Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

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Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Jue Sep 24, 2015 11:31 am


Sinopsis:

¿Qué sucede cuando eres acosada por la Muerte? Te enamoras de él, claro. Maite Moore, de diecisiete años, ha estado viendo almas toda su vida. Desde que notó que los extraños que a menudo veía caminando a través de las paredes no eran visibles para los demás, comenzó a ignorarlos. Si fingía no verlos, entonces la dejarían sola. Hasta que salió de su auto el primer día de escuela y vio un chico increíblemente sexy descansando en una mesa de picnic, observándola con una mirada burlona en su rostro. El problema es que sabe que él está muerto.

No desaparece cuando ella lo ignora, pero hace algo que ninguno de los otros ha hecho nunca. Él habla. Maite esta fascinada por esa alma. Lo que no sabe es que su tiempo de morir se acerca y esa malvada y hermosa alma de la cual está enamorada no es una simple alma. Él es la Muerte y está a punto de romper todas las reglas.

Esta es la 1 de la Trilogia Existence.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por EsperanzaLR el Jue Sep 24, 2015 12:20 pm

Muchas Gracias Tami por compartirla es muy interesante
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por asturabril el Jue Sep 24, 2015 8:49 pm

Gracias Tami por compartirla I love you
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por SuenoLR el Vie Sep 25, 2015 5:07 am

Gracias!!
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por EsperanzaLR el Vie Sep 25, 2015 10:00 am

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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por andreaLR el Vie Sep 25, 2015 10:13 am

gracias amiga !!!! 
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Vie Sep 25, 2015 11:28 am

De Nada Amigas,Cuando Pueda La Subo.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por asturabril el Vie Sep 25, 2015 7:34 pm

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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por SuenoLR el Sáb Sep 26, 2015 3:54 am

cheers cheers cheers cheers cheers
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 10:59 am

No lo mires y él se irá. Cantaba en mi cabeza, mientras caminaba hacia mi casillero. Me tomó una enorme cantidad de fuerza de voluntad no mirar sobre mi hombro.

No  sólo  lo  alertaría,  podía  ver  que  era  inútil,  también  sería  estúpid***. Los  pasillos  ya  se  encontraban  llenos  de  estudiantes.  Aunque,  si  él  me hubiese  seguido  dentro  de  la  escuela,  de  todos  modos  lo  habría  visto  con bastante facilidad a través de la multitud de personas. Permaneció apartado, justo como todos ellos lo hacían, sin moverse y observando.

—¡Agh! ¿Has visto  a Leif? Quiero  decir, honestamente ¿Puede  ser  más caliente? Oh sí, sí que puede.  —Miranda Wouters, mi mejor amiga desde la escuela primaria, chilló mientras me agarraba del brazo.

—No,  no  lo  he  visto.  El  entrenamiento  de  fútbol  debe  de  haber coincidido  con  él.  —le  contesté  con  una  sonrisa  forzada.  No  me  podría importar menos cuán caliente podía lucir Leif Montgomery. Miranda entornó los ojos y abrió el casillero junto al mío.

—En  serio,  Maite,  no  entiendo  cómo  puedes  ser  tan  inmune  a  una persona tan intensamente sexy.

Logré una sonrisa genuina y deslicé mi bolso por encima del hombro.

—¿Sexy? Por favor dime que no dijiste sexy.

Miranda se encogió de hombros. —No soy un pozo sin fin de palabras descriptivas, como tú.

Me  atreví  a  echar  un  vistazo  por  encima  del  hombro.  Los  pasillos  se encontraban llenos de gente normal, gente que vive. Hablaban, reían, y leían sus horarios. Todo era muy real. Dejé escapar un suspiro de alivio. Este era el primer día de mi último año. Quería disfrutarlo.

—Entonces  ¿Qué  clase  tienes  primero?  —Pregunté,  relajándome  por primera  vez  desde  que  había  visto  al  chico  muerto  afuera,  apoyándose tranquilamente sobre una mesa para el almuerzo mirándome directamente.

—Tengo Álgebra II. ¡Agh! Disfruté tanto Geometría el año pasado. Odié Álgebra en primer año y ya puedo sentir las vibras negativas saliendo de mi libro. —El estilo dramático que Miranda tenía para la vida en general nunca dejaba de hacerme reír.

—Yo tengo Literatura Inglesa.

—Bien, todos saben que te encanta eso. Oh, mira, mira, mira ahí está él. —Miranda chilló en voz baja, mientras asentía con la cabeza hacia donde Leif hablaba con otros jugadores de fútbol.

—Odio  no  poder  andar por ahí y disfrutar de  Su  Alteza contigo, pero ésta es mi parada.

Miranda se volvió hacia mí, entornó sus grandes ojos marrones, y me dio un saludo antes de hacer su camino hacia Leif.

Los salones vacíos eran lugares que usualmente evitaba a toda costa.

Teniendo  en  cuenta  el  hecho  de  que  la  campana  no  sonaría  hasta cinco minutos más, esta sala, sin duda, permanecería vacía por los próximos cuatro minutos. Si me hubiera quedado en el pasillo, habría sido arrastrada por Miranda a donde Leif se rodeaba de sus escasos elegidos.

Yo sabía, sin duda alguna, que él no estaba interesado en hablar con Miranda. Hemos estado yendo a la escuela con Leif desde que teníamos once. Desde su traslado desde algún lugar al norte de la ciudad costera de Breeze, Florida, nunca nos había reconocido a ninguna. No es como si me importara. No era mi tipo. Caminé hacia la mesa más cercana a la ventana y puse mi bolso en el piso.

Un movimiento, por el rabillo de mi ojo, hizo erizar los vellos de mis brazos. Sabía que no debía quedarme en  esta habitación vacía. Pero ya estaba aquí, ahora y salir corriendo lo haría peor. Me volví para hacer frente a la misma alma que estaba afuera, sentado en una silla en la parte posterior del salón de clases con sus pies apoyados sobre el escritorio frente a él y los brazos cruzados casualmente sobre el pecho. ¿Cómo había sabido que podía verlo?

No le había dado ningún indicio. Normalmente, los fantasmas necesitaban una pequeña pista para darse cuenta que no era tan ciega como el resto del mundo. Algo era diferente con éste. Dejé caer mi mirada y empecé a darme vuelta. Tal vez debería ir con Miranda y el equipo de jockey que estaban en el pasillo. Si actuaba como si no lo viera y caminara de regreso al pasillo entonces él podría pensar que había cometido un error y flotar o caminar a través de una pared o algo así.

—Realmente no quieres someterte a tan inútil compañía ¿Verdad? —Una fría y suave voz rompió el silencio.

Agarré la silla de plástico duro a mi lado tan fuerte que mis nudillos se pusieron blancos. Luché contra un sorpresivo y pequeño llanto —casi un grito— en la parte de atrás de mi garganta. ¿Debería ignorarlo? ¿Debería responderle? Dejarle saber que su presentimiento era cierto podría no terminar bien. Pero ignorar todo esto iba a ser imposible. Él podía hablar. Las almas nunca antes me hablaron. Desde el momento en que me di cuenta que los extraños que con frecuencia me miraban o aparecían en mi casa vagando por los pasillos no eran visibles para nadie más que para mí, había comenzado a hacer caso omiso de ellos. Ver gente muerta no era una cosa nueva en mi vida pero escucharlos hablarme era definitivamente un nuevo giro.

—Te creía con más agallas. ¿Vas a decepcionarme también? —Su tono se suavizó. Había un acento familiar en su voz ahora.

—Puedes hablar—, dije mirándolo directamente. Necesitaba que supiera que no estaba asustada. He lidiado antes con almas errantes, porque eso me ha gustado pensar que son, toda mi vida.

Ellos no me asustaban pero prefería ignorarlos, de ese modo se marcharían. Si alguna vez pensaran que podía verlos, me perseguirían. Él continuó observándome con una expresión divertida en su rostro. Pude notar que su sonrisa torcida dejaba ver un solo hoyuelo. El hoyuelo no parecía encajar con su actitud fría y arrogante. Por mucho que su presencia me molestaba, no podía dejar de admitir que ésta alma solo podía ser etiquetada como ridículamente hermosa.

—Si, hablo. ¿Esperabas que fuera mudo.

Apoyé la cadera contra la mesa. —Sí, de hecho, eres el primero que ha hablado conmigo.

Frunció el ceño. —¿El primero?

Parecía genuinamente sorprendido de no ser la primera persona muerta que podía ver. Él era sin duda el alma más singular que he visto nunca. Hacer caso omiso de un alma que podía hablar iba a ser duro. Sin embargo, tenía que superar su capacidad y deshacerme de él. Hablar con amigos invisibles podría dificultar mi vida social.

Acabaría pareciendo una chica loca que hablaba sola.

—Maite Moore, este debe ser mi día de suerte. —Al escuchar mi nombre, me giré para ver a Wyatt Tucker entrando en el salón.

Forcé una sonrisa como si no hubiera estado hablando con una habitación vacía. —Creo que lo es—.

Incliné mi cabeza de regreso para encontrarme con sus ojos.

—Continúas creciendo ¿Cierto?

—Parece que no puedo detenerlo—. Me guiñó el ojo y luego colgó una de sus largas piernas sobre la silla en frente de la mía antes de sentarse.

—¿Dónde has estado este verano? No te he visto mucho.

Tuve la oportunidad de echar un vistazo atrás hacia el alma para encontrar una silla vacía. Una mezcla de alivio y decepción se apoderó de mí. Querer hacerle más preguntas no era exactamente una buena idea, pero no podía evitarlo. Le preguntaría lo que a otras almas antes, como, —¿Por qué me estás siguiendo?— o —¿Por qué puedo verte?— y siempre permanecían mudas. Muchas veces desaparecían cuando comenzaba a hacerles preguntas.

Volviendo mi atención de regreso a Wyatt, forcé una sonrisa antes de responder. —Estuve en Carolina del Norte todo el verano en el campo de caballos de mi tía.

Wyatt se reclinó en su silla y sacudió la cabeza. —Simplemente no entiendo por qué la gente querría irse todo el verano, cuando vivimos en una de las playas más bellas del mundo.

Para mí no había sido una elección en realidad, pero no quería explicarle el motivo a Wyatt o cualquier otra persona. Más estudiantes comenzaron a entrar en la habitación, seguidos por nuestro profesor de Literatura Inglesa, el Sr. Brown.

—Wyatt, ¿Cómo estás Slim?— Justin Gregory saludaba mientras se dirigía hacia nosotros. Dejó caer su bolso sobre la mesa al otro lado de Wyatt. Por ahora, la atención de Wyatt estaba fuera de mí gracias a la interrupción de Justin. Cuando me volví hacia el frente de la clase, mis ojos se volvieron a encontrar con el alma. Apoyado contra la pared directamente en diagonal a mi escritorio, se puso de pie, mirándome. Me fulminó con la mirada y pareció encontrar mi evidente aversión entretenida. Su hoyuelo apareció y yo odié el hecho de encontrarlo sexy. No era un ser humano, bueno, ya no lo era. Me tomó un gran esfuerzo retirar mi mirada, lejos de él y enfocar mi atención en el tablero donde el Sr. Brown había escrito nuestra tarea. Siempre había ignorado a esas fastidiosas almas antes y habían desaparecido. Tenía que superar el hecho de ésta podía hablar conmigo. Si no lo ignoraba estaría atrapada con él acechándome.
***
—Lo odio, me refiero a odiar de una forma importante—,  se quejaba Miranda mientras dejaba caer la bandeja del almuerzo en la mesa con un fuerte estruendo. —Si tengo que sentarme a lo largo de álgebra y química durante toda la mañana, uno pensaría que por lo menos podría haber una pequeña recompensa para la vista en una de mis clases. ¡Pero nooooo! Tengo a Gretchen con sus incesantes estornudos y a Craig con sus problemas de gases.

Me atraganté con mi sándwich y agarré mi botella de agua para tomar un sorbo rápido con el fin de tragar la comida. Una vez que me sentí segura de que no iba a ahogarme hasta la muerte,  levanté la vista hacia la cara preocupada de Miranda. —¿Tienes que decir cosas como esas cuando tengo la boca llena de comida?—Pregunté.

Ella se encogió de hombros. —Lo siento, sólo decía eso es todo. No era mi intención que te olvides de masticar la comida —. Ella me alcanzó con una mano sobre la mesa y apretó mi brazo. —Ahí va Su Perfección ahora. ¿Crees que va a salir otra vez con Kendra este año? Me refiero a que realmente tuvo una mala ruptura el año pasado con todo lo del engaño y esas cosas. Seguramente lo superó.
Di otro bocado a mi sándwich, sin querer contestar su pregunta. No me importaba con quien saliera Leif Montgomery, pero sí, estaba más que segura de que volvería con Kendra. Parecían ser "La Pareja de Oro".

Todos sabían esto y lo esperaban. Los de su tipo siempre estaban con otros a la altura de su nombre.

—Vuelve a meter la lengua dentro de tu boca, Miranda. Te ves como un perro que está muriendo de sed—. Wyatt se sentó frente a nosotras, lanzando una risita por su propia broma mientras Miranda le fruncía el ceño.

—Yo no tengo mi lengua colgando, muchas gracias.

Wyatt me guiñó un ojo y se encogió de hombros—. Lo parecía para mí. ¿Qué piensas Maite, se babeaba o qué?

Llené mi boca con otro bocado. No pensaba estar en el medio de esto. Wyatt se echó a reír cuando le señalé mi boca repleta. Miranda me dio un codazo en el costado.

—No te pongas de su lado. Él solo es malvado.

Con un largo sorbo de agua tragué mi comida, y luego miré fijamente a Miranda. —Ustedes pueden discutir todo lo que quieran pero yo no voy a meterme. Desde que decidieron llevar esto un paso más allá de la amistad el año pasado y todo se vino abajo a su alrededor, todo lo que quieren hacer es darse golpes bajos el uno al otro. No es mi pelea. Déjenme en paz—. Rápidamente di otro bocado a mi sándwich así no podía ser empujada a decir nada más.

Cuando ambos se den cuenta que se vuelven locos el uno al otro porque ninguno ha podido superar la ruptura, harán mi vida más fácil. Entonces sería la única soltera, una vez más. Mi novio, Jay Potts, se mudó hace meses y no he hablado con él incluso desde antes de ir a ver a mi tía este verano.

—¡No se trata de eso! No podría importarme menos que no pudiera mantener su lengua fuera de la garganta de Katie cuando yo no estaba mirando—, dijo Miranda con enojo.

—Yo no tenía mi lengua en la garganta de nadie, excepto la tuya, Miranda, pero no me crees y estoy cansado de defenderme—. Wyatt se levantó y tiró de su bandeja de comida sin tocar antes de alejarse.

—Imbécil—, ella murmuró, mirando como él se cambiaba de mesa. Odiaba verlos así. Los tres habíamos sido amigos desde el tercer grado. En aquel entonces, Wyatt había sido todo brazos y piernas. Ahora, se alzaba por encima de todos con un cuerpo largo y musculoso. Miranda no había sido inmune a sus repentinas cualidades del año pasado. Ahora, no lo soportaba.

—Escucha, Miranda, estaba pensando, que tal vez si los dos hablaran sobre lo que pasó sin que lo acuses, las cosas podrían funcionar—. Había intentado esto antes y ella siempre me ignoraba.

Efectivamente, ella comenzó a sacudir su cabeza haciendo que sus rizos castaños reboten adelante y atrás. —Yo sé lo que pasó, Maite. No quiero hablarlo con él. Es un gran mentiroso, un traidor—. Dio un mordisco violento a su manzana Granny Smith (1) y siguió mirando en dirección a Wyatt. —Míralo actuando como si encajara más en esa mesa. Quiero decir, realmente, ¿Quién se cree que es? Seguí su mirada. Wyatt estaba sentado recostándose en una silla, riéndose de algo que otro jugador de baloncesto estaba diciendo.

Todos parecían encantados de tener Wyatt en su presencia. Normalmente, se sentaba con nosotras. Este año las cosas serían diferentes. Suspiré, deseando no tener que ser la que señalara lo obvio a Miranda. —Él es el único en esta escuela que tiene cazatalentos universitarios que vienen a sus juegos de baloncesto para verlo jugar. Eso es lo que es. Leif puede ser el pez gordo en el campo de fútbol, pero yo no veo ningún cazatalentos universitarios llamando a su puerta. Puedes estar enojada con Wyatt, pero él pertenece a esa mesa más que nadie.

Miranda volvió su mirada sobre mí y al instante se transformó en una mueca. —Bueno, él puede ir a la universidad con una beca de baloncesto y engañar a todas esas animadoras, entonces. Debo advertirles—. Su voz había adquirido un tono de derrota mientras se ponía de pie y se dirigía hacia los cubos de basura. La miré, deseando poder encontrar una manera de arreglar esto entre ellos. Alguien se sentó a mi lado en la silla que Miranda acababa de abandonar. Me volví en mi asiento, casi esperando ver al alma. Imagina mi sorpresa cuando no era el alma no deseada, pero si el deportista arrogante.

(1) La Granny Smith o manzana verde de la Abuela Smith es una variedad de manzana creada artificialmente, proveniente de la hibridación entre las especies Malus domestica y M. sylvestris.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:06 am

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—Oye, Maite, el Sr. Yorkley dijo que tenía que venir a hablar contigo—. La voz de Leif pareció sacarme de mi conmoción momentánea. Si el señor Yorkley lo envió, él necesitaba algún tipo de ayuda académica. Sin embargo, no estaba segura de querer ayudar, ni tenía la intención de hacerle esto fácil. Me las arreglé para expresar un "¿Para qué?" y esperé en silencio. Leif se aclaró la garganta y se frotó las manos sobre las rodillas de sus pantalones vaqueros, como si estuviera realmente nervioso.

—Eh, eh, bueno—, empezó a decir—. Quiero decir, esto es, necesito algo de ayuda con la oratoria. No es lo mío y el Sr. Yorkley dijo que eras con quien debía hablar sobre cómo obtener un poco de ayuda—. Se quedó mirando al frente mientras hablaba. Ni siquiera me miró. Realmente no me gustaba este tipo. Finalmente volvió su mirada hacia mí. Estaba segura de que usaba esa expresión lastimosamente esperanzadora con las chicas todo el tiempo, con el fin de conseguir lo que quería. Mi estómago me traicionó y se estremeció afectado por sus suplicantes ojos azules de bebé. Odiaba que pudiera hacer que mi cuerpo reaccionara por él, de otra forma que no fuera para vomitar, por supuesto.

—Este es el primer día de clases—. ¿Cómo puedes necesitar ayuda, ya? —Le pregunté con una voz que esperaba sonara molesta—. Yo no era una chiquilla tonta que podía conmoverse por unos cuantos movimientos de sus largas pestañas, incluso si mi cuerpo no parece estar de acuerdo. Sin duda, me estaba imaginando el ligero rubor en sus mejillas.

—Um, si, lo sé, bueno el Sr. Yorkley y yo lo sabemos, pero voy a esforzarme—, dijo un poco a la defensiva. Leif había sido siempre un buen estudiante. Había estado en algunas clases con él.

—¿Porqué ambos piensan que tienes que esforzarte? Claramente, no tienes miedo de hablar delante de toda la clase.

Él negó con su cabeza y fijó la Mirada al frente otra vez—. No, no es así—. Esperé pero no dijo nada más.

Era interesante, me había intrigado.

—En realidad, simplemente no entiendo porque necesitas mi ayuda. Escribes ensayos para las tareas asignadas y luego los expones oralmente. Sencillo, sin ningún tipo de presunciones, ni rodeos o ecuaciones difíciles.

Volvió la mirada hacia mí con una sonrisa triste. —No es tan fácil para mí—. Hizo una pausa y actuó como si quisiera decir algo más, luego sacudió la cabeza y se puso de pie —No importa, olvida que te pregunté—. Lo vi pasar por delante de la mesa de su club de admiradoras y dirigirse afuera por las puertas dobles. Por un momento, experimenté una punzada de culpabilidad por ser tan dura con él. Había venido a pedir ayuda y yo básicamente acabe burlándome de él. Levanté mi bandeja, enojada conmigo misma por actuar como una Oops.'Oops' era parte de su descripción, no mía.

***

Mi mochila aterrizó en la mesa de la cocina con un golpe sordo, al anunciar mi regreso. Me dirigí a la nevera. El jugo de naranja en el que había trabajado tan arduamente ayer sonaba bien.

—¿Maite, cariño, eres tú? — La voz de mi mamá llamó desde el pasillo. Estaba acurrucada en un rincón de su oficina con una gran taza de café, escribiendo en su computadora. Yo no tenía que verla para saber esto. Mi mamá es escritora.

Ella vive detrás de su equipo.

—Si—, respondí. Antes de que pudiera servirme un vaso de jugo de naranja, el sonido de sus zapatillas dejándose caer contra el pisos de madera me sorprendió. Se trataba de un extraño acontecimiento. Rara vez se alejaba de su escritura cuando regresaba a casa de la escuela. Por lo general era cerca de la hora de cenar cuando me honraba con su presencia.

—Bien, me alegro de que vinieras directo a casa. Necesito hablar contigo y luego tengo que arreglarme—. Hizo un gesto a su camiseta holgada y vieja de Los Atlanta Braves (1). —Voy a cenar con Roger, pero no te preocupes, te dejo dinero para pedir una pizza—. Ella tiró de una silla para sentarse y su cara amable se puso seria. No era una buena señal. Esta seriedad era del tipo grave, lo reconocía pero raramente lo experimentaba.

—¿Qué? —pregunté mientras colocaba mi vaso sobre la mesa.
La espalda de mamá se tensó mientras se aclaraba la garganta.
La mirada con ceño fruncido de Estoy-Decepcionada-De-Ti apareció mientras bajaba la comisura de sus labios. Rápidamente me devané los sesos, intentando pensar en algo que podría haber hecho para molestarla, pero nada vino a mi mente.

—Recibí una llamada del Sr. Yorkley, justo en medio del capítulo quince.

Oh-oh, ella sabía de Leif. —¿El señor Yorkley? —pregunté, fingiendo que no sabía de qué se trataba. Mamá asintió con la cabeza y echó la cabeza hacia un lado como si estuviera estudiándome para ver si ella creía que yo realmente no tenía idea de por qué mi profesor podría llamar. La cabeza inclinada siempre me ponía nerviosa. Me preparé.

(1) Los Atlanta Braves (Bravos de Atlanta) son un equipo profesional de las Grandes Ligas de Béisbol con sede en la ciudad de Atlanta, Georgia.

Estaba a punto de dejarlo correr. Había sido un Oops, pero en mi defensa no era como si hubiera hecho algún daño. Me burlaba del rey gobernante, no de una persona con baja autoestima. —Al parecer, hay un muchacho que tiene una discapacidad de aprendizaje y le dijeron que te buscara para tutoría. Te inscribiste para dar clases este año para crédito extra. Mi pregunta es, Maite ¿Por qué no ayudar a un estudiante en tu escuela que lucha con algo tan serio como la dislexia? El muchacho, según me dijeron, tiene la oportunidad de dar una beca por sus habilidades atléticas, pero su discapacidad requiere recibir ayuda extra en ciertas clases. Se necesita a alguien que le ayude a poner sus discursos en un papel. Eso no parece mucho pedir. Dijiste que querías ser tutora este año.

—Explícame por qué elegiste decirle que no a este muchacho, y te lo digo ahora, más vale que sea bueno—. Ella se echó hacia atrás y cruzó los brazos sobre el pecho, en su postura de Estoy-Esperando.
¿Leif sufría de dislexia? ¿Era esto una broma? Yo había estado yendo a la escuela con él la mayor parte de mi vida. Chicas, incluida Miranda, sabían todo sobre él. Demonios, Miranda, una vez me había dicho exactamente donde estaba su marca de nacimiento.

No me importaba. ¿Cómo podría Leif Montgomery tener dislexia y ninguno saberlo?
Me acordé de Leif pidiéndome ayuda en la cafetería hoy y la forma en que me había comportado. La revelación de que Leif trataba con algo como la dislexia y se las arreglaba para tener tan buenas notas me molestó. No estaba segura por qué, exactamente, pero lo hacía. Me gustaba pensar en él como un deportista. Alguien que consiguió su popularidad de la noche a la mañana. Ahora todo lo que podía pensar era en el aspecto que tenía, cuando había venido a pedirme ayuda. Un nudo se formó en la boca de mi estómago.

Miré a mi mamá y negué con la cabeza lentamente —No tenía idea que él tenía un problema de aprendizaje. Siempre es tan arrogante y seguro de sí mismo. Estaba sorprendida que viniera a mí en busca de ayuda y de inmediato me pregunté por qué él, de todas las personas, necesitaría ayuda. Mamá se inclinó hacia delante en la mesa y su ceño fruncido se alivió un poco. —Bien, puedes mejorarlo. He criado una niña más compasiva que eso.

Asentí y alcancé mi mochila—. Lo sé, lo siento. Voy a arreglarlo.
Parecía aplacada. —No me gusta recibir llamadas de la escuela acerca de ti. Sobre todo cuando estoy escribiendo una intensa escena de asesinato.
Sonreí y puse el vaso en el lavavajillas antes de voltearme hacia ella.—Lo siento, voy a tratar de recordarlo. Um, asi que, ¿La segunda cita con este Roger?
Se ruborizó. Sí, y parece que somos capaces de hablar durante horas. Adoro su forma de pensar y ha viajado por todo el mundo. Mi mente siempre está girando cuando habla de lugares y cosas que nunca he visto—. Se encogió de hombros. —Me conoces, siempre estoy pensando en la historia detrás de todo.
Levanté las cejas y me acerqué a ella. —Y él es sexy.

Se rió, lo cual no era un sonido normal para mi mamá. —Oh, ahora no es por eso que me gusta. Es su forma de pensar y la conversación.
Me reí en voz alta. —Claro que lo es, mamá, sigue diciéndote esa mentira.
—Esta bien, es bastante atractivo.
—Mamá, él es sexy y lo sabes. Es cierto, es mayor pero aun así es sexy.
—No es viejo. Tiene mi edad.
—Exactamente.

Miré su intento de parecer lastimada antes de que cediera y se echara a reír. —Bien, soy vieja. Tu dinero estará en la encimera cuando estés lista para pedir una pizza.
Quedarme en casa sola no era algo que disfrutara.
Cuando estoy sola las almas que veo vagando sin rumbo me molestan. Especialmente desde que realmente había hablado con una, hoy. Resultaba más fácil recordarme a mí misma que eran inofensivas cuando eran mudas. Ahora, estaba un poco asustada. Una vez que cerré la puerta de mi dormitorio, agarré el celular de mi bolsillo y llamé a Miranda.

***

—A ver si he entendido bien—. Miranda se sentó en el sofá con un pedazo de pizza en la mano y una lata de refresco entre sus piernas, mirándome. —¿Leif "me-pones-tan-caliente-que-deseo-restregarme" Montgomery te pidió que lo ayudaras con su discurso y te negaste? ¿Estás tan loca como creo que lo estás? Quiero decir, en serio Maite, pensé que la locura que tan a menudo veo en ti, era solo para mostrar de forma superficial, y muy en el fondo tenías algo de sentido común.

Arrojé un pedazo de pizza en el plato delante de mí de la frustración. — Voy a arreglarlo en la mañana. No es como si hubiera asaltado un banco. Deja de hacer un gran problema de esto. Sé que me equivoqué. Realmente necesitaba ayuda y se inscribió para clases de apoyo. Si quiero el crédito extra, tengo que ayudar a todo aquel que me envíe el Sr. Yorkley.
Miranda entornó los ojos—¡Oh, Dios no lo quiera y envíe al hombre más caliente del Estado contigo! Quiero decir, por el amor de Dios, ¿Qué te pasa?
Era imposible no encontrar divertido su drama.

Miranda nunca dejaba de hacerte sonreír a las pequeñas cosas, haciéndolo todo un gran escenario dramático.
—Estaba equivocada por no ofrecerle mi ayuda. Supongo que mis prejuicios hacia los deportistas se interpusieron. Pero, no le voy a ayudar porque tú piensas que es caliente. Sólo estoy ayudándolo porque realmente lo necesita y me inscribí para ayudar a aquellos que lo necesitan.

Miranda rodó los ojos y se quedó inmóvil, sosteniendo la pizza en el aire entre el plato y la boca. —Espera ... ¿Podría venir a tu casa y todo eso? Porque, si es así quiero estar aquí también. Me puede notar y darse cuenta de que está perdidamente enamorado de mí, y luego podemos salir durante toda la escuela secundaria y después de la graduación, nos podríamos casar y yo ser la madre de sus hijos.
La soda se escapó de mi boca y cubrió mi plato todavía con pizza. —¿Qué? —sonrió encogiéndose de hombros antes de tomar un bocado de su pizza libre de refresco.

—Para empezar, es necesario terminar la universidad antes de siquiera pensar en casarse y tener hijos. Y NO, no va a venir por aquí. Incluso si fuera a hacerlo, no te permitiría venir después de ese comentario descabellado. La última cosa que quiero hacer es arreglar algo entre mi amiga y un chico con el que está fantaseando sobre casarse y tener hijos, recién salidos de la escuela secundaria.
Miranda suspiró con la derrota y me hizo un puchero enojada era buena con eso. — No eres divertida, Maite, no tiene gracia en absoluto.

Entonces ¿Por qué sigues aquí? —pregunté.
—¡Porque te quiero!
—¡También te quiero!
Miranda se puso de pie. —No me gusta dejar la intimidad caliente de esta conversación, pero tengo que hacer pis. —saltó levantándose del sofá y se dirigió por el pasillo hacia el baño. Siempre aguantaba hasta el último minuto. Solía pensar que cambiaría a medida que fuera creciendo, pero no lo había hecho. Cuando decidía que necesitaba ir al baño siempre era una carrera precipitada.

—Interesante amiga la que tienes ahí. Es realmente bastante entretenida—. La pizza que había estado llevando a mi boca cayó de mis manos a mi regazo. Reprimí un grito en mi garganta. Él me sorprendió, pero reconocí la profunda voz con acento sureño. El alma se sentó en una de mis sillas. Simplemente genial. El chico muerto, realmente sexy y aún escalofriante-porque-puedo-hablar debió haberme seguido a casa.

—¿Porqué estás aquí? —demandé en voz baja, deseando que me dejara en paz de una vez y se fuera a vagar por la tierra a otro lugar. La intensidad de su firme mirada hizo que mi pulso saltara de los nervios, o tal vez una mejor descripción sería... miedo.
—No puedo decirte eso. Todavía no es el momento. Pero, puedo asegurarte que por lo pronto no me voy a ir a ningún lado.

