras a buscar a William. Tengo esos episodios a veces y me esfuerzo para controlarlos, pero no hice un buen trabajo ayer.



Levantó la mano para detenerme. —No necesito una explicación. Si me necesitas, aquí estoy. No se preocupes por lo que vi. Eso es algo que queda solo entre nosotros.



Se me llenaron los ojos de lágrimas y sólo puede asentir con la cabeza. Miré la puerta cerrada del despacho de William. —¿Está ahí?



Vince negó con la cabeza. —No, se fue hace unos quince minutos. Dijo que estaría de vuelta en treinta minutos para una conferencia telefónica que está esperando.



Mier*da. ¿Lo perdí? —Muy bien, gracias, Vince.



Volví al ascensor y cambié de opinión. Tomaría las escaleras. William normalmente tomaba las escaleras. Podría perderlo si tomaba el ascensor.



En el momento en que la puerta de la escalera se cerró detrás de mí, oí la voz de William desde abajo. Me detuve y consideré volver a la oficina. No quería escuchar a escondidas.



—No sé cómo puedes ocuparte de la loca todo el tiempo. —La voz de Jace me impidió salir, al igual que sus palabras. Me quedé inmóvil, con la mano en la puerta.



—Era lo que tenía que hacer. No podía dejar que estuviera sola. Pero está afectando mi trabajo. Por lo menos cuando Angelina estaba aquí, ayudaba. — Las palabras de William fueron como agua fría vertiéndose sobre mi cabeza.



—Necesitas mantener tu cu*lo lejos de su mier*da demente. Tienes que manejar una empresa. No es justo que dejes de lado todo lo que tienes que hacer para hacer frente a sus episodios de locura. Tienes que arreglar este problema. —Las palabras de Jace hicieron que el entumecimiento de mi corazón comenzara a extenderse.



—No puedo. ¿Cómo diablos voy a hacer eso? —dijo William, gruñendo frustrado.



Había oído suficiente. Tenía que escapar. Tenía que salir. No podía respirar. La oscuridad se acercaba de nuevo, y esta vez no iba a estar aquí para que todo el mundo lo presenciara.



Forcé una sonrisa para Vince cuando entré de nuevo de la escalera y me dirigí hacia el ascensor. No preguntó y yo no le expliqué. Seguí enfocada en las puertas del ascensor. Se abrieron y entré. Inhalando profundamente, luchando para salir de la oscuridad. No haría esto aquí. Mi locura afectaba su trabajo. ¡No, no! Debía mantenerme enfocada.



Cuando las puertas se abrieron, salí y fui directo al estacionamiento. Llegué a mi coche entré y busqué el teléfono.



—Tripp —dije cuando contestó.



—¿Sí?



—Necesito que vengas a buscarme. Es hora de que me vaya —contesté.



Se quedó en silencio.



—Confía en mí. Te contaré todo después de que llegues aquí. No le digas a William. Solo tienes que venir a buscarme. Es hora de que me vaya.



—¿Qué hizo?



Dejé escapar un profundo suspiro y me aferré a la fortaleza que esperaba hubiese dentro de mí. —Quiere terminar. Mis problemas son demasiado para él. No sabe cómo decírmelo. Por favor, es hora de que me vaya. Quiero vivir mi vida ahora.



—Voy a estar allí para la hora del almuerzo mañana. Sólo tengo mi moto.



—Voy a empacar ligero —contesté.



—Puedes hacer un envío con todo lo demás. Te enviaré un mensaje de texto con la dirección.



—Está bien.



—¿Estás segura de esto?



—Sí —respondí.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:46 pm

13

William

Mi madre había llamado a dos de los miembros más cercanos a mi padre en la junta directiva y les dijo que iba a dejar que Maite trabajara en el club. Luego procedió a decirles que Maite era mentalmente inestable y peligrosa. Había llegado tan lejos como para decirles que Maite trató de lastimarla. Mi madre se había vuelto loca.

Jace entró en mi oficina después de que hubiera tenido una larga reunión con los dos hombres y perdido mi discusión sobre Maite. Querían investigarla más a fondo. Sabía lo que encontrarían y me rehusaba a hacerlo. Ella no querría eso.



—Luces listo para asesinar a toda una villa solo con las manos, hermano. ¿Qué sucede? —Pasé hecho una furia junto a él y entré en el pozo de las escaleras. Necesitaba gritar y golpear una pared. Ese era el lugar más seguro para hacerlo.



Subí corriendo dos pisos de escaleras antes de que me detuviera y golpeara la pared con mi puño, maldiciendo a todos los responsables. Maite no necesitaba eso en ese momento. Lo estaba haciendo mucho mejor. ¿Cómo se suponía que le contara todo esto?



—¿Qué sucedió? —me preguntó Jace desde detrás de mí. No me di cuenta de que me siguió.



—Mi jodida madre es lo que sucedió. Ella y Angelina. Son malvadas y retorcidas. ¿Cómo es que mi propia madre está tan jodida? ¿Qué le sucedió a ella y a mi padre para hacerlos tales idiotas? ¿Para hacerles pensar que pueden controlar vidas? ¡No pueden! ¡Este club es mío, y si quiero despedir a cada hijo de pu*ta de la junta directiva que mi padre contrató, lo haré! Es tiempo de una nueva junta de todas formas —gruñí, dando respiraciones profundas para calmarme.



—No sé cómo has tratado con este tipo de locura por tanto tiempo —dijo Jace, sentándose en los escalones y observándome pasear de un lado a otro.



—Tenía que hacerlo. No podía dejarla sola. Pero está afectando mi trabajo. Al menos, cuando Angelina estaba aquí, ayudaba.



—Necesitas mantenerte lejos de su mier*da. Tienes una corporación que manejar. Dejando de lado lo que necesitas hacer para tratar con uno de sus locos episodios no es justo. Necesitas arreglar esto —dijo Jace, como si fuera fácil. ¿Cómo se suponía que sólo le diera la espalda a mi madre? Era lo único que tenía.



—No puedo. ¿Cómo demonios lo hago? —pregunté, dejando de caminar e inclinándome contra la pared. Si tuviera que escoger entre Maite y mi madre, escogería a Maite. Si me presionaba demasiado, iba a tener que alejarme de ella. Primero, necesitaba decidir sobre la junta directiva. Necesitaba un abogado. Mi propio abogado, no el de mi padre. Ya no usaría las personas que él había contratado. Las cosas eran diferentes ahora, y no necesitaba una estúpida llamada de mi madre diciéndome que enviaría miembros de la junta a mi oficina cuestionando mis decisiones.



Era hora de asegurarme que este sitio lo manejaba yo. Mi junta estaría conformada por gente en la que creía y confiaba. Era hora de una nueva generación.



—Jace —dije, girándome para mirarlo.



—¿Sí?



—¿Estás listo para ser miembro de la junta directiva?



Jace frunció el ceño. —¿Qué?



—Voy a llamar a un abogado. Voy a despedir la vieja junta y a formar la mía.



Una sonrisa se extendió a través del rostro de Jace. —Diablos, sí — respondió.



Por primera vez desde que recibí esa llamada más temprano, me sentí más tranquilo. No iba a dejar que mi madre me controlara. Yo era el jefe. Mi abuelo me lo había dejado todo a mí. Incluso su casa era mía ahora. Si quería arruinar mi vida, arruinaría lo suficiente la suya como para hacer que se detuviera. Era mi madre, pero Maite era mi vida.

***


Habían pasado cuatro horas desde que dejé a Maite. Maldita sea. Perdí la noción del tiempo. Agarrando mi teléfono, atravesé la puerta y me dirigí a mi camioneta. Mi llamada fue directa a su buzón de voz. ¡Mier*da!



El auto de Maite se hallaba en la entrada. Estaba allí. Tal vez se encontraba fuera cuando la llamé. Le había prometido que la llevaría a cenar a Seaside. Ya iba dos horas tarde. Esto no era justo para ella. No podía mantenerla aquí todo el tiempo. Iba a trabajar conmigo. Necesitaba su ayuda. Ella era buena en lo que hacía.



Abriendo la puerta, el olor de ajo asado y tomates encontró mi nariz. La cerré y seguí el olor hasta la cocina. Maite se hallaba de pie junto a la estufa con un mandil negro del club, mezclando en una cacerola.



—Hola —dije en voz baja así no la asustaría.



Se giró y me sonrió. Había una tristeza en sus ojos que no podía ocultar. La hice sentir triste. El que le dejara aquí le molestó. Quería ir a trabajar hoy. Tendría que explicárselo toda la noche.



—Decidí cocinar, así no tendríamos que salir —dijo.



Me acerqué hasta estar de pie detrás de ella y envolví los brazos alrededor de su cintura. —Huele increíble.



—Bien. No he hecho lasaña en un largo tiempo. Esta salsa es difícil de hacer.



Algo sonaba apagado en su voz. Odiaba haberla molestado.



—Lamento lo de hoy.



—No te disculpes. Por favor, no. Tenías trabajo que hacer. Lo sé, y estoy bien con ello.



No quería que me disculpara. ¿Qué le molestaba entonces?



—Puedes ir a trabajar mañana —le dije.



—No creo que esté lista aún —respondió.



¿No se sentía lista? Hoy trató varias veces de ir a trabajar. ¿Qué cambió?