Después de un vistazo rápido para ver si Miranda volvía, lo miré.—¿Por qué? Si no hago caso de los-asuntos-de-las-almas siempre se van.
Frunció el ceño, se inclinó hacia delante y me estudió con atención. —¿Qué quieres decir con —asuntos de las almas—?

No me sentía muy segura en el suelo mirándolo hacia arriba, empujé la pizza fuera de mi regazo y me puse de pie para poder estar a la altura de sus ojos. —No eres especial. He estado viendo fantasmas, almas, espíritus o cualquier cosa que sean, toda mi vida. Están por todas partes. En mi casa, en la calle, en las tiendas, en las casas de otros, puedo verlos. Simplemente los ignoro y se van.
Poco a poco, se puso de pie y dio un paso hacia mí. Su altura era intimidante, pero su cercanía me hubiera hecho retroceder, incluso si hubiera sido de menor estatura. —¿Puedes ver almas?


—¿Puedo verte, no?
Asintió lentamente. —Si, pero soy diferente. Se supone que debes verme. Es más fácil de esa manera. Pero a las otras… no se supone que las veas.
La puerta del baño se abrió con un click. Giré mi cabeza para ver volver a Miranda con una sonrisa en el rostro. —¿Estabas hablando sola?

Me encogí de hombros y forcé una sonrisa. —Mmm, si.
Se rió y volvió a sentarse en el sofá. Tomé aire estabilizándome y luego miré hacia atrás al alma que había regresado a la misma silla de mimbre blanco de la cocina, y estaba mirándome. La única manera de que pudiera terminar esta conversación y conseguir que se fuera sería... enviando a casa a Miranda. Hablar con un alma que ella no podía ver, no iría muy bien. Mi capacidad de ver las almas no era algo que hubiera compartido con ella y no tenía intención de empezar a hacerlo.
El alma parecía estar esperando a que tomara una decisión.

La idea de estar a solas con él me asustaba. Puede que sea sexy, pero estaba muerto y me había seguido a casa. Escalofriante no era suficiente para empezar a describirlo. Hacer que Miranda me deje aquí no estaba en los planes de esta noche. Puse un poco de distancia entre el alma y yo caminando hacia el sofá para sentarme junto a Miranda. —¿Quieres ver The Vampire Diaries? (2) Tengo los dos últimos episodios grabados— pregunté, con la esperanza de que él entendiera la indirecta y desapareciera.
—¡Oh! Si, me lo perdí la semana pasada.

Agarré el mando a distancia, seleccionando los programas grabados en mi lista de DVD e hice click. Tenía que dejar de pensar en el tipo muerto dentro de la habitación. Después de al menos diez minutos de escuchar a Miranda suspirar por Damon y quejarse de Elena, contuve la respiración y casualmente eché un vistazo en su dirección. La silla donde había estado sentado ahora se encontraba vacía. Dejé escapar un suspiro de alivio.

(1) Los Atlanta Braves (Bravos de Atlanta)son un equipo profesional de las Grandes Ligas de Béisbol con sede en la ciudad de Atlanta, Georgia.

(2) The Vampire Diaries es una serie de televisión estadounidense de género dramático, creada por Kevin Williamson y basada en la saga de L. J. Smith.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:09 am

***

Durante toda la mañana había estado repitiendo exactamente lo que le iba a decirle a Leif. No estaba segura si debía decirle que sabía acerca de su dislexia, o si debería decirle que podía comenzar tan pronto como estuviera listo y omitir la explicación. También me preparé para que me dijera que ya no necesitaba mi ayuda. Si ya había conseguido otro tutor entonces todo este lío se habría acabado. No me vería obligada a ayudar a alguien que no me gustaba, pero sería un problema para mi crédito extra. De cualquier forma, perdería en esta situación.

Esto tampoco era algo que quisiera hacer con Miranda a mi lado, batiendo sus pestañas y riendo cuando él hablara. El tiempo sería de suma importancia. Después de Química, esperé en el pasillo para que saliera de la única clase que compartíamos este semestre. Por suerte, caminaba solo.

—Mmm, Leif, ¿Podría hablar contigo un momento?—, le pregunté tan pronto como salió por la puerta. Me miró y el ceño aumentó de inmediato arrugando su frente. Parecía estar pensando seriamente en alejarse e ignorarme cuando, en su lugar, dio media vuelta y se encaminó hacia mí deteniéndose justo en frente. Apoyado contra la pared, cruzó los brazos delante de su pecho y esperó. Tuve la sensación de que no iba a hacerme esto fácil.

—Respecto ayer, lo siento, fui muy grosera con lo de ayudarte. Me anoté para dar clases por el crédito extra y no debería haberte tratado de la manera en que lo hice. —Me detuve y vacilé, esperando que dijera algo. Él no se movió, o siquiera actuó como si fuera a responder. Tomé una respiración profunda y me recordé a mí misma que era mi culpa. —Si todavía quieres que sea tu tutora,  me encantaría ayudarte —Concluí, no realmente feliz, pero sonaba como lo más correcto para decir. Su mirada silenciosa empezó a ponerme nerviosa. Parecía aburrido. Puse en práctica todo mi autocontrol para no enojarme con él y alejarme. Recordé exactamente lo grosera que había sido ayer y logré seguir esperando pacientemente por su respuesta. Se enderezó y miró por el pasillo por encima de mi hombro, como si en realidad no estuviera considerando lo que había dicho.

Justo cuando estaba segura de que no quería mi ayuda, concentró su expresión aburrida en mí y preguntó —¿Te estás ofreciendo debido al Sr. Yorkley? ¿Te pidió que hicieras esto?
Pensé en las palabras de mi mamá ayer y me pregunté. Si ella no hubiera insistido en que hiciera lo correcto ¿Estaría ofreciéndole ahora mi ayuda? Este popular,  talentoso, y adorado chico me había confiado su secreto. No me gustaba. Diablos, no lo conocía, pero por alguna razón quise ayudarlo.

—Actué como lo hice, porque simplemente no me gustas. Me equivoqué y, sinceramente, ni siquiera te conozco lo suficientemente bien como para formarme una opinión de ti. Te estoy ofreciendo mi ayuda porque lo necesitas. Eso es por lo que me anoté y por eso estoy aquí.
Parecía estar pensando en lo que dije por un momento y luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Así que... no te gusto ¿Eh?
Me puse un poco más derecha y tiré de mis libros más cerca de mi pecho en actitud defensiva. Sorprendentemente, era algo difícil ser la destinataria de una de sus encantadoras sonrisas.
Sobre todo después de que acababa de admitir que no me gustaba. ¿Por qué tenía que ser tan frustrantemente lindo? Di una pequeña sacudida de la cabeza y se rió entre dientes—. Bueno, puede que tengamos que trabajar en cambiar tu opinión—. Se puso su mochila más arriba sobre el hombro y esbozó una sonrisa más.— Te veré más tarde.

Se marchó, dejándome un poco nerviosa Luché contra la urgencia de dar la vuelta y verlo alejarse. Un lento sonido de aplausos, me sorprendió y di media vuelta para encontrarme con el alma apoyada en los casilleros con esa maldita sonrisa torcida.

—Impresionante. Una mujer con las agallas suficientes para admitir que puede estar equivocada, pedir disculpas y ofrecerse a corregir la situación.
Puse los ojos en blanco y suspiré, sabiendo que el pasillo no estaba completamente vacío, así que la respuesta no sería posible —Aléjate de mí. —siseé de todas formas, antes de volverme y caminar en dirección a la cafetería.

3

Quedé de pie en mi sala de estar, frustrada por perder el control de la situación en mi encuentro con Leif. Había ido a la biblioteca preparada para cumplir con nuestra tutoría programada e incluso había hecho notas en el libro de mano que el Sr. Yokley les dio a todos los tutores. Me encontraba en el problema de crear un programa para usar con Leif, haciendo notas de los días y horas de nuestras sesiones. Escribí instrucciones para él sobre que llevar y como tomar notas en clase. Todo parecía tan cortante y seco. Aun así, nada salió como estaba planeado. No había tomado en consideración que estudiar con Leif en el último período seria imposible dado que todos los jugadores de fútbol americano deben reportarse en el campo en el último período. Tampoco había pensado en sus prácticas de la tarde y en el trabajo en la tienda de surf de su tío al atardecer. El timbre sonó antes de que pudiera enojarme más por que nada iba en la forma en que lo había planeado. No pude quitarme la irritación mientas abría la puerta.

Leif sonrío compungido. —Realmente lo siento sobre esto. Me siento mal por que tengas que trabajar de acuerdo a mi agenda. Sé que a las siete es tarde y, bueno, lo siento.

La indignación que me había arreglado para sentir mientras pensaba en tener que trabajar alrededor de Leif se evaporó. Parecía sincero y un poco nervioso. Esta no era la forma en que esperaba que actuara. ¿Dónde estaba su arrogancia? ¿Siempre era tan amable? Seguramente no. El tipo había salido con la perversa bruja de la costa sureña por dos años. Di un paso atrás para dejarlo entrar.

—Está bien. Pasa y siéntate en la mesa, nos traeré algo para beber. Te gusta la cerveza sin alcohol? —pegunté, caminando hacia el refrigerador así no tendría que mirarlo.

—Eso es genial, gracias.

Me tomé mi tiempo, sacando las sodas del refrigerador y abriéndolas antes de caminar de regreso a la mesa de la cocina. Esta sería la primera vez que había hablado realmente con Leif más allá de las breves conversaciones de ayer y hoy.

—Traje el programa de clase y todo lo que se espera en este curso. Tengo una semana antes  de que el primer discurso sea dicho y necesita ser sobre algo en lo que me sienta fuerte.

Muy bien. Yo era una tutora. Podía hacer esto. Él era solo otro estudiante que necesitaba mi ayuda. —Así que, necesitamos decidir que te apasiona —Se rio entre dientes y levanté la vista —. ¿Qué? —pegunté cuando vi su expresión divertida.

—¿Qué me apasiona?

Rodé mis ojos y sostuve el programa de estudios —. Ya sabes, algo con lo que te sientas fuerte. Como tu propósito o plataforma.

Asintió con su risa divertida aún en su lugar. —Apasiona, me gusta eso. Pensemos en algo que me apasiona.

Esto no debería tomarle mucho para darse cuenta. Algún tema relacionado con el fútbol americano o problemas en el deporte tenía que estar dando vueltas en su cabeza. Estiré la mano para abrir la portátil. —¿Tienes alguna idea? —pregunté.

Aparentaba estar muy compenetrado en su pensamiento. Me sorprendió un poco. ¿Cuán compenetrado puede volverse uno si se trata de futbol americano? —La importancia de la adopción.

Comencé a escribir su respuesta mientras sus palabras lentamente se hundieron. ¿Adopción? ¿Quería escribir sobre adopción? —Muy bien —repliqué preguntándome si iba a explicar con detalles porque quería discutir esto. Estuve completamente de acuerdo con el, pero, cómo podía Sr. Popular ser apasionado sobre algo tan importante?

Estudiaba el bolígrafo en su mano y lo deslizaba hacia atrás y hacia adelante entre sus dedos. Podía decir que él estaba decidiendo como explicarme porque quería hablar sobre adopción. Así que me las arregle para mantener mi boca cerrada y esperar. Finalmente me miro. —Fui adoptado después de vivir en hogares de acogida por cinco años. Había dejado de tener la esperanza de tener una familia para el momento en que cumplí nueve porque la mayoría de la gente quiere bebés. Se me dio una oportunidad con la que la mayoría de los huérfanos de nueve años solo sueñan.

Si él simplemente me hubiera hablado en un fluido chino no hubiera estado más sorprendida. ¿Adoptado? ¿Leif Montgomery? ¿En serio? —Oh, wow, no tenía idea. Yo, uh, puedo ver porque este sería un tema importante para ti —Cuando había dicho que no conocía a Leif Montgomery, no me había dado cuenta cuan precisas eran mis palabras. El pequeño niño en un hogar de acogida sin padres y una dificultad de aprendizaje no parecían encajar con el tipo que caminaba por los pasillos de Harbor High como el rey actual. Las cosas acerca de Leif que me desagradaban ahora parecían logros impresionantes. ¿Era posible que lo hubiera etiquetado incorrectamente? Los atletas superficiales no superaban la adversidad ni lograban las cosas que Leif había logrado. Lo había etiquetado, sin siquiera conocerlo. El hecho de que las chicas se volvían tontas con él y que cada chico quería ser él, no lo hacían un Oops. La única Oops en la habitación resulto ser la elitista y prejuiciosa mujer. Yo.

—Escuchaste la parte donde soy adoptado, ¿verdad? —Su voz rompió mis pensamientos y lo miré confundida. Una sonrisa tiró de sus labios —Te ves muy perturbada. Pensé que quizás te perdiste el final feliz.

—Lo siento. Es solo, bueno, no esperaba eso. Me sorprendiste un poco.

Se inclinó hacia atrás en su silla. —Me parece que tienes un montón de ideas en lo que a mi respecta. Seguro pensaste mucho en alguien que no te gusta demasiado.

Mi rostro se calentó y sabía que estaba convirtiéndome en una brillante gama de rojos. —¿Quién sabe Maite? Quizás te guste antes de que termine esto.

***

Nos tomó tres noches consecutivas de tutoría tener su discurso listo. También me tomo solo tres noches para darme cuenta que realmente me gustaba el mariscal estrella de Habor High. Leif Montgomery no era nada parecido a como siempre lo había asumido. Aún me sentía culpable por el estereotipo en que lo había ubicado. Sin embargo, aunque estábamos pasando dos horas juntos cada atardecer, nada cambio en la escuela. A pesa de que Leif sonreía y asentía cuando nos cruzábamos en el pasillo, no llevábamos la fácil amistad que parecíamos tener durante las tutorías a la vida diaria en la escuela.

—K, así queeeee,  aquí está la cosa, Wyatt y yo estuvimos hablando un poco y me pidió ir al Baile de Bienvenida. Eso significa que tendrás que buscar una cita y venir también. Sé que planeamos ir al cine esa noche pero buenoooo…

Miranda sacudió sus pestañas hacia mí a través de la mesa. —Estoy encantada de que tú y Wyatt hayan vuelto. Odiaba que estén enojados entre ustedes.

—Yo también. Apestaba, ¿no? —intervino Wyatt, mientras tomaba asiento a lado de Miranda. Ella se inclinó sobre él y de repente, me sentí un poco dejada de lado.

—Y Maite necesita una cita para el baile. No podemos ir sin ella —dijo Miranda sonriéndole a Wyatt.

—Estoy bastante seguro de Maite puede conseguir una cita si quiere una —Mordió su hamburguesa. Sabía que intentaba hacer lo posible para frenar las ideas de emparejarme de Miranda. Le di una sonrisa agradecida.

—Realmente no hay nadie con quien quiera ir —Esto era una mentira y lo sabía. Me obligué a no mirar la mesa de Leif porque hacerlo me delataría de inmediato. Wyatt, sin embargo, miró hacia la mesa de Leif y luego a mí con una sonrisa burlona. Por suerte, Miranda se perdió su sutil insinuación y Wyatt decidió no verbalizar sus pensamientos. Miranda enterándose de mi interés por Leif era la última cosa que necesitaba.

—Pero no será divertido sin ti —Miranda hizo puchero. Tomé otro trago de mi té. No quería discutir con ella sobre esto —. Vamos, Maite, han sido seis meses desde que Jay se fue. Lo extrañamos también, pero él se mudo. Necesitas tener citas de nuevo.

Era la primera vez que la mención de mi antiguo novio no me ponía triste. Había comenzado a salir con él en mi noveno grado y él había sido un alumno de decimo primer año. Después de la graduación este pasado Mayo se fue a la Universidad y sus padres se mudaron a otro estado. Ambos acordamos que una relación a distancia seria muy difícil y rompimos. Al principio, había estado perdida. Había asumido que debía ser el corazón roto. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que extrañaba la comodidad de nuestra relación. En el fondo, habíamos sido solo muy buenos amigos. Nos gustaban las mismas cosas y nos preocupábamos por lo mismo .

—No es por Jay. No he conocido a nadie que me interese.

La sonrisa de Wyatt se hizo más grande mientras le daba otro mordisco a su hamburguesa. Si él no fuera cuidadoso le estrangularía esa sonrisa tonta de la cara.

Miranda hizo una mueca de desagrado. —Es una lástima que pases cada noche con Leif Montgomery y que ni siquiera te guste. Simplemente no lo entiendo.

Wyatt levantó las cejas hacia ella y frunció el ceño. —Qué estás diciendo, Miranda?

Ella frunció los labios y trató de parecer seria. —Oh, basta, Wyatt, sabes que te amo —Él se agachó y le dio un beso en los labios antes de regresar a su comida. Ella giró su
atención hacia mí con una sonrisa tonta en la cara y quise reír —. Sólo estoy diciendo que si pudieras ver más allá de tu desagrado hacia él, sería una gran oportunidad.

Pensé por un minuto acerca de seguir dejándola creer que realmente no me gustaba Leif. De alguna manera me parecía injusto con él. No se merecía mi disgusto y dejar que otros creyeran que no me gustaba era incorrecto.

—No me desagrada Leif. No es como yo pensaba. Estaba equivocada acerca de él. Sin embargo, tampoco estoy caliente por él —Miré a mi bandeja con un poco de miedo de que Miranda pudiera haber conseguido leer entre líneas, pero en cambio parecía un ciervo encandilado por los faros. Ella no estaba enfocada en mí, su mirada estaba centrada en algo o alguien detrás de mí.

—Bueno, me alegro de saber que no estas caliente por mí. Una preocupación menos en mi mente.

Cerré mis ojos con fuerza, esperando solo haber imaginado la voz de Leif. Su hombro rozó el mío mientras se sentaba a mi lado y lentamente abrí los ojos para ver a un muy divertido Wyatt mirándome. Me aclaré la garganta y forcé una sonrisa que no sentía, antes de darme vuelta para mirar a Leif.

—Hola —le dije simplemente y él se echó a reír, empujando mi hombro con su brazo.

—Relajate, Maite, está bien. Soy consciente de que odiabas mis entrañas y he tenido la revelación de los dioses de que no soy tan malo después de todo. Es genial —Me resistí las ganas de suspirar de alivio.

—Así que, qué te trae a las mesas de la clase baja? —preguntó Wyatt, sonriendo a su propio humor.

Leif lo miró y levantó una ceja con sorpresa. —Oh, te refieres a que esto es la clase baja? No tenía ni idea. Tiene el atleta estrella que ser guiado por universitarios —señalando a Wyatt —, su novia —señalando a Miranda —, y la reina del Baile de Bienvenida del año pasado —dijo, volviéndose hacia mí.

Rodé mis ojos, —Eso fue sólo por mi cita y lo sabes.

—No, no lo sé.

Sabía que estaba ruborizada y lo odiaba. Mi mirada se encontró con la de Miranda y me di cuenta de que estaba absorbiendo cada palabra. Esto no era bueno. No iba a extrañar a mis mejillas rosadas —. Qué es lo que necesitas? —le pregunté, tratando de no parecer grosera.

Sonrió como si pudiera leer mi mente. —Quería decirte que obtuve una A en mi discurso.

—Eso es maravilloso. Es un discurso muy bueno. Pusiste algunas grandes cosas en el.

—Sí, pero no podría haberlo hecho sin tu ayuda.

Sonreí y miré hacia mi comida. No le había contado a nadie, incluida Miranda, acerca de la dislexia de Leif o su adopción. Esas no eran mis historias para contar.

—Vienes al juego de esta noche? —preguntó, y lo miré sorprendida por la pregunta.

—Um, no, probablemente no.

Frunció el ceño, y luego asintió con la cabeza y se levantó. —Bueno, gracias de nuevo y creo que te veo el lunes, entonces.

—Está bien. Buena suerte esta noche —le contesté. Había herido sus sentimientos que yo no fuera al juego? Me giré de nuevo en mi asiento y Wyatt negó con la cabeza.

—Qué? —pregunté.

—El pobre tipo no está acostumbrado a ser derribado —dijo y tomó un trago de su leche.

—Derribado? —le pregunté, confundida. Colocó la caja de leche de nuevo en su bandeja y me miró con una expresión seria, rara vez vista en el rostro de Wyatt.

—Quería que fueras a su juego y dijiste que no.

Fruncí el ceño tratando de recordar si él me pidió que fuera. Estaba segura de que él me preguntó si planeaba ir. Ni una sola vez me pidió que fuera. —No, no lo hizo.

Wyatt se echó a reír y sacudió la cabeza. —Salir con Jay te arruinó. La mayoría de las veces la gente no sale con alguien exactamente igual a ellos. Tú entendías a Jay, porque, como tú, era
directo y serio. No todos los chicos, no, la mayoría de los chicos, no son así —Asintió con la cabeza hacia donde Leif estaba hablando con Kendra —. Te estaba invitando, confía en mí — Wyatt se alejó y miré de regreso a Leif.

Kendra giraba su largo cabello rubio alrededor de su dedo mientras sonreía hacia él. Hace apenas una semana, hubiera pensado que él se merecía a alguien tan superficial y hermosa.
Ahora, lo conocía mejor. Miró hacia arriba y me sorprendió mirándolo. Sus ojos parecían decir algo que no entendía, pero antes de que pudiera averiguarlo ellos cambiaron  y adquirieron una
expresión educada. Volvió su atención a Kendra. Confundida y un poco molesta, agarré mi bandeja y comencé a pararme. Comencé a decirle a Miranda que la vería más tarde cuando me di cuenta de que me estaba mirando con la boca ligeramente abierta.

—Qué? —le pregunté, un poco a la defensiva, porque sabía por la expresión en su cara que lo había descubierto.

—Te...gusta...él —dijo lentamente, como con asombro.

Rodé los ojos y me reí. —No del todo —Agarré mi bandeja y me dirigí a la basura, lejos de los ojos conocedores de Miranda.

***

—Las chicas de tu edad normalmente no salen y hacen cosas en el fin de semana? —Esta vez no fui capaz de detener el grito de sobresalto que estalló de mi boca. Por suerte mi mamá no estaba en casa para oírme. Me di la vuelta para encontrar al alma parlante sentada en mi cama, mirándome.

—Podrías POR FAVOR dejar de aparecer de la nada y asustarme jodidamente! Y qué estás haciendo en mi habitación? Vete! —Le arrojé la camisa que había estado a punto de colgar en el armario como una buena medida. Esto se estaba poniendo viejo. Tenía que dejar de seguirme.

Una de sus oscuras cejas se levantó. —Tú  no eres normalmente tan irritable.

Gruñendo en voz alta, me acerqué a mi ventana, la abrí, y luego me volví hacia él. —Vuela lejos por favor. Mantente fuera de mi habitación. Podría haber estado desnuda!

Una risa profunda causó un calor extraño a través de mi cuerpo. Parecía tener mareos pero apenas. —Quieres que vuele lejos? Eso es lindo.

No quería ser linda, pero parecía que ya no podía seguir estando enojada tampoco. Algún extraño letargo se había apoderado de mí. Su risa había causado este calor relajante en mi cuerpo?

—No, no exactamente, pero tengo la capacidad de controlar la ansiedad o él pánico. Mi risa no tuvo nada que ver con eso.

Acaba de leer mis pensamientos o he dicho eso en voz alta? Parecía encontrarme divertida si la sonrisa de su cara era alguna indicación. Otra razón por la que debía estar furiosa con él.
Estúpido tipo muerto parlante.

—Si vale de algo siento haberte asustado. No era mi intención, pero si hubiera aparecido en frente de ti, de pie en tu armario, hubiera sido eso menos terrorífico?

Pensé en él apareciendo en frente de mí y una pequeña risa escapó de mis labios. Él estaba en lo cierto. Probablemente me hubiera desmayado. Pero podría haber tratado de golpear la puerta o algo así. Espera, podrían golpear puertas los fantasmas o sus puños simplemente la traspasarían?

—Veo tu punto —respondí y comencé a cerrar la ventana, y luego decidí no hacerlo. Me hizo sentir más segura si estaba abierta —. Por qué estás aquí? —pregunté.

—Por qué estás aquí? —respondió. El tipo quería evadirme hablando en clave?

—Yo vivo aquí.

Se encogió de hombros. —Sí, pero eres joven. Tienes amigos. Es el fin de semana. Sé que están afuera pasándola bien así que por qué estás aquí?

Genial, ahora el alma parlante quiere ser entrometida. —No estoy de humor para salir.

—Debido al jugador de fútbol?

Qué sabía él sobre Leif? Me acerqué y me senté en la silla de felpa que mantenía en un rincón de mi habitación para la lectura. Al parecer, iba a tener que hablar con el chico con el fin de conseguir que se fuera. —En realidad no, mayormente es porque no quiero ser la tercera rueda de Miranda y Wyatt.

—Pero ella sigue llamando e invitándote a salir con ellos. A mí me parece que te quiere alrededor.

Cómo sabía que ella me había llamado? Me senté con la espalda recta y metí los pies debajo de mí, tratando de conseguir un poco de rabia por su entrometimiento, pero no pude. —Has estado observándome? —le pregunté estudiando su expresión en busca de cualquier señal de una mentira.

Él me dedicó una sonrisa maliciosa, puso las manos en su nuca y se inclinó hacia atrás. —Durante semanas, Maite, durante semanas.

Semanas? Abrí mi boca y luego la cerré sin saber qué decir. Me había visto desnuda? Realmente quiero saber si lo hizo? Cómo se había escondido de mí? Estaba en mi habitación cuando estaba durmiendo? Sacudí la cabeza tratando de aclarar las preguntas corriendo en mi mente.

—Te veré más tarde. Tu madre está en casa —Levanté bruscamente la mirada de mis manos, que había estado retorciendo en mi regazo con nerviosismo, pero mi cama estaba vacía.

—MAITE! Ven a ayudarme a entrar las compras! —Mamá llamó desde la parte inferior de las escaleras. Suspiré y me puse de pie, mirando hacia atrás una vez más a mi cama vacía antes de correr escaleras abajo para ayudarla a descargar el coche.

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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:10 am

***

El sueño no vino fácil el resto del fin de semana. Incluso me había dormido con la puerta abierta y la luz en el armario encendida. Era ridículo que él me hiciera temer a la oscuridad. Los círculos oscuros debajo de mis ojos habían sido imposibles de cubrir por completo esta mañana. Con mi bolsa de libros cargada en mi hombro, me dirigí por el pasillo lleno. Pasé a Leif y él asintió con la cabeza educadamente. Las otras veces que lo había visto hoy, ni siquiera se había fijado en mí. Por qué su falta de atención me hizo querer volver a casa y meterme en la cama, yo no lo sabía. Pero, tal vez yo solo quería meterme en la cama porque el sexy-tipo-muerto-acosador estaba quitándome el sueño y estaba exhausta.

—No lo mires la próxima vez. Va a volverlo loco —El acento familiar no me asustó. Era casi como si lo esperase. A pesar de que había estado frustrantemente ausente desde que me dijo que había estado observándome durante semanas el sábado por la tarde. Por supuesto, no había manera de que pudiera responderle en este momento y él lo sabía. Me volví y me dirigí a mi casillero —. Él está tratando de hacerse el duro. Demuestra lo infantil que es, pero puedo ver que te está molestando.

—No estoy molesta —le dije entre dientes cuando abrí mi casillero.

—Sí, lo estás. Hay una pequeña arruga entre tus cejas que aparece y mordisqueas tu labio inferior cuando algo te molesta.

Sabía que no tenía necesidad de mirarlo, pero no pude evitarlo. Volví la cabeza y lo miré a través de mi pelo. Estaba apoyado contra el armario junto al mío con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándome. Nadie me había prestado nunca la suficiente atención antes, para ser realmente capaz de describir mi expresión facial cuando estaba molesta. Era extrañamente entrañable.

—Te estás perdiendo la exhibición pública de afecto a través del pasillo entre tus dos amigos. Es posible que te necesiten para que lances un cubo de agua helada sobre ellos —Me mordí el labio para no reírme. No tenía necesidad de darme vuelta para saber de que estaba hablando. Miranda y Wyatt podían ser un poco asquerosos.

—Así está mejor. Me gusta cuando estás sonriendo. Si el niño futbolista sigue haciéndote fruncir el ceño voy a tomar el asunto en mis propias manos —Abrí la boca para protestar, pero él se fue.

***

Le eché un vistazo al reloj. Leif estaría aquí en cualquier momento. Mi madre se había ido hacía media hora a otra cita con Roger. Había pasado el tiempo a solas, caminando por la casa buscando al alma de la cual parecía que no podía deshacerme. No estaba seguro de donde esperaba encontrarlo. En realidad no parecía ser el tipo de chico que se sienta y no hace nada.

Si él estuviera aquí no estaría tratando de decirme qué hacer o haciéndome preguntas que no eran de su incumbencia? Pero lo busqué de todos modos. Quería hablar sobre el comentario que hizo más temprano. El timbre interrumpió mi búsqueda y me dirigí a la sala para abrir la puerta.

—Hola —Di un paso atrás y dejé entrar a Leif. Lo había ignorado el resto del día. No estaba segura de que tan bueno fue eso, pero decidí que no quería que Leif pensara que me importaba si me hablaba o no.

—Hola —respondió y entró. Lo llevé a la mesa de la cocina y esperé a que él deje sus libros en ella.

—Sexo seguro —anunció.

Me quedé inmóvil y lo miré fijamente, insegura de si lo había escuchado correctamente. Su rostro serio se rompió en una sonrisa y luego se echó a reír.

—Desearía que pudieras ver tu cara —dijo a través de sus ataques de risa.

—Dijiste “sexo seguro” entonces? —pregunté, tratando de determinar qué era tan gracioso. Él era quien estaba hablando de sexo.

Él asintió con la cabeza y levantó su papel. —El tema para el discurso de esta semana.

Me reí débilmente. —Está bien, bueno, esa si fue una manera de anunciarlo —le contesté, mientras iba a la nevera para conseguir las bebidas.

—Espero que estés bien educada en este tema porque yo no tengo ni idea.

—¿Qué? —chillé en respuesta.

Se rio de nuevo y yo me quedé allí, esperando que él se controlara. —Lo siento —dijo —. Es que eres tan linda cuando te sorprendes.

Me puse tensa al oír la palabra linda y deseé no haberlo hecho. Con la esperanza de que no notara mi reacción, tomé una respiración profunda y recé en silencio para que mis ojos no me traicionaran cuando me di la vuelta. No era como si quisiera que Leif me viera diferente pero no quería exactamente que él pensara que era linda. Tal vez atractiva o bonita incluso, pero no linda. Aunque él refiriéndose a mí como linda ayudó a recordarme donde estaba con él. Cualquier idea delirante que pude haber tenido de nosotros siendo algo más que amigos se disipó.

—Creo que tener la experiencia real no es necesario. Se supone que es básicamente acerca de tus creencias sobre el tema o la importancia del mismo —No me atreví a mirarlo a los ojos.