—¿Por qué piensas que no estás lista? ¿Tuviste otro episodio hoy?



Negó con la cabeza. —No, sólo creo que tengo demasiadas cosas en la cabeza ahora mismo. Tengo que recomponerme primero. —Se volvió y levantó la mirada hacia mí—. No hablemos de eso esta noche. Quiero hacerte la cena y disfrutar estar contigo.



Enterré la cabeza en la curva de su cuello. —Bien —respondí. Hablaríamos de ello mañana, entonces—. ¿Cómo puedo ayudarte con la cena?

Se giró y besó mi cabeza. —Puedes cortar el pan francés, ponerle mantequilla, luego echarle algo de ajo en polvo. Necesito tostarlo.



—Puedo hacer eso —dije, alejándome de Maite y agarrando el pan.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:48 pm

14

Maite

Sabía muy en mi interior que esto no duraría para siempre. Pensé que una vez que William se diera cuenta de cuán imposible sería la vida conmigo le pondría un fin. Pero no fue así. Él ya parecía cansado de luchar con mi locura, pero nunca me lo hizo saber. Me hacía sentir apreciada. Si no lo hubiese oído hablar con Jace todavía me aferraría a la idea de que podríamos atravesarlo todo.



Años de no vivir alrededor de personas estropearon mi habilidad de leerlas. Jace sabía que William se encontraba harto de lidiar conmigo y yo no tenía ni una pista. Ahora sí. Esta noche sería todo para nosotros. Cociné para él, disfrutando el mirarlo y oírlo hablar. Quería grabar cada minuto de esta noche en mi memoria.



Cuando me vaya mañana, todo se acabará. No volvería y William se sentiría aliviado. Al principio se enojaría. Pensé que me amaba. Que yo era más de lo que pidió. Cuando se dé cuenta que me alejé por él, su vida será más fácil. Estará libre de tener que preocuparse por mí.



Sin embargo, esta noche él todavía era mío. Podía sostenerlo y creer en lo que teníamos. Sólo una vez más.



Nos paramos juntos y lavamos los platos. Normalmente charlábamos y reíamos pero no podía hallar nada divertido de qué hablar. Mi corazón se sentía demasiado pesado.



—¿Te encuentras bien? —me preguntó William cuando puso el último plato en el lavavajillas y lo cerró.



Asentí y sonreí.



Se estiró y enredó sus dedos con los míos. —¿Segura? Arreglaré lo que sea que esté mal con que sólo me lo digas —dijo gentilmente atrayéndome. Él era un arreglador. Quería arreglar mi vida y eso no era posible.



En vez de contestar, me paré en las puntas de mis pies y presioné mis labios contra su cuello. —Te deseo —suspiré en la suavidad de su piel—. Ahora mismo, todo lo que deseo eres tú.



William me dejó bajar por su cuello con besos y cuando tiré de su camisa, levantó los brazos y me dejó sacarla. Su cincelado pecho lucía siempre bronceado y perfecto. Corrí mis dedos por su hermosa piel y sobre cada duro abdominal que me fascinaba. Esto fue mío por un tiempo. Sería un capítulo de mi vida en el cual dolería mirar atrás, a pesar de todo iba a ser mi favorito.



Presioné mis labios contra la tensa piel de su estómago bajo y empecé a desabotonar sus vaqueros. Él se paró ahí y me dejó. Me alegraba que no hubiera resistencias o dudas. Si esta noche terminábamos este capítulo, quería que fuera perfecto.



Bajé sus vaqueros junto con su bóxer.



—Joder, Maite —murmuró cuando lamí la pun*ta de su pene. Sus dos manos se hallaban ahora enterradas en mi cabello al tiempo que me arrodillaba frente a él. Quería que supiera que lo amaba. Cuando me fuera quería que supiera que él era una parte de mí. Que esto no era algo vacío.



—Oh, diablos —gimió, apoyándose en la encimera cuando hundí su longitud dentro mi boca hasta que se deslizó en mi garganta. Amaba la forma que esto lo hacía sentir. Sabiendo que el estremecimiento de sus piernas lo causaba yo era un sentimiento maravilloso. Yo temblaba todo el tiempo. Me gustaba hacerle lo mismo.



—Esto se siente tan malditamente bien, nena. Tu pequeña boca caliente es jodidamente perfecta. —Su voz era ronca y grave. Me estiré y ahuequé sus bolas en mi mano. Dejó escapar un gruñido bajo y de repente era levantada—. No me voy a venir en tu boca. No esta noche. Quiero estar en tu interior —dijo quitándose sus vaqueros y dejándolos en el suelo, antes de cargarme y caminar al dormitorio.



Sus manos se encontraban en mis pantalones cortos, sacándolos. Levanté los brazos y lo dejé quitarme la camiseta. Mi sostén y bragas se fueron con la misma rapidez.



—Eres hermosa —dijo a medida que se arrodillaba encima de mí y miraba mi cuerpo.



Cuando me encontraba con él me sentía hermosa. —Hazme el amor —le dije abriendo mis piernas y estirándome hasta tirar de él hacia mí.



—Quiero probarte —dijo ¿.



—Te quiero dentro de mí —repliqué.



—No importa. Quiero una probada primero. —Su sonrisa torcida calentó mi corazón. Le dejaría tener cualquier cosa que él quisiera.



Sus labios rozaron la parte sensible entre mis piernas arrastrando besos de una a otra hasta que el calor de su aliento tocó mi tierna piel. Me estremecí y cerré mis puños en las sábanas debajo de mí justo antes de que su lengua se deslizara en mi interior y luego se moviera hacia mi clítoris.



Grité su nombre hasta que me vine contra su boca. Cada movimiento de su lengua me llevó más lejos bajo la ola de placer que me alcanzó.



Cuando jadeaba para tener aire en mis pulmones, entró en mí con un rápido movimiento. Levanté mis rodillas y las presioné contra sus costillas. — Te amo, Maite. Te amo tanto, nena. Tan malditamente demasiado —dijo con la voz ronca, llena de emoción. Lucía como si supiera que esto era todo para nosotros. Que el mañana no llegaría. Este era el fin. Luché contra las lágrimas obstruyendo mi garganta y agarré su cara para que pudiera besarlo. No podía hablar. No confiaba en mí para poder hacerlo. Le mostré cuánto lo amaba con mi boca.



Con cada empuje yo levantaba mis rodillas y exclamaba. Él nunca dejó de decirme cuánto me amaba. Era un canto mientras los dos trepábamos hasta nuestra liberación.



—¡Will! —grité su nombre en el éxtasis en tanto el mundo se desvanecía.



Nuestro capítulo se terminó. Era el capítulo más lindo en mi vida. Sabía que tenía el final feliz mucho antes de que fuera tiempo y ahora necesitaba vivir el resto de la historia sin él. No era la forma en la que se suponía que la vida fuera, pero era mi vida. Y tuve a William en ella. Eso lo mejoraba todo.

***


William me besó en la cabeza diciéndome que durmiera hasta tarde. Que tenía una reunión temprano y que podía volver al trabajo cuando me encontrara lista. Pretendí estar dormida y asentí, manteniendo mi cabeza enterrada en la almohada para esconder las lágrimas. Cuando la puerta se cerró detrás de él, me giré y miré al techo.



Mi corazón acababa de irse por esa puerta.



Me moví sin pensar en lo que me bañaba y me cambiaba. Puse en cajas las cosas que enviaría esa mañana a la dirección que Tripp me envió por mensaje de texto. Después empaqué una pequeña bolsa con las cosas que llevaría conmigo. No sabía con certeza a dónde nos dirigíamos ni cuándo volveríamos a la dirección de Carolina del Sur a la cual enviaba mis cosas.



William me llamó alrededor de las diez y me preguntó si quería almorzar con él. No le quería mentir pero tampoco podía decirle la verdad. Así que le dije que andaba atrasada en el trabajo y que si quería que volviera entonces necesitaba ponerme al día. No discutió conmigo. Cuando le dije que lo amaba una lágrima rodó por mi cara. Me alegraba que no pudiera verme.



En un pedazo de papel le escribí:



Nunca te olvidaré. Gracias por todo, pero es tiempo de que siga adelante. Quiero ver el mundo. Esta vida no es para mí. No encajo. No es lo que soñé. No vengas a buscarme, sólo déjame ir. Espero encuentres la felicidad que te mereces.



Lo siento,



Maite.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:51 pm

15

William

Terminé la extraña llamada de Tripp y bajé la mirada a mi teléfono durante unos minutos. Nada en esa conversación tuvo sentido. Me preguntó cómo era la vida. Le dije que era buena. Dijo que debería esforzarme más. Le dije que era perfecta y se quedó en silencio. Entonces dijo, a veces lo que pensamos que es perfecto está regiamente jodido. Le pregunté a qué se refería y me dijo que sólo me comprobaba y esperaba que descubriera la vida pronto.



¿Qué demonios significó todo eso? ¿Bebía antes del almuerzo? Echando un vistazo a mi reloj, me di cuenta que era mi hora de salida con Jace. Maite me rechazó para el almuerzo porque quería trabajar. No podía seguir haciendo como si ella no fuera importante. Así que para mantenerme de mendigarle un almuerzo, llamé a Jace y arreglé una salida para nosotros.



Tenía una reunión con mi nuevo abogado a las tres, luego de eso iría por ella. Pensé que estaría dispuesta a tomar un descanso después. Sonriendo, dejé ir la rara llamada de Tripp y me dirigí hacia el campo de golf.



Jace se encontraba de pie en el carrito de golf de Bethy con las manos sobre el techo mientras se inclinaba, coqueteando con ella. Nunca me hubiera imaginado que llegarían tan lejos. Bethy era la chica salvaje que vivía en el pueblo de al lado. Dormía con chicos ricos y ellos se comportaban en público como si no la conociera. Hasta Jace. Decidió que ella valía la pena. Vio algo más.



—¿Vas a dejar de coquetear con mi empleada el tiempo suficiente para jugar un partido? —pregunté mientras me acerqué a ellos.



Jace sonrió por encima de mí, y luego mostró su dedo medio. —Jódete, Kerrington.



—¿Necesitan que les consiga un té? —preguntó Bethy.



—Somos hombres de verdad, nena. No necesitamos un té —dijo Jace, guiñándole un ojo.



—Vamos a hacer esto. Tengo una cita a las tres —me informó Jace.



El carrito que pedí fue llevado por ahí con mis palos de golf. Jace se despidió de Bethy y puso su palo en la parte trasera del carro. —Ha pasado un tiempo desde que jugamos un partido —dijo Jace—. El Jefe nunca tiene tiempo.



—Maite ha se encargado de muchos de mis asuntos. Tengo que darle un aumento.



Jace rio y apoyó los pies en el tablero del carro. —¿Le dijiste a tu mamá en cuanto a tu nueva idea?



—No se lo he dicho. No es asunto suyo. Me voy a reunir con el abogado hoy para asegurarme de que esto se maneje de la manera correcta. Él se asegurará de que la junta sepa que hemos terminado.



—Sabes, siempre pensé que la junta era dueña de una parte del club — dijo Jace.



—Mi abuelo lo prohibió en su testamento. Quería que el club estuviera siempre bajo el nombre Kerrington. No permitió los inversores a no ser que fueran de la familia. Esa fue una de las razones por las que mi padre quería que me casara con Angelina. Ella se convertiría en la familia y se fusionaría el club de su padre con el club Kerrington. Mi abuelo no hubiera querido eso. He mirado por encima de su plan de negocios. Sé cuál era su sueño para este lugar. Mi padre tenía otras ideas y me iba a utilizar para llevarlos a cabo.



Jace dejó escapar un bajo silbido cuando llegamos al punto de salida. — Maldita sea, no me extraña que tu padre estuviera tan dispuesto a casarte con una psicópata. Por lo tanto, realmente eres el dueño de todo ahora. Tomas las decisiones. Esa junta era sólo con gente que ayudaba a tu padre a sugerir y tomar decisiones.



—Creo que les prometió un pedazo del pastel una vez que el club Kerrington fuera parte del imperio Greyston. Todo habría cambiado entonces. También les pagaba bien. Miré la nómina.



Jace saltó y tiró del controlador de la bolsa antes de dirigirse al lugar de salida. —¿Estás diciendo que obtendré un buen sueldo gordo por estar en esta nueva junta? —dijo Jace, arrastrando las palabras.



—Sí, eso es lo que estoy diciendo —contesté, sacando el controlador de la bolsa.



—Bueno. Porque voy a proponerle matrimonio a Bethy y mi familia me va a tirar Oops!. Puedo decirle adiós a mis ingresos mensuales. Tengo que empezar a usar este tipo de educación que mi padre tan generosamente pagó.



Dejé de caminar. ¿Había oído bien? —¿Acabas de decir proponerle matrimonio?



Jace levantó la vista desde su postura sobre la bola y asintió.



—Guau. —Fue todo lo que pude pensar en decir. No me esperaba eso.



—La amo. Es todo para mí.



Me quedé en silencio mientras Jace golpeaba la bola. Dio un paso atrás y me miró. —No lo sabe todavía. Estoy tratando de pensar en una manera romántica de hacerlo.



Este juego de golf se había vuelto mucho más interesante.

***


Mi corazón acababa de irse por esa puerta.



Me moví sin pensar en lo que me bañaba y me cambiaba. Puse en cajas las cosas que enviaría esa mañana a la dirección que Tripp me envió por mensaje de texto. Después empaqué una pequeña bolsa con las cosas que llevaría conmigo. No sabía con certeza a dónde nos dirigíamos ni cuándo volveríamos a la dirección de Carolina del Sur a la cual enviaba mis cosas.



William me llamó alrededor de las diez y me preguntó si quería almorzar con él. No le quería mentir pero tampoco podía decirle la verdad. Así que le dije que andaba atrasada en el trabajo y que si quería que volviera entonces necesitaba ponerme al día. No discutió conmigo. Cuando le dije que lo amaba una lágrima rodó por mi cara. Me alegraba que no pudiera verme.



En un pedazo de papel le escribí:



Nunca te olvidaré. Gracias por todo, pero es tiempo de que siga adelante. Quiero ver el mundo. Esta vida no es para mí. No encajo. No es lo que soñé. No vengas a buscarme, sólo déjame ir. Espero encuentres la felicidad que te mereces.



Lo siento,



Maite.

***


15



William



Terminé la extraña llamada de Tripp y bajé la mirada a mi teléfono durante unos minutos. Nada en esa conversación tuvo sentido. Me preguntó cómo era la vida. Le dije que era buena. Dijo que debería esforzarme más. Le dije que era perfecta y se quedó en silencio. Entonces dijo, a veces lo que pensamos que es perfecto está regiamente jodido. Le pregunté a qué se refería y me dijo que sólo me comprobaba y esperaba que descubriera la vida pronto.



¿Qué demonios significó todo eso? ¿Bebía antes del almuerzo? Echando un vistazo a mi reloj, me di cuenta que era mi hora de salida con Jace. Maite me rechazó para el almuerzo porque quería trabajar. No podía seguir haciendo como si ella no fuera importante. Así que para mantenerme de mendigarle un almuerzo, llamé a Jace y arreglé una salida para nosotros.



Tenía una reunión con mi nuevo abogado a las tres, luego de eso iría por ella. Pensé que estaría dispuesta a tomar un descanso después. Sonriendo, dejé ir la rara llamada de Tripp y me dirigí hacia el campo de golf.



Jace se encontraba de pie en el carrito de golf de Bethy con las manos sobre el techo mientras se inclinaba, coqueteando con ella. Nunca me hubiera imaginado que llegarían tan lejos. Bethy era la chica salvaje que vivía en el pueblo de al lado. Dormía con chicos ricos y ellos se comportaban en público como si no la conociera. Hasta Jace. Decidió que ella valía la pena. Vio algo más.



—¿Vas a dejar de coquetear con mi empleada el tiempo suficiente para jugar un partido? —pregunté mientras me acerqué a ellos.



Jace sonrió por encima de mí, y luego mostró su dedo medio. —Jódete, Kerrington.



—¿Necesitan que les consiga un té? —preguntó Bethy.



—Somos hombres de verdad, nena. No necesitamos un té —dijo Jace, guiñándole un ojo.



—Vamos a hacer esto. Tengo una cita a las tres —me informó Jace.



El carrito que pedí fue llevado por ahí con mis palos de golf. Jace se despidió de Bethy y puso su palo en la parte trasera del carro. —Ha pasado un tiempo desde que jugamos un partido —dijo Jace—. El Jefe nunca tiene tiempo.



—Maite ha se encargado de muchos de mis asuntos. Tengo que darle un aumento.



Jace rio y apoyó los pies en el tablero del carro. —¿Le dijiste a tu mamá en cuanto a tu nueva idea?



—No se lo he dicho. No es asunto suyo. Me voy a reunir con el abogado hoy para asegurarme de que esto se maneje de la manera correcta. Él se asegurará de que la junta sepa que hemos terminado.



—Sabes, siempre pensé que la junta era dueña de una parte del club — dijo Jace.



—Mi abuelo lo prohibió en su testamento. Quería que el club estuviera siempre bajo el nombre Kerrington. No permitió los inversores a no ser que fueran de la familia. Esa fue una de las razones por las que mi padre quería que me casara con Angelina. Ella se convertiría en la familia y se fusionaría el club de su padre con el club Kerrington. Mi abuelo no hubiera querido eso. He mirado por encima de su plan de negocios. Sé cuál era su sueño para este lugar. Mi padre tenía otras ideas y me iba a utilizar para llevarlos a cabo.



Jace dejó escapar un bajo silbido cuando llegamos al punto de salida. — Maldita sea, no me extraña que tu padre estuviera tan dispuesto a casarte con una psicópata. Por lo tanto, realmente eres el dueño de todo ahora. Tomas las decisiones. Esa junta era sólo con gente que ayudaba a tu padre a sugerir y tomar decisiones.



—Creo que les prometió un pedazo del pastel una vez que el club Kerrington fuera parte del imperio Greyston. Todo habría cambiado entonces. También les pagaba bien. Miré la nómina.



Jace saltó y tiró del controlador de la bolsa antes de dirigirse al lugar de salida. —¿Estás diciendo que obtendré un buen sueldo gordo por estar en esta nueva junta? —dijo Jace, arrastrando las palabras.