Alargó el brazo y levantó mi barbilla así no tendría otra opción. —Estás avergonzada —Aparté los ojos y sonrió —. Eso es lindo.

Ugh! Volvimos a mí siendo linda. Lo miré de regreso. —Por favor, deja de decir que soy linda. Es una especie de insulto.

Él frunció el ceño mientras dejaba caer la mano de mi barbilla. —¿Cómo es eso un insulto?

Me encogí de hombros, sin querer hablar de ello y deseando haber mantenido la boca cerrada. —Simplemente lo es. Nadie quiere ser lindo. Los cachorros son lindos —Alcancé su cuaderno, mantuve los ojos en el papel y leí sobre el tema, o al menos intenté actuar como si estuviera leyendo sobre él.

—Bueno, definitivamente no te ves como un cachorro —dijo con una sonrisa.

—Bueno, eso es algo por lo menos —Necesitábamos cambiar el tema y yo tenía que aprender a controlar mi lengua.

—Muy bien, entonces cuáles son las tres principales razones por las que crees que el sexo seguro es importante? —Tal vez ahora podemos dejar el tema de mí siendo linda. Él no respondió y lo miré a los ojos. Él me estaba mirando con una expresión seria.

—¿No estás seguro?

Él no respondió

—Um, bien, ¿qué pasa con el embarazo adolescente? Ese es un buen punto. Nadie necesita convertirse en padre mientras todavía es un niño.

Una vez más, él no respondió, así que lo escribí.

—Tus sentimientos están heridos —dijo en voz baja. Me quedé inmóvil, pero mantuve los ojos en el papel. —No fue mi intención decir algo para herir tus sentimientos —continuó.

Quería negarlo pero me di cuenta de que aceptar sus disculpas y seguir adelante sería la mejor manera de manejar esto. —Está bien. Vamos a trabajar en tu ensayo.

Él se quedó mirando el papel. —El embarazo adolescente es sin duda una de las razones —él estuvo de acuerdo.

—Está bien, ¿qué hay de las ETS 1? —Sugerí, escribiéndolo mientras hablaba.

—Esa es otra buena.

Empecé a escribirlo, pero se estiró y tomó el cuaderno de mí. Sobresaltada, sacudí la cabeza para ver lo que estaba haciendo. Él me dio una sonrisa de disculpa. —Lo siento, pero no podía pensar en otra manera de llamar tu atención.

Insegura de cómo responder, me senté en silencio y esperé a que él terminara.

—No eres sólo linda. Sí, haces caras lindas y haces cosas lindas pero no eres solo linda — Escucharlo explicarse me hizo sentir estúpida por decir algo al respecto.

—Está bien —logré balbucear. Deslizó el cuaderno de nuevo a mí. —Ahora, vamos a ver...¿qué hay sobre el hecho de que el uso de un condón quita el placer, deberíamos hablar de eso?

Me atraganté con mi refresco y empecé a toser incontrolablemente mientras Leif me daba palmadas en la espalda. Una vez estuve bajo control, levanté la vista y lo atrapé reteniendo una sonrisa.

—Una vez más, haces un montón de cosas lindas, pero no eres solo linda.

1- ETS: Enfermedades de Transmisión Sexual.

4

Leif no se presentó ayer por la noche para terminar su discurso y debía darlo hoy. No presentarse no era común en él. Cuanto más tarde se hacía, sin una llamada de él, más enojada me ponía. Al final, terminé el discurso por mi cuenta y lo imprimí. En el fondo creía que tendría una buena excusa y dejar que él tuviera una mala calificación me había parecido cruel. Metí la mano en mi bolso para sacar su discurso mientras hacía mi camino por el pasillo. Yo sólo esperaba que cuando lo encontrara y le entregara este documento, él tuviera una excusa legítima para la última noche. Admitirme a mí misma que necesitaba que él tuviera una excusa realmente buena no había sido fácil. Me permití preocuparme demasiado por Leif Montgomery.

—Hey chica, ¿qué pasa? Te echo de menos —Miranda deslizó su brazo alrededor de mi cintura y apoyó la cabeza en mi hombro. La echaba de menos también. El año pasado, cuando ella y Wyatt habían estado saliendo yo había estado con Jay. No me había hecho sentir aislada de mis amigos cuando se habían convertido en un solo elemento. Conmigo siendo soltera y los otros dos en mi trío siendo una pareja, no pude evitar sentirme como la tercera rueda.

—Yo también te extraño. Tenemos que salir juntas una noche. Tal vez una noche de chicas fuera —sugerí, mientras buscaba a través de la multitud de estudiantes que se acumulan en el pasillo a Leif.

—Eso suena maravilloso! Vamos a planearlo para hacerlo una noche de este fin de semana —Hizo una pausa y frunció el ceño —,o tal vez la próxima semana —El gesto característico era prueba suficiente de que odiaba a decirme que estaba ocupada.

Me encogí de hombros y esbocé una sonrisa forzada. —No te preocupes. Cuando tengas tiempo —Miré por el pasillo y esta vez logré obtener una visión de Leif en su casillero. Su espalda hacia el pasillo lleno de gente. Me volví de nuevo a Miranda —. Tengo que darle esto a Leif. Me pondré al día contigo en el almuerzo.

La multitud parecía diluirse cuando llegué al final de los casilleros. Una vez que me abrí paso entre el último grupo de estudiantes que se interponían entre nosotros, noté a Kendra apoyada en su casillero, sonriéndole. Pensé en dar la vuelta, porque no quería entregarle esto a él delante de ella, cuando recordé que él iba a Discurso en el primer período. Reduje la velocidad y me detuve detrás de él. Cuando me acerqué para tocarle el hombro, Kendra se estiró y pasó sus dedos por el cabello de Leif. Era repugnante de ver. Era un buen chico y ella era pura maldad.

—¿Estás seguro que venir ayer por la noche no fue una gran cosa? No me gustaría echar a perder las cosas entre tú y tu novia —susurró ella.

—Sabes que ella no es mi novia, Kendra. Deja de llamarla así. Comenzarás rumores —Su voz sonaba molesta. ¿La idea de que alguien pudiera pensar que le gustaba era tan repulsiva para él? Un nudo enfermizo se formó en mi estómago y empecé a girarme y salir antes de que él me notara.


—Pasas mucho tiempo en su casa y siempre está mirándote.

—Ella es mi tutor y no, no me está mirando. Solo estás siendo paranoica cuando no tienes razón para serlo.

Aseguro mi mano vacía en un puño pensando en todas las veces que me había engañado haciéndome creer que era un buen tipo. Era tan malo y calculador como Kendra. ¿Era siquiera adoptado o eso había sido una gran mentira elaborada para conseguir que sintiera pena por él? De hecho, había convencido a mi estúpida yo de que Leif podía ser material para una potencial relación. La próxima vez que vino a mi mesa en el almuerzo y me preguntó si iba a ir a su juego, había intentado decir que sí y ver si eso llevaba a dónde Wyatt había creído que nos estaba conduciendo.

—Estás seguro de que sabe que no es tu novia, porque parece que te está acechando —Kendra ronroneó. Me giré de nuevo odiando el calor que sentía en mis mejillas. Mi cara era probablemente de color rojo brillante.

—Oh, eh, Maite. Iba a ir a tu encuentro y explicarte lo de anoche —Asentí con la cabeza, sin querer discutir esto después de todo lo que había oído, y le entregué el papel.

—Pensé que podrías necesitar esto

Se quedó mirando el papel en mi mano antes de alcanzarlo y tomarlo. Me giré para alejarme. —Espera, iba a llamarte ayer por la noche. Simplemente estuve atado. Gracias — dijo levantando él papel.

Kendra pasó un brazo dentro del suyo y le sonrió dulcemente. —Eso no es cierto, Leif, nunca te he atado —Luego dirigió su mirada hacia mí y me dio una sonrisa de triunfo. Mientras me había sentado hasta tarde terminando su discurso, él había estado con Kendra. ¿Cuan estúpida pude ser? Perdí mi tiempo escribiendo un discurso para alguien que creía que necesitaba mi ayuda, todo este tiempo pensando que era un buen tipo que podría, posiblemente, gustarme realmente. Tal vez yo no lo había juzgado tan injustamente antes. Tal vez Leif Montgomery se ajustaba a la descripción que me había hecho de él todos estos años. Me dolió saber que el chico que había construido era una ilusión. Que había hecho el ridículo por permanecer levantada y escribir el papel para él. Me hizo quedar como una de sus groupies enamoradas.

Me las arreglé para conseguir abrir mi casillero y encontrar los libros que necesitaba para la primera clase a través de mi nube de ira. Me detuve, cerré los ojos y respiré hondo. Acababa de aprender una lección y no tenía que olvidarla. Dos lágrimas se escaparon y rápidamente las sequé antes de cerrar la puerta de mi casillero. Ahora me había hecho llorar. Perfecto.

—Maite.

Mier******! Había venido por mí. No podía dejar que me viera llorando. Humillación no sería una palabra lo suficientemente fuerte para lo que yo sentiría si Leif sabía que había derramado una lágrima por esto. Me obligué a poner una expresión indiferente en mi cara y me di la vuelta. —¿Sí?

Parecía molesto. Deseé poder convencerme de su sinceridad. —Mira, acerca de anoche, realmente lo siento mucho. No había esperado que terminaras el discurso para mí. Metí la pata y me iba a llevar la mala nota. Debí haber llamado, pero…

Negué con la cabeza para detenerlo. —No es gran cosa. Sin embargo, a partir de ahora podrías por favor hacerme saber por adelantado cuando no serás capaz de llegar a la hora señalada para tu sesión? Ahora, si me disculpas —Di un paso en torno a él y me dirigí a clases.

—Maite, espera, por favor.

Me detuve y consideré decirle que se vaya al infierno, pero decidí no hacerlo antes de volverme hacia él. —¿Qué?

—Yo iba a ir y Kendra llamó.

Negué con la cabeza. —No me importa. Sólo llama la próxima vez, por favor —Me di vuelta y me dirigí a mi clase, pero cuando llegué, no dejé de caminar. Entrar en un aula tarde, con los ojos de todos en mí no me parecía posible en ese momento.

Abrí la puerta principal de la escuela y salí. Normalmente no me pongo así por cualquier persona. Hoy había cometido el error de hacerlo y me quemé. Sólo quería ir a casa. Podía tratar con mi orgullo herido sola.

—No te vayas. Él no vale la pena —La voz profunda y familiar sonaba como si estuviera suplicando. Estaba caminando a mi lado. Su rostro estaba tenso y la sonrisa burlona a la que me había acostumbrado no estaba.

—No me quiero quedar. Estoy enojada y sólo me quiero ir.

—Por favor, Maite, no entres en tu coche. Vuelve adentro. Olvídate del niño estúpido y disfruta el resto de tu día. No permitas que algo que ese Oops hizo te ponga así.

Me detuve y lo miré. —¿Por qué te importa si me voy? ¿Eres el nuevo monitor del pasillo y me perdí la nota de aviso?

Su ceño se profundizó; ojos azules volviéndose azul hielo como si un fuego se hubiese encendido detrás de ellos. —Estoy rogándote que vuelvas a la escuela.

—¿Por qué?

Pasó su mano por su cabello oscuro y sedoso y gruñó con frustración. —¿Tienes que cuestionar todo? ¿No puedes escuchar, por una vez?

Eso fue todo. Había tenido más que suficiente para un día. En primer lugar, Leif demuestra que es un imbécil de grado A, y luego el alma que no me dejará sola decide enfadarse conmigo. —Me voy de aquí. No puedes detenerme. No tengo que escucharte. Si no tienes una buena excusa, entonces no hay razón para que me quede —Giré sobre la punta de mis pies y salí hacia mi coche. Los chicos eran molestos, vivos o muertos, no parecía importar.

Rápidamente me subí al coche y me centré en salir del estacionamiento de la escuela. No quería que nadie me vea y me reportara antes de que pudiera salir de aquí. No podía creer que en realidad había derramado una lágrima por esto. El llanto no era lo mío. Tenía que haber sido la humillación. No estaba acostumbrada a ella y, obviamente, no sabía cómo tratar con ella.

Ajusté el espejo retrovisor para ver si me veía tan mal como me temía, en el caso de que mi madre saliera de su madriguera de escribir cuando llegara a casa. Si mi máscara estaba manchada mi madre se daría cuenta. No sería capaz de ocultar la frustración. Las sonrisas falsas no son uno de mis talentos.

Suspirando, me volví a mirar la carretera. El intento de arreglar mi cara sin la ayuda de agua y jabón era una causa perdida. La señal de Pare donde me había parado un millón de veces me sorprendió. No había estado prestando atención, y me había olvidado de ir más despacio. Era demasiado tarde para frenar. Miré por encima justo a tiempo para ver a un camión que venía directamente hacia mí y en una fracción de segundo, la razón me golpea: yo no sería capaz de detenerme a tiempo.

Todo se volvió negro, las ruedas chirriando y la bocina se quedó en silencio. Una sensación de dar vueltas y un agudo dolor atravesó mi cuerpo. Traté de gritar para pedir ayuda, pero no salió nada. Comencé a sofocarme. Algo pesado presionaba contra mi pecho y no podía respirar. Jadeé y estiré la mano en la oscuridad en busca de ayuda. Me asfixiaría si no conseguía quitar el peso de mi pecho. Luché por abrir mis ojos, pero la oscuridad me mantuvo abajo. Calor se extendió en mí mientras agarraba algo en la oscuridad. Me quedé inmóvil, sin saber lo que había encontrado cuando me di cuenta de que podía respirar de nuevo. Las luces volvieron a encenderse repentinamente y el mundo se volvió brillantísimamente cegador. No podía abrir los ojos por el dolor. Alguien me llevó a una corta distancia y luego sentí el suelo frío en mi espalda. Las manos anormalmente cálidas acunándome desaparecieron. Traté de protestar. No quería que mi salvador me dejara, pero no pude encontrar mi voz. Traté de incorporarme y un dolor intenso se apoderó de mi cuerpo. El mundo quedó en silencio.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:11 am

Un sonido impresionantemente dulce se reprodujo en la oscuridad. Volví la cabeza para encontrar la fuente de la música. Mi cuello estaba rígido y la cabeza empezó a golpear tan fuerte que entorpeció el sonido de la melodía que había estado tratando de encontrar. Dejé de moverme y mantuve los ojos cerrados, esperando que el dolor pare.

—Y ella se despierta —dijo una voz en la oscuridad. La reconocí y en vez de temerle, el sonido me tranquilizó.

La música empezó a tocar de nuevo y me di cuenta que era el suave rasgueo de una guitarra. Un zumbido se unió y me quedé quieta, escuchando en la oscuridad, contenta de que la música llenara el vacío, asegurándome que no estaba sola.

Necesitando verlo, abrí los ojos y me di cuenta de que las luces estaban apagadas. Permanecí inmóvil mientras mis ojos se acostumbraron a la habitación oscura. No estaba en mi habitación. La máquina a mi lado y la aguja en el brazo fueron las únicas pistas que necesité. Estaba en una habitación de hospital. La guitarra dejó de tocar. Temerosa de volver la cabeza otra vez, cuidadosamente moví mi cuerpo en su lugar.

El alma se sentó en un rincón oscuro, mirándome. —¿Qué estás haciendo? —Me las arreglé para preguntar en un susurro ronco.

Sonrió, se levantó y se acercó a mí. —Bueno, había pensado que sería evidente —Levantó la guitarra en sus manos. Este alma no solo podía hablar, sino que también tocaba instrumentos musicales. Quería preguntarle más, pero mi garganta dolía mucho. Se sentó en una silla que alguien había colocado al lado de mi cama —. Probablemente no necesites hablar. Estuviste en un accidente de tránsito y has sufrido una conmoción cerebral grave, junto con una costilla rota. Aparte de eso, solo tienes unos feos moretones.

Me acordé de la señal de Pare, y el camión había venido a mí con demasiada rapidez. Supe que sería incapaz de frenar a tiempo.

—Llevabas el cinturón de seguridad, el camión golpeó la parte trasera de tu coche y diste un par de tumbos.

¿Mi mamá sabe? Ella estaría aterrada. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Y por qué era un alma la única persona conmigo? Eché un vistazo a la máquina donde mis cables fueron conectados y si la estaba leyendo correctamente, entonces estaba viva. El repentino miedo ante la perspectiva de que podría estar muerta cesó y devolví la mirada a esos intensos ojos azules oscuros.

—¿Mamá? —Me las arreglé para preguntar a través de mi garganta seca.

El alma sonrió. —Ella acaba de salir a tomar un café hace unos momentos. Espero que regrese muy pronto.

Mamá estaba aquí y yo la volvería a ver en pocos minutos. Me sentía como una niña, con miedo a la oscuridad. Las lágrimas se asomaban en mis ojos al mirar hacia la puerta, esperando que se abrieran para revelar a mi madre. Una mujer con cabello castaño corto y rizado entró en mi habitación sin usar la puerta. La estudié y me sonrió, pero miró justo más allá de la otra alma en la sala. Una vez, cuando tenía diez años, estuve internada en el hospital por una neumonía y me di cuenta de que perdidas almas errantes se encontraban en abundancia dentro de los hospitales. Esta se detuvo en unas flores que no había notado antes junto a la ventana. Parecía estar oliéndolas y dio un suave tirón al puñado de globos “Ponte Bien” unidos a un docena de margaritas amarillas. Eché un vistazo al alma que se sentaba a mi lado. Parecía que me estudiaba con atención.

—La ves, ¿no? —preguntó, y yo asentí. Miraba a la señora mientras ella miraba hacia mí una vez más antes de regresar a través de la pared —¿Siempre las has visto?

Me las arreglé para sonreír a la forma en que se refería a las almas, como si él no fuera una de ellas. Levanté las cejas y lo miré con intención. —Tú eres una de ellas —dije en un susurro.

—Sí, supongo, para ti se ve de esa manera. Sin embargo, hay una diferencia entre las almas y yo.

Fruncí el ceño. —¿Qué? —sabía que él podía hablar conmigo y las almas nunca me hablaban, pero él seguía siendo un alma sin cuerpo.

—No puedo decirte lo que soy. Ya he roto suficientes reglas —estudió la máquina junto a mí en lugar de enfrentar mi mirada. La puerta de mi habitación se abrió y mi madre entró.

Sus ojos se encontraron con los míos y se quedó sin aliento antes de correr hacia mi —Maite, estás despierta! Oh, cariño, siento no haber estado aquí cuando despertaste. Completamente sola y confundida en una oscura habitación de hospital.

Eché un vistazo detrás de ella y vi el alma de pie allí, con una sonrisa sexy que estaba empezando a quedar atada a sus labios perfectos.

—Sólo necesitaba un poco de café y luego corrí a buscar esta revista —dijo sosteniendo una bolsa de plástico verde —. Vamos a llamar la enfermera. Solo quedate quieta. Estás un poco reventada, pero estarás bien —Saltaron lágrimas de sus ojos y se tapó la boca con la mano —. Lo siento —dijo mirándome con ojos llorosos —Es solo que no dejo de pensar acerca de tu coche y cómo te habría aplastado por completo si no hubieses sido arrojada desde el asiento del conductor. Siempre te dije que usaras el cinturón de seguridad y el hecho de que no me has escuchado te ha salvado la vida —Dejó escapar un sollozo pequeño y sonrió como disculpándose —. Oh, bebé, estoy tan contenta de que haya abierto los ojos.


Le sonreí tratando de ocultar mi confusión. —Está bien —le susurré.

Se agachó y me besó en la frente. —Vuelvo enseguida. Necesito conseguir una enfermera. Han estado esperando que despiertes.

Se dirigió a la puerta y miré al alma parada en la esquina con la guitarra en la mano. Me pareció extraño verlo sosteniendo una guitarra. La gente veía una guitarra flotando en el aire? Mamá no pareció darse cuenta, pero no había mirado a otro lugar más que a mí.

—El cinturón de seguridad —le susurré a través de mis labios secos. Había estado usando mi cinturón de seguridad. Siempre lo hacía. Él incluso había dicho que fue una buena cosa que lo llevara puesto. Por qué mi madre creía que no lo había hecho y que no hacerlo me había salvado la vida? Dio un paso adelante, mirándome de cerca. La expresión en su rostro decía que no sabía cómo responderme. Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de nuevo y él se retiró de nuevo a la esquina. Una enfermera entró bulliciosamente con mi madre detrás de ella.
La respuesta a mi pregunta tendría que esperar.

***

El alma se fue antes de que la enfermera terminara conmigo y no había regresado. La siguiente vez que me desperté, rápidamente registré alrededor de la habitación, con la esperanza de que él había regresado, pero mi madre ya estaba sentada en su rincón trabajando en su portátil. Me miró y sonrió.

—Buenos días! —El temor que había visto en sus ojos la noche anterior se había ido... se veía menos tensa y más como mi madre de nuevo. Ahora que me había despertado y la enfermera se había asegurado de que me recuperaría bien, parecía menos tensa y más como mi madre de nuevo.

Yo sonreí. —Buenos días—Mi garganta se sentía un poco mejor gracias a todos los cubos de hielo que había comido. Me estiré por mi vaso de agua y mamá se levantó rápidamente.

—No te muevas. Tu costilla rota va a requerir que estés quieta por un tiempo —Puso la pajilla en mis labios y tomé pequeños sorbos de agua fría. Se sintió maravillosa en mi garganta —. Miranda ya ha llamado esta mañana y le dije que despertaste ayer por la noche. Está en camino, con Wyatt —Mamá hizo una pausa y miró a la puerta —, y Leif Montgomery ha estado en la sala de espera toda la noche. Incluso durmió allí. Fui y le hice saber que habías despertado y le dije que se fuera a casa porque no podías recibir visitas, pero se quedó. Las enfermeras se sintieron mal por él y le dieron una almohada y mantas —Se calló, como si no estuviera segura exactamente de por qué había querido permanecer en una sala de espera toda la noche. Los recuerdos de su falta a nuestra sesión de estudio, debido a Kendra, resurgieron. Ya no me siento triste o decepcionada. Las lágrimas que había derramado por él habían sido inútiles.

Mamá se mordió el labio inferior —Me dijo que él fue la razón por la que saliste molesta de la escuela. No te he preguntado por qué no estabas en la escuela o que pasó porque no quería molestarte —Dejó de hablar y me estudió, esperando que yo dijera algo. ¿Qué podía decir? Realmente no quería ver a Leif. Casi me había matado a mí misma actuando como una chica tonta con un enamoramiento.

—¿Él ha estado aquí toda la noche? —le pregunté, queriendo asegurarme de que le entendí correctamente.

Ella asintió con la cabeza. —Ha estado aquí desde que se enteró de tu accidente. Vino con Miranda y Wyatt, pero él no quiso irse con ellos.

—Bueno, um, si quiere entrar, entonces está bien.

Mamá parecía aliviada. Supongo que había estado preocupada de que pudiera decirle al pobre chico que había esperado toda la noche en una incómoda sala de espera que yo no quería verlo. Corrió hacia la puerta y oí a Miranda susurrar algo mientras pasaban. No hay duda de que estaban hablando de mi aceptación para que Leif me viera. Miranda entró y puso las manos en las caderas y me dio una gran sonrisa alegre.

—Mirate, completamente despierta y hermosa —dijo, acercándose a mí y sentándose en la silla junto a la cama. Agarró mi mano y vi el brillo en sus ojos mientras luchaba con las lágrimas. Apreté su mano y su valentía se quebró. Dejó escapar un sollozo, mientras las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. Miré a Wyatt, que estaba detrás de ella observándome. Se encogió de hombros y me dio lo que podía decir que era una sonrisa forzada.

Miranda se atragantó con un sollozo. —Lo siento. Dije que no iba a llorar. Realmente había trabajado para estar brillante y alegre, pero sigo recordando tu coche y escuchando las palabras “fue trasladada de urgencia al hospital inconsciente” una y otra vez en mi cabeza —Se limpió la cara mojada y sonrió a través de sus lágrimas —Estoy tan contenta de que estés bien. Ayer fue el peor día de mi vida —Llevó nuestras manos unidas hacia su boca y las besó.

—Lo sé —dije simplemente. Porque lo hacía. Si hubiera sido ella en esta cama en vez de mí yo hubiera estado aterrorizada.

—Irónico, ¿no es así? El día que decides romper las reglas, faltar a la escuela y no usar el cinturón de seguridad, lo cual es extraño ya que eres una nazi del cinturón de seguridad, todo explota en tu cara.

—Te dan ganas de seguir caminando por el buen camino ¿no? —preguntó Wyatt con una sonrisa en su rostro.

Sonreí porque reírme me haría daño, y Miranda rodó los ojos pero una sonrisa tiró de la esquina de su boca. —Sí, supongo que sí —Quería aclarar el hecho de que había estado usando mi cinturón de seguridad, pero no podía explicar algo que no entendía, así que mantuve mi boca cerrada. Llamaron a la puerta y Miranda me miró, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.

Bajó la voz hasta un susurro. —No se ha ido desde que llegó aquí con nosotros ayer. Incluso se perdió la práctica del fútbol.

Vi como Leif caminaba dentro de la habitación. Sus ojos se encontraron con los míos y se detuvo un momento antes de adentrarse más en la habitación. No estaba segura exactamente de qué decirle o que posiblemente podría decirme él a mí. Era un chico que tutelé y que había dormido en la sala de espera toda la noche porque yo había actuado ridículamente debido a que él hechó a perder nuestra sesión de estudio. Era evidente que estaba nervioso y sabía que la presencia de Wyatt y de Miranda no estaba ayudando precisamente. No tenía intención de decirles a todos que mi accidente fue su culpa. No creía eso. Sabía que yo había causado esto. Dejarlo fuera del gancho sería bastante fácil.

Sin embargo, con mis dos mejores amigos en la habitación sería incomodo. No quería que me dejaran, porque tenerlos aquí se sentía como una manta de seguridad. Miré a Leif y pude ver en sus ojos que quería hablar conmigo sin el público pero él no les pediría que se vayan. El pensamiento de él durmiendo en la sala de espera toda la noche porque se sentía culpable parecía injusto. Necesitaba aliviar su conciencia para que pudiera ir a casa.

Me volví a Miranda y Wyatt. —¿Podrían darnos un minuto?

Miranda fulminó con la mirada a Leif y asintió con la cabeza. Vi como se puso de pie. Mirar a Leif no era algo nuevo para Miranda, pero fulminarlo con la mirada si. Después de haber rectificado la situación con Leif tendría que aclarar las cosas con mis amigos también.
Una vez que la puerta se cerró detrás de ellos, dirigí mi atención a él.

—Ayer, yo .... Dios —Se pasó la mano por su cabello rubio y desordenado y cerró los ojos —. Estás aquí por mí. Sé que te fuiste porque estabas molesta. Lo pude ver en tus ojos, pero no sabía cómo hacer para que hablaras conmigo —Se detuvo de nuevo y miró hacia mí —. No puedo expresarte cuánto lo siento.

Negué con la cabeza. —Esto no fue tu culpa. Tomé una decisión estúpida.

—No, fue mi culpa. Pude ver las lágrimas en tus ojos, Maite, y eso me estaba matando pero no pude encontrar las palabras adecuadas. Quise explicarme pero no hice un buen trabajo.
No podía dejar que asumiera la culpa por mi estupidez. —Deja de culparte. Debo admitir que he actuado estúpidamente porque no apareciste o llamaste. Dejé que el hecho de que estabas con Kendra me molestara y eso fue una tontería. No sé porque dejé que me molestara como lo hizo. Llorar por un tipo no es algo que yo hago. El hecho de que estaba luchando por contener las lágrimas me confundió y me fui.

Extendió la mano y tocó suavemente una de las dos docenas de rosas de color rosa que se encontraban en una mesa junto a la ventana. —Te fuiste porque te lastimé. Eso hace que esto sea mi culpa —respondió con sencillez. No quería que se golpeara a sí mismo por esto. Tenía que recuperarse y volver a casa.

—Leif, soy su tutora. Ni siquiera somos amigos. Puedes perder una sesión y olvidarte de llamarme, y yo no debería dejar que eso me duela. He leído más en nuestra relación de lo que debí. Nunca has insinuado que éramos más que compañeros de estudio. No hablamos en la escuela, no nos vemos uno a otro excepto en mi casa cuando estamos trabajando. Esto fue mi culpa. Deja de culparte y vuelve a casa —dije esto último con suavidad en mi voz para que no sonara grosero. Frunció el ceño y se acercó al lado de mi cama.

—¿Crees que sólo te veo como mi tutora? —preguntó. Asentí con la cabeza, sin saber su significado. Él me dio una sonrisa triste —Eso sería mi culpa también. Nunca he tenido problema en dejar saber a una chica que me interesa...hasta ahora —No estaba segura de lo que quería decir, así que permanecí en silencio. Se sentó en la silla que Miranda dejó vacante hacía unos momentos.
—Sabía que no te gustaba cuando estuviste de acuerdo en ser mi tutora. No hacía falta que me contaras ese día en el pasillo cuando dijiste que me habías rechazado porque no te caía bien. Siempre he sabido que no lo hacía, pero quería que fueras mi tutora. Quería que seas la única que conoce mi secreto. Nunca esperé que la chica que me miraba con desprecio fuera tan divertida. Llegó como una sorpresa descubrir que la chica que había estado observando desde nuestro primer año en la escuela secundaria resultó ser tan bella por dentro como lo era en el exterior. Me sorprendiste y no tomó mucho tiempo para que me enganche —Una triste sonrisa apareció en sus labios —. Sin embargo, en la escuela todavía parecías tan intocable como siempre, así que mantuve mi distancia. Traté de hablar contigo e incluso tuve el valor para invitarte a salir, pero tu falta de interés me asustó. No quería hacer que nuestras noches juntos sean incómodas, así que no pedí nada más. Miré hacia adelante esperando nuestras noches durante todo el día. No podía estropear eso.

Bajó la mirada hacia sus manos, que tenía cerradas en un puño en su regazo. —Entonces, Kendra llamó y empezó a llorar, diciendo que necesitaba hablar con alguien y yo era la única persona de confianza. Le dije que tenía que estar en un lugar pero ella gritó más fuerte y me rogó. Estuve de acuerdo en pasar por su casa. Está lidiando con algunas cosas en su vida hogareña que yo ya sabía y necesitaba que alguien le escuche. Cuando me di cuenta de que no iba a ser capaz de dejarla, quise llamar pero no podía hacerlo delante de ella y explicarte. Por lo tanto, no lo hice. Simplemente iba a hacerle frente a la mala nota. No tenía idea de que incluso te importaría —Me miró con una expresión de dolor en su rostro —. Estaba equivocado y nunca he estado tan enojado conmigo mismo —Se puso de pie, metiéndose las manos en los bolsillos de sus jeans con una mirada de derrota en su rostro.

Sonreí. —Por favor no te enfades contigo mismo. Yo no te culpo por nada —Quería decir algo más, pero no pude. Me miró un momento antes de asentir.

—¿Existe la posibilidad de que no he arruinado completamente todo entre nosotros? —preguntó.

—¿Qué es lo que te preocupa haber arruinado? Todavía soy tu tutora, si eso es a lo que te refieres.

Se rió en voz baja y suavemente me tomó la mano. —Estoy muy agradecido de que sigas siendo mi tutora, pero eso no es lo que me refiero. Tenía miedo antes de arruinar las cosas pero no creo que pueda arruinar nada más de lo que ya lo he hecho —Volvió a sentarse en la silla a mi lado y me miró con ojos azules de bebé que estaban enmarcados en pestañas tan gruesas que hacía que sea difícil no suspirar —. No quiero que solo seas mi tutora. Quiero que seas la chica que busco en los pasillos todas las mañanas y a quien le guardo un asiento en la cafetería. Quiero que seas
la que me espera cuando salgo fuera de la cancha en mis juegos. Quiero que seas la que me hace levantar el teléfono para llamarte solo para hacerme sonreír —Sus ojos me miraban. Leif Montgomery parecía realmente nervioso.

Él estaba esperando que yo dijera algo. Pude ver la pregunta en sus ojos. Leif quería llevar esto a un nivel que yo había pensado que quería antes, así que por qué era tan difícil de aceptar ahora? El miedo parpadeó en sus ojos y me las arreglé para asentir con la cabeza. Había accedido a dejar que las cosas cambien entre nosotros, pero de alguna manera, en el fondo, algo no se sentía bien.

5

Me quedé en el hospital durante una semana entera. Cada noche, me dormía al suave rasgueo de una guitarra. Cuando me despertaba en mitad de la noche esto nunca era una habitación de hospital vacía sino la oscura y misteriosa alma se había unido. Él se sentaba en las sombras y tocaba una nana que decidí que me pertenecía.

Cada día, Leif venía inmediatamente después de su práctica de fútbol con la comida que le había pedido de contrabando dentro de su chaqueta de cuero. Trabajábamos en su tarea, y luego veíamos televisión y comíamos la comida que había traído. Estar con Leif me hacía sonreír. Amaba cada momento que pasábamos juntos. Sin embargo, en la noche cuando el alma se sentaba en mi habitación y tocaba para mí, la música parecía llenar los lugares solitarios. Tenía una necesidad por el alma que no entendía. Mi deseo por él me asustaba y me fascinaba. Mi última noche en el hospital su voz se unió al rasgueo de la guitarra. Le puso letra a mi nana.

“The life I walk binds my hands
it makes me take things that I don’t understand
I walk this dark world unknowing of what they hold
true,
forgetting the me I once knew,
until you.
The life I walk eternally was all I knew
nothing more held me here to this earth
until you.
I feel the pain of every heart I take
I feel the desire to replace all that I have grown to hate
Darkness holds me close but the light still draws my
empty soul
The emptiness where I used pain to fill the hole
no longer controls me, no longer calls me
because of you.”

A medida que mis párpados se volvían y el sueño se apoderaba de mí, mi corazón dolía por el dolor en sus palabras. Eran palabras que yo sabía que significaban más para él que lo que yo comprendía. La canción con la que él había llenado mis noches era mucho más profunda que todo lo que yo había conocido.

Miranda corrió hacia mí en el momento en que Leif abrió la puerta delantera de la escuela y la mantuvo mientras yo caminaba al interior. La emoción en su rostro hizo que sus ojos marrones brillaran. Sonreí, esperando que me explicara la causa de su alegre comportamiento en la mañana del lunes. Mi vuelta a la escuela no causaría esta respuesta.

Se detuvo y miró a Leif. Él se aclaró la garganta.

“Um, te veré en unos minutos”, se excusó con una sonrisa y se dirigió hacia mi casillero para llevar mis libros.


“Está bien, se ha ido. Ahora, dime qué te tiene de tan buen espíritu esta mañana”.
Entrelazó su brazo con el mío y se acercó a mi oído.

“William Walker está aquí. Como, en nuestra escuela. Como, inscrito en nuestra escuela. ¿Puedes creerlo? Quiero decir, sé que él fue a una escuela secundaria en Mobile, Alabama, hasta el año pasado cuando su banda consiguió un hit y comenzó a tocar en todos los Estados Unidos en lugar de sólo en el suroeste. ¡GAH! ¡Puedes creer que está aquí! ¿En nuestra escuela? Supongo que si tenía que volver a la escuela secundaria, nuestro pequeño y pintoresco pueblo costero es preferible a algún lugar de Alabama. Pero aún así, no puedo creer esto”.

No pude evitar sonreír ante la emoción de Miranda, incluso aunque no tenía idea de quién era William Walker. Nunca había oído hablar de él o de su banda antes. Seguí la vertiginosa expresión de Miranda cuando mis ojos se encontraron con el alma. Anoche había combatido el sueño para ver si aparecía en mi dormitorio y me cantaba para dormir. No había venido. Verlo ahora me hizo querer dar un suspiro de alivio.

La idea de que podía no volver a verlo otra vez me había asustado. Le sonreí sabiendo que debía actuar como si él no estuviera allí pero no podía. En algún lugar del camino había llegado a confiar en su presencia. Sus ojos azul oscuro estaban satisfechos y menos encantados de lo que yo recordaba. Quería caminar hacia él y decir algo pero no podía en esta sala llena de gente. Él asintió con la cabeza como respondiera a una pregunta pero sus ojos no dejaron los míos. Una sonrisa tensa se formó en su rostro sustituyendo la sonrisa de satisfacción que yo había recibido. Entonces, como a cámara lenta, dirigió su atención a la chica rubia que estaba de pie riéndose y sosteniendo una revista y un bolígrafo para que él lo tomara.

Observé como perdida en un extraño sueño como él sonrió y asintió con la cabeza al oír las palabras de la chica. Él firmó la revista que ella empujó en sus manos y se la devolvió. Oí a Miranda diciendo algo a mi lado, pero sonaba como si estuviera a kilómetros de distancia. Algo no iba bien. Di un paso hacia él incapaz de mirar hacia otro lado. Me sonrió con su sexy sonrisa torcida que producía un perfecto hoyuelo. De repente, su sonrisa parecía de disculpa mientras una vez más se volvía hacia mí y tomaba algo de las manos de otra chica y firmaba en ello. Me quedé inmóvil, tratando de procesar lo que mis ojos estaban viendo.

“Está bien, Maite, vas a tener que salir de esto. Leif está viniendo y si ve que estás mirando a William Walker como si quisieras devorarlo va a ser un problema”.
Arranqué los ojos del alma y contemplé a mi amiga. “¿Qué?” Me las arreglé para preguntar a través de las cuestiones pululando en mi cabeza.

Miranda sonrió y negó con la cabeza. “Por Dios, chica, estás peor que yo. Por lo menos yo no me di un golpe cuando lo vi en la ofician más temprano. Por supuesto, él no parecía realmente preocupado por tu reacción. Lo que es una buena cosa, teniendo en cuenta que puedes parecer un poco acosadora”.
Negué con la cabeza sin comprender. “¿Qué?” Pregunté de nuevo.

“Descubrí la gran noticia”, dijo Leif detrás de mí, y yo sabía que tenía que voltearme para mirarlo, pero justo ahora no podía. Todo el mundo podía ver el alma. Nada tenía sentido. Cerré los ojos y respiré hondo y después los abrí para ver que Miranda me miraba con una expresión divertida en su rostro.

“¿Lo ves a él?” Pregunté en un susurro. Su mirada parpadeó con cautela detrás de mí donde yo sabía que Leif estaba de pie y luego se lanzó hacia donde estaba el alma.

Una vez que sus ojos volvieron a los míos ella asintió lentamente con la cabeza.
“Um, sí, pero ¿de qué “él” estamos hablando?” preguntó ella en un susurro.

Miré rápidamente hacia el lugar donde el alma todavía estaba hablando a los estudiantes y firmando cosas. Miranda se acercó a mi oído. “Eso es William(Will) Walker, todo el mundo lo ve. ¿Tomaste algunos medicamentos para el dolor importantes esta mañana? Porque estás actuando de manera extraña.”

William(Will) Walker. El ama, mi alma, ¿era William Walker el rockero? Una mano se posó en mi hombro y me volví poco a poco para enfrentar a Leif. Su preocupado ceño fruncido era idéntico al de Miranda. Negué con la cabeza para despejarme y forcé una sonrisa.“Mamá me hizo tomar algunas de mis pastillas esta mañana y creo que están jugando con mi cabeza”, mentí, aferrándome a la excusa que Miranda me había dado. Leif sonrió y deslizó su brazo protector alrededor de mis hombros.
“Ah, bueno, yo cuidaré de ti. Vamos, vamos a tu primera clase. Ya tengo tus libros”. Caminé al lado de Leif, aliviada, aún decepcionada de no estar caminando al lado del alma. Me quedé esperando para ver si me despertaba de esa sensación de sueño extraño y escuchaba el alma tocando suavemente en mi habitación.

Llegué a Literatura Inglesa antes de darme cuenta de que Leif había estado guiándome a la misma. Él me dio la vuelta para mirarlo de frente. “Si me necesitas, mándame un mensaje de texto y estaré aquí en un segundo, ¿de acuerdo?”. Asentí con la cabeza y él me dio un beso rápido antes de volverse y me dejó en la puerta de mi salón de clases. Entré, luchando contra la necesidad de mirar atrás y ver la multitud de personas alrededor del alma, a quien llamaban Dank Walder. Me senté en el primer pupitre cuando volví en mí y empecé a abrir mi libro, cuando un cálido cosquilleo recorrió mi cuerpo.
Sobresaltada, miré hacia arriba. Will se dirigía hacia mí. Me atreví a echar un vistazo sobre los otros chicos de la clase. Todos los ojos estaban puestos en él. Las chicas se reían y susurraban. Esto tenía que ser algún tipo de sueño de locos. Él se sentó detrás de mí y yo luché contra el impulso de temblar por la cálida sensación que su cercanía parecía estar causándome. Esto no había ocurrido antes.

“No creo que nos hayamos conocido. Soy William Walker,pero tu puedes decirme Will”. Su familiar y suave acento no sonaba como si estuviera soñando.
Me giré para mirarlo. Si hubiera tomado calmantes esta mañana estaría convencida de que estaba colocada. No había excusa para esta alucinación.

“No entiendo”, dije simplemente.
Una sonrisa de disculpa tiró de sus carnosos labios. ¿Eran sus labios más llenos ahora que eran de carne y hueso?

“Lo sé, y lo siento”.

¿Sería mucho pedirle que me lo detallara? Si esto era real, entonces sería muy bueno si pudiera explicarme cómo, de repente, él podía ser visto por el resto del mundo vivo. Mejor aún, ¿por qué todos creían que es una estrella del rock? Él no dijo nada pero sus ojos nunca dejaron los míos.

Alguien pasó y le pidió un autógrafo y él negó con la cabeza sin apartar sus ojos de mí. Todo el mundo en la sala parecía estar observándonos. Hablando con él aquí no obtendría ninguna respuesta. Rompí mis ojos de su cálida mirada y me di la vuelta en mi asiento. Si no me despertaba pronto entonces me preocuparía sobre una mejor explicación que “lo siento”.

“Calma, calma”. La voz del señor Brown aplazó el murmullo excitado y las risas ocasionales. “Es muy emocionante, me doy cuenta, tener un”, el Sr. Brown agitó una mano en dirección de Will, “joven entre nosotros, cuyo talento a muchos de ustedes les gusta. Sin embargo, este es un tiempo para aprender de la belleza que la Literatura Inglesa tiene para nosotros. Podemos soñar y desmayarnos por el Sr. Walker durante nuestra hora de comer.

“Ahora, vamos a seguir adelante con nuestro estudio de Shakespeare. Nos hemos referido a él brevemente este año ya que este no era su primer contacto con Shakespeare y creo que es importante centrarse en algunos otros famosos dramaturgos. El dramaturgo griego Esquilo, fue muy influyente en sus obras. De hecho, varias fuentes antiguas le atribuyen entre setenta y noventa obras. Creo que el viernes les pedí a todos que leyeran el capítulo en su libro sobre Esquilo, y puesto que era fin de semana, ¿puede alguien aquí decirme algo que aprendiera de su lectura?” El Sr. Brown juntó las manos sobre el pecho para descansarlas sobre su vientre redondo. La sala permaneció en silencio. Preferí pasar mi fin de semana tratando de ponerme al día con toda mi pérdida escolar y la lectura de Esquilo no había sido muy importante. Además, concentrarse en este momento sería difícil.

“Sólo seis de sus tragedias se han conservado intactas: Los Persas, Siete contra Thebes, Los Suplicantes, y la trilogía conocida como La Orestiada, que consta de tres tragedias, Agamenón, Las Coéforas y El Euménides”. La voz de Will llevó a lo largo de la habitación y el Sr. Brown miró hacia él sorprendido.
“Siete, Sr. Walker. Se te olvidó Prometeo Encadenado”.

“La autoría de Prometeo Encadenado se disputa. Se cree que es la obra de un autor posterior”. Celebró la voz de Will en tono de aburrimiento.
El Sr. Brown enderezó su bajo y ancho cuerpo y se quedó mirando abajo hacia Dank, con una suave sonrisa apareciendo en su rostro. “Por qué, sí lo es, pero esa información no estaba dentro de su libro de texto”.

Miró al resto de la clase sonriendo como si alguien le hubiera llevado docenas de donas. “Parece que nuestro musical amigo está bien educado”.

Escuché una risa silenciosa detrás de mí y miré por encima de mi hombro para ver los ojos de Will en los míos. ¿Había leído mi mente? ¿Tenía súper poderes? Me alejé de él y cerré los ojos, tratando de conseguir que las preguntas alojadas en mi cabeza sobre lo que Will Walker hacía se apartaran el tiempo suficiente para prestar atención en clase.

“Muy bien, muy bien de verdad. Ahora, como se indica en su plan de estudios para el año, todos habrán comprado copias de La Orestíada: Agamenón, Las Coéforas, El Euménides. Vamos a comenzar nuestro estudio de Esquilo con la lectura de su obra, Agamenón. ¿Quién trajo su libro a clase como solicité el viernes?” Yo miré hacia abajo a mi libro de texto y un cuaderno. Leif no había conseguido la edición de bolsillo de mi casillero. “Ah, y nuestro nuevo estudiante me sorprende una vez más”. Miré hacia arriba para ver al Sr. Brown asintiendo con la cabeza hacia el escritorio de Will. “¿Ese es el libro en su escritorio o no Sr. Walker?”

“Sí señor”, respondió Will y me estremecí involuntariamente. Me pareció oír otra suave risa que venía de detrás de mí. “Bueno, entonces ¿podría empezar a leer por mí? Ya que parece que el resto de los estudiantes en esta sala, que de hecho estuvieron aquí el viernes, parece que sufren pérdidas de memoria.

Dank se aclaró la garganta y comenzó a leer. “Queridos Dioses, me he librado de todo el dolor, el largo que veo mantener, todo un año despierto…apoyado en mis brazos, en cuclillas en el techo de Atreo como un perro. Conozco las estrellas por memorias, los ejércitos de la noche, y hay en la delantera los que nos traen la nieve o los cultivos de verano, nos traen todo lo que tenemos—nuestros grandes reyes del cielo, los conozco, cuando se levantan y cuando caen…y ahora veo la luz, la señal del fuego saliendo de Troya, gritando Troy es tomado. Por lo tano, ella ordena, llena de grandes esperanzas”.

La clase pasó muy rápido con la hipnótica voz de Will al mando de la sala. El ring de la campana me hizo saltar. Sacudí la cabeza tratando de salir del trance en el que su lectura me metió. Me puse de pie y cogí mis libros, sabiendo que Leif estaría en la puerta esperándome, listo para coger los libros para mi próxima clase. Me tomó un esfuerzo supremo no mirar atrás a Will.
El sonido de las chicas risueñas y los fans aduladores me permitió llegar a Leif sin descomponerme y volverme a echar un vistazo a Will.

“¿Una clase divertida?” Leif enarcó las cejas y asintió con la cabeza hacia donde yo sabía que Will estaba rodeado de admiradoras femeninas.
Me encogí de hombros. “En realidad no. Tragedias Griegas, ya sabes, lo de costumbre”. Leif me disparó una de sus sonrisas fáciles antes de llegar a mis libros.

“Me alegro de haber hecho mi movimiento antes de que Will Walker se presentara”, dijo Leif con una voz en broma que sonaba forzada.
No miré hacia él. “¿Qué quieres decir?” ¿Acaso notó el rubor en mis mejillas cuando dijo el nombre de Will? Dios, esperaba que no.

“El tipo parece que no puede apartar los ojos de ti. No es que yo lo pueda culpar”. Leif me pasó el brazo por los hombros y me atrajo como si necesitara aferrarse a mí. Al instante la culpa me inundó. La forma en que me estremecía y me fundía cuando estaba cerca de Will no era justo para Leif. Un tirón extraño dentro de mí convirtió todo alrededor y me hizo agarrarme al brazo de Leif en busca de apoyo. Tal vez esto era un sueño después de todo. Era casi como si algún dominio de hierro estuviera tratando de obligarme a detenerme y dar marcha atrás.

“¿Estás bien?” La voz de Leif subió con preocupación. Yo sabía que él estaba pensando que había perdido mi mente. Nada acerca de la manera en que yo estaba actuando era cuerdo.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:12 am

Le sonreí tranquilizadoramente. “Estoy bien”. Incapaz de luchar contra el tirón invisible, miré hacia atrás y mis ojos inmediatamente encontraron a Will rodeado de chicas, pero sus ojos estaban sobre mí. Incluso desde esta distancia podía sentir el calor de su intensa mirada.

“Él parece ser un tema caliente”, murmuró Leif mientras su mirada seguía la mía. Sacudí la cabeza de vuelta, furiosa conmigo misma por ceder y buscarle. La preocupación en la voz de Leif lo decía todo. Necesitaba controlarme.

“Realmente no hago todo lo de la cosa de rockero. Sinceramente, ni siquiera tengo una pista de lo que canta o la banda en la que está”.

Leif besó la parte superior de mi cabeza. “Me gustaría que la estrella del rock hubiera escuchado eso”. Pareció relajarse a mi lado.

“Eso no es cierto, Maite. Tú disfrutas de tu pequeño concierto privado cada noche mientras duermes”.

Me quedé inmóvil sujetando el brazo de Leif más fuerte. ¿Qué diablos fue eso? ¿Acababa Will de hablar en mi cabeza? ¡Dios, esto tenía que ser un sueño! Se estaba poniendo más loco por momentos. Me desprendí del brazo de Leif y me pellizqué tan duro como fue posible.

“¿Qué estás haciendo?” preguntó Leif con una mirada de confusión en su rostro. Mi cara se puso caliente. En cuestión de minutos estaría de color rojo brillante. No estaba segura si era por el hecho de que Will acababa de alguna manera de hablarme en el oído aún que estaba al otro lado del pasillo, o por el hecho de que me estaba pellizcando en el pasillo como una loca.

“Relax, Maite, nadie me escucha aparte de ti. Limpia el encantador sonrojo de tu rostro. Tu amigo, quien parece pensar que le perteneces, va a pensar que estás loca”.

Me di la vuelta, esta vez necesitando ver dónde estaba. Era la voz de Will la que había oído. Tan claramente como si estuviera de pie a mi lado inclinándose hacia mi oído. Will no estaba justo a mi lado. Estaba donde yo había recordado: de pie en el extremo opuesto del pasillo, escuchando a una chica pelirroja estudiante de primer año que parecía estar en las nubes por la atención de la estrella del rock. Su mirada dejó la de ella y se encontró con la mía. Me guiñó un ojo y me dio su sonrisa maliciosa antes de mirar atrás a la muchacha a su lado. Me tragué el miedo corriendo a través de mí y me alejé de él. ¿Me habría realmente hablado desde el otro lado del pasillo sin que nadie lo hubiera escuchado?

“¿Estás bien, Maite?” La voz de Leif rompió mi momento de pánico y me las arreglé para forzar una sonrisa y un guiño.

“Sí, pensé que me había olvidado de algo, pero no lo hice”.
Leif se rió entre dientes. “¿El medicamento sigue jugando contigo?” preguntó con una voz que ayudó a traerme de vuelta a la normalidad.

Él era normal. Él era real. “Um, sí, creo que sí”. Si tan sólo hubiera tomado medicamento para el dolor esta mañana, tal y como seguía diciendo, entonces yo podría culpar de todo esto a los productos químicos. Pero yo sabía la verdad. No había tomado nada. Me estaba volviendo loca por mi cuenta.lor]


***




“Hablé con Leif durante el discurso y le sugerí que nosotros cuatro fuéramos a ver una película esta noche para celebrar tu regreso a la escuela”, dijo Miranda desde el otro lado de la mesa de la cafetería. Había estado tan perdida en mis pensamientos que no me había dado cuenta que se había sentado frente a mí.

Miré hacia arriba. “Eso suena como una gran idea”.

Miranda frunció el ceño, inclinó la cabeza y se acercó más a mí. “¿Estás bien?”
Forcé una sonrisa y asentí con la cabeza. Convencer a mi mejor amiga de que no me estaba volviendo loca internamente iba a ser difícil. Como era de esperar, levantó las cejas y me dio el “no te creo” con los ojos mientras se echaba hacia atrás. Por suerte, Wyatt eligió ese momento para unirse a nosotras por lo que ella no tenía la oportunidad de probarme más.

“Esta noche después de la práctica de fútbol de Leif, todos vamos a ir al cine para celebrar la recuperación de Maite”.

Wyatt me miró con cara de preocupado. “¿Estás para eso?”

Asentí con la cabeza. “Claro, me siento mucho mejor. Tengo que salir y hacer algo normal”.

La sonrisa de Miranda regresó. “Entonces, está arreglado. Ahora, todo lo que queda es decidir qué película vamos a ver”. Los ojos de Miranda se quedaron mirando algo por encima de mi cabeza. “Uf, no me extraña”. Dijo en tono de disgusto.

Eché un vistazo hacia atrás para ver lo que ella encontraba tan irritante.

Kendra entró con el brazo metido dentro del codo de Will, sonriendo tímidamente hacia él mientras que hablaba con ella. Era evidente que disfrutaba de su atención. No sería el primer hombre en ser víctima de sus atenciones. Kendra hacía un completo paquete de perfección, si dejabas aparte su personalidad. Volví la cabeza hacia atrás, esperanzada de poder cubrir las emociones agitadas en mi estómago. La visión de ella del brazo de él me puso un poco enferma.

“Sería Kendra la que consiguiera la estrella de rock”, dijo Miranda en un tono de disgusto antes de tomar un bocado de su ensalada.

“Espero que no sean celos lo que estoy escuchando en tu voz. Teniendo en cuenta que sería un golpe a mi ego”, dijo Wyatt en broma y Miranda lo fulminó con la mirada.

“Por supuesto que no. Ojalá Will Walker no haya decidido dar su atención a esa perra asquerosa. Hay un montón de otras chicas hermosas en esta escuela que serían mucho mejores opciones”.

Wyatt se rió entre dientes. “¿Cómo quién?”

Miranda se encogió de hombros. “No lo sé. Simplemente alguien que no sea Kendra”. Wyatt se rió en voz alta y meneó la cabeza.

“¿Qué me perdí?” preguntó Leif mientras se sentaba a mi lado.

“Nada”, le respondí un poco demasiado rápido. Wyatt asintió con la cabeza hacia donde Will y Kendra estaban sentados en una sola mesa. “Parece que Miranda cree que cualquiera sería una mejor opción para la estrella de rock que Kendra”.

Leif asintió con la cabeza. “Es probable que tenga razón. Sin embargo, mientras no se pare a comer con los ojos a mi chica, no me importa a quien le da su atención”.

Miranda alzó las cejas en sorpresa hacia mí. “¿En serio ha estado comiéndote con los ojos?”

Rodé mis ojos. “No”. Mi rápida respuesta ni siquiera sonó creíble para mis propios oídos.

“Sí, lo ha hecho”, dijo Leif, alcanzando mi mano debajo de la mesa. Me dio un apretón suave, como para tranquilizarme. Suspiré y me relajé. No tenía sentido discutir con él. Yo sabía que Will me observaba con más frecuencia que cualquier otra persona. No me había dado cuenta de la forma posesiva en que me sentía hacia él hasta que había visto a Kendra conseguir su atención. Podía ir a cantar a Kendra para dormir con su guitarra y su música de belleza inquietante. Oí una baja risa y me volví para mirar a ambos Leif y Wyatt, cuyas bocas estaban llenas de comida. Me quedé inmóvil y miré hacia atrás a la mesa donde Will estaba sentado en una conversación privada con Kendra. Sus ojos dejaron los de ella y me dio una mirada divertida antes de volver a la rubia perfecta a su lado.

*“La vida que recorro uniendo las manos
me hace tomar cosas que no entiendo.
Camino este oscuro mundo desconocido
que tienen por verdadero, olvidando el que conocí una vez,
hasta ti.
La vida que recorro eternamente era todo lo que sabía
Nada más me retenía aquí en esta tierra
Hasta ti.
Siento el dolor de cada corazón que tomo
Siento el deseo de remplazar todo lo que he llegado
a odiar
La oscuridad me abraza, pero la luz aún dibuja
mi alma vacía
El vacío en el que solía usar dolor para llenar el agujero
ya no me controla, ya no me llama
gracias a ti”.


6

—Tengo entendido que éste es tu primer juego de fútbol, —dijo mi madre, sonriendo desde el lavado de la cocina, donde se encontraba de pie escurriendo fideos en forma de lazos.

Me encogí de hombros. —Supongo.

Subió la mirada para verme. —¿Y saldrás con el mariscal cuando termine? —Comencé a responderle cuando un alma centró a la cocina por las puertas cerradas que dan al patio. Me puse rígida. Había pasado un largo tiempo desde que un alma había vagado por nuestra casa. El alma parecía joven. Su cabello colgaba por su espalda en largas ondas rubias. Parecía que flotara alrededor de su cintura. Comencé a hacer lo acostumbrado y actué como si no la hubiese visto, pero se detuvo directamente frente a mí y empezó a estudiarme detenidamente. Sus ojos parecían translúcidos y sus pestañas eran increíblemente largas, pero tan rubias que parecían casi indetectables. Su cabeza se inclinó a un lado mientras se acercaba hacia mí, como si yo fuera algún tipo de experimento científico que le llamaba la atención.

—¿Cariño? —la voz de mamá me despertó de mi trance. Quité mi mirada del alma, lo cual era un poco difícil ya que se encontraba tan cerca de mí que podía estirar la mano y tocarla.

—Um, sí, lo siento. —Mamá ya no parecía divertida.

Me frunció el ceño con el colador de fideos en las manos, ya olvidado. —¿Te encuentras bien, Maite? Tal vez deberías quedarte en casa y descansar. Toda una semana de clases debió haber sido difícil después de todo lo que has pasado. —Me forcé a mi misma a no temblar cuando una fría mano tocó mi cabello.

—Es lindo. —el musical sonido de la voz del alma me sorprendió. Salté lejos de ella.

—¿Maite? —tomé una gran bocanada de aire para calmarme, y forcé una sonrisa que esperaba fuera normal.

—Estoy bien, solo un poco nerviosa. Necesito terminar de arreglarme antes de que Miranda y Wyatt lleguen.

Mamá asintió y su sonrisa regresó. —De acuerdo, entonces. Supongo que los nervios son entendibles cuando uno va a tener una cita con un chico tan guapo. —Guiñó e intenté mantener mi sonrisa falsa antes de girarme y salir de la cocina. Cerré la puerta de mi habitación y me giré para ver si el alma me había seguido.

—¿Estás buscándome? —la musical voz provino detrás de mí. Me volteé sorprendida y dejé salir un audible chillido.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, confundida. ¿Por qué las almas habían comenzado a hablarme? Dejó salir una risita que sonó similar al repique de las campanas.

—Ya está fijado, —dijo simplemente y caminó más cerca de mí. Tendí ambas manos al frente como si eso evitaría que se acercara.

—No te acerques más. —dije, dándome cuenta que por primera vez en mi vida, estaba completamente aterrorizada de un alma.

Frunció el ceño. —No eres muy amigable.

Dejo salir una risa corta. —¿Qué? ¿No soy amigable con una fantasma que flota en mi casa y comienza a tocarme? Bueno, disculpa mi mala educación, pero esto es un poco perturbador.

Su ceño parece tomar una expresión comprensiva. —Ah, sí. Bueno, supongo que solo asumí que ya estabas acostumbrada a nosotros.

Así que sabía que podía ver almas. —¿Quién eres? —pregunté de nuevo, deseando que mi voz sonara firme en vez de, sin lugar a dudas, temblorosa. No respondió, pero volvió a estudiarme detenidamente—. Necesito arreglarme para salir antes de que mis amigos lleguen. Si no tienes ningún propósito al estar aquí, entonces, ¿podrías encontrar otra casa por la que vagar?

Su risa cantarina llenó la habitación nuevamente. —No vago por las casas de las personas. —Dijo, como si hubiese dicho la cosa más tonta que alguna vez ella hubiese escuchado—. Está fijado. —dijo de nuevo, sonriendo ampliamente.

Empecé a preguntarle a lo que se refería cuando, una vez más, me quedé sola en mi habitación. Me giré en círculos, esperando verla caminando por allí, pero se había ido.

Necesitando escuchar la normalidad que era escuchar el canto desafinado de mi madre mientras preparaba la cena, fui y abrí la puerta de mi habitación. Necesitaba ver a Dank. Quería respuestas. Antes de Dank, las almas no hablaban conmigo. Me había gustado de esa manera. Me gustaría mantenerlo de esa manera. No me agradaba la idea de que las almas caminaran hacia mí, me tocaran y me hablaran. Podía lidiar con su presencia, pero prefería ignorarlas y en respuesta ser trataba como todos los demás. Di otra rápida vuelta en mi habitación y en silencio cerré la puerta. Caminé al otro lado del cuarto, poniendo distancia entre la puerta y yo. Lo último que necesitaba era que mi mamá escuchase lo que estaba a punto de hacer.

—Will, —dije en voz alta. Me había hablado desde el otro lado de un pasillo lleno de gente. Me imaginaba que podía escucharme en cualquier lugar. Pero igual no era ninguna experta en las señales de las almas. Nunca había sentido la necesitad de contactar alguna. Esperé, pero nada sucedió. Me giré para revisar detrás de mí—. ¿Will? —dije nuevamente, sintiéndome estúpida. La habitación se mantuvo vacía. Con un suspiro de derrota, volví hacia la puerta y la abrí. Necesitaba dejar de jugar con lo sobrenatural y arreglarme.