—Sí, eso es lo que estoy diciendo —contesté, sacando el controlador de la bolsa.



—Bueno. Porque voy a proponerle matrimonio a Bethy y mi familia me va a tirar Oops!. Puedo decirle adiós a mis ingresos mensuales. Tengo que empezar a usar este tipo de educación que mi padre tan generosamente pagó.



Dejé de caminar. ¿Había oído bien? —¿Acabas de decir proponerle matrimonio?



Jace levantó la vista desde su postura sobre la bola y asintió.



—Guau. —Fue todo lo que pude pensar en decir. No me esperaba eso.



—La amo. Es todo para mí.



Me quedé en silencio mientras Jace golpeaba la bola. Dio un paso atrás y me miró. —No lo sabe todavía. Estoy tratando de pensar en una manera romántica de hacerlo.



Este juego de golf se había vuelto mucho más interesante.

***


Envié un mensaje a Maite antes de las tres, pero no respondió antes de que llegara el abogado. Una vez que mi reunión terminó y aún no había respuesta, marqué su número. No la vi en todo el día. Nadie sabía nada cuando pregunté por ella. Algo se sentía mal.



—Lo siento, pero el número que ha marcado ha sido desconectado... — Tiré mi teléfono y bajé la mirada para asegurarme de que había marcado el número de Maite. Lo era.



Agarré las llaves y pasé por delante de Vince sin decir una palabra. Mi mente corría salvajemente. ¿Por qué el teléfono de Maite estaba desconectado? ¿Se había olvidado de pagar la cuenta? ¿Se encontraba bien?



A medida que fui a casa, cada mala situación corría por mi cabeza. El auto que le había dado a Maite cuando regresó a Rosemary conmigo estaba en la entrada. Ella no salió de la casa hoy. Mi corazón se aceleró mientras corría por las escaleras y abría la puerta.



Estaba tranquilo. Demasiado tranquilo.



—¿Maite? ¿Nena? ¿Estás bien? —grité mientras caminaba por el pasillo hacia la sala de estar. Eché un vistazo a la cocina y casi seguí cuando vi una sola hoja de papel y una pluma situada en el mostrador. No habían estado allí esa mañana.



—¿Maite? —llamé de nuevo, caminando en dirección al salón y al balcón. La habitación se encontraba vacía. También estaba desnuda. No había tacones acostados junto a la puerta o joyas en el tocador. Me quedé en la puerta, con miedo de caminar dentro y buscar en el armario.



Me volví y me dirigí a la cocina. La nota explicaría esto. Ella podría haber limpiado antes de ir de compras con Blaire. Eso tenía sentido.



Alcanzando el papel, lo agarré y empecé a leer. Con cada palabra, mi mundo comenzó a caer lentamente. La pequeña pieza de papel rasgada de un cuaderno tenía las únicas palabras que me podrían destruir por completo.



Me dejé caer al suelo mientras permanecía congelado. No quería tocarlo. No quería verlo. Las palabras quedaron impresas en mi cabeza. Nunca sería capaz de hacer que desaparecieran. No me podía mover. No podía respirar.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Nov 26, 2015 12:52 pm

16

Maite

Tripp no dijo mucho cuando vino a recogerme. Me preguntó si estaba segura y cuando dije que sí tomó mi bolsa y la colocó en el compartimiento de su moto antes de entregarme un casco y una chaqueta de cuero. Me puse ambos.



Habíamos estado conduciendo por cerca de dos horas cuando entró en una gasolinera. Mis piernas se entumecieron ligeramente. No estaba segura si podría caminar cuando me bajara de esa cosa. Tripp se bajó, me quitó el casco y lo colgó en la moto. No le pregunté porque no usaba un casco pero me alegraba el hecho que tenía uno que yo podía usar. Entonces extendió su mano y me ayudo a bajar. Logré alzar mi pierna sobre la moto y sostenerme de sus dos manos mientras me ponía de pie.



—Ouch —dije con una débil sonrisa.



Sonrió. —Sí, tienes que acostumbrarte a ello —me dijo, y asintió con su cabeza a la tienda—. Entra, ve al baño y consíguete algo para comer y beber. Tomaremos un pequeño descanso antes de ir más lejos.



Me enfoqué en el camino y en los carros que pasamos. Había logrado pelear contra cualquier pensamiento acerca de William. Pero permanecían ahí en mi cabeza, molestándome. Querían cazarme. Querían que me rompiera. Sabría pronto que me había ido. —¿A dónde nos dirigimos? —pregunté, tratando de pensar cualquier cosa que no fuera William.



—No estoy seguro. Solo estamos conduciendo. Pensé que necesitabas eso ahora mismo. Me estoy dirigiendo al norte. Me imagino que encontraremos algo interesante para detenernos a la hora de dormir.



Esto era lo que necesitaba. Asentí. —Está bien.



—Tengo que llenar el tanque —dijo, y me dirigí a la tienda. Necesitaba llamar a Branden ahora. No le dije que dejaría a William. No lo habría visto de a misma manera que yo. Pero una vez que William supiera que me fui la llamaría primero a ella. Estaría preocupada. Debería prepararla. Deslice mi teléfono fuera de mi bolsillo y recordé que lo había apagado. No quería ser rastreable. Lo reactivaría en la siguiente ciudad grande. Un nuevo número. Uno que nadie supiera.



Después de usar el baño, agarré una botella de agua y unos Cheetos, pagué, y me dirigí afuera y me senté en una mesa de picnic que se encontraba en un área con grava.



Tripp lanzó una mirada hacia mí antes de ir adentro y hacer lo mismo. Para el momento que salió había terminado con mi bolsa de Cheetos. Dejó caer una barra de dulce, una bolsa de maní, carne seca y una bolsa de gomitas sobre la mesa. —Come algo más —dijo antes de recoger la carne seca y dar un mordisco.



Tomé la barra de dulce y la rompí por la mitad antes de llevarla a mi boca. Comimos en silencio. Me asustaba tratar de hablar con él. Tripp quería saber porque hacia esto. Pensaba que no debía. Podía decirlo por la forma que estaba actuando.



—Él no sabía que te ibas. Ni siquiera tenía una pista. Eso apesta, Maite. Realmente apesta. El tipo lo va a tomar realmente mal.



Paré de comer y me puse de pie. —No puedo pensar en eso, ¿está bien? Necesito pensar acerca de otras cosas. No eso. Es lo mejor para él. Es todo lo que puedo decirte. Por favor, no hablemos de ello.



Tripp dejó salir un cansado suspiro. —Bien. No hablaremos de ello. No ahora, de todos modos. Come algunas gomitas, son buenas para ti —dijo con una sonrisa satisfecha mientras empujo la bolsa de gomitas hacia mí.



—No tengo hambre —No tenía. Me sentía enferma.



—Bien. Llevaré estas con nosotros. Tendrás hambre de nuevo. Apenas comiste algo.



—¿Puedo usar tu teléfono para llamar a mi amiga Branden?



Tripp asintió y sacó su teléfono de mi bolsillo y me lo pasó.



—Gracias —dije mientras lo tomé.



Caminé lo suficientemente lejos para que no me escuchara. Iba a mentirle a Branden un poco, solo para retenerla de decirle la verdad a William.



Marcando su número, contuve el aliento, esperando que pudiera encontrar un modo de mentirle y hacerlo creíble. Ella iría directo hacia William con mi localización y la razón de mi partida, si sabía la verdad.



—¿Hola? —la voz de Branden sonaba curiosa. No reconoció el número.



—Soy yo —dije en el teléfono.



—¿Maite? ¿Dónde estás?



Branden no respondió. Ella estaba pensando. Sabía la mirada que tenía en su rostro incluso aunque no la veía.



—¿Qué pasó? Deja de decirme esa mier*da y dime dónde estás y que está mal. —Era una mentirosa terrible y Branden me conocía mejor que nadie.



—Estoy viajando. No estoy sola y estoy bien. Solo necesito tiempo. Me reportaré cuando pueda, pero necesito tiempo para superar ciertas cosas. Por eso me subí en tu auto y me lo llevé para comenzar con esto, de todos modos. William cambió eso pero era solo temporal. Necesito hacer esto por mí.



—Todavía lo estoy llamando mier*da. No te creo pero no voy a presionar. Llámame cuando puedas, y mantente segura. ¿Puedo confiar que te mantendrás segura?



—Sí —repliqué.



—¿No me vas a decir quién es?



—No. Necesito que no le digas a William que hablaste conmigo. No le digas nada. Va a venir detrás de mí y no quiero que lo haga.



Braden dejó salir un pequeño gruñido de frustración. —Te ama, Maite —dijo.



—Y lo amo. Pero es tiempo de vivir. No puedo estar encerrada en ese pequeño pueblo.



—Espero no estés cometiendo el error más grande de tu vida—dijo en un tono derrotado.



—Fue el mejor capítulo. Sin embargo, tendré más capítulos.



—Te quiero —dijo Branden.



—Te quiero, también —respondí.



—Llámame pronto.



—Lo haré.



Colgué y me dirigí hacia Tripp, quien estaba mirándome.



—Gracias —dije, devolviéndole su teléfono.



—¿Apagaste tu teléfono para que no te pudiera rastrear? —preguntó, poniéndose de pie.



Asentí.



—Demonios, chica. No le dejaste ni una pista al chico, ¿cierto?



—¿Podemos irnos? Quiero montar.



—Sí, vámonos —dijo, y nos dirigimos hacia la Harley aparcada cerca de la mesa.

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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por EsperanzaLR el Jue Nov 26, 2015 1:16 pm

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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por EsperanzaLR el Vie Nov 27, 2015 12:04 pm

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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Nov 28, 2015 12:33 pm

Ella no me había dejado nada más que una nota. Había tomado todas sus cosas. Sostuve la almohada en la que durmió la noche anterior y la presioné contra mí cara. Olía como ella. El dulce aroma sexy que era Maite.



¿Cómo se suponía que iba a dejarla ir? No quería que la encontrara... quería vivir. Esto no era vivir para ella. Había comenzado un viaje para ver el mundo y me conoció. Ahora quería más.



Me cerní sobre ella. Trataba de mantenerla a salvo y no le permití hacer cosas que quería. Controlé su trabajo y lo que hacía. Ella quería extender sus alas y yo las corté. Así que encontró otra manera de volar.



Mi pecho estaba tan apretado que cada respiración que tomaba era dolorosa. No había llamado a nadie. No salí de mi casa por horas. Sostuve la almohada un poco más cerca y le eché un vistazo al reloj. Eran más de las nueve. Estuve en casa durante cinco horas. ¿Hace cuánto se había ido? ¿Anoche sabía que iba a dejarme?



La mirada en sus ojos mientras me hacía el amor era diferente. Había algo en ellos que me molestó. Pero estaba tan apasionada y necesitada que me había olvidado de todo excepto el placer. Si sólo hubiera mirado más profundo y hablado con ella... En vez de eso, había sido sobre el sexo. Cuándo cayó de rodillas en la cocina, estaba perdido para lo que quisiera.



Si sólo hubiera mirado más profundo.



¿Cómo no lo noté?



Poco a poco, tuve una epifanía y me puse de pie, todavía sosteniendo la almohada. La llamada de Tripp. No tenía sentido pero estaba tratando de decírmelo. ¡Hijo de pu*ta! Se había ido con Tripp. Ella lo había llamado y él había venido por ella.



El dolor poco a poco empezó a encenderse como enojo —no, rabia— consumiéndome. Se había ido con Tripp. Él me la robó. Su llamada no habría tenido sentido para nadie. Era su forma de poder decir que él me había advertido, cuando sabía que no lo iba a entender.



Agarré la lámpara de la mesita de noche y la tiré contra la pared. Luego tiré las sábanas y las empujé sobre la mesita de noche. Arranqué el espejo de la pared y lo aplasté, pero la rabia todavía estaba allí. Golpeé la pared hasta que mi puño atravesó el yeso y mi voz parecía tan lejana, a pesar de que estaba gritando. Había salido de mí mismo mientras mi cuerpo enloquecía. Luego tiré la almohada en mi mano y todo se detuvo. Eso era todo lo que tenía. Su almohada. Caminé hacia el montón de cristales rotos y los muebles y volví a agarrar la almohada. La sostuve contra mi pecho.



Su aroma llenó mis sentidos y por un momento la rabia se alivió. Por un momento no era un loco histérico dispuesto a demoler todo en mi casa. La tenía. Podía sostener esto. La tenía.



—Santa Mier*da. —La voz de Jace llegó desde la puerta. Levanté la cabeza para encontrarlo observando mi habitación. La mirada horrorizada en su rostro mientras levantaba los ojos hacia mí sólo me hizo enojar de nuevo.



—Amigo —dijo, levantando las dos manos—. Tienes que calmarte.



Aceché a la puerta y empujé a Jace. Tenía que conseguir la nota. También tenía la nota. Era algo de ella. Tenía eso. Lo quería. Incluso si las palabras me desgarraban de par en par, la quería.

—Soy yo —dije en el teléfono.



—¿Maite? ¿Dónde estás?



Branden no respondió. Ella estaba pensando. Sabía la mirada que tenía en su rostro incluso aunque no la veía.



—¿Qué pasó? Deja de decirme esa mier*da y dime dónde estás y que está mal. —Era una mentirosa terrible y Branden me conocía mejor que nadie.



—Estoy viajando. No estoy sola y estoy bien. Solo necesito tiempo. Me reportaré cuando pueda, pero necesito tiempo para superar ciertas cosas. Por eso me subí en tu auto y me lo llevé para comenzar con esto, de todos modos. William cambió eso pero era solo temporal. Necesito hacer esto por mí.



—Todavía lo estoy llamando mier*da. No te creo pero no voy a presionar. Llámame cuando puedas, y mantente segura. ¿Puedo confiar que te mantendrás segura?



—Sí —repliqué.



—¿No me vas a decir quién es?



—No. Necesito que no le digas a William que hablaste conmigo. No le digas nada. Va a venir detrás de mí y no quiero que lo haga.



Braden dejó salir un pequeño gruñido de frustración. —Te ama, Maite —dijo.



—Y lo amo. Pero es tiempo de vivir. No puedo estar encerrada en ese pequeño pueblo.



—Espero no estés cometiendo el error más grande de tu vida—dijo en un tono derrotado.



—Fue el mejor capítulo. Sin embargo, tendré más capítulos.



—Te quiero —dijo Branden.



—Te quiero, también —respondí.



—Llámame pronto.



—Lo haré.



Colgué y me dirigí hacia Tripp, quien estaba mirándome.



—Gracias —dije, devolviéndole su teléfono.



—¿Apagaste tu teléfono para que no te pudiera rastrear? —preguntó, poniéndose de pie.



Asentí.



—Demonios, chica. No le dejaste ni una pista al chico, ¿cierto?



—¿Podemos irnos? Quiero montar.



—Sí, vámonos —dijo, y nos dirigimos hacia la Harley aparcada cerca de la mesa.

***

Ella no me había dejado nada más que una nota. Había tomado todas sus cosas. Sostuve la almohada en la que durmió la noche anterior y la presioné contra mí cara. Olía como ella. El dulce aroma sexy que era Maite.



¿Cómo se suponía que iba a dejarla ir? No quería que la encontrara... quería vivir. Esto no era vivir para ella. Había comenzado un viaje para ver el mundo y me conoció. Ahora quería más.



Me cerní sobre ella. Trataba de mantenerla a salvo y no le permití hacer cosas que quería. Controlé su trabajo y lo que hacía. Ella quería extender sus alas y yo las corté. Así que encontró otra manera de volar.



Mi pecho estaba tan apretado que cada respiración que tomaba era dolorosa. No había llamado a nadie. No salí de mi casa por horas. Sostuve la almohada un poco más cerca y le eché un vistazo al reloj. Eran más de las nueve. Estuve en casa durante cinco horas. ¿Hace cuánto se había ido? ¿Anoche sabía que iba a dejarme?



La mirada en sus ojos mientras me hacía el amor era diferente. Había algo en ellos que me molestó. Pero estaba tan apasionada y necesitada que me había olvidado de todo excepto el placer. Si sólo hubiera mirado más profundo y hablado con ella... En vez de eso, había sido sobre el sexo. Cuándo cayó de rodillas en la cocina, estaba perdido para lo que quisiera.



Si sólo hubiera mirado más profundo.



¿Cómo no lo noté?



Poco a poco, tuve una epifanía y me puse de pie, todavía sosteniendo la almohada. La llamada de Tripp. No tenía sentido pero estaba tratando de decírmelo. ¡Hijo de pu*ta! Se había ido con Tripp. Ella lo había llamado y él había venido por ella.



El dolor poco a poco empezó a encenderse como enojo —no, rabia— consumiéndome. Se había ido con Tripp. Él me la robó. Su llamada no habría tenido sentido para nadie. Era su forma de poder decir que él me había advertido, cuando sabía que no lo iba a entender.



Agarré la lámpara de la mesita de noche y la tiré contra la pared. Luego tiré las sábanas y las empujé sobre la mesita de noche. Arranqué el espejo de la pared y lo aplasté, pero la rabia todavía estaba allí. Golpeé la pared hasta que mi puño atravesó el yeso y mi voz parecía tan lejana, a pesar de que estaba gritando. Había salido de mí mismo mientras mi cuerpo enloquecía. Luego tiré la almohada en mi mano y todo se detuvo. Eso era todo lo que tenía. Su almohada. Caminé hacia el montón de cristales rotos y los muebles y volví a agarrar la almohada. La sostuve contra mi pecho.



Su aroma llenó mis sentidos y por un momento la rabia se alivió. Por un momento no era un loco histérico dispuesto a demoler todo en mi casa. La tenía. Podía sostener esto. La tenía.



—Santa Mier*da. —La voz de Jace llegó desde la puerta. Levanté la cabeza para encontrarlo observando mi habitación. La mirada horrorizada en su rostro mientras levantaba los ojos hacia mí sólo me hizo enojar de nuevo.



—Amigo —dijo, levantando las dos manos—. Tienes que calmarte.



Aceché a la puerta y empujé a Jace. Tenía que conseguir la nota. También tenía la nota. Era algo de ella. Tenía eso. Lo quería. Incluso si las palabras me desgarraban de par en par, la quería.