* * *

—¡Vaaaaamos PIRATAS! —Miranda anima altísimo desde su asiento a mi lado. Íbamos ganando por dos touchdowns y la multitud comenzó a celebrar locamente. Al juego solo le faltaban cuatro minutos para terminar y no había visto a Will por ningún lado. Aparentemente, Kendra no lo había visto tampoco, ya la había estado observando mientras animaba en el campo de futbol. Seguía buscando entre la multitud por él. Por supuesto, sus razones de querer verlo eran completamente distintas a las mías. Sin mencionar el hecho de que las de ellas no eran ni de cerca tan importantes. Con cada ceño en su rostro, supe que no había visto al elusivo William Walker. Necesitaba encontrarlo antes que el juego terminara. Salir con Leif a celebrar la victoria más tarde sería obstaculizado por las preguntas sin respuestas en mi cabeza.

—¿Podrías dejar de buscar en la multitud a la estrella de rock y mirar a tu novio? —siseó Miranda en mi oído. Debía haber sabido que me descubriría.

Fruncí el ceño. —No estoy buscando a la estrella de rock. El fútbol simplemente me aburre.

Miranda rió y rodó sus ojos. —Solo tú saldrías con el mariscal ardiente y luego admitirías que te aburre el fútbol.

Me encogí de hombros y luego volví mi atención al la acción que ocurría en el campo. En el momento en que mis ojos se fijaron en Kendra, vi como su rostro se iluminaba mientras veía a alguien abajo en las gradas. No podía verlo desde donde me encontraba, pero sabía que había llegado. Esa sería la única razón por la que Kendra cambiaría su irritada expresión por una de encanto total. Miré hacia Miranda y Wyatt, quienes se encontraban observando el juego. La expresión de Kendra no era algo a lo que prestaban atención.

Busqué mi bolso. —Voy a comprar algo de tomar, ¿quieren algo? —pregunté, deseando que dijeran que no. No quería ser apresurada. Necesitaba encontrarme a solas con Will y obtener algunas respuestas.

—No, el juego ya casi termina y vamos al Grill a celebrar. Podemos tomar algo allí.

Deslicé mi bolso sobre mi hombro. —Tengo sed ahorita. Nos vemos en el campo cuando todo esto termine. —Miranda busca a mi alrededor por entre la multitud. No tenía que preguntar para saber que estaba buscando a Will. Por suerte, él no se había parecido a la vista.

Miranda me miró nuevamente y se encogió de hombros. —De acuerdo. —me giré y caminé rápidamente antes de que viera a Will o decidiera que quería algo de la tienda.

Will se encontraba de pie mirando el juego en el campo con los brazos cruzados, como si estuviese aburrido. Sus ojos se encontraron con los míos en el momento en que aparecí por la esquina. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios. No tenía tiempo para lidiar con sus astutos comentarios sobre yo queriendo encontrarlo.

—Necesito hablar contigo a solas, ahora. —dije susurrando mientras pasaba a su lado y me dirigía hacia el oscuro estacionamiento. No me giré para ver si me seguía. Podía sentir su presencia. Una vez supe que nos encontrábamos fuera de la vista de todos, me giré para mirarlo—. ¿Quién es ella? —demandé.

Will frunció el ceño. —Se más específica, por favor.

Suspiré y cerré los ojos contra la distracción que su voz siempre me presentaban. Me costaba concentrarme viéndolo a la luz de la luna. —El alma que vino a mi casa y me tocó y habló conmigo. Me dijo “está fijado” dos veces.

Will se tensó visiblemente y se acercó a mí. —¿Qué? —preguntó con expresión sorprendida en su rostro.

—Un alma vino a mi casa. Me tocó y habló conmigo. Las almas nunca me hablaban, antes de que llegaras. Incluso entró a mi habitación. —murmuré, con miedo de que alguien pudiese escucharme.

—¿Dijo “está fijado? —preguntó con un con voz tensa. Podía darme cuenta que trataba de controlar su temperamento, simplemente no sabía porque estaba enojado. Asentí, mirándolo de cerca.

Caminó más dentro en la oscuridad y luego subió su mirada enojada al cielo. —No jodas conmigo. —dijo en voz alta y fuerte. Retrocedí, sin estar segura de a qué le gritaba. Se quedó de pie con la espalda hacia mí, tomando profundas bocanadas de aire, y esperé, deseando no haberlo traído sola aquí en la oscuridad.

Lentamente se giró. Incluso en la oscuridad, claramente podía ver sus ojos azules. Me recordaban a brillantes zafiros reflejando los rayos del sol. —Voy a estar observando. —su voz sonaba aún más intensa que antes. Di un paso atrás, aterrorizada por el creciente brillo en sus ojos, saliendo desde la profundidad de su pecho—. Si ella se acerca a ti, o cualquier otra… alma se acerca a ti, adviérteles que vas a decirme. ¿Entiendes? —Me encontraba asustada. No de Will, pero de… algo.

—¿Quién es ella? —pregunté de nuevo.

En su rostro se reflejó una mirada torturada antes de girarse lejos de mí. —Alguien que ha venido a enmendar algo malo. —caminé más cerca de él, necesitando saber más, pero sacudió su cabeza en protesta y luego desapareció. Me quedé de pie sola en el estacionamiento. Debido a los recientes acontecimientos, no me gustaba estar aquí afuera sola. Aún sabiendo que Will se encontraba lo suficientemente cerca que vendría si lo llamaba. Las celebraciones se escuchaban desde el campo, señalando que el juego había terminado.

Mis preguntas todavía no tenían respuestas. Caminé rápidamente de vuelta al estadio iluminado, frustrada con Will y su determinación por ser evasivo, incluso cuando él mismo parecía ser la causa de mi vida hecha desastre. El campo estaba lleno de piratas celebrando mientras caminaba por entre las masas de estudiantes y padres. Comencé a buscar a Miranda y a Wyatt. Una risa familiar llamó mi atención y me giré para ver a Kendra con sus manos en el pecho de Will mientras él bajaba la mirada hacia ella con una sonrisa en su rostro. Me congelé.

Él parecía contento y despreocupado con la atención de la animadora rubia, cuando hace solo momentos se encontraba maldiciendo hacia el cielo y diciéndome que amenazara a cualquier otra alma parlanchina que tuviera contacto conmigo. La urgencia de acercarme a Kendra y halarla por los cabellos hasta que estuviera a unos buenos tres metros lejos de Will era difícil de resistir. Sus ojos se apartaron de los de Kendra y me encontraron. Asintió como saludando antes de volver su mirada a la chica en sus brazos. Tragué la sensación de traición y retiré mi mirada lejos de ambos. Will no me pertenecía, así que en realidad no me estaba traicionando. Ese recordatorio no me hizo sentir para nada mejor. En ocasiones, parecía como si William Walker y el alma fueran dos seres completamente distintos. Confiaba en el alma. William Walker me confundía.

—¡Maite! —la voz de Miranda se escuchó por entre las voces de celebración. Me giré, sin estar segura de poder enfrentarla en estos momentos. Miré de nuevo hacia el estacionamiento, pensando alguna manera en poder escapar. Pero mi casa ya no parecía segura. La hermosa alma rubia me había asustado—. ¿Maite? —llamó Miranda de nuevo y volví mi atención de vuelta a la multitud, sabiendo que debería ir hacia ella. Leif estaría esperándome. Sin embargo, esa yo que conseguiría no era la que merecía. No estaba celebrando por la victoria. En vez de eso, me encontraba aterrorizada de lo desconocido.

—Ve con ellos. Estoy aquí. Te encuentras a salvo. —La voz de Will llegó fuerte y clara por entre las voces de la multitud. Justo como antes, nadie más lo pareció escuchar. Busqué su familiar rostro entre aquellos de las personas a mi alrededor.

—¡Jesús, Maite, estás sorda! ¿Dónde has estado? Vámonos. —Mirando tomó mi brazo y comenzó a halarme por entre el gentío celebrando. Le permití llevarme y forcé una sonrisa. Leif lo esperaría de mí. Miranda y Wyatt lo esperarían de mí. Iba a terminar diagnosticada de loca si no me controlaba.

—¡Allí está! —me gritó Miranda al halarme hacia Leif. Él acababa de salir de los vestuarios, recién bañado y con un par de vaqueros descoloridos y un jersey limpio. Tomé una gran bocanada de aire y plasmé una sonrisa en mi cara. Él miró en mi dirección y lo saludé con la mano. Sonrió ampliamente y corrió hacia mí. Antes de poder darme cuenta, me estaba levantando y pegándome contra su pecho. No tuve tiempo de prepararme para cuando sus labios cubrieron los míos. Sus brazos a mi alrededor eran cuidadosos debido a que mis costillas todavía se estaban curando. Él me recordaba a la calidez y la seguridad.

Subí mis manos hasta su pecho, esperando poder aferrarme a él un poco más y pretender que de verdad me encontraba a salvo. Sus manos se deslizaron por mi cabello e inclinó mi cabeza hacia atrás al profundizar más el beso. Lo tomé completamente. Necesitaba este sentido de normalidad. Esta falsa sensación de seguridad. Leif era real y representaba todas las cosas seguras. Necesitaba esa conexión con el mundo. En este momento necesitaba lo que me ofrecía. Sin embargo, bailando peligrosamente en el fondo de mi mente, habían pensamientos de otra boca, lo que parecía revolver cosas aún más intensas dentro de mí. Cerré mis ojos con más fuerza, intentando luchar con el deseo de tener los brazos de Will presionándome más cerca, con sus perfectamente esculpidos labios contra los míos. Esto era seguro. Leif era saludable para mí.

Rompió el beso y se separó solo un poco, me di cuenta que su respiración era irregular, no como la mía. Él parecía aturdido. —Eso fue aún mejor de lo que había imaginado. —dijo, sin aliento. La punzada de culpa que me había estado embargando desde que Will se había metido bajo mi piel me recordó que esta era la decisión correcta.

—De acuerdo, ustedes dos necesitan o conseguir un jodido cuarto, o salir a la superficie por aire para poder ir a buscar algo de comer. Muero de hambre. —la divertida voz de Wyatt entró al pequeño mundo en el que nos habíamos perdido por entre la multitud de gente.

Lief me guiñó y deslizó su brazo alrededor de mi hombro. —Vamos a comer. —dijo, sonriendo como un pequeño niño al que le acaban de dar caramelos. Me aferro a él por lo que él representaba en mi vida, no porque lo deseara, pero aparté eso de mi mente. Pensar en el asunto solo hizo que la culpa aumentara.

* * *

—Después del juego de esta noche no veo cómo los Scouts pueden mantenerse apartados. —dijo Wyatt, sonriendo desde el otro lado de la mesa frente a Leif y yo.

Leif rió. —Un juego no derrotará a los Scouts de la universidad, sabes eso.

Wyatt llevó una papa frita hasta su boca. —Un par más como ese y descenderán. —dijo, seguro de si mismo.

El pulgar de Leif acarició mi mano. Había comenzado a sostenerme la mano cada vez que no encontráramos juntos. Era dulce.

—Oh, que asco, ¿tenían que venir aquí? Es decir, ¿por qué no simplemente se lleva a la chica pulpo a un hotel y nos dejan comer en paz? —dijo Miranda en voz moleta mientras me lanzaba una mirada de conocimiento. Subí la mirada para ver a Will entrar por la puerta con una muy pegada Kendra a su lado. Alcancé mi soda y decidí estudiar la tarjeta de comercio puesta debajo del vidrio encima de la mesa—. Creo que la única manera en que pueda estar mas cerca de él es si envuelve las piernas a su alrededor y él se ve en la obligación de cargarla. —dijo Miranda en tono de asco.

Wyatt rió. —De acuerdo, Miranda, deja tranquila a la pobre chica. Parece que la estrella de rock tiene sus manos llenas tratando de evitar que lo viole. No necesita que andes haciendo comentarios sarcásticos. —Mirando rió tontamente y descansó su cabeza en el hombro de Wyatt.

—¿Qué lo viole? Me gusta esa. Desearía haberla pensado. —Wyatt sacude su cabeza mientras lleva otra papa frita a su sonriente boca.

Leif suspiró. —Ella tiene muchos problemas que hacen que actué como lo hace. —lo miré y me di cuenta que parece más preocupado que divertido.

Miranda rodó los ojos. —Tú lo sabrías. Saliste con ella como por tres años.

Leif bajó la mirada hacia mí. —Sí, lo hice, pero solo porque la única chica que quería parecía que yo no le gustaba completamente.

Sonreí y apreté su mano. —Fui estúpida. —era verdad. Conocer a Leif me enseñó que juzgar a otros no era solamente malo, sino que provocaba que me perdiera amistades con personas especiales.

Sus ojos se tornaron serios y se inclinó, pero se detuvo justo antes de que sus labios tocaran los míos. —Eres brillante. Quizás solo un poco lenta en la aceptación, pero brillante de todas maneras. —sus labios tocaron gentilmente los míos. De nuevo, me sentí segura. Un profundo gruñido me sorprendió y brinqué hacia atrás, mirando a Leif para ver si había estado gruñendo. El confundido ceño en su rostro me dijo que no había sido él. Su pulgar acarició mi labio inferior y el gruñido comenzó nuevamente. Definitivamente no era Leif quién hacia esos sonidos de animales—. ¿Estás bien? —pregunté suavemente.

—Lo siento, pensé que habías dicho algo. —expliqué, forzando una sonrisa. Sonrió y dejó caer su mano de mi rostro. El gruñido disminuyó y miré alrededor de la habitación.

Will estaba sentado en la mesa de la esquina junto a Kendra, quien parecía estar hablando animadamente con otra animadora al lado de ellos. Sus ojos oscuros me miraron con un brillo posesivo. Había sido él. Él había gruñido. ¿Cómo hacía eso? Podía sentir la mirada de Miranda y no quería que me estuviese haciendo más preguntas. Me concentré de nuevo en mi comida y lancé una papa frita en mi boca. Leif y Wyatt habían regresado a hablar del juego, así que tuve tiempo de enfocarme de nuevo en mis amigos y no en Will. Leif se inclinó de nuevo contra el sillón y liberó mi mano, deslizando la suya detrás de mis hombros y luego gentilmente apretándome contra él.

Miranda sonrió. —Así que, ¿Cuándo vamos a escoger vestidos para el Baile de Bienvenida? —me pregunta. Frunzo el ceño hacia ella. Leif y yo no habíamos hablado del baile de bienvenida. Estábamos saliendo exclusivamente pero no me había dicho nada sobre llevarme al baile. Ya había decidido quedarme en casa a ver películas viejas y comer palomitas de maíz. La mirada de Miranda iba de mí hacia Leif como valorando la situación—. Le preguntaste, ¿verdad? —preguntó en tono irritado. Leif giró su cabeza y me miró.

—Solo asumí que estaba arreglado. ¿Se suponía que debía preguntar? —la mueca de preocupación en su rostro era adorable. Le sonreí, esperando tranquilizarlo. No me gustaba preocuparlo. Parecía muy sensible emocionalmente.

—Leif, siempre se supone que debes pedirle ir al baile a una chica. Asumirlo es algo malo. —El tono de corrección de Miranda me hizo reír. El ceño de Leif se suavizó y deslizó su dedo debajo de mi barbilla, y gentilmente acarició la línea de mi mandíbula con su pulgar.

Miranda suspiró desde el otro lado de la mesa. —De acuerdo, eso fue hermoso. ¿Por qué no me preguntaste así? —le preguntó a Wyatt.

Wyatt le lanzó a Leif una mirada irritada. —Gracias, amigo. La próxima vez que decidas demostrar tu lado romántico, ¿podrías hacerlo a solas?

Me reí y Leif continuó mirándome. Asentí se inclinó para besarme. Me preparé mentalmente para el gruñido, y en el momento en que lo escuché, bajo y enfadado en mis oídos, sonreí.

7

En el momento que intenté abrir la puerta y la encontré cerrada con llave, supe que estaba en problemas. La nota de mi madre en el mostrador diciéndome que ella y Roger habían ido al cine envió un escalofrío de miedo a través de mí. Yo no quería estar sola en casa. No le había pedido a Miranda que viniera a pasar la noche conmigo, porque había planeado dormir en la cama con mi madre esta noche. Entré en mi habitación y escaneé cada centímetro de ella buscando un pelo largo y rubio. No hay señales del alma extraña. Eché un vistazo al cuarto de baño y pensé en la ducha que realmente quería. Entrar allí, y encender la ducha y cerrar la cortina me asustaba. Seguí recibiendo visiones de las películas de terror que había visto, donde cosas malas pasaban cuando alguien se daba una ducha. Yo nunca sería capaz de tomar una ducha sin que mamá estuviera en casa. Tal vez ni siquiera entonces. ¡Oh, mie*****! ¡Me iba a convertir en la apestosa chica increíble! Si tratara de convencer a mi mamá a entrar en el cuarto de baño conmigo así yo podía ducharme ella pensaría que estaba loca. Me dejé caer en mi cama y dejé escapar un suspiro de derrota.

—¿Qué está mal? —preguntó una voz desde mi puerta. Me tiré hacia arriba gritando. Sin embargo, murió casi de inmediato cuando vi a Will apoyado en el marco de la puerta mirándome.

—Will. —Tomé una respiración profunda para calmar mi acelerado corazón.

—Lo siento, no me di cuenta que estabas acabada sobre esto —dijo, frunciendo el ceño y entrando en la habitación. Volví a sentarme en mi cama y solté una carcajada profunda.

—Bueno, discúlpame si almas extrañas aparecen en mi casa, hablando conmigo y tocándome, asustándome un poco. —Le lancé una mirada acusadora—. Entonces, te pregunto sobre ello y tú maldices en la oscuridad y te pones todo enojado.

Caminó y se sentó al final de mi cama. —Lo siento por eso. Yo no debería haberte asustado de esa manera. —No había ninguna duda en el tono preocupado de su voz.

—Bueno, ¿puedes decirme lo que está sucediendo, quién es ella? —pregunté. Él negó con la cabeza e inmediatamente dirigió su mirada lejos de mí.

—No, eso es lo único que no puedo hacer por ti. Pídeme cualquier cosa en el mundo, Maite, y me aseguraré de que sea tuyo, pero eso no lo puedo hacer. —Su voz sonaba intensa y dolorosa, al mismo tiempo. Me decepcionó, pero yo sabía que empujar el tema no tenía sentido.

—¿Por qué estás aquí, entonces? —le pregunté recordando como hace menos de una hora atrás lo había dejado en una cabina de la esquina con Kendra acurrucada contra su costado. Se puso de pie y se acercó a la ventana y miró afuera.

—Hasta que no sepa que todo está bien... hasta que me ocupe de lo que debe hacerse, voy a pasar las noches aquí en tu habitación. —Se volvió hacia mí con una expresión determinada—. Tengo que protegerte. —Hizo un gesto hacia la puerta—. Si quieres tomar esa ducha, me aseguraré de que estés completamente a salvo, mientras lo haces.

Por supuesto que sí, quería esa ducha. Empecé a levantarme y después me senté de nuevo, mirándolo.

—¿Puedes leer mi mente? —Esta no era la primera vez que él hubiera sabido lo que estaba pensando.

Él me sonrió con malicia. —No exactamente. Es más bien como que puedo sentir tus miedos con tanta fuerza que los puedo oír. —Asentí con la cabeza y pensé en la época en que había reído de forma que sólo yo podía oírlo, como si me hubiera escuchado en la cafetería pensando en él y Kendra.

Le devolví la mirada. —Me oíste en la cafetería cuando estabas con Kendra, yo no tenía miedo entonces.

—Él arqueó las cejas ligeramente—. ¿Tú no tenías? —Mi cara se puso caliente y me di vuelta y salí de la habitación antes de que él pudiera verme sonrojada.

Comencé a cerrar la puerta del baño cuando me volví y miré las paredes sabiendo que un alma podría venir en cualquier momento.

Devolví la mirada al pasillo, donde estaba descansando Will en mi cama. Él no podía ver el alma si entraba en el cuarto de baño.

Su cabeza se volvió de inmediato hacia mí. Una sonrisa maliciosa lentamente se formó en su boca.

—Me encantaría acompañarte en el baño mientras te duchas, y si en verdad fuera tan malo como piensas que yo soy, haría exactamente eso. Sin embargo, puedo sentir cualquier alma intentar entrar en esta casa antes incluso de entrar. Estaría allí antes que cualquier otra entrara. Estás a salvo conmigo aquí —terminó con un guiño. Cerré la puerta con rapidez antes de que dijera otra cosa que me avergonzara.


****

Me puse un par de pantalones de chándal y una camiseta sin mangas en lugar de mi vestimenta de noche habitual. Si iba a tener compañía mientras dormía, tenía que usar ropa. Mi corazón se aceleró ante la idea de Will estando en mi dormitorio, en mi cama y tomé varias respiraciones profundas para calmar mis pensamientos y emociones.

—Maite, cariño, ¿estás en el baño? —llamó mamá desde el pasillo. Abrí la puerta y miré más allá de ella a la cama donde Will todavía estaba descansando.

—Ella no puede verme ni oírme. Cálmate. —Miré a mi madre, que estaba de pie, sonriendo en la puerta.

—¿Tuviste un buen rato con Leif?

—Sí, ganamos el partido y salimos con Miranda y Wyatt después a Grill. Fue muy agradable —dije pensando en él besándome y una vez más mi mente volvió al increíblemente sexi macho no humano en mi habitación, que parecía que no podía mantenerlo al margen de mi cabeza.

Mamá se echó a reír. —Agradable, ¿eh? Pobre chico, no tiene ni idea de que eres un hueso duro de roer. Ah, bueno, eso es bueno por ahora. Un día, el chico correcto va a llegar y te barrerá, no serás capaz de ver con claridad. Disfruta de los otros hasta entonces. —Ella besó mi mejilla y se dirigió hacia su habitación.

Cuando entré en mi habitación, miré lo que parecía ser un durmiente Will. Cerré la puerta de la habitación con suavidad, no queriendo despertarlo. Abrió los ojos y miró hacia mí, sonriendo.

—¿No hay posibilidad de que me dejes dormir en la cama también?

Negué con la cabeza y me reí. —No, no la hay. —Él suspiró y se sentó—, yo ya lo había adivinado, pero estaba esperando un momento de piedad de la “hueso duro”.— Fruncí el ceño, odiando que hubiera oído a mi madre. Yo realmente no quería que Will supiera que no estaba completamente enamorada de Leif. Era mejor así. Me fui a mi armario en busca del saco de dormir que había comprado para ir de camping el verano pasado.

—Yo no duermo Maite, te estaba tomando el pelo. —Me di vuelta y fruncí el ceño—.

Bueno, supongo que tiene sentido… para las almas normales. Ellas no tienen cuerpos, pero tú si, entonces tú no lo haces. Es como que puedes elegir si quieres ser humano o alma. Eso no es normal, ¿verdad? —le pregunté, sin saber exactamente cómo nada de esto funcionaba. Lo único que sabía era que no funcionaba de la manera que siempre me habían enseñado. La Escuela Dominical lo tenía todo mal.

Él se rió y se sentó en el sofá al lado de mi ventana. —Yo no soy un alma, por sí mismo. Eso es todo lo que puedes saber. —Tomó la guitarra que no había notado parada en la esquina detrás de la silla.

—Vete a dormir, Maite. Estás a salvo y necesitas descansar. —Comenzó tocando la guitarra y me volví a mi cama y saqué la colcha antes de caer en el interior. Las luces se apagaron y miré a Will.

—No hay necesidad de dormir con las luces encendidas. Puedo ver de cualquier manera —explicó. Asentí con la cabeza y me obligué a cerrar los ojos. Yo quería hacer más preguntas, pero sabía que él no iba a responderlas esta noche. El sonido de la música comenzó a calmarme. La voz baja de Will se unió a la guitarra y me perdí en el sonido y la seguridad de su presencia…

“No estabas destinada para el hielo, no te hicieron para el dolor.
El mundo que vive dentro de mí no era el mundo que estabas destinada a contener.
Estabas destinada para los castillos y la vida bajo el sol. El frío corriendo a través de mi debería haberte hecho correr.

Sin embargo, te quedas. Aferrándote a mí, sin embargo, te quedas, extendiendo la mano que empujo lejos. El frío no es para ti, sin embargo te quedas, te quedas, te quedas. Cuando yo sé que no correcto para ti.

El hielo llena mis venas y no puedo sentir el dolor, sin embargo, estás ahí como el calor que me manda a gritar de miedo.
No puedo sentir el calor, necesito sentir el hielo. Quiero tener todo dentro y adormecido hasta que no pueda sentir el cuchillo.

Tu calor amenaza con derretir todo y yo sé que no puedo soportar el dolor si el hielo se derrite.
Así que te empujo lejos y grito tu nombre y yo sé que no puedo necesitarte sin embargo, me lo das de todos modos y corro, deseando que corrieras también.
Sin embargo, te quedas. Aferrándote a mí, sin embargo, te quedas, extendiendo la mano que empujo lejos. El frío no es para ti, sin embargo te quedas, te quedas, te quedas. Cuando yo sé que no correcto para ti.

La oscuridad es mi escudo. La tiro aún más cerca.
Eres la luz de la que me escondo, la luz que yo aborrezco.
Eres la luz de esta oscuridad y no puedo permitir que te quedes.
Necesito la oscuridad a mí alrededor como si necesitara el hielo en mis venas.
El frío es mi sanador. El frío es mi lugar seguro. No es bienvenida con tu calor, no perteneces a mi lado.
Te odio pero me encanta, no te quiero pero te necesito.
La oscuridad siempre será mi capa y tú eres la amenaza para dar a conocer mi dolor, así que vete. Vete y borra los recuerdos.

Tengo que hacer frente a la vida que ha significado para mí. No te quedes y arruines todos mis planes.
No puedes tener mi alma no soy un hombre.
El recipiente vacío que habito no tiene la intención de sentir el calor que traes. Te aparto y te rechazo.
Sin embargo, te quedas.”

*****

El sonido mi madre cantando fuera de tono y el olor del tocino me despertó. Me estiré y entrecerré los ojos contra el brillo del sol de la mañana. La noche anterior lentamente volvió a mí y yo me senté en la cama y miré hacia la ahora silla vacía. Eché un vistazo alrededor de la habitación y me di cuenta que estaba sola. ¿Me había dejado? Yo confiaba en él para mantenerme a salvo. Me levanté, necesitando abrir la puerta y estar cerca de mi madre. Estar sola no estaba en mí lista de cosas “para hacer”. Me volví y vi la guitarra estaba en un rincón y una pequeña cantidad de comodidad volvió, sabiendo que una parte de él estaba aquí. Sin embargo, una guitarra no era él, así que corrí escaleras abajo.

—Bueno, buenos días Maite —dijo mi madre desde la estufa. Ella puso un trozo de tocino en la parte superior de una toalla de papel.

—Buenos días —le dije en una voz áspera por sueño profundo en el que había estado. La limpieza de una garganta masculina me sorprendió y me volví para ver a Will sentado en el sofá viéndome.

—Creíste que me fui. Te dije que no lo haría —dijo con una sonrisa. Dejé escapar un suspiro de alivio y sonreí débilmente.

—Aquí, cariño, adelante y toma un crepe. Antes de que se enfríen y toma un poco de tocino. El café está fresco si quieres un poco. —Se echó a reír—. Parece como si necesitas recogerme.

Sonrío y voy a coger yo misma un plato. —Huele bien —dijo Will desde su lugar en el sofá. Fruncí el ceño, preocupada por él, por no poder comer.

Él se rió entre dientes. —Está bien, Maite, no necesito de los alimentos. Se trata de un beneficio. —Me sirvo una taza de café y le echo azúcar y leche en ella antes de dirigirme a la mesa—. Te ves como que has dormido bien —dijo, mirando mi apariencia. Me sonrojé pensando en mi pelo sin peinar, que no me había fijado, debido a la precipitada fuga de mi habitación vacía—. Ni siquiera pensaste en cepillártelo. Me gusta, es sexi. —Rodé los ojos y me hundí en la silla, y tomé un mordisco.

—Así que, ¿cuáles son tus planes esta mañana, cariño —preguntó mamá desde la cocina. La miré mientras estaba arreglando su plato.

—Um, voy a comprar un vestido para el baile de bienvenida con Miranda, Wyatt y Leif.—Will se rió entre dientes.

—Así que, ¿Leif llevará un vestido? —Lo miré y luego me volví hacia mi madre cuando ella se sentó a la mesa frente a mí.

—Oh, así que ¿Leif te pidió que fueras con él? Eso es emocionante. Puedes llevar la tarjeta visa. Sólo asegúrate de que no conseguir nada rojo o amarillo. Esos colores no son buenos con tu cutis. —Asentí con la cabeza y le di otro mordisco.

—Azul, azul suave —dijo en voz baja Will como si estuviera pensando en ello más que decirlo. Mantuve mis ojos en mi comida.

—Tengo una cita con el ordenador hoy día. Mi último manuscrito está casi terminado. Estoy emocionada acerca de esto más de lo que he estado con todos los demás. —Su voz había adquirido el tono alegre que sólo tenía cuando hablaba de su escritura.

—O mejor aún, de un rosa muy pálido —dijo Will y me puso rígida. Sus palabras se sentían como una caricia y estaba tomando todas mis fuerzas no temblar. Se rió, y luego se levantó y caminó hacia la puerta. Quise preguntarle a dónde iba, pero no pude con mi madre sentada aquí.

****

—Finalmente, podemos ir a buscar comida. Me muero de hambre. —Wyatt dejó escapar un suspiro de alivio con el bolso del vestido de Miranda colgando encima de su hombro.

—Como sea, no fue tan malo. Quiero decir que nos las arreglamos para encontrar los vestidos perfectos en menos de cuatro horas. Yo diría que fue bastante impresionante. —Miranda sonrió con aire de suficiencia.

Wyatt se rió entre dientes. —No, tú tomaste cuatro horas. Maite tenía el suyo elegido después de una hora. Leif ya ha tenido tiempo para llevarlo al coche y obtener para sí mismo un taco mientras esperábamos por ti.

Leif levantó las dos manos. —Déjame fuera de ésta. —Él deslizó un brazo alrededor de mi cintura y se inclinó para besar la parte superior de mi cabeza. Estar con él era tan fácil.

—Vamos a alimentarte Wyatt, por todo tu duro trabajo —dije en broma y Miranda se rió.

—¿Qué fue todo su duro trabajo? Sentarse en una silla diciendo: “Ese es magnífico consíguelo” ¿a cada vestido que me probé?

Me eché a reír y Wyatt se encogió de hombros. —¿Qué? ¿No puedo pensar que eres hermosa, sin importar lo que te pones? —Miranda sonrió hacia él y deslizó su brazo alrededor de su cintura.