El papel roto yacía en el suelo y me puse a recogerlo. No podía leer las palabras de nuevo. No en este momento. Lo doblé cuidadosamente y lo guardé en mi bolsillo. Lo mantuve conmigo. Esta era su letra. Sus palabras.



—Me estás asustando, hombre. —Jace me había seguido hasta la cocina.



—Necesito estar solo —le dije sin volverme a mirarlo.



—No creo que necesites estar solo.



—Deja mi maldita casa —gruñí.



—He llamado Rush y Thad. Ellos están en camino. No voy a dejarte solo.



No los quería aquí. Quería gritar y romper cosas. Quería encontrar una manera de aliviar el dolor. —¡No! ¿Por qué estás aquí?



—Tripp me llamó —dijo lentamente. Sólo escuchar su nombre y saber que él era quien tenía a Maite hizo estallar el monstruo dentro de mí. Tomé el vaso del fregadero y lo arrojé al otro lado de la habitación, rompiendo una foto.



—¡Se la llevó! —rugí mientras agarraba un plato y lo lanzaba a través del cuarto—. ¡Él maldito me la quitó!



—Ella lo llamó. Quería irse con él, William. Tienes que calmarte. Ella se fue por su propia voluntad. —Podía oír el miedo en la voz de Jace, pero no me importaba. Tomé un taburete de la barra y comencé a estrellarlo contra el mostrador hasta que la madera se rompió en un montón de pedazos en el suelo.



—Santo infierno. —La voz de Rush se registró en mi cerebro, pero no podía pensar. Yo no los quería allí.



—¡Amigo! Detenlo. Se ha vuelto jodidamente loco —dijo Thad.



Brazos se envolvieron alrededor de mí por detrás y luché contra ellos, pero me sostuvieron con más fuerza. —Relájate. Respira, hombre. Toma un jodido respiro. No está muerta. Se fue. Ella está ahí fuera y no ha terminado. Así que cálmate de una pu*ta vez —dijo Rush en una voz severa y fuerte mientras sostenía mis brazos hacia atrás.



Respiré profundamente varias veces. Tenía razón. Estaba viva. Se acababa de ir. Se había ido. —Me dejó —dije, y mi voz se quebró.



—Sí, lo hizo. Pero no puedes destrozar toda tu casa. No va a traerla de vuelta y te estás saliendo de control. Tranquilízate. Yo sé lo que se siente. He estado allí. Perder el control no la hará regresar.



Rush había estado allí. Él lo sabía. Blaire lo había dejado una vez. Pero a ella la traicionaron. Ella tenía una razón para hacerlo. Yo no había dañado a Maite. Sólo la amé.



—No la dejé vivir —dije, levantando la mirada para ver directamente a Jace y Thad, que estaban manteniendo distancia de mí.



—Ella necesita un poco de espacio. Déjala tenerlo —dijo Rush.



—¿Cómo puedo seguir adelante? ¿Sin ella? ¿Qué hago?



Rush dejó escapar un suspiro y aflojó su agarre. —Te despiertas por la mañana y vas a trabajar. Sonríes cuando piensas que se supone que debes hacerlo. Pasas tu tiempo libre pensando en ella. Pensando en lo que vas a decirle cuando la veas de nuevo. Después vas a la cama y esperas dormir un poco. Entonces te despiertas y hace esa misma mier*da otra vez.



Me apoyé en la pared y bajé la cabeza. —¿Qué sucede si no vuelve? —No dijo nada al principio. Nos quedamos en silencio entre la destrucción.



—Entonces encuentras una manera de seguir viviendo —dijo Rush finalmente, y me di cuenta que era mi mayor temor. Que necesitaría encontrar una manera, porque tal vez Maite nunca regresaría.



—Ella era mi ir todo-o-nada —dije mientras miraba el taburete rota.



—¿Tu qué? —preguntó Jace.



—Maite era mi todo-o-nada. Ella era mi mano ganadora. No se puede jugar cuando vas todo-o-nada y pierdes. Estoy fuera.



—No, no lo estás. Esta mano todavía no se ha terminado —dijo Rush.



Tenía la esperanza de que tuviera razón.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Nov 28, 2015 12:34 pm

18

Maite

—¿Dónde estamos ahora? —Le pregunté a Tripp mientras me bajaba de la parte trasera de su moto, sin su ayuda esta vez.



—¿Qué has estado haciendo ahí atrás? ¿Dormir? Hemos pasado varias señales que anuncian nuestra llegada a la casa del rey—dijo Tripp mientras agarraba las maletas y se dirigía hacia el hotel para conseguirnos una habitación.



—¿El Rey? —pregunté, siguiéndolo.



—Sí,‖ya‖sabes…‖Hunka Hunka Burnin ' Love —dijo Tripp.



—¿Elvis? ¿Quieres decir que estamos en Memphis?



—Sí —dijo Tripp mientras abría la puerta del hotel y la sostuvo para que pudiera entrar. En nuestra primera noche había tratado de tener mi propia habitación, pero las pesadillas llegaron rápido y fuertemente. Desde entonces, pedíamos una habitación con dos camas y Tripp me ayudaba cuando las pesadillas se hacían presentes, que era casi todas las noches hasta el momento. Estábamos tan cansados de esta semana que la mayoría de las veces terminamos dormidos en la misma cama una vez que mis terrores cesaban, descansando de esa manera por el resto de la noche.



—Una habitación con dos camas —dijo Tripp a la dama, ella me miró, luego a Tripp y le dedicó una sonrisa coqueta. Obtenía muchas de esas sonrisas. Cuando las mujeres se daban cuenta de que no estábamos juntos empezaban a arrojarse a él. Él las ignoraba en su mayor parte. Algunas veces había unas chicas que no podía ignorar, coqueteaba de regreso y tomaba sus números, lo cual me pareció inútil, ya que no volveríamos. Pero él decía que podría volver algún día.til, ya que no volveríamos. Pero él decía que podría volver algún día.

Tripp tenía la llave de nuestra habitación y nos dirigimos hacia el ascensor. No tenía ganas de hablar mucho. Llamé a Braden temprano y me dijo que William aún no había llamado. Eso me molestó. Debería estar aliviada pero no lo estaba. Cuanto más tiempo estoy lejos de él sin que haya llamado a Tripp o Braden, más me daba cuenta de que esto era lo que William quería. En el fondo, le había dado su salida. No quería pensar en él con dolor. Logré funcionar cada día sabiendo que el dolor que iba acabar en mi corazón era algo que sufriría sola.



—Estás muy callada hoy —dijo Tripp cuando la puerta del ascensor se abrió y salimos al segundo piso. Eso era lo más alto que él iría. Tenía una cosa sobre estar demasiado alto en un hotel. Decía que si el lugar se incendiaba quería saber que no tenía demasiados tramos de escaleras que correr. Realmente no había pensado en eso pero al parecer él sí.



—Simplemente no estoy de humor para hablar —Le dije.



—¿La conversación con Braden estuvo bien? —preguntó.



Claro. Había ido bien. Ella no dijo nada de William. Sólo me preguntó dónde habíamos ido y lo que estábamos haciendo. Nada más. —Sí, fue bien.



Tripp abrió la puerta de nuestra habitación y me miró. —¿Está bien si salgo a tomar un trago esta noche?



Este‖fue‖el‖código‖para“¿Está bien si salgo a Oops! esta noche?”Él no sabía que ya lo había imaginado y prefería que nos mantuviéramos de esta manera.



Cada noche se iba a tomar una copa volvía a las dos de la mañana con olor a perfume. Habría sido un marido infiel horrible.



—Quiero pedir una pizza y ver televisión por cable. Anda, y haz lo que quieras —Le dije cuando entré en la habitación.



—Gracias —dijo dando un paso detrás de mí.



—No hay problema. Necesito una ducha. ¿Te vas a ir ahora?—Le pregunté, tomando mi bolso de sus manos y dirigiéndome al cuarto de baño.



—Sí, creo que sí.



—Nos vemos en la mañana —dije. Entré en el cuarto de baño y cerré la puerta detrás de mí. Esperé hasta que oí la puerta de la habitación del hotel cerrarse y el tiempo suficiente para irse antes de dejar que las lágrimas salieran. Las contuve durante horas. Llorar no hizo el dolor más fácil, pero para ese momento yo podría perderme en mi dolor. No tenía que ocultarlo. Podía dejarlo salir libremente.



En el fondo sabía lo que había hecho era lo correcto. Dejar que Will se fuera. Mi temor de que le haría daño ya no me obsesionaba. Él estaba bien. Estaba viviendo su vida e iba a encontrar a alguien que podría ser perfecta para él. Lo que tuvimos nunca iba a ser perfecto. El amor debe ser simple. Yo no soy simple.



William merecía alguien como Blaire Finlay. Él necesitaba una mujer a su lado que pudiera sacar una pistola y cuidar de sí misma. Una esposa que le pudiera dar bebés que él pudiera amar y saber que serían mentalmente sanos. El temor de que su madre pudiera romperse nunca debería estar ahí.



Nunca sería como Blaire. Yo quería ser más de lo que quería mi próximo aliento, pero eso nunca iba a suceder. No era la simple perfección de William. Algún día encontraría alguien más. Tal vez algún día yo encontraría la manera de ser feliz de nuevamente. Tal vez viviendo la vida me ayudaría a encontrar mi lugar.