—Te amo —dijo sin ninguna vacilación. Me sentí un poco incómoda en los brazos de Leif. Tenía la esperanza de que no se hiciera ilusiones, porque esas no eran palabras que yo estaba dispuesta a utilizar en cualquier forma.

—Yo te quiero más —dijo Wyatt, devolviéndole la sonrisa hacia ella.

—Consigan una habitación —dijo Leif en tono de broma y alivió mi tensión. Parecía ser siempre capaz de hacer eso por mí. Vi como un alma caminó alrededor, estudiando a la gente como si estuviera perdida. Eso sucedía a veces demasiado. Siempre me he preguntado si se trata de nuevas almas, confundidas en cuanto a lo que les había sucedido. Siempre me ponía triste. El alma me miró y yo le di una pequeña sonrisa, pero rápidamente me di la vuelta. Yo no quería que vinera hacia mí y me hablara. No estaba de humor para hablar con almas en este momento.

—Por lo tanto, Maite, ¿dónde quieres comer? —preguntó Leif y miré a Wyatt que estaba pronunciando, “mexicano” para mí.

Sonreí y me volví hacia Leif. —Tacos suenan bien. —Leif se rió entre dientes—. ¿Estás segura, puedo ver y leer labios, también, a pesar de que Wyatt parece pensar que no puedo.

—No, en serio, quiero mexicana. Salsa y chips suenan bien.

—Méxicana entonces.

Todos dimos la vuelta y nos dirigimos hacia el restaurante mexicano situado en el interior del centro comercial. La sensación de hormigueo de que alguien me observaba me hizo mirar hacia atrás. El alma que había notado antes nos había seguido y se quedó a varios metros de distancia, mirándome. Me di cuenta por su expresión perdida era un alma normal. Del tipo con las que había tratado toda mi vida. Me di la vuelta como si yo no la hubiese visto. Hacer caso omiso de ella era lo mejor. De esa manera iba a continuar en lugar de perder el tiempo conmigo. No había nada que pudiera hacer por ella ahora.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:21 am

***

Por favor, estate en mi habitación, por favor en mi habitación. Yo cantaba en mi cabeza mientras caminaba hacia arriba pasando el cuarto de mi madre donde la oí escribir con fuerza en su computadora. Entré y casi suelto un suspiro de alivio a un muy divertido Will descansando cómodamente en mi cama.

—Te dije que estaría aquí. ¿Por qué dudas de mí? —Me encogí de hombros y pensé en el hecho de que no había estado conmigo todo el día.

—¿De verdad quieres que esté a lo largo de toda tu cita? —preguntó y sonreí y negué con la cabeza—. Yo no lo creí.

Además estabas con amigos y en público. Todo estaba bien. Yo estaba asegurándome de eso. —Habló en un tono casual, como si no estuviéramos hablando de seres sobrenaturales. Él asintió con la cabeza hacia el vestido colgando en mi armario—, de color rosa pálido. Me gusta.

Me sonrojé, pensando en el hecho de que sólo había probado vestidos de color rosa pálidos. La forma en que me había sentido cuando sugirió rosa pálido se mantuvo repitiendo en mi mente y yo no podía pensar en cualquier otro color a intentar. Agaché la cabeza y fui a buscar mi ropa para dormir.

—Kendra estará vestida de rojo —dijo con sencillez y un súbito estallido de celos me sobresaltó. ¡Maldita sea! ¿Por qué me importa? ¿Y por qué tienes que decirme lo que llevaba puesto? Kendra era la última persona en la tierra de la que yo quería oír hablar. Él podía oír o sentir mis pensamientos. Conseguir una manija en mis emociones sería muy bueno ahora.

—Eso es genial. Estoy segura de que estará impresionante. —Me las arreglé para decirlo con sólo una pequeña cantidad de veneno goteando de mis palabras.

—No me gusta el color rojo, casi tanto como odio el pelo rubio —dijo con un tono divertido. Empecé a responder, pero me contuve. Yo no lo creo, pero ¿cuál era el punto de llamarlo? No era como si yo no podía verlo a él y a Kendra juntos todo el día todos los días. Era como si constantemente apuntaba con un puño a través de mi estómago cada vez que la tocaba o le susurraba al oído. Me volví de espaldas a él y me acerqué a mi joyero para encontrar las joyas a juego. Era mejor que pensar en Kendra en un vestido rojo con las manos de Will por todos lados.

El calor apretaba contra mi espalda causando un escalofrío correr por mi cuerpo. Llegué a la orilla de la cómoda para no perder el equilibrio y caer al suelo. Sabía que Will estaba detrás de mí. A pesar de que yo no lo entendía, sabía que solo su contacto podría causar esta reacción fuerte. Dejé que mi cabeza cayera de nuevo en el calor sólido de su pecho.

—Ella no significa nada para mí. —La voz de Dank envió un hormigueo por mi cuello y en mi pecho—. Yo nunca te mentiría, Pagan —dijo con urgencia en contra de mi oreja. Abrí los ojos para mirar hacia él, con ganas de ver el azul de sus ojos. Sus labios rozaron la punta de mi oreja e hizo un sendero hasta mi cara. Ambas manos se apoderaron de mi cintura tirando de mí duro contra su cuerpo. —Tú me tientas. No puedo caer en la tentación. No estoy hecho para ser tentado pero, Maite Moore, me tientas. Desde el momento en que vine por ti estuve colgado. Todo acerca de ti… —Una de sus manos a la izquierda de mi cintura y se trasladó hasta acariciar suavemente mi brazo—. Tú me vuelves loco de necesidad. De deseo. Yo no lo entendía al principio. Pero ahora lo sé. Es tu alma llamándome. Las almas no significan nada para mí. No se supone que deban. Pero la tuya se ha convertido en mi obsesión. —Bajó la cabeza en mi hombro y besó en la curva de mi cuello. Su mano se movió por debajo de mi camisa y el calor de la palma de su mano descansaba sobre mi vientre desnudo. Un pulso de calor se apoderó de mí y me apretaba fuertemente contra él para que no me caiga—. Quiero matar a ese chico cada vez que veo sus manos sobre ti. —Besó el camino hasta mi cuello y arqueé mi cuello en respuesta a darle un mejor acceso. Nada se había sentido así. Su tacto era como una droga—. Yo quiero arrancar los brazos de su cuerpo para que no te pueda tocar de nuevo. —Un gruñido bajo, familiar vibraba en mi espalda—. Pero no puedo tenerte, Maite. No estás hecha para mí. —Su voz sonaba torturada. Quería consolarlo. Él me reclamó también. De alguna manera, había entrado en mi mundo y se había convertido en el centro del mismo. Él era todo lo que quería. Comencé a decirle lo mucho que significaba para mí cuando me levantó y me puso con cuidado sobre la cama, cerniéndose sobre mí. Llegué a él deseando sentir su cuerpo contra el mio de nuevo pero él se alejó.

—Por favor —susurré.

Will cerró los ojos con fuerza como si estuviera adolorido. —No puedo, Maite. Nos destruiría a los dos.

—Y entonces él se había ido.

Leif besó mi mejilla antes de dejarme en la puerta de mi clase de literatura. Había comenzado a viajar con él a la escuela todas las mañanas. Cada mañana había sido cada vez más difícil dejar la presencia de Will y entrar en la realidad de Leif. Después de dormir con la voz de Will cantándome en el oído toda la noche, parecía anhelar su presencia aún más.

Una intimidad ahora existía entre nosotros. Después de tener sus manos en mi cuerpo y sus labios contra mi piel, nada había sido lo mismo. Se había acostado a mi lado ayer por la noche y me sostuvo contra él mientras dormía. Necesitaba a Will. Las palabras que me susurró al oído durante la noche me aseguraban que él me quería, también.

Él me necesitaba pero estaba dejando que una barrera invisible se interpusiera entre nosotros.

Caminé hacia mi escritorio y me di cuenta que el de atrás estaba vacío. Era el lugar de Will. Él estaría aquí pronto. Me senté en mi escritorio y me concentré donde nos habíamos quedado el viernes. Cada vez que veía a alguien entrar por la puerta desde mi visión periférica, levantaba la vista para ver si era Will. La voz risueña y la cabeza de Kendra entraron por la puerta, él detrás de ella cargando sus libros. Mi estómago se contrajo dolorosamente. Me obligué a mirar hacia otro lado. Él había dicho que no le gustaban las rubias, pero la forma en que la miraba, decía completamente lo contrario. Miré hacia el libro abierto delante de mí, sin comprender ninguna de las palabras. Estaba esperando a que Will se sentara detrás de mí. Nunca lo hizo. El Sr. Brown entró al salón silbando y le sonrió a la clase.

—Ah, que bueno es ver caras tan felices esta mañana. ¿No es la Literatura Inglesa una alegría? ¿Qué mejor manera de despertar? —Preguntó en un tono jovial. Se volteó y escribió la tarea de esta semana en el pizarrón. Quería mirar hacia atrás y ver dónde estaba Dank, pero me negué. Podía sentirlo observándome, sin duda alguna esperando a que lo buscara a él. Bien, no le daría esa satisfacción. Además, él probablemente estaba jugando con los largos mechones rubios que decía odiar. Había susurrado que él me quería a mí. Que yo era lo único que alguna vez había necesitado.

—¿Puede alguien decirme uno de los últimos temas más importantes que hemos aprendido mientras estudiamos Las Euménides1? —Deseando desesperadamente de alejar mi mente de Will, levante mi mano en el aire. El Sr. Brown sonrió y asintió con la cabeza—, Bien, señorita Moore.

—El conflicto entre lo viejo y lo nuevo, entre el salvajismo y la civilización, entre lo primario y lo racional, —le contesté y el Sr. Brown aplaudió con las manos.

—Muy bien. Ahora, ¿un ejemplo de este tema? —Él miró por la habitación y levanté mi mano de nuevo. El Sr. Brown levantó sus cejas, sin duda sorprendido ante mi repentino deseo de participar en clase—. ¿Maite?

—La progresión de viejos a nuevos dioses. Zeus derrocó a las generaciones más antiguas de los dioses, y entre las antiguas deidades fueron las Furias. Las Furias se convirtieron en Parias. —Me detuve, sin querer decir más.

—Muy bien, muy bien. Ahora, ¿alguien que no sea Pagan puede por favor explicarme que tuvo que ver Apolo en esto? —El aula quedó en silencio y alguien rió—. Kendra, tal vez tú puedas ayudarnos con la respuesta, —El Sr. Brown dirigió su ceño hacia la aparente fuente de la risa.

—No, señor, tengo una vida fuera de la escuela. No todos pasamos nuestro tiempo extra estudiando y dando tutorías con el fin de conseguir un novio.

Hubo otra explosión de risas y el Sr. Brown inclinó la cabeza hacia un lado. —No creo que esa sea la respuesta correcta, Kendra, recibirás una nota baja por la participación de hoy. Ahora, alguien puede decirme, ¿o tendré que pedirle a la señorita Moore que nos ayude una vez más?

—Apolo es un símbolo para el hombre, lo racional, lo joven, y lo civilizado. Las Furias representan a la mujer, la violencia, lo viejo y lo primitivo. Esquilo captura un momento místico en la historia, una en que el mundo entre un pasado salvaje y arcaico y el orden nuevo y audaz de la civilización griega, los dioses jóvenes del Olimpo y la racionalidad. La dificultad de la lucha entre estos dos mundos es dramatizada por el ciclo de la violencia en La casa de Atreo y el enfrentamiento entre Apolo y las Furias.

Nadie se rió después que Will terminó. No había duda en mi mente, él lo había dicho eso por mí. Esta vez me volví y lo encontré exactamente donde lo esperaba. Estaba sentado detrás de Kendra cuya expresión era de dolor como si alguien le hubiera dado una bofetada. Él me dio un guiño y me mostró su perfecto hoyuelo. No podía borrar la sonrisa de mi cara.

—Muy bien hecho, señor Walker. Ahora, esperemos que el resto de ustedes aprovechen esta pieza de literatura así como Maite y William, porque hoy nos embarcaremos en un viaje más allá de este mundo creado por Esquilo.

El tener la respuesta de Will más elaborada que la mía para dar a entender que el saber las respuestas no tenía nada de malo, me ayudó a mantenerme enfocado en el debate del Sr. Brown. Sin embargo, Will siempre estuvo al frente de mi mente.

***

Al final del día fui a mi armario y saqué los libros que necesitaba para hacer la tarea. Dos manos cálidas se deslizaron alrededor de mi cintura.

—Te extrañé, —Leif susurró en mi oído, volví mi rostro hacia él y sonreí.

—Yo también te extrañé, ¿pero no deberías estar en práctica?

Se encogió de hombros. —Estaba en mi camino hacia allí cuando pensé en ti de pie en tu armario y lo fácil que sería tomar una desviación para verte.

—Estoy feliz de que lo hayas hecho. Ahora, vuelve al campo antes de que el entrenador te haga correr por llegar tarde. —Se inclinó y me besó suavemente en los labios.

—Te veré por la noche, —dijo, volviendo para correr hacia las puertas delanteras. Me quedé mirándolo hasta que se perdió de vista, después suspiré y me volví a cerrar mi casillero. Hoy había sido agotador y sólo quería ir a casa.

Un escalofrío se deslizó por mi columna y me congelé. No era un escalofrío como los de Will. Era otra clase de escalofrío. Del tipo que recordé de antes. El miedo hizo que mi corazón latiera violentamente dentro de mi pecho. Tomé dos respiraciones profundas antes de darme la vuelta lentamente. El alma rubia estaba mirándome desde el otro lado del pasillo. Me estaba estudiando como lo había hecho la última vez que la había visto. Tragué contra la nausea causada por el miedo, casi me ahogo. Estaba en un pasillo vacío. ¿Por qué no me había ido con Leif? Retrocedí hacia las puertas principales pero éstas estaban demasiado lejos para hacerme sentir segura.

Ella se echó a reír, el sonido tintineante enviando escalofríos por mis brazos. Cada paso que tomaba hacia atrás, ella lo tomaba hacia adelante.

—Déjame en paz. —Hice una mueca ante la debilidad de mi demanda. Era obvio que estaba aterrorizada.

Ella arqueó las cejas con sorpresa. —No puedo, —dijo mientras se acercaba. Pensé en girarme y echarme a correr, pero sabía que ella podía atraparme con bastante facilidad.

—Vete o le diré a William, —dije con poca convicción en mi voz. Su risa tintineante sonó nuevamente.

—Él está ocupado con la rubia. No entiendo por qué está deteniendo esto, —dijo cuando sólo estaba a unos pasos de mí. Atraje mi mochila más cerca de mi pecho y luché contra el impulso de gritar.

—Will, —susurré a pesar del terror apretando mi garganta, con la esperanza de que de alguna manera me escuchara. La rubia miró a su alrededor con pánico, pero sólo por un momento. Entonces su sonrisa angelical regresó.

—Como te dije, él está ocupado. —Estiró una mano para tocarme y me estremecí, esperando la sensación fría de sus manos.

—Yo no lo haría si fuera tú. —La voz de Will hizo que me volviera débil con alivio. Sus brazos me envolvieron y me recargué contra él.

—Déjate de eso. Esto no es de nadie para decidir. —Sus ojos inquietantemente bellos lo fulminaron con la mirada con una ferocidad que me dejaron helada—. Nunca fue tu decisión. Las reglas son como siempre han sido. Tendrán que hacerlo.

Sus brazos se apretaron alrededor de mí. —Vas a marcharte y mantenerte alejada de ella. Si te acercas a ella otra vez, no te lo perdonaré tan fácilmente. —Un destello de miedo cruzó por sus ojos y dio un paso atrás y luego desapareció.

Mis piernas quedaron inertes con alivio. Will me estrechó más cerca de él para no caer al suelo. —¿Te tocó? —Preguntó con una voz fría que no había estado esperando.

Negué con la cabeza, sin saber si era capaz de hablar. Volví la cabeza hacia atrás para mirarlo. Él estaba mirando hacia el pasillo. Podía oír un sonido bajo en su pecho mientras gruñía al pasillo vacío.

—Vamos, te llevaré a casa.

Lo dejé tener su brazo alrededor de mí cintura para estabilizarme mientras él me guiaba por el estacionamiento. Se detuvo delante de un Jeep negro sin techo y abrió la puerta del pasajero. No tenía idea de que tenía un vehículo, pero, tampoco debería de sorprenderme. Me cargó hasta el asiento como si fuera un niño y camino alrededor del auto para subir en el asiento del conductor.

—¿Cómo lo supiste? —Pregunté una vez que estábamos fuera del estacionamiento de la escuela. Se volvió hacia mí.

—Escuché tu miedo… y entonces oí mi nombre y la desesperación en él era… —se detuvo y miró hacia la carretera. Esperé en silencio a que terminara, pero permaneció en silencio.

—¿Era qué? —Pregunté en un susurro.

Dejó escapar un suspiro de frustración. —Aterrador. Sabiendo que tenías miedo… escuchar el miedo fue diferente a todo lo que he sentido. Estaba dispuesto a terminar la existencia de cualquier cosa que te estuviera haciendo daño. Entonces la vi y supe que era algo que no podía controlar sin, sin… hacer algo que sería insoportable para mí, pero más soportable que la alternativa.

Escuché sus palabras, pero no tenían sentido. Fruncí el ceño y sacudí la cabeza, con ganas de entender y él se acercó para tomar mi mano entre las suyas. —Maite, por favor, no preguntes por lo que no te puedo dar. Puedo darte todo excepto las respuestas a esas preguntas.

Cerré los ojos y volví mi cara hacia otro lado. Quería odiarlo por no decirme quién era o qué era. Quería entenderlo, entender esto, pero él no quería o no podía decirme nada.

Cuando el Jeep se detuvo frente a mi casa, agarré mi mochila y me bajé. Necesitaba distancia. Nada de esto tenía sentido y yo quería entenderlo. Me volví a cerrar la puerta y vi a Will junto a su Jeep con una expresión de derrota. Me detuve. La necesidad de llamarlo era tan fuerte, pero resistí y cerré la puerta suavemente. No podía comprender por qué se negaba a explicarme lo que me estaba sucediendo. Quería odiarlo, pero él tenía una parte de mi alma y no había nada que pudiera hacer para evitar mis sentimientos por él. Su aparición en mi vida había empezado toda esta locura. Había ofrecido a darme cualquier cosa en el mundo excepto por las respuestas que quería y necesitaba. Tiré mi bolsa en el mostrador de la cocina y me dejé caer sobre un taburete. Esta noche Leif vendría y trabajaríamos en su discurso de esta semana.

Sería una cosa normal de adolescentes. Pretendería que no vivía en un mundo de actividad paranormal. Tal vez cocinaría cena para él. Todo muy normal, todo muy real.

Terminé de cortar las quesadillas cuando sonó el timbre.

Cogí el plato y lo puse sobre la mesa de la cocina mientras caminaba hacia la puerta.

Leif sonrió y entró. —Lo que sea que huele es celestial. Por favor, dime que es para mí, porque me muero de hambre. —Me puse de puntillas y lo besé castamente en los labios antes de regresar a la cocina para tomar bebidas de la nevera.

—Hice quesadillas esta noche. ¿Quieres crema agria o guacamole? —Le pregunté, volviéndome a mirarlo.

—Crema agria, —respondió. Todo demasiado normal. No almas rubias tratando de asustarme hasta la muerte. Sólo mi novio y yo, trabajando en nuestros deberes.

—Está bien, comemos primero y luego empezamos con tu discurso sobre… ¿de que se trata esta semana? —Le pregunté mientras dejaba las bebidas, crema agria y el guacamole en la mesa.

—La importancia de un título universitario, —respondió, sonriendo con la quesadilla en camino a su boca.

Me senté frente a él. —Debería de ser bastante fácil.

Leif asintió y le dio otro mordisco a la quesadilla. Un movimiento me llamó la atención. Sorprendida, empecé a ponerme de pie, lista para correr cuando Will entró en la habitación. Lo vi pasar, sintiendo la tristeza abrumarme. Había sido grosera esta tarde y él de todos modos había regresado. Secretamente me había preocupado de que no volviera esta noche después de la forma en que me alejé de él. Miré a Leif quien estaba tomando un trago de su bebida.

—Mm, tengo que ir escaleras arriba y tomar algo, digo, hacer algo. Ya vuelvo, eh, come hasta que estés lleno. —Él sonrió y le di otro mordisco. Me dirigí hacia las escaleras y entré a mi habitación, inmediatamente mirando hacia la cama para descubrirla vacía. En lugar de estar sobre mi cama, lo encontré en la silla con la guitarra en sus manos.

—Hola, —le dije, sin estar segura de qué decir. Su sonrisa y hoyuelo me hicieron temblar.

—Hola, —respondió mientras comenzó a tocar la guitarra. Me quedé parada por un momento y lo escuché tocar la melodía que le había oído cantar en la noche cuando él pensó que estaba dormida. Me senté en la cama y lo vi tocar. Él era una contradicción. Un alma que no era una alma pero que hacia cosas que un alma podía hacer. Una estrella de rock que se suponía debía estar en una banda en la que nunca estaba. No había pensado en nada de esto antes.

—Will, ¿Por qué estás aquí? Si cantas en una banda, quiero decir, ¿qué te trajo aquí? —Sonrió con tristeza y volvió la mirada hacia abajo a la guitarra en sus manos.

—Sí canto con la banda cuando tienen conciertos. Cold Soul aún no es famosa. Puedo entrar y salir fácilmente, Maite, lo sabes. Mantenerme al día con mi otra vida es bastante fácil. —Por supuesto que lo tenía todo bajo control. Él era un hombre aprendiz: el roba corazón de la escuela, cantante en una banda, la habilidad de ser un fantasma y mi guardaespaldas. Sus ojos azules me miraron—. ¿Por qué estás aquí cuando el Sr. Maravillas está abajo? —Preguntó, dejando de tocar

Me encogí de hombros. —No sé, sólo parecía que podías necesitarme, —le dije, odiando la forma en que las palabras sonaban. Dejó la guitarra y se puso de pie. Lo vi mientras se ponía de rodillas frente a mí. Me quedé hipnotizada mientras trazaba la línea de mi mandíbula con el dedo y luego suavemente mis labios. El deseo se apoderó de mi cuerpo con tanta fuerza que cogí un puñado de la colcha en que estaba sentada.

—Te necesito. Nunca dudes de mi necesidad por ti. Pero ahora no es el momento de explorar mi necesidad. Tienes un chico enamorado en la planta baja que necesita de tu ayuda en su tarea, —dijo suavemente mientras se ponía de pie apartándose de mí para darse la vuelta y desaparecer. Me quedé en la habitación vacía y tomé varias respiraciones para estabilizar mi corazón antes de regresar escaleras abajo para ayudar a Leif con su tarea. Si tan sólo su tacto me hacía reaccionar con tanta fuerza, ¿cuánto sus labios sobre los míos me afectaría? Cerré los ojos ante la necesidad que corrió por mí.

***

Más tarde esa noche, después de mi ducha, me dirigí a mi habitación y encontré a Will ya sentada en la silla de la esquina tocando su guitarra. No miró hacia mí.

Decepcionada de que no parecía querer terminar lo que habíamos comenzado antes, tiré de la colcha de la cama y me deslicé en ella. Quería preguntarle por qué se había ido pero no parecía querer hablar conmigo. ¿Había visto a Leif darme un beso de buenas noches? ¿Estaba molesto? No había oído el gruñido familiar que normalmente significaba que Will había visto a Leif besarme. Ya no me hacía sonreír. Me partía un poco el corazón. No me gustaba la idea de hacerle daño.

—Will, —le susurré en la oscuridad, pero no miró hacia mí. Su voz se unió a la música y luché contra la necesidad de cerrar los ojos y quedarme dormida ante la comodidad que su voz parecía inducir. Lo observé, silenciosamente pidiéndole que me mirara. ¿Lo había lastimado?

—Cierra los ojos, Maite, y deja de preocuparte por mí. La vida en que he puesto es mía para soportar. No tienes ninguna razón de preocuparte de me causas dolor. Haces exactamente lo contrario de lo que temes.

Lo miré sin saber a qué se refería en hacer lo contrario.

—En cuanto a los besos, tienes razón, no me gusta verlo. Si decido verlo, es mi culpa. —Levantó la cabeza de la guitarra en sus manos y me miró fijamente—. La emoción que él evoca en ti no es fuerte. Sólo hay consuelo, no pasión, corriendo por tus pensamientos cuando te sostiene. —Su atención volvió de nuevo a la guitarra en sus manos.

—¿Me abrazarás esta noche? —Pregunté. Sus ojos hermosos me miraron con tanta emoción que me dejaron sin aliento.

—No hay nada que desee más, pero esta noche mi fuerza es débil. No puedo sostenerte en estos momentos. Quiero demasiado. Por favor, Maite, esta noche sólo duerme.

Lo vi tocar su guitarra hasta que mis ojos se volvieron pesados. Dank tenía razón. Leif era mi refugio. Mi roca para la normalidad. Él era un amigo. Era Dank quien me consumía.

***

1 La Orestíada u Orestea es una trilogía de obras dramáticas de la Grecia Antigua escrita por Esquilo, la única que se conserva del teatro griego antiguo. Trata del final de la maldición sobre la casa de Atreo. Las tres obras que la forman son: Agamenón, Las coéforas y Las euménides.

9

“¡No se ve una cosa como nuestro gimnasio!” ¡GAH! ¿Cómo de fantabuloso es este lugar?” Miranda se arremolinó a nuestro alrededor sonriéndonos, extremadamente contenta con la decoración del gimnasio. Ella estaba en lo cierto. Habían hecho un excelente trabajo convirtiendo el gimnasio en una estrellada noche oceánica.

“Es impresionante”, asentí mientras el brazo de Leif me llevaba más cerca de él.

“¿Tienes ganas de bailar?” me preguntó mientras la música cambió a una canción lenta de Lady Gaga a Just Dance.

Negué con la cabeza y miré en dirección a las mesas. “¿Podemos sentarnos en una? No estoy segura de que mi costilla esté para ese tipo de movimiento”. Me dirigió hacia las mesas mientras Miranda agarró a Wyatt y lo arrastró a la pista de baile. Me reí de la expresión de dolor de Wyatt y me volví a decirle algo a Leif, cuando me di cuenta de que su atención se centraba en la entrada. Había una mueca en su rostro.Will acababa de entrar. Se veía impresionante en un par de pantalones vaqueros, una camiseta negra y botas militares. Me tomó un momento apartar mis ojos de él y notar que Kendra estaba pegada a su lado.

Estaba fundida y vertida en el vestido rojo que llevaba puesto. O en realidad no era un vestido en absoluto, sino algo que tenía pintado sobre su cuerpo. Celos se encendieron en mi pecho a la vista del brazo de Will alrededor de su cintura. Miré hacia arriba a Leif, quien seguía mirando a la pareja con disgusto.

“¿Estás bien?” Le pregunté, y él apartó su mirada de Kendra y Will.
Asintió con la cabeza, se detuvo y me estudió un momento. “Tienes algunas clases con William, y has estado hablando con él unas cuantas veces, ¿no es así?” Asentí, sin saber de qué se trataba, así que esperé por más. “Algo en él me concierne. Kendra tiene algunos problemas que la hacen inestable y estoy empezando a preocuparme de que William no sea
el tipo de persona que ella necesita. Él parece oscuro y siniestro”.

¿Leif pensaba que Will no era suficientemente bueno para Kendra, la fulana del pueblo? Me las arreglé para mantener una furiosa ráfaga de risa y miré hacia la pista de baile deseando de alguna manera poder escaparme. Tenía que calmarme.

“¿Qué? Te ves loca. No me malinterpretes, Kendra no me gusta, Maite. Eso no es de lo que se trata”. Tomó mi otro brazo y me atrajo de cara a él. Su anterior expresión de hostilidad hacia Will había desaparecido. Ahora estaba preocupado y por primera vez no me importaba facilitar su preocupación. “Mírame. No la quiero. Tú eres todo lo que quiero. Te amo Maite. No es así con Kendra. Simplemente no quiero que le hagan daño. Ella tiene—“

“Problemas, sí, te he oído”, dije, interrumpiéndolo antes de que me olvidara e hiciera una escena. Tomé una respiración profunda recordándome a mí misma que me lo estaba tomando como algo personal debido a mis sentimientos por Will. “Mira, si William Walker tiene algún interés en Kendra entonces ella debe contar con suerte. Por lo que sabemos de él es inteligente, honesto, talentoso y compasivo”.

Fulminé con mi mirada a Leif quien parecía estar asimilando mis palabras. Quería decir algo más y seguir defendiendo a Will pero sabía que había dicho lo suficiente. “Necesito algo para beber. Enseguida vuelvo”, dije antes de darme la vuelta y alejarme. Era abrupto pero necesitaba poner un poco de espacio entre mi ira y Leif.

Miranda me saludó cuando pasé por donde ella y Wyatt bailaban. Forcé una sonrisa, pero seguí caminando. El vestido ceñido de Kendra llamó mi atención y me volví para verla envuelta alrededor de Will, riendo y bailando de manera que tendrían los acompañantes en su cuestión de segundos. Celos anudaron en mi estómago por la forma en que Will la sujetaba y la tocaba de maneras en que nunca me había tocado. No me dirigí hacia la mesa de los refrescos. En su lugar, me dirigí a las puertas traseras. Necesitaba alejarme de Leif y Will. Hice una pausa en la puerta. Estar a solas en la oscuridad no podía ser una buena idea.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:22 am

***

La risa de Kendra resonó en mis oídos y me decidí en ese momento, prefería hacer frente a la delicadamente escalofriante alma rubia que ver a Will sosteniendo a Kendra.





La brisa de la noche se había enfriado en el último par de semanas. Envolví mis brazos alrededor de mi cintura y caminé hacia el campo de fútbol abandonado. Las emociones agitándose dentro de mí me dieron una sensación de valentía. Seguí andando, lejos de la música y las risas.





Volví a pensar en el verano pasado en el rancho de mi tía y lo fácil que las cosas habían sido. Había pasado mi tiempo a caballo y ayudando a mi tía con la muerte de mi tío. Mamá me había sugerido que la fuera a visitar para que no estuviera sola. Había acordado ir, pensando que estar lejos de este pueblo y los recuerdos de Jay podría ayudar. Lo había hecho, en un sentido. Después de unas pocas semanas, me había dado cuenta de que Jay y yo nunca estuvimos destinados a ser. Otra ventaja de estar en el rancho había sido las almas errantes que parecían ser escasas. Había sido un breve respiro de mi vida. Sin embargo, las últimas semanas del verano, esperaba con interés volver a casa. Miré hacia atrás en el gimnasio y pensé en cómo cosas locas habían llegado desde mi regreso.