Me negué a creer que iba a terminar dañada como mi madre. Podía ser que no tenía el material para ser esposa y madre, pero era una persona. Podría hacer algo. Una diferencia en este mundo. Sólo tenía que averiguar qué era ese algo. Pensar en Woods y su falta de interés en encontrarme no me estaba haciendo ningún bien. Llorar no me estaba sanando.



Había llegado el momento de curarme a mí misma. No necesitaba un hombre para sostener mi mano y apoyarme. Tenía que hacer esto por mi cuenta. William había querido ayudarme y yo quería a alguien a quien aferrarme.



Tripp y yo habíamos juntado nuestro dinero y conseguimos suficiente para una temporada, pero no iba a durar para siempre. Ya era hora de que él regresara a su lugar en Carolina del Sur y que yo me encontrara una vida. Una en la que viviera sola. Una en el que dependiera de mí misma.



Me levanté y encendí la ducha y me desnudé. Me lave mis lágrimas y no me permitiría hacer esto de nuevo. Había una valentía dentro de mí que iba a encontrar y nutrir.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Nov 28, 2015 12:36 pm

19

William

Me senté en mi balcón con una cerveza en una mano y el teléfono en la otra. Tripp llamaba cada noche a las nueve. Eso era lo único que me mantenía en mi sano juicio. Escucharlo contarme acerca de lo que ella hacía, lo que decía, y hasta lo que vestía, era la única manera en la que podía aferrarme a mis últimos jirones de cordura.



En el momento en que el nombre de Tripp iluminó la pantalla, le contesté.



—Hola, ¿cómo está? —No me importaba entablar una pequeña charla. Había decidido no encontrar a Tripp y romperle todos los miembros de su cuerpo cuando él me llamó por primera vez y me prometió mantenerme al día sobre Maite. Dijo que necesitaba tiempo para lidiar con las cosas y yo tenía que dárselo. Lo intentaba con todas mis fuerzas, pero quería ir con ella. Cada vez que él me decía la ciudad en la que se encontraban, me enfrentaba a la necesidad de lanzarme a un avión.



—Hoy estuvo silenciosa. No habló mucho y no podía esperar para deshacerse de mí. Está deprimida, pero esto es sólo una etapa más para ella.



—¿Dónde están ahora?



—Memphis.



—¿Están registrados en un hotel?



—Sí. Ella está en la habitación. Yo estoy fuera, dándole un poco de espacio.



¿Dándole espacio? ¿Sola, en una ciudad extraña? —¿En qué mier*da estás pensando? ¡No puedes dejarla sola! Si ha estado callada, puede que esté cerrándose en sí misma. No puedes dejarla sola. Necesitará a alguien que la traiga de vuelta. No puede...



—¡William! Cálmate, hombre. Cálmate. —La voz de Tripp era imponente.



—Ella no puede estar sola —le dije de nuevo cuando la emoción se alojó en mi garganta. Odiaba pensar en que esté sola.

—Tiene que estar sola. Tiene que llorar. Tiene que decidir si darte esa libertad que cree que necesitas va a ser posible. Su partida tiene todo que ver contigo, William. Ella no quería dejarte. Ya te lo he dicho. Te ama tanto que se fue para darte la vida que cree que tú quieres. Una en la que no tengas que lidiar con su mier*da. Así que, ahora que lo ha hecho, tiene que vivir con ello. Dale tiempo. Volverá.



Puse la cerveza en el suelo y me levanté. Agarrando la barandilla, cerré los ojos y luché contra el dolor. Sólo la quería a ella. Sólo a Maite. De cualquier forma en que pudiera tenerla, la quería. Nunca iba a estar completamente bien. No quería que estuviera sola. Quería que alguien la abrazara.



—Abrázala por mí. Abrázala con fuerza. No dejes que se sienta sola. No dejes que se lastime. Por favor.



—Voy a hacer lo que me permita hacer. Pero mis brazos no son los que ella quiere.



—Jo*der —gruñí mientras dolores intensos se envolvían alrededor de mi garganta.



—Sólo dale más tiempo —dijo Tripp.



Tomé varias respiraciones largas y tranquilizadoras. Tenía que volver con ella. No podía dejarla sola así. —Cuando colguemos, vuelve con ella.



Tripp suspiró. —Está bien. Pero yo tenía planes para esta noche. Hay una pequeña camarera sexy que me está mirando.



—¿Necesitas más dinero? —le pregunté. Había estado depositando dinero en su cuenta, desde la primera noche que llamó. Quería que ella estuviera en hoteles buenos y que comiera bien.



—Muy pronto se va a dar cuenta que nunca nos quedamos sin dinero. Sigo esperando a que note el hecho de que nos alojamos en la parte más bonita de cada ciudad y comemos en restaurantes de lujo en lugar de cadenas de comida rápida. Ella no es idio*ta.



—Me estoy aferrando a una maldita cuerda. Tus llamadas telefónicas y el hecho de que sé que está en buenos hoteles y come buena comida es la única mier*da que me mantiene cuerdo.



—Voy a ver si puedo convencerla de volver conmigo a mi casa en Carolina del Sur. Allí tengo una casa linda. Es segura y tengo un trabajo al que puedo volver. También puedo conseguirle un puesto para ella.



Yo sólo quería que volviera a casa.



—Haz lo que tengas que hacer, pero mantenla a salvo.



—La voy a mantener a salvo. Lo prometo.



—Tú la alejaste de mí —le recordé. No podía agradecerle.



—Ella me lo pidió. También soy su amigo.



—Me necesita.



—No, amigo. En este momento, necesita encontrar la fuerza dentro de sí misma. La fuerza que no cree poseer. Una vez que se dé cuenta de que no es una carga, volverá.



—Tiene que hacerlo —le dije, y luego puse fin a la llamada antes de que Tripp escuchara el dolor en mi voz.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Nov 28, 2015 12:38 pm

20

Maite

La pizza aún no había llegado cuando Tripp entró por la puerta. Estaba segura que iba a fo*llar con una extraña. —¿Estas de vuelta?



Se encogió de hombros. —Decidí que tendría pizza en lugar de una cerveza.



Algo ocurría. Él no elegiría la pizza en lugar de conseguir acostarse con alguien. Tripp era un poco como un prostituto. Me había dado cuenta de eso bastante rápido. A las mujeres le gustaba y a él le gustaban ellas enseguida... para dos o tres horas, luego se iba.



—¿Realmente por qué volviste?Tú nunca eliges la pizza por encima de… la cerveza.



Una sonrisa torcida tiraba de sus labios y cambió su mirada sobre mí. — Por cierto ya que acabas de decir cerveza, voy a asumir que sabes a lo que normalmente salgo cuando voy por un trago.



Ruedo mis ojos. —Eh, sí.



Tripp se hundió en el borde de la otra cama. —Bueno, esta noche estaba pensando en algo y consideré que podríamos necesitar hablar más de lo que necesitaba una cerveza.



No sabía cómo responder así que solo esperé.



El golpe en la puerta lo detuvo de ir más lejos.



—Pizza —dijo, poniéndose de pie y yendo a pagar la pizza. También había ordenado dos litros de soda. No era cerveza pero venía con el especial.



Me quedé viendo como colocaba la pizza en mi cama y agarró dos vasos plásticos que estaban al lado de la cubeta de hielo y nos sirvió una bebida. También había pensado que necesitábamos hablar, solo que no estaba segura de cuando tendríamos la oportunidad. Antes de alejarnos a Carolina del Sur, planeaba decirle que deberíamos volver.



—Meat Lover’s.Es como sisupieras que volvería —dijo.



—No. El especial de esta noche era una pizza de Meat Lover’s familiar y dos litros de soda por quince dólares. Me fui por el especial.



—Por suerte para mí —respondió.



—Habla, Tripp. Quiero saber que es más importante que la cerveza.



Tripp soltó una pequeña risa y tomó un trago de su refresco. Luego puso sus ojos verdes en mí. —Impaciente, ¿no es así?



No le respondí. Solo levanté mis cejas para dejarle saber que estaba esperando.



—Necesitamos volver a Carolina del Sur. Necesito volver a mi trabajo y puedo conseguirte uno a ti también. Tengo un lugar allí y será bueno para ti que te quedes en un lugar más de un día y pensar sobre algunas cosas.



No era lo que esperaba que dijera.



—De acuerdo —respondí.

Dejo de masticar. —¿De acuerdo? ¿Solo así?



Asentí. —Sí, solo así.



Terminó de masticar su pedazo de pizza y tragó. —¿Por qué siempre me sorprendes? ¿Todo el maldito tiempo? Pensarías que ya me habría acostumbrado para este momento.



Tomé otro pedazo de pizza y me encogí de hombros. Tampoco me había dado cuenta de que iba a ser tan fácil de tratar al respecto. No iba a quedarme allí permanentemente, por supuesto, pero podría trabajar allí un tiempo y ahorrar dinero. Entonces volvería al camino.



—Hay una cosa que quiero hacer primero —le dije.



—¿Qué?



—Ir a Georgia y ver a mi mejor amiga, Braden, y a su esposo Kent. No los he visto en mucho tiempo y me gustaría quedarme en su casa por un par de días.