“¿Por qué no estás dentro bailando con tu cita?” La voz de Will rompió el silencio y me volví a verle recostado contra la pared de cemento del estadio. Me encogí de hombros y agaché la cabeza, mientras estudiaba mis pies. No quería que viera el dolor o la envidia en mis ojos. Ya era bastante malo que probablemente ya lo supiera. “Él se ve muy triste sentado en una mesa a solas”, dijo Dank silenciosamente en la noche. Un parpadeo de culpa profunda en mi estómago no era suficiente para enviarme al interior. Me encogí de hombros otra vez y no me encontré con su mirada de sondeo. Se rió y el bajo y sexy sonido envió un escalofrío a través de mí. “Así que, ¿te has decidido a intentar la cosa de ignorarme de nuevo, para ver si me voy?” preguntó con un toque de humor en su voz.





Me mordí el labio para no sonreír y negué con la cabeza.





“Sé que no funciona contigo”.





“¿Por qué estás aquí, Maite? ¿Qué pasa?” preguntó en voz baja. De mala gana lo miré. Estaba tan increíblemente hermoso de pie con los brazos cruzados delante de su pecho. El pelo oscuro que se curvaba en los extremos parecía bailar en la brisa.





“Nada que te concierna”, mentí. Él inclinó la cabeza hacia un lado y me dedicó una sonrisa maliciosa.





“¿En serio?”





Asentí con la cabeza. “En serio”.





Sus manos cayeron a los costados mientras se alejó de la pared y dio un paso hacia mí. “¿Verme bailar con Kendra no te molesta?” preguntó en un ronco susurro. Sacudí la cabeza y miré hacia otro lado, negándome a retroceder de su cercanía. Sus ojos se abalanzaron sobre mí tan intensamente como si estuviera realmente tocándome. Mi corazón empezó a golpear con fuerza contra las costillas y le miré.





Sus ojos se movieron de mi vestido a mi cara. “Sabía que el rosa pálida te conviene. La mayoría de las chicas no pueden llevarlo pero en ti es perfecto”.





Tragué saliva, atemorizada de que mi corazón estuviera a punto de golpear justo en mi pecho. No quería pensar sobre la manera en que su mirada hacía que cada célula de mi cuerpo cobrara vida.





“Crees que no te quiero tocar de la misma manera en que toco a Kendra. Tienes razón”. Sus palabras cayeron sobre mí como agua helada y di un paso atrás lejos de él como si acabara de darme una palmada. El latido de mi corazón se estrechó y tomé una rápida ingesta de aire, asustada, por un momento, de no ser capaz de respirar. Su mano se acercó, agarró la mía y me levantó contra él. “Cuando toco a Kendra mentalmente me atemoriza tener que seguir consiguiendo la farsa de estar interesado en ella”.





Dejé de tratar de sacar mi mano de la suya y me quedé mirándole. Esto sonaba como algo que yo quería oír.







“Cuando no puedo controlar mi necesidad de ti y me permito tocarte se enciende un monstruo en mi interior sobre el que tengo miedo de perder el control. Tú me haces sentir cosas que nunca he sentido antes. Algo pasa”, hizo una pausa y bajó la mirada de mis ojos a mis labios. , “cuando estoy cerca de ti de esta manera”. Tocó mis labios con la yema de su dedo y temblé. Cerró los ojos como si le doliera. “Y cuando reaccionas de la manera en la que lo haces, siento el zarpazo dentro de mí para tener lo que quiero”.





Abrió los ojos y me miró con una intensidad que me hubiera asustado si no hubiera confiado en él completamente. “Tú eres lo único que más quiero en el mundo, sin embargo lo único que no puedo tener. Porque tenerte completamente sería imposible. No puedes ir por donde camino”. Se detuvo y acunó mi rostro entre sus manos. “El propósito de mi existencia es no tener una pareja. Es solitario y frío. Hasta ahora ha sido todo lo que he conocido. Luego te convertiste en el designio y todo cambió”. Dejó caer las manos de mí y se alejó mientras una dolorosa desesperación nublaba sus ojos. “Vete, Maite. Corre, por favor, corre. No soy lo que crees que soy. No soy ““inteligente, honesto, talentoso y compasivo”” aunque oírte decir esas palabras en mi defensa sentí como un líquido caliente a través de mis venas frías. Quieres saber lo que soy y no puedo decírtelo. Si lo supieras, no tendría que pedirte que corras”.





Él gruñó y se alejó de mí, acechando fuera hacia la oscuridad. No podía dejarlo ir. Corrí tras él y se volvió bruscamente. Su mirada enojada me sorprendió y me congeló. La ira pareció irse inmediatamente y una expresión torturada se apoderó de sus rasgos perfectamente cincelados. Jadeé al ver la transformación.





“No me importa lo que eres”, le dije, dando un paso hacia él. “No me puedes asustar y no voy a salir corriendo. ¿Qué es lo que dice la canción que me cantas? “”Sin embargo te quedas. Aferrándote a mí, pero te quedas, extendiendo la mano que yo empujo lejos. El frío no es para que permanezcas, sin embargo tú, tú te quedas. Cuando yo sé que no es adecuado para ti””. Le repetí sus palabras en la oscuridad. Su rostro se contorsionó por el dolor.





“Vete, Maite. Ahora. No me puedo controla mucho más”, susurró en la oscuridad.





Dí otro paso hacia él. Un gruñido surgió de su pecho y él se apoderó de mí en un movimiento rápido. Su boca encontró la mía al instante. Sus dientes mordieron mi labio inferior y luego golpeó suavemente su lengua sobre la mordedura. Mi primer sabor de él hizo girar mi mundo. De alguna manera sabía que sería así. Agarré puñados de la camiseta de Will. Necesitaba mantenerlo aquí contra mí, finalmente permitiéndome lo que había estado anhelando. Sus brazos se apretaron a mi alrededor y oí un quejido en la oscuridad, pero no estaba seguro de si era de él o mío. Mi propósito estaba completo. No había nada que yo quisiera o deseara más que esto. Había una oscuridad tirando de nosotros, no podía comprender qué era exactamente peor incluso a través de la bruma de placer supe que estaba allí. Will arrastró besos por mi cuello y murmuró palabras que no entendí. Solté su camiseta para poder apoderarme de su rostro, trayendo con avidez su boca de nuevo a la mía. Sus manos lentamente corrieron por mi espalda y se deslizaron por mis costillas. Mi respiración se enganchó mientras sus pulgares rozaron la parte inferior de mi sujetador. Will rompió su boca de la mía, jadeando ruidosamente. Me estremecí al verlo tan necesitado como yo por esto.





No puedo Maite. Quiero esto tan malditamente. Pero no puedo”. En un abrir y cerrar de ojos estaba sola, sentada en el pasto frío en el centro del campo de fútbol. Mi respiración era entrecortada y la cabeza me daba vueltas. ¿Dónde estaba Will? Mis ojos lo buscaron desesperadamente en la oscuridad. ¿Por qué tenía que dejarme? La sensación de euforia desapareció con él y mi cuerpo dolía por su pérdida.






“¿Maite?” una preocupada voz llamó desde detrás de mí. No me giré porque reconocí la voz de Leif. Había venido a buscarme y aquí estaba yo sentada en mi vestido rosa pálido, comprado por otro hombre, en medio de un campo de fútbol abandonado. Tal vez estaba volviéndome loca. Se arrodilló delante de mí con temor y preocupación en su hermoso rostro.


Dios, me has asustado. Vine afuera y te busqué y te vi débil o caída…¿estás bien? Los siento, Pagan, no quería molestarte. Por favor, por favor, perdóname”. Sostuvo mis manos entre las suyas, sin embargo, el calor de su cuerpo no podía penetrar en el frío que se filtraba a través de mí. Lo miré fijamente, sabiendo que tenía que decir algo. Pero, ¿qué podía decir?







“Está bien. Simplemente no me encuentro bien. Mi cabeza”. Me toqué la cabeza para el efecto. “Lo siento, pero sólo quiero ir a casa”. Se levantó y me ayudó a levantarme, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura como un medio apoyo. Caminamos en silencio a través del campo y del oscuro estacionamiento. No estaba segura de si estaba enojado o herido pero ahora sólo necesitaba estar sola. Mi mente no era capaz de envolverse alrededor de lo que había sucedido y yo sabía que en el fondo tenía la esperanza de que Will estaría en mi habitación esperando por mí.





No volvimos a hablar durante todo el viaje de vuelta. Yo odiaba el silencio pero no había manera de explicar lo que había sucedido. Cuando se detuvo en mi camino apagó el auto y luego me miró.





“Espero que puedas perdonarme por molestarte”. Dejo salir en un suspiro de disgusto. “Aquí estoy, todo preocupado por la vida personal de Kendra y termino perjudicando a la única mujer que he amado con mi estupidez”. Se detuvo y sacudió la cabeza. “Tú no estás aún curada de algo que te causé. Nunca te quejas sobre ello pero sé que aún estás tratando con los efectos de después de tu naufragio. No sé si voy a ser capaz de perdonarme por dejar que mi estúpida boca te molestara tanto que…” hizo una seña con la mano como si fuera hacia el campo de fútbol a millas de distancia, “…te apagaras sola y débil de la tensión que te infligí”.





No podía dejarlo culparse a sí mismo por lo que pasó más. Me obligué a ponerme las pilas fuera de mi bruma y tomar su mano. “Leif, escúchame. Lo que ha pasado esta noche no es tu culpa. No estoy del todo segura de lo que me pasó, pero nadie tienes la culpa, salvo quizás yo. No tienes nada, y quiero decir nada que ver con eso”.





La pequeña llama de alivio en sus ojos no era lo suficientemente fuerte para compensar su expresión torturada. Puso mi mano en su boca y la besó. “Te amo, Maite Moore”. Había estado diciendo esas tres palabras mucho esta noche.





Yo sabía que no podía decir las palabras que él quería decir. Leif era especial para mí, pero no lo quería, al menos no de la forma en que el me quería a mí. Hice lo único que podía pensar, me incliné y lo besé suavemente en los labios, y luego me volví y me bajé del coche. Me dirigí a la puerta sin una mirada atrás.





Mi habitación estaba vacía, pero de alguna manera había sabido que sería así. Algo había ocurrido esta noche. Yo no sabía lo que era pero sabía que era importante. Me acerqué a la silla donde Will pasaba sus noches y me acurruqué en ella. Él no vendría esta noche. Necesitaba estar cerca de él y esta parecía ser la única manera. El silencio parecía cortar a través de mí como un cuchillo y lágrimas tibias corrieron por mi cara. Perdía su voz llenando mi habitación con calor. No quería que me dejara. El temor que se hubiera ido dolía mucho constriñendo mis vías respiratorias. El alma rubia que me había asustado ya no me parecía importante. La ausencia de Will hacía doler mi pecho. No pude aguantar el silencio más, así que comencé a cantar suavemente en la oscuridad.





*“Yet you stay. Holding on to me, yet you stay, reaching
out a hand that I push away. The cold is not meant for you
yet you stay, you stay, you stay. When I know it’s not right
for you.”





*“Si embargo, te quedas. Aferrándote a mí, sin embargo, te quedas, extendiendo una mano que yo empujo fuera. El frío no es para ti sin embargo te quedas, te quedas, te quedas. Cuando sé que no es correcto para ti”.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:23 am

10

Él no volvió. Pasé todo el fin de semana encerrada en mi habitación esperándolo, pero nunca vino. Me levanté el lunes en la mañana muy temprano y me vestí con tal desesperación que casi corrí fuera de mi auto para entrar a la escuela.





Cuando mi madre preguntó: —¿Leif no te llevará hoy? —Me detuve con mi mano en la perrilla, insegura de como responder. Dejé que sus llamadas fueran a mi correo de voz el fin de semana.





Después de escuchar sus suplicantes mensajes, finalmente lo llamé y le aseguré que estaba en la cama, enferma. Él esperaba llevarme a la escuela esta mañana. Me obligué a mi misma a sentarme y comer mi desayuno mientras esperé diez minutos más que Leif llegara. DE alguna manera, me las arreglé para aparentar paciencia hasta que entré por la puerta principal de la escuela. No pude sentirlo. Él no estaba aquí. El puchero en los labios rojizos de Kendra me aseguró que él no estaba escondiéndose de mí.
Simplemente no estaba aquí. Cada clase que pasaba sin él se sentía como un agujero negro expandiéndose cada vez más en mi mundo. Leif me miraba con una mezcla de preocupación y frustración que sabía que trataba de ocultarlo. Una vez que la última campana sonó, salí de la biblioteca y me dirigía a casa. Necesitaba que él estuviera allí.





Pero no estaba. Él estuvo lejos por dos días más.
Para cuando entré a la clase de Literatura Inglesa el jueves, lo sentí. El cálido hormigueo creció más de lo acostumbrado después de cuatro días de ausencia. Miré hacia el final de la habitación y allí se encontraba él, dándole a Kendra su sonrisa torcida mientras trazaba su mandíbula con la punta de su dedo. Ella río, y él se acercó más y susurró algo al oído que causo que ella echará su cabeza hacia atrás y se carcajeara. Ella miró en mi dirección y sonrió triunfalmente. Mi mirada viajo de ella a Will, quien parecía no prestarme atención en absoluto.





Él estaba observándola con una sonrisa seductora. Me besó y me dejó sola, confundida, y luego desapareció por cuatro días.
Actuaba como si nada hubiera pasado.





Lo miré fijamente, deseando que me notara, que reconociera mi presencia. No lo hizo. Incapaz de observar la situación más, me di la vuelta y salí de la habitación. Leif estaba afuera de la puerta, dónde lo deje. Hablaba con Justin y me miró con una sonrisa de sorpresa.





—Hola, ¿Olvidaste algo? —preguntó, alargando su mano. Negué con mi cabeza, con miedo de que el enorme agujero que Will hizo en mi corazón fuera visible para todo el mundo. Me acerqué a Leif y envolví mis brazos alrededor de su cintura. Sus brazos me rodearon al instante.





—Hablaremos después, hombre —Le escuché decirle a Justin sobre mi cabeza.





—¿Qué pasa? —susurró a mi oído mientras continuaba abrazándome. Quería llorar porque no lo amaba. Leif me amaba y sería fácil enamorarme. Nunca me lastimaría de la manera en que William acaba de hacerlo. Él era tan bueno y honesto. ¿Por qué no lo amaba a él? Me apreté fuertemente contra él, con miedo que de pudiera escuchar mis pensamientos y me apartará de él en cualquier momento. Sin embargo, Leif no podía escuchar mis temores.





Me acercó más y comenzó a frotar pequeños círculos en mi espalda con su mano. Las lágrimas brotaron de mis ojos y odié llorar en sus brazos por otro chico. Leif se merecía alguien que pudiera amarlo. En una ocasión lo odié porque pensé que él creía ser demasiado bueno para mi. Ahora, me odió a mi misma porque sé que es demasiado bueno para mi. No lo merezco, me aferré a él de todos modos. Quizás no lo amo, pero lo necesito. Él no tenía idea de que mis entrañas se sentían como si hubieran sido arrancadas de mi cuerpo debido a que alguien o algo me rechazo.





—Sr. Brown, Pagan no se siente bien. Necesita ir a enfermería. Si ella va a casa, me aseguraré de llevarla y traerle un justificante —Le explicó Leif a mi maestro mientras me abrazaba.





—Bien, ¿Tu la llevarás entonces? —La voz del Sr. Brown sonó preocupada.

—Sí, señor —La puerta se cerró y el pasillo se convirtió en silencio.
No quería ir a enfermería, pero sabía que no podía quedarme en el pasillo todo el día, dejando que Leif me abrazara. A pesar de que sabía que si yo le pedía eso, él lo haría. Di un paso atrás para levantar mi mirada a su rostro. Su cara era una máscara de preocupación mientras secó una lágrima de mi mejilla.







—¿Qué pasa, Maite —preguntó en voz baja.





Me las arreglé para sonreír un poco. —Creo que malestar se acaba de ir. Me siento bien otra vez. Esta semana fue miserable —admití, necesité agregar algo de verdad en lo que estaba diciendo.





Él asintió y me jaló de regreso a sus brazos. —Lo siento. No puedo soportar verte llorar. Me mata. —dijo en voz baja y me apretó contra él. Leif era mi vínculo con el mundo real y mi fuente de consuelo, especialmente ahora que mi corazón se sentía roto sin posibilidad de repararse. Lo que me asusto más fue el hecho de que mi corazón había sido roto por alguien que ni siquiera conocía.






Fui a enfermería, pero sólo me quedé allí el tiempo suficiente para que Literatura Inglesa terminara. Una vez mi clase de Algebra II estuviera a punto de comenzar, le aseguré a la enfermera Tavers que me sentía mucho mejor y quería ir a clase. Algebra II paso a ser la única clase que no compartía con William O Kendra. Podía sobrellevarlo. Leif estaría conmigo en Historia Universal, así la presencia de William sería más fácil de ignorar.





Puse un pie en el pasillo y la inquietante advertencia en mi cabeza de que alguien me observaba hizo que los vellos de mi brazo se erizaran. Miré a los lados del pasillo vacío, pero no había nadie. El miedo parecía atorarse en mi garganta y me obligué a tomar una calmada respiración antes de dirigirme hacia Algebra II con mi pase de la enfermera Tavers. Caminé más rápido de lo normal, esperando ver a más personas. Estar sola en el pasillo me traía recuerdos aterradores.





Especialmente ahora, ya que no estaba segura de si William vendría a mi rescate.
Él ni siquiera me miraba, así que, ¿Por qué vendría hasta aquí si un alma me persiguiera? La sensación de ser observada se intensifico mientras más cerca llegaba al final del pasillo.





¿Por qué Algebra II tenía que estar al final del pasillo? Miré por encima de mi hombro y el pasillo seguía vacío. Un escalofrío me recorrió mi espina dorsal y me eché a correr. No podía verla, pero sabía que estaba allí. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Mantuve mis ojos en la puerta del salón de clase. Todavía parecía estar muy lejos, sin embargo, yo sabía que si gritaba podían escucharme. El frío se hizo más fuerte y el aire se volvió más pesado, haciendo que fuera difícil respirar. Necesitaba dejar de correr para forzar el oxigeno a entrar en mis pulmones, pero ella no me dejaría en paz por mucho tiempo.





Una puerta se abrió justo cuando mi visión comenzó a ser borrosa por mi falta de oxigeno y aire, mis pulmones estaban en llamas. El frío desapareció. Bajé mis libros y puse mis manos en mis rodillas, jadeando por más aire, relajándome y tratando de calmar mi corazón. Los pasos acercándose me sorprendieron y levanté la mirada lista para correr nuevamente cuando vi a William alejarse.





Lo que sea que me siguió huyó por su culpa. Afortunadamente para mi, ella no notó que William no le importaba mantenerme a salvo. Mi corazón ya no se aceleraba por miedo, pero dolía por el rechazo. Tomé mis libros del piso y observé la silueta de William alejándose una vez más antes de dirigirme a mi clase.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:26 am

***

—Si no estás lista para comenzar mi discurso, no yo tengo prisa —Leif se inclinó y susurró en mi oído. Ordenamos pizza y estábamos abrazados en el sofá viendo televisión.





La verdad era esa, no estaba de humor para trabajar en su discurso. Todo lo que realmente quería hacer era disfrutar de la calidez de estar en sus brazos. Estar sentando en el sofá, sintiendo los brazos de mi novio, me ayudó a mantener el miedo en control. Cuando Leif se marchara, tendría que ir a mi dormitorio sola.





La idea de enfrentarme a mi habitación después de mi experiencia de hoy en el pasillo me aterrorizaba. Ver a William alejarse de mi como si él fuera un chico sin ninguna preocupación en el mundo, mientras yo jadeaba en busca de aire me dejó con un sentimiento de desesperación. Alargué mi brazo y tomé la mano de Leif en la mía. Él estaba aquí. Claro que él no me protegería contra las almas psicóticas. Sólo William podría detenerlo eso… aquello… la cosa que fuera ella. Pero William no se encontraba aquí. Leif era todo lo tenía y quería absorber su presencia todo el tiempo que pudiera. Leif sostuvo mi mano con la suya y permanecimos en silencio. No estaba segura de que veíamos. Él reía fuerte algunas veces y el sonido me hacía sonreír. Disfruto verlo feliz.







Algunas veces olvido lo que es ser feliz. El timbre de su teléfono interrumpió mis pensamientos y salté. Estaba en el borde esta noche.





Sonrió. —Es mi teléfono, no la alama de incendio. Jesús, estás nerviosa esta noche —Busco el móvil en su bolsillo y lo sacó.





—¿Hola? —Hizo una pausa—. Estoy con Maite justo ahora… lo sé, pero estoy ocupado… No hemos terminado todavía —Leif me miró disculpándose—. De acuerdo, estoy en camino —dijo, frunciendo el ceño mientras cerraba su teléfono—. Era mi papá. Necesita que vaya con él a dejar el coche de mamá con el mecánico. Van a arreglarlo mañana a primera hora. No puede irse a la casa hasta dejar el auto y después tiene que trabajar un doble turno en la estación.





Me senté recto y forcé una sonrisa. Mi madre no estaba en casa aun y el pensamiento de estar sola me hizo querer acurrucarme como una bola y llorar. —Oh, bueno, umm, entonces ve. Trabajaremos en el discurso mañana.





Él frunció el ceño y deslizó una mano en mi cabello, frotando su pulgar contra mi oído. —Pareces tensa. No me gusta dejarte inquieta.





Sonreí y me encogí de hombros. —Probablemente necesite dormir un poco.
Mentí, esperaba que lo creyera. Se inclinó y me besó suavemente. Deslicé mis manos detrás de su cuello y profundicé el beso. Leif tomó mi rostro en sus manos y ladeó su cara para acomodarse perfectamente. Me sumergí en la comodidad de su cercanía y calidez. Sabía que necesitaba dejarlo ir para ayudar a su papá, pero me aferré a él. Dejarlo ir significaba que estaría sola. Me apreté contra él, sin pensar en como mi necesitad de compañía podía ser malinterpretada con pasión. Un gemido salió del pecho de Leif y me presionó suavemente contra el sofá y me cubrió con su cuerpo.







Nunca habíamos dejado que las cosas fueran tan lejos antes. Willliam estaba aquí, en algún lugar en el centro: una fuerza invisible que me hacía distanciar de Leif. Sería un error permitir que las cosas vayan aún más lejos. Que Leif crea que podemos dar un paso más allá en nuestra relación no sería justo para ninguno. William siempre estaría en mi mente. Leif merecía algo más que ser el segundo. Incluso ahora mientras se presiona contra mi y su respiración suena agitada, no siento nada salvo seguridad. Su mano se desliza por debajo de mi camisa y sé que es hora de detenernos. Justo cuando roza la parte inferior de mi sujetador rompo el beso.





—No —susurré y su mano se retira lentamente. Su respiración suena entrecortada y puedo sentir su corazón latiendo contra el mío. Lentamente se sienta recto y extiende su mano para tirar de mí hacia arriba también. Corre una mano a través de su cabello rubio y ríe temblorosamente.







—Wau —dice, sonriendo. No estaba segura de que decir, porque “Wau” no era lo que yo sentía—. Lo siento, te dejé llevar —se disculpo bajando la mirada hacia mi camisa, la cual estaba levantado justo encima de mi ombligo. La tiré hacia abajo y le sonreí tranquilizadoramente. No era como si acabara de tratar de violarme.





—No te disculpes. Necesitábamos parar. Tu papá está esperando.
Leif asintió, su expresión seguía siendo un poco vidriosa, y se puso de pie. Tomó su chaqueta, agarró sus libros y llaves.





—¿Estarás bien hasta que tu papá llegue a casa? —preguntó.
Quise reír por la respuesta a esa pregunta. En su lugar, asentí y sonreí. No era como si pudiera decirle que un alma perturbada quería matarme por razones que yo no entendía.

La puerta cerrándose detrás de Leif dejo un fuerte peso sobre mi pecho. Pensé en salir afuera y quedarme en el jardín para así ver las otras casas iluminarse y las personas dentro. De alguna manera, ver a las otras personas sonaba seguro. Caminé y me detuve en frente de la puerta. Podría quedarme aquí hasta que mamá llegara a casa. Si cualquier cosa se presentaba, podía correr hasta la calle y gritas. Por supuesto, todo el mundo pensaría que estoy loca, pero llamaría la atención.







—No creo que esas medidas drásticas sean necesarias. Ve a la cama, Maite, yo estaré aquí —Me giré hacia el sonido de la voz de William. El alivio y la ira se apoderaron de mí al mismo tiempo. Quería lanzar mis brazos alrededor de él, pero también quería darle un puñe**** en su perfecta nariz.





—Preferiría que no lo hicieras. Sólo ve a la cama —su tono frío me hirió más que el miedo. No estaba mirándome, en su lugar veía una revista de deportes que Leif olvido. Sus botas estaba apoyadas sobre la mesa mientras reclinaba su silla. Las lágrimas ardieron en mis ojos, pero no lloraría frente a él. Esa era una humillación que me rehusaba a darle. En su lugar, subí las escaleras corriendo.





El agua caliente apartó mis lágrimas mientras estuve en la ducha más tiempo del necesario. Allí mis sollozos fueron camuflados. Una vez que las lágrimas dejaron de caer y todo lo que quedo fue un gran hueco, cerré el agua, salía a la alfombra blanca y envolví una toalla a mi alrededor. Estudié a la chica frente al espejo. Sus ojos estaban rojizos e hinchados.





Ninguna cantidad de agua podía lavar la tristeza que reflejaba. Él estaba aquí y yo me encontraba a salvo. Era algo de agradecer. No tenía el coraje para preguntarle porque estaba aquí. No quería que me viera llorar. No quería que supiera que pasé media hora llorándole. ¿Quizás robó mi corazón o tomó mi alma? No podía estar segura, pero me rehusé a que tomará mi orgullo, también.





Apreté la toalla más fuertemente y me dirigí a mi habitación. Entre sabiendo que estaría vacía. William no quería estar cerca de mí. Una pequeña parte tenía la esperanza de encontrarlo sentado en la silla de la esquina con su guitarra en sus manos. Lagrimas nuevas brotaron de mis ojos. Necesito controlar esta agonía o lo que sea que es.







Alargué mi brazo buscando mi suéter, pero no me atreví a usar cualquier cosa que me recordara a William y las noches que paso cantándome para dormir. En cambio, saqué mi camisa de dormir y la deslicé sobre mi cabeza. Era rosa pálido. Sonreí tristemente, notando que nunca había pensado en eso antes. De inmediato me la quité y la deje caer en el suelo. No podía usarla, tampoco.





Abrí mi armario y saqué una camisa de Leif que tenía y me la puse. Todavía podía sentir a Leif y eso me dio el poder para ser capaz ignorar a William y abrazar a Leif con mis acciones, incluso si mi corazón pensaba de manera diferente. Caminé hacia mi cama y me recosté, pensando en la música que no podría escuchar.






El silencio hacía eco a través de la casa, pero sabía que no estaba sola. Él estaba observando. No quería cerrar mis ojos, esperanzada de que él viniera a sentarse en su silla y tocar música para mi. El único sonido que pude escuchar fue el lento goteo del grifo en el baño y el asentimiento de la casa.





Si Willliam no estaría en la planta baja, cada pequeño sonido me hubiera hecho saltar y correr hacia la puerta. Sin embargo, con él vigilándome era capaz de cerrar mis ojos y se arrullada por el silencio.
La música vino en mis sueños. La inquietante y dulce música llenó el agujero de dolor en mi corazón. Sonreí, buscando la fuente del sonido, pero no encontré nada. Fue sólo un sueño hermoso.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:27 am

11

A la mañana siguiente William se había ido. Lo esperaba, pero aún así bajé corriendo las escaleras por si que se hubiera quedado. Pasaron los días y William siguió ignorándome. Durante los días en la escuela continuó flirteando con Kendra. Me volví invisible en cualquier sitio dónde él estuviese. Por la noche, él entraría a la sala de estar alrededor de la hora de dormir y se sentaría en el sofá sin reconocerme. Nada tenía sentido. No importa cuántas veces intenté darle conversación y el permaneció en silencio. Una persona solo puede sufrir una cierta cantidad de humillación y yo había llenado mi cuota. Si quería ignorarme entonces está bien. Le había dejado.





—No voy a aceptar un no por respuesta. Si tengo que ir personalmente a tu casa y vestirte y luego llamar a Wyatt para que te recoja y te tire sobre su hombro para llevarte al concierto, lo haré. No dudes de mí—Miranda se puso una mano en la cintura y alzó la barbilla con determinación.





Discutir con ella cuando se ponía así era inútil.







Wyatt se rió entre dientes—La llevaré sobre mi hombro si tengo que hacerlo, pero tal vez deberíamos discutir el transporte primero con Leif. No estoy realmente seguro de que vaya a querer que lleve a su chica cargada en mi hombro.





Miranda sacudió su mano hacia él—. ¡Da igual! Él no le hará nada que ella no quiera hacer. Tu vas a tener que cargarla y yo voy a tener que hacer frente a Leif y sentarme sobre él mientras vosotros escapáis lejos.



Me reí y eso me sorprendió de le bien que se sintió.





—¿Qué es eso de ti sentándote sobre mí? —preguntó Leif mientras se acercó y pasó su brazo alrededor de mi cintura.






Miranda puso los ojos en blanco. —Estoy intentando explicar a Maite que no voy a aceptar un NO por respuesta. Ella va a ir al concierto esta noche y eso es el final.





Leif me apretó ligeramente la cadera. —¿Así que entonces estamos hablando de una posible situación de rehenes? —dijo con voz burlona.





Wyatt se rió entre dientes—. Parece que sí.



Leif me miró, sonriendo maliciosamente. —¿Quieres que salgamos corriendo y ver si pueden alcanzarnos?



Me reí y sacudí la cabeza—. No, está bien. Iré si es tan importante para Miranda.





Miranda dejó escapar un suspiro demasiado dramático—. Oh, bien, no tenía ganas de hacerle frente a él.





—Hubiera sido divertido verte intentarlo—Wyatt rió y me costó mucho no pensar sobre el hecho de que acababa de solo aceptar ir al concierto benéfico Cold Soul en la playa. Ver a William en el escenario con la misma guitarra en sus manos que con la que me había tocado tantas noches y escuchar su voz siendo compartida con miles de personas, hicieron que el agujero que tengo en el corazón creciese. Si pudiera encontrar una forma para parar el dolor, lo haría. Nada parecía ayudar.





—Va a ser increíble, Maite. Ya sé que realmente no te importa lo de William Walker, pero confía en mí, él puede tocar—Miranda deslizó su brazo entre el de Wyatt y le miró con una sonrisa tímida—. Pero no puede disparar tres punteros como tú, cariño, así que quita esa mueca de tu cara sexy—. Wyatt sonrió y la besó en la parte superior de la cabeza.