Tripp asintió. —Suena bien. Puedo conseguir una habitación en un hotel de la ciudad y te puedes quedar con ellos.



—Estarían felices de que te quedes con ellos también —le asegure.



Tripp sonrió. —Sí, bueno, eso suena bien, pero honestamente me vendría bien usar un par de noches para tener algunas…cervezas.



La pequeña burbuja de risa fue rápida e inesperada. La sonrisa de Tripp se convirtió en una mueca satisfecha, y reí por primera vez desde que deje Rosemary.



***



Más tarde esa noche, solo había empezado a caer dormida cuando escuché a Tripp levantarse y caminar hacia el baño. Pensé que iba a tomar una ducha pero lo oí hablar con alguien. ¿Quién estaría llamando después de media noche? Luego escuché mi nombre.



Me deslice de la cama suavemente y camine de puntillas para así poder escuchar lo que decía.



—Ella necesita parar primero por la casa de una amiga en Georgia… Sí… Le dije que sí.‖ Demonios… Cerca de la playa Myrtle. Es‖ seguro. Lo juro…Probablemente necesita algo m{s,sí…Te‖llamaré…dije‖que te llamaría. Ve a dormir.



Corrí hacia la cama y me metí de vuelta en ella. ¿Con quién había estado hablando? ¿Había una chica donde vivía? ¿Había dejado a alguien atrás para ayudarme? No. Eso no podía ser. Se acostó con muchas mujeres. Tal vez solo era una amiga.



—¿Maite? —La voz de Tripp me sorprendió y casi respondí. Entonces me di cuenta de que comprobaba que yo dormía. No dije nada.



Debió haber sido una amiga preguntándole cuando estaría en casa. Pero el comentario de “seguro”,fue extraño. Cerré mis ojos y dejé que el cansancio me tomara. Pensaría sobre eso mañana.
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Re: WebNovela LevyRroni Simple Perfection(+18)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Nov 28, 2015 12:42 pm

21

William

Bajé la mirada a la lista de citas que Vince había puesto en mi escritorio esa mañana. Había estado posponiendo mucha mier*da porque no podía concentrarme en las últimas dos semanas, y ahora estaba retrasado. Mañana mi abogado estaría mandando las cartas a los antiguos miembros de la junta directiva para hacerles saber que ya no eran necesarios. Esperaba que todo se saliera de control, pero iba a dejar a mi abogado lidiar con los movimientos. No me encontraba de humor para ello.



―El señor Finlay está aquí para verlo, señor ―dijo la voz de Vince por el intercomunicador.



―Que pase ―contesté. Había llamado al padre de Rush, Dean Finlay, antes de que Maite se marchara. Pensé que si ponía a alguien en la junta que fuera una celebridad, entonces eso ayudaría con los miembros y el pueblo cuando escucharan de la nueva junta directiva. Además, Dean había puesto mucho dinero en el Club Kerrington y mi padre nunca lo había aprobado. Lo había reconocido porque no era un completo tonto, pero no le había gustado.



―Tengo que decir, William, que te ves bastante malditamente bien sentado en ese asiento ―Dean arrastró las palabras mientras se paseaba dentro la habitación. Apestaba a estrella de rock, desde su largo cabello a su cuerpo cubierto de tatuajes y sus muchas perforaciones. Incluso tenía delineador de ojos. El hombre era una leyenda y yo había crecido con él como padre de uno de mis amigos.



―Gracias, Dean ―dije, poniéndome de pie y llegando al otro lado del escritorio para estrechar su mano.



―Me conseguiste por unos treinta minutos. Luego voy a tener que volver a ese nieto mío. Tuve que dejarlo todo risueño y juguetón, y eso es jodidamente difícil de hacer. El chico es adorable.



―Sí, señor. Voy a hacer esto rápido ―le aseguré y le hice señas para que se sentara.



Dean se sentó en el sillón con reposabrazos de cuero y apoyó sus pies en el borde de mi escritorio.



―¿Qué pasa?



―Estoy dejando ir a los miembros de la junta directiva de mi padre. Eran confidentes cercanos de él, sin embargo, no me siento de la misma forma sobre ellos. No necesito de una junta con la que no puedo compartir mis ideas y en cuyas opiniones no puedo confiar. Estoy reemplazando a la junta con gente que quiero tenga participación en el futuro del club Kerrington.



Dean levantó una mano para detenerme, luego ladeó una ceja oscura.



―¿Estás diciendo que despediste todos sus culos engreídos?



Asentí.



Dean echó la cabeza hacia atrás y se rio a carcajadas. ―Maldición, esa es la Oops! más graciosa que he escuchado en mucho tiempo.



Si pudiera haber conseguido una sonrisa en estos días, habría sonreído entonces.



―Lo quiero en mi junta, señor. También le preguntaré a Rush, por supuesto.



Dean bajó los pies al suelo y se inclinó hacia delante, apoyando los codos en sus rodillas y me estudió un momento.



―¿Me quieres en tu junta directiva?



―Sí, lo hago. Mi grupo de amigos son todos jóvenes. Necesitamos sabiduría en la junta directiva y usted es el único hombre que conozco que querría que me aconsejara.

Una lenta sonrisa se extendió en el rostro de Dean. ―Estaré‖condenado.



Probablemente, pero no iba concordar con él. Solo esperé.



―Demonios, sí, voy a estar en tu junta. Mi nieto va a crecer en esta ciudad y el Club Kerrington y los miembros de aquí serán una gran parte de su vida. Quiero asegurarme de que tenga lo mejor.



Tenía la esperanza de que se sintiera de esa manera. ―Gracias, señor. Lo aprecio. Estoy honrado de que usted vaya a ser parte del futuro del club.



―Yo también ―dijo, echándose hacia atrás en su silla―. Pero, William, si vamos a hacer esto, entonces debes dejar de llamarme señor. Me hace parecer viejo. Salgo con chicas más jóvenes que tú, hijo.



Pude no haber sido capaz de sonreír, pero era divertido. ―Estoy seguro de que sí ―contesté.



―Eso fue bastante malditamente divertido. ¿Qué te pasa, muchacho? No parezco conseguir que sonrías.



No quería hablar de Maite con Dean. No lo entendería. Como había dicho, estaba con una chica diferente cada noche.



―Cosas personales. Estoy trabajando en ello.



Dean se frotó la barbilla, luego inclinó la cabeza mientras me miraba muy de cerca.



―Es una mujer. Esa mirada siempre es causada por una maldita mujer. No te molestes en negarlo. Puedo verlo por toda tu cara.



No lo admití pero tampoco lo negué. En su lugar, bajé mis ojos a la mesa y me desplacé por unos papeles. Tenía un contrato que Dean tenía que firmar y necesitábamos discutir su salario mensual, no es que él lo necesitara.



―¿Quién es ella? ¿Qué hizo? ¿Está metida bajo tu piel y estás listo para correr, o ya te tiene en su gancho y está tratando de dejarte ir?



Saqué el contrato, tomé mi pluma y lo empujé sobre la mesa. ―Ninguno de los dos. Necesito que firmes el contrato diciendo que todo lo que discutimos sobre el club es confidencial. Tu salario está registrado también.



Dean no se acercó para tomar el papel. Todavía se encontraba enfocado en mí. Comenzó a negar con la cabeza y dejó escapar un silbido.



―William hijo de pu*ta Kerrington está enamorado. Demonios, está claro como el agua. Tengo que llevar mi cu*lo de regreso a Los Ángeles. Ustedes los jóvenes se vuelven locos cuando ven una cara bonita. Hay muchos peces. Montones de malditos hermosos peces. ¿Por qué preocuparte por uno cuando puedes tenerlos a todos? Una morena el lunes y una pelirroja el martes, gemelas el miércoles, una rubia con grandes tetas el jueves, una belleza asiática el viernes y a su hermana el sábado, luego el domingo es cuando invitas a una de cada una y tienes una gran fiesta todo el maldito día. No hay necesidad de quedarte con solo una.



Ese era un discurso muy similar al que nos dio un verano cuando Rush nos llevó en un viaje por carretera para ver a Slacker Demon en Atlanta. Habíamos tenido, por supuesto, acceso tras vestidores y pasado el rato con la banda. Era la vida de Dean. En aquel entonces, yo había pensado que esa era una vida solitaria. Ahora que había tenido a Maite, sabía que definitivamente era una vida solitaria. No estaba interesado.



―Sólo quiero a la única ―le dije.



―Debe ser especial ―dijo y se inclinó hacia adelante para recoger la pluma―. No estoy firmando por mi vida o añadiéndote a mi testamento, ¿cierto?‖―preguntó.



―No, sólo estás de acuerdo en mantener confidenciales los negocios del club.



―No necesito el dinero. Ponlo en un fondo fiduciario para Nate. Rush lo creó.



Había esperado mucho. ―Sí, señor ―Su cabeza se levantó―.‖ Quiero decir, Dean ―dije, corrigiéndome.



Él asintió.‖ ―Mejor.‖ ―Luego se levantó y dio una palmada sobre la mesa―.‖Se ve bien en ti, muchacho. Se ve realmente bien en ti ―dijo, luego se dio la vuelta y salió de la oficina.



Tenía a Dean. Ahora necesitaba hacer mi siguiente llamada.
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