Ver el amor en los ojos de Miranda cuando miró a Wyatt hizo que el agujero de mi corazón doliera aún más. Nunca amaría a Leif de esa manera. William Walker había dañado mi corazón y lo había reclamado en el proceso.





—Solo no empieces a babear con eso de la estrella del rock. Soy un fan de su música también, pero puedo aprender a odiarle realmente rápido si siento la necesidad de estar celoso—el tono de Wyatt sonaba burlón, pero nadie dudaba de que lo que decía era la verdad.





Leif se rió entre dientes—. Yo no creo que tenga que preocuparme sobre Maite babeando. Cold Soul no canta su tipo de música. Tengo la sensación que no estará allí por mucho tiempo.





Miranda miro más a Leif—. No la des ninguna idea o excusa. No estoy bromeando. Intentaré placar tu cul**** si siquiera miras a la salida de mala manera—. Leif echó la cabeza hacia atrás y rió.



—Estoy muy feliz de que tengas un buen sentido del humor—Wyatt dijo con una sonrisa—. Tus brazos son mucho más grandes que los míos.





Empecé a reir, pero el impulso murió instantáneamente cuando mis ojos se encontraron con William. Se puso frente a Kendra cuya espalda estaba contra la pared mientras ella le sonreía. Se inclinó y le susurro al oído. Necesité toda mi fuerza y auto-preservación para apartar mis ojos de la intimidad entre ellos. Mi respiración se volvió profunda por el dolor en mi pecho.

Leif debió sentir el cambio en mí porque me acercó más a él y me acarició el brazo desnudo. Cuanto más nos alejamos de William, más fácil se volvió respirar.

***

La brisa de la noche del golfo fue inusualmente cálida teniendo en cuenta que eran finales de otoño. Un largo escenario con brillantes luces que lo rodean estaba montado en el paseo marítimo frente a la playa. Había miles de personas cubriendo la arenosa costa. Las hogueras se podían ver bajo la multitud. Un par de estudiantes de secundaria ya estaban esposados por consumir bebidas alcohólicas. No sería la primera ni la última noche. Sujeté la mano de Leif con más fuerza mientras tuvimos que zigzaguear entre la multitud siguiendo la estela de Miranda. Ella había organizado para la compañía de su padre el comprar algunos de los asientos especiales bajo una gran carpa por un precio superior a los demás billetes. Yo habría sido feliz juntándome a la numerosa masa en la arena pero Miranda no. Nos detuvimos en la entrada.





—Miranda Wouters y tres invitados—dijo con un aire altivo que solo parecía salir de ella cuando estaba cerca del poder de su padre. Ella no lo hace a menudo, a menos que quisiese algo, como librarnos de comprar entradas. Harold Wouters propietario de Wouters Realty. Wouters Realty controla todos los bienes comerciales de alta gama del estado. En otras palabras, eran los dueños de la ciudad.





—Por aquí, Señorita Wouters—dijo la joven mujer mientras se volvía y nos llevó en frente de una fila de asientos con una vista perfecta del escenario.





Genial, no solo tendría que escuchar la voz que tan desesperadamente olvidé, sino que estaba yendo a tener una perfecta vista suya también. Eché un vistazo a Leif que levantó las cejas como si estuviese impresionado con nuestros asientos y me dio una de sus sonrisas ansiosas.






Fingir un dolor de cabeza no iba a funcionar. Miranda se enloquecería y Leif realmente parecía estar entusiasmado con la disposición de los asientos.





—¡Estamos abastecidos! Esto es de lo que estoy hablando—Wyatt estaba sonriendo y mirando a su alrededor hacia la mesa de elaborados refrescos montada al final de la carpa.





—Chicos, podéis comer al deseo de vuestros corazones. Id y dejad de babear—dijo Miranda con una sonrisa de satisfacción en el rostro.






Wyatt la beso con fuerza en los labios y miró a Leif—. Vamos, hombre, vamos a acabar con esa comida de lujo—. Leif se volvió hacia mí como si estuviera pidiendo permiso. Asentí con la cabeza. Me recordó a un fiel cachorrito. Se agachó y me dio un beso rápido en los labios antes de seguir a Wyatt.





—Deja de fruncir el ceño como si te hubiera traído a un bar lleno de humo. Vamos, chica, y diviértete tu misma—forcé una sonrisa, lo que solo consiguió profundizar el ceño fruncido de Miranda—. ¿Qué pasó contigo, Maite? A ti te costaba no mirar a William y poner esa mirada de tonta admiración en tu cara. Ahora, le ves y pareces como si estuvieras a punto de vomitar. ¿Hirió tus sentimientos o algo? ¿Es eso por lo que no quieres estar aquí?





¿Me hirió? Ella nunca podría saber lo mucho que me había herido. Negué con la cabeza e intenté esforzarme aún más para que mi sonrisa pareciese más realista.





—Por supuesto que no. Solo me di cuenta de que era un Oops. Algo en él es frío y no me gusta estar cerca de él—miré a las olas rompiéndose en la orilla. Si ella profundizase en mis ojos, estaba asustada de que viese mi agonía.





—Hmmm, de acuerdo entonces. Supongo que tienes razón acerca de lo del frío. Algo en él parece difícil y muy irreal.





Ella no tenía idea de lo irreal que él era.





La brisa había empezado a enfriarse y los asientos bajo la carpa estaban llenos. Quería estar en cualquier otro sitio que justo aquí con una perfecta vista del escenario en el que William cantaría pronto. Las luces se apagaron y el público enloqueció. Leif puso sus brazos alrededor de mi espalda y me incliné hacia él, esperando que su cercanía me ayudase a pasar esto.




Con un redoble de tambor y el sonido de una guitarra eléctrica, las luces destellaron tan brillantemente como los fuegos artificiales que explotaban por encima. Un grupo de tres chicos había tomado el escenario. Uno sentado detrás de la batería con largos rizos rubios y los otros dos de pie a cada lado del escenario con guitarras en sus manos. La música llenó el aire nocturno y gritos salieron de la playa. La costa estaba cubierta por tanta gente que ya no podías ver la arena. Una fuerte explosión y una nube de humo me hicieron saltar. Los gritos y los cánticos solo sonaron más fuerte. William salió del humo que ahora se filtraba del escenario. Vi como su cabello oscuro danzaba con la brisa y como llegó al micrófono que le esperaba en el centro del escenario.





Lo cogió entre sus manos y luego se volvió directamente hacia la carpa. Directamente hacia mí.





“You want what you can’t have. I see it in your eyes. The pain that fills your nights is because of my pack of lies. I’ve opened up the door for you to walk away. There’s a better path for you even though I want you to stay. I’ve broken the rules, I’ve veered from the path but when I met you I knew to save you was worth the wrath. Let me leave now before it’s too late. Let me leave now before you know what I am and your love becomes hate.






Walk away from me before I break down and take you with me. You can’t go where I’m going you can’t walk through my Hell. Walk away from me before I break down and take you with me. My path is meant for only me. There is no way to take you too. I’ve given you life when it was in my hands to give you death. Walk away from me.





I watch the life I know you will lead without me here. It’s what you deserve it is where you belong it is everything I want but everything I fear. Once I met you I knew I had to save you but you saved me. Now I’m turning away and letting you run free. Not one moment will I forget there is a fire inside me that you lit with your touch. Hurting you wasn’t the plan but it must happen by my hand.





Walk away from me before I break down and take you with me. You can’t go where I’m going you can’t walk through my Hell. Walk away from me before I break down and take you with me. My path is meant for only me. There is no way to take you too. I’ve given you life when it was in my hands to give you death. Walk away from me.” 1







Me temblaban las manos en mi regazo. Su mirada nunca se aparó de la mía.







Las palabras eran para mí. No podía respirar por el dolor constriñéndome la garganta. ¿Por qué él estaba haciendo esto? ¿No me había herido lo suficiente? Las lagrimas que picaban en mis ojos caerían libremente, rodando por mis mejillas, anunciando a mis amigos lo mucho que me habían afectado las palabras de William. No lo podían saber.











1 “Quieres lo que no puedes tener. Lo veo en tus ojos. El dolor que llena tus noches es a causa de mi sarta de mentiras. Te he abierto la puerta para que te alejes. Hay un camino mejor para ti aunque yo quiero que te quedes. He roto las reglas, me he desviado del camino pero cuando te conocí supe que salvarte valía la ira. Déjame irme ahora, antes de que sea demasiado tarde. Déjame irme ahora, antes de que sepas que soy y tu amor se vuelva odio.






Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. No puedes venir a donde estoy yendo, no puedes atravesar mi infierno. Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. Mi camino solo me está destinado a mí. No hay manera de que lo tomes también. Te he dado vida cuando estaba en mis manos darte muerte. Aléjate de mí.







Veo la vida que sé que llevarás sin mí aquí. Es lo que te mereces, es a donde perteneces, es todo lo que quiero y todo lo que temo. Una vez que te conocí tenía que salvarte pero me salvaste. Ahora me estoy alejando y dejándote ir libre. En ni un solo momento se me olvida que hay un fuego dentro de mí que enciendes con tu toque. Lastimarte no era el plan pero tenía que ocurrir por mi mano.





Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. No puedes venir a donde estoy yendo, no puedes atravesar mi infierno. Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. Mi camino solo me está destinado a mí. No hay manera de que lo tomes también. Te he dado vida cuando estaba en mis manos darte muerte. Aléjate de mí.”
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:28 am

Nadie podía. Me puse de pie y me alejé. No podía sentarme allí y escuchar nada más. En una especie de trance desesperado me abrí paso entre los fans gritando y los cuerpos sudorosos. Podría respirar si solo pudiese escaparme, poner alguna distancia entre sus palabras y yo. Una vez que salí de la carpa, me giré y corrí hacia la oscuridad. Lejos del miedo. No le tenía miedo a él, pero sus palabras me asustaban. Él se iba. Se me hizo un nudo en el estómago cuando lo pensé y corrí más deprisa hasta que la arena de la playa estuvo oscura y vacía. El sonido de la música sonaba en la distancia y miré sobre mi hombro para ver si Leif o Miranda habían conseguido seguirme. Nadie iba a venir. Estaba realmente sola. Jadeando, caí de rodillas y solté el llanto que había estado tratando de aguantar desde que empezó a cantar. Lágrimas calientes se arrastraron por mi cara. El pecho me dolía mucho, y me era imposible realizar respiraciones profundas.





El aire nocturno bajó varios grados. No era un dolor el que asfixiaba mi respiración, era el frío que venía con ella.







Me di la vuelta lentamente, sabiendo que ella estaba allí mirándome.







Podía sentir su presencia. Ella era el miedo helado. Sin embargo, el agujero negro de dolor que William había dejado en mi pecho hacía que el peligro que ella poseía palideciese en comparación. Me puse de pie y la enfrenté, dándome cuenta que mi miedo había sido reemplazado por el odio. Ya no me asustaba. Me enfadó. Algo acerca de su aparición causó la angustia de William e hizo que quisiera hacerla daño por el papel que teniendo en mi dolor. La miré mientras su cabello rubio flotaba, sin restricciones con la brisa del golfo.







—¿Qué es lo que quieres de mí? —grité a través de mis lágrimas.







Di un paso hacia ella, apretando mis manos en puños. No quería que ella pensase que podía hacer que me acobardase. No quería que pensara que me podía asustar nunca más. Su risa tintineante llenó la oscuridad que nos rodeaba.







—Está designado—dijo, con una voz que había llegado a aborrecer.



—¿Qué está designado? ¿Eh? ¿Sabes? ¡Consigue una maldita vida y déjame jodidamente en paz! —di un paso más hacia ella, queriendo golpearla pero sabiendo que eso no haría ningún bien.



Su risa tintineante se volvió profundamente siniestra.



—Estaba designado y rompió las reglas—su risa murió y miró hacia mí—. ¡Por ti! ¡Rompió las reglas por ti! ¿Por qué por ti? Una simple humana con un tiempo designado, era todo muy sencillo, pero él lo complicó tanto—curvó su dedo hacia mí—. Vamos, acércate y corregiré su error—tragué y el miedo que pesé que había superado estaba volviendo poco a poco. William también había dicho que ella había venido a corregir un error.



—¿Qué error? —pregunté.



Inclinó la cabeza como si me estudiase—. Tú eres diferente a los demás. Supongo que eras interesante para él. Su existencia es más bien monótona.



Luché contra la tentación de arremeter contra ella, a sabiendas de que probablemente la atravesaría. Ella quería que me acercase. Necesitaba mantener las distancias. Negué con la cabeza y di un paso atrás. En un torbellino de luz ella estaba frente a mí y mi respiración comenzó a hacerse más profunda. Traté de retroceder otro paso, pero una mano de hielo envolvió mi muñeca y comenzó a tirar de mí con una fuerza contra la que no podía luchar hacia las olas. El primer chapoteo con el agua fría y salada me sobresaltó. Esto era real. Esta vez estaba sola y nadie me escucharía.



Empecé a dar patadas y a forcejear, pero ella continuó arrastrándome hacia el golfo con poco esfuerzo. No tenía ninguna oportunidad de sobrevivir en las aguas profundas. Las olas estaban haciéndose cada vez más grandes y ella me arrastraba hacia debajo. Ella iba a ahogarme. ¿No podía solamente matarme asfixiándome como había empezado a hacer el colegio antes de que William la interrumpiera? Las luces y la música danzaban en la distancia. Esta vez estaba sola y nadie me salvaría. Por extraño que parezca, no tenía ganas de gritar. No temía a la muerte por más tiempo. Pero ojalá hubiera sido capaz de despedirme.



Cerré los ojos mientras el agua me llegaba a la barbilla y la primera ola se estrellaba contra mi cabeza. Mientras que dejé que mi cuerpo se aflojase y acepté este destino, escuché a alguien gritar mi nombre.



¿Alguien me había encontrado aquí? Empecé a sacudirme fuera de su agarre y gritar, pero me di cuenta que ella probablemente solo le quitaría la vida a él también. Ella no estaba aquí para ellos. Tenía que irme en silencio. El que había venido a por mí no se merecía este destino.



Un destello de luz brillante llenó el agua oscura y mi muñeca fue instantáneamente liberada de su apretón de hielo. Luché para encontrar la superficie del agua y llenar de aire mis ardientes pulmones.



—¡NO! ¡Dije NO! Yo hice esta elección y rompí esta regla pero fui yo quien la rompió. He dejado tu interferencia impune el tiempo suficiente. Esto termina ahora.



Quería abrir los ojos y verle. Podía escucharle pero el agua salada se metía en mis ojos y lo hacía imposible.



Otra ola se estrelló contra mí y empecé a patalear frenéticamente mientras el agua llenaba mi nariz no preparada para ello. Cálidos brazos rodearon mi cintura y me aferré a ellos sabiendo que le pertenecían a él. Ahora estaba a salvo. Mi cabeza atravesó la superficie y comencé a ahogarme con el agua salada.



—Aquí, déjame—William secó mis ojos con un pañuelo frío y el ardor desapareció al igual que mi tos. Era como si nunca hubiera sido hundida bajo las frías olas del mar. Finalmente pude ver la cara de William. Él me cargaba de nuevo.



—¿Por qué, Maite? —cerró los ojos y tocó mi frente con la suya y respiró hondo—. ¿Por qué? Sabías que ella todavía estaba acechándote. La sentiste. ¿Por qué viniste aquí sola? ¿Pensaste que enfrentarla sola era la respuesta?



Negué con la cabeza y le miré fijamente a sus ojos tan cercanos a los míos—. No, solo quería alejarme. Necesitaba pensar. Verte…—me detuve antes de decir nada más.







Una sonrisa triste se formó en su boca—. Todo lo que ella podía hacer era tratar de matarte. En tanto que tú realmente te enfrentases a la muerte, La Muerte habría tenido que venir y llevarte. Eso no iba a suceder—se detuvo y respiró entrecortadamente antes de tocar mi cabeza con sus labios. Sus labios se movieron a mi mejilla antes de detenerse en mi boca—. Por mucho que quiera besarte, no puedo—dejó salir una risa suave—. Eres una chica frustrante. No eres como ninguna de las almas que he conocido—. Toqué su cara y me incliné para tocar sus labios con los míos, pero él se echó hacia atrás y negó con la cabeza—. No—susurró—. No lo hagas. No puedo. Eres demasiado especial. Mi deseo por ti se sobrepone a lo que sé que es mejor para ti. No puedo arriesgar eso de nuevo.



—No me dejes—supliqué.



Tocó mis labios con la yema de su dedo—. No lo haré. Al menos, no esta noche.

12

—¿Qué hiciste todo el fin de semana? Leif dijo que no te habías sentido bien después del concierto. Pensé que escucharía algo de ti. Pero no tengo nada, nothing. Cold Soul tocó un rock impresionante. Deberías haberte quedado después. Conocimos a la banda, bueno, excepto al cantante, William. Se fue pronto o algo. No importa, ¡fue increíble! Podría haber besado la cara de papá por esta—Miranda enganchó su brazo con el mío mientras balbuceaba. Escaneé la entrada, necesitando ver a William en algún sitio en el mar de caras—. ¿A quién estás buscando? —había un toque de interés en la voz de Miranda. William no estaba en ningún lugar entre la multitud, sin embargo, Kendra estaba flirteando abiertamente con Justin. Eso me pareció extraño.



—¿Has visto a William esta mañana? —le pregunté, mirando a Miranda y rezando para que ella no hubiese leído nada más en mi pregunta.



Su frente se arrugó en una mueca—. ¿William como William Walker, el cantante de Could Soul?



Asentí con la cabeza y escaneé las taquillas—. Sí, William—repetí. La confusa expresión en la cara de Miranda activó la campana de alarma en mi cabeza.



—Um, ¿estás tomando esos medicamentos para el dolor de nuevo, cariño? ¿Por qué iba a estar aquí el cantante de Cold Soul?



Algo estaba muy mal. Mi pecho se hinchó de pánico.



- Buenos días­—dijo Leif mientras caminaba hacia mí y me pasaba su brazo por los hombros.



Miranda lo miró con una sonrisa preocupada.



—Buenas, Leif. Es tan dulce que vayas a por todos sus libros en el momento en que llegáis. ¿Te pensarías el darle algunos consejos a Wyatt?



—De ninguna manera—se echó a reir y me apretó los hombros con suavidad, normalmente tenerle cerca me ayudaba cuando estaba al borde del pánico. De cualquier manera, justo ahora necesitaba saber dónde estaba William y por qué Miranda no parecía saber de lo que yo estaba hablando.



Miré a Leif—. ¿Has visto a William? —la misma confusión se apoderó de su rostro.



—¿Quién? —preguntó, igual de confuso.



—Me ha preguntado lo mismo a mí. Estoy pensando que podría haber tenido que tomar algunos medicamentos contra el dolor otra vez esta mañana. ¿Sigues herida? ¿Lo sabe tu madre? Porque chica, estas drogada si crees que William Walker está en nuestro colegio—Miranda y Leif me miraban como si fuese una razón para preocuparse. Miré a Kendra, quien estaba alrededor que Justin.



—¿Está Kendra saliendo con Justin ahora? —pregunté en un tono que esperaba que fuese conversacional y no delatase el creciente pánico dentro de mí.



Leif frunció el ceño—. Ellos han estado saliendo desde hace meses. ¿Estás bien, Maite?



Forcé una sonrisa y asentí—. Oh, um, lo olvidé. No, estoy bien. Solo necesito hacer una parada en el baño antes del primer periodo—me puse de puntillas, besé rápidamente a Leif en los labios y me fui por otro camino. Necesitaba escapar de su escrutinio para poder pensar. William se había ido y nadie se acordaba de él.



El baño estaba benditamente vacío. Dejé mis libros en el húmedo mostrador y me apoyé contra una pared para sujetarme. Mi corazón se contrajo tan dolorosamente en mi pecho que temía que solo podría dejar de funcionar. Alguien entró y me enderecé. Necesitaba privacidad para mi crisis nerviosa. Pero tan solo dos pasos después, me di cuenta que la puerta del baño nunca se había abierto. Una adolescente de pelo negro había atravesado la pared. Me giré, di un paso hacia ella y se percató de mí. Parecía sorprendida de que pudiese verla y una sonrisa apareció en su rostro.



—¿Quién eres? —pregunté, pero ella solo me miraba—. ¿Puedes hablar conmigo? —ya no estaba preocupada sobre ignorarles. Tal vez ellos tenían las respuestas. Sacudió su cabeza y su sonrisa se volvió triste. Se dejó llevar más cerca de mí, extendió su mano y me tocó el cabello. Nada. Ni escalofríos ni frío. Era como si no ella no estuviera allí. Esto era lo que siempre había sabido de las almas—. ¿Por qué no puedes hablar? —le pregunté y ella se acercó hasta que estuvo de pie ante mí. Negó con la cabeza como si me corrigiese por preguntar esa pregunta—. ¿No tienes permitido hablar conmigo o no puedes? —no la tenía miedo. Sabría que no tenía el poder para poder hacerme daño. Su expresión comenzó a agitarse, negó con la cabeza de nuevo y se apartó de mí despacio. Di un paso más cerca de ella—. Por favor, necesito algunas respuestas y creo que podrías ayudarme—su expresión se volvió asustada y siguió sacudiendo la cabeza y alejándose de mí como si fuera algo a lo que temer—. Por favor—supliqué, y en mi último favo se dio la vuelta y se desvaneció en la pared.



Me quedé mirando la pared hasta que la puerta del baño se abrió y una chica de primer año entró. Se detuvo y me estudió. Debo haber parecido una Oops allí de pie mirando una pared vacía. Le sonreí para tranquilizarla. Tal vez este incidente no se extendiese por toda el colegio. No es que me importase que la gente hablara de mí. Solo no necesitaba que Miranda y Leif se preocupasen por mí más de lo que ya lo hacían. Además, necesitaba respuestas y estaba muy cansada de esperar para que William me las diese. La joven alma no había sido capaz de ayudarme por motivos que no podía entender. Sin embargo, tenía la sensación de que si seguía buscando pronto encontraría a alguien dispuesto a hablar o que al menos pudiese hacerlo.



Los pasillos estaban vacíos, lo que significaba que ya llegaba tarde a Literatura Inglesa. El dolor regresó mientras pensaba en afrontar la clase de Literatura sin William. Incluso cuando había sido ignorándome, era capaz de escucharle hablar y sentir el calor de su mirada. Ahora, no siquiera iba a tener ese pequeño pedazo de comodidad.



Lo que más me dolía era que nadie parecía recordarle. Era como si nunca hubiera existido. Me detuve en frente de la puerta. Ir dentro me parecía insoportable. Me coloqué las manos sobre el estómago para sostener el dolor que me estaba destrozando y me apoyé contra la pared. Me quedé en el pasillo vacío, deseando que otra alma viniese vagando.


En cambio, el silencio vacío se mantuvo. Por primera vez en mi vida quería ser molestada por la presencia de las almas y no había ninguna alrededor. Si solo pudiese ir a algún sitio que estuviese infectado de almas errantes entonces podría preguntarles a ellas.


Podría preguntar y preguntar hasta que encontrase alguna que hablase conmigo. Algo acerca de la joven alma en el baño me dijo que podría haberme hablado si hubiera querido. Ella estaba asustada.



¿Asustada de qué? ¿A que tienen miedo las almas? Estaban muertas después de todo, o al menos lo estaban sus cuerpos.



—El hospital—susurré en voz alta, recordando que el único lugar en que había visto un sinfín de almas errantes era el hospital. Me di media vuelta y fui hacia las puertas del colegio. Iría allí y empezaría a preguntar a cada alma que me encontrase.


Una de ellas estaba obligada a responderme. Averiguaría la manera de encontrar a William. Él era real. Le había conocido. Le amaba. Le encontraría.



—¿Señorita Moore? Nuestra clase está por este camino—la voz del señor Brown cortó mis pensamientos, me detuve y suspiré de derrota antes de volverme y enfrentar la ronda de mi profesor de Literatura Inglesa.


—Sí, señor, yo estaba, um, tan solo iba a conseguir un pase por llegar tarde—sonrió y sacudió la cabeza—. No es necesario, pero data prisa por favor, solo estamos comenzando con la belleza de la ficción. Vuelve enseguida—dio un paso atrás, esperando que yo entrase primero. Caminé de vuelta hacia clase, con ganas de girarme y salir corriendo en dirección contraria, sabía que si mamá recibía una llamada diciéndole que me había saltado clases, se pondría furiosa y mis oportunidades de encontrar a William serían casi nulas, una vez que me encerrase en mi cuarto el resto del año.



Entré en clase y me acerqué a mi asiento vacío junto a la ventana. La silla detrás de mí estaba vacía. Miré a Kendra y la silla detrás de ella estaba ocupada por Justin. Él solo había intervenido y tomado el sitio de William.



Asqueada, me di la vuelta. ¿Cómo podía ella haber sido tocada por William y besada por él y olvidar tan fácilmente que él había existido? Yo no lo había olvidado. ¿Cómo lo había hecho ella? ¿Cómo podía no sentir el dolor por su ausencia? Él era demasiado bueno para ella.



¿Por qué había perdido tanto tiempo con ella? Me hundí en mi asiento y se formó en mi interior un nudo por la emoción. Yo no podía pasar esta clase sin él.



—La asignación de lectura de hoy se va a hacer tranquilamente en nuestros escritorios. No habléis con vuestros compañeros. Quiero completo silencio mientras inhaláis la belleza de la palabra escrita. Tomadla. Dejad que penetre en vuestras venas y os llene de un maravilloso asombro que es tan positivo que brilla intensamente—la sala se llenó de gemidos—. Tsk, tsk, tsk. Excitados por su belleza—las quejas continuaron sonando con los sonidos de las páginas pasándose por toda la habitación. Este sería un buen momento para la mayoría de estudiantes para tomar una siesta detrás de sus libros de texto. Yo abrí el mío, esperando encontrar algo para alejar mis pensamientos de William. Cuando el día se terminase, iría al hospital y comenzaría a hacer preguntas. Algún alma tenía respuestas en algún lado.



—Ugh, esta cosa es poesía—sonó una voz estridente desde el fondo del aula.



El señor Brown levantó la vista del libro que tenía en sus manos.



—Ah, sí, es el señor Kimbler, que agradable que te des cuenta—más gemidos sonaron y encontré la página indicada en la pizarra. Era la obra de William Wordsworth. Sentí el impulso de gritar de desesperación. Estudiar el inicie del Romanticismo no era algo que necesitase en este momento. ¿Dónde estaban los trágicos dramaturgos cuando los necesitabas?



—¿Cómo nos ayudará este desastre en la vida real? —dijo Justin con voz arrogante. La risa estalló en el aula.



—Escucha, escucha—alguien llamó con un golpe en su pupitre.



El señor Brown nos miró una vez más con una expresión ligeramente molesta en su rostro—Caballeros, si uno no estudia las palabras de los poetas románticos famosos, ¿cómo podrá alguna vez aprender a cortejar a una mujer el día que se enamore? Puedo aseguraros que P Diddy no tiene palabras de instrucción en sus creaciones líricas.



Sus palabras causaron algunas risas. Habría encontrado todo esto muy divertido si el asunto de leer las letras de las canciones de P Diddy no me pareciese una idea tan atractiva en este momento. Miré al poema que íbamos a leer y sobre él que tendríamos que escribir un ensayo de dos páginas. To a Young Lady (A una joven), por William Wordsworth. Solo esperaba que no fuese un poema sobre el amor duradero.



“Dear Child of Nature, let them rail!

--There is a nest in a green dale,

A harbour and a hold,
Where thou a Wife and Friend, shalt see
Thy own delightful days, and be
A light to young and old.
There, healthy as a Shepherd-boy,
As if thy heritage were joy,

And pleasure were thy trade,

Thou, while thy Babes around thee cling,
Shalt shew us how divine a thing
A Woman may be made.
Thy thoughts and feelings shall not die,
Nor leave thee, when grey hairs are nigh,
A melancholy slave
But an old age, alive and bright,
And lovely as a Lapland night,
Shall lead thee to thy grave.
"--_Pleasure is spread through the earth
In stray gifts to be claim'd by whoever shall find_."1



1- Querido Hijo de la Naturaleza, ¡déjales poner límites!
--Hay un nido en un verde valle,
Un puerto y una bodega,
Donde a una Esposa y Amiga verás
Tus propios deliciosos días, y ser
Una luz de joven a anciano.
Allí, sano como un joven Pastor,
Como si tu herencia fuera la alegría,
Y el placer fuese tu negocio,
Tú, cuando tus chicas se aferren a ti
Nos mostrarás como harás cosas divinas que
Una mujer tal vez hizo.
Tus pensamientos y sentimientos no morirán,
Tampoco te dejaré, cuando las canas estén cerca,
Un melancólico esclavo
Pero una vejez, viva y brillante,
Y adorable como una noche de Laponia,
Te llevará a la tumba.
“-_El placer se propaga por la tierra
En los regalos perdidos que serán reclamados por quien los encuentre.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:29 am

Mi destrozado corazón latía. Empecé a escribir. El dolor dentro de mí se derramó sobre el papel. Se sentía casi como si estuviera sangrando con cada palabra que garabateé. Perdida en mi necesidad de expresar a alguien mi dolor interior, me sorprendió cuando el papel fue sacado de debajo de mi mano. Alcé la cabeza.



El señor Brown me dio un pequeño asentimiento con la cabeza y se aclaró la garganta.



—Ah, parece que la señorita Moore conoce a William Wordsworth o ya ha leído su tarea—se asomó sobre sus lentes de media luna a la clase—. Lo que es mucho más de lo que puedo decir sobre muchos de ustedes—bajó su mirada hacia mi trabajo y se ajustó sus pequeñas y redondeadas gafas.



—Wordsworth estaba recordando a su hermana a quien le había regañado por dar largos paseos con él en el campo. Estaba pensando en la vida de ella, y la plenitud que ella experimentaría. La felicitó o la elogió pos sus esfuerzos de divertirse con la belleza a su alrededor en vez de seguir las reglas.



onó el timbre y los estudiantes comenzaron a luchar para salir del aula por el temor a que el señor Brown fuese a obligarles a escuchar más de mi trabajo, o peor, mandarles a ellos que leyesen los suyos en voz alta. Volvió a poner mi trabajo sobre mi pupitre y me sonrió—. Eres una verdadera delicia, Pagan. Estoy deseando leer el resto mañana—se volvió y se dirigió a su mesa con un contoneo.



Leif entró en la clase sonriéndome.



—¿Vienes, preciosa? Sé que te gusta Literatura Inglesa pero se ha acabado por hoy.



El señor Brown me miró—. Ah, sí, pero en cualquier momento que quieras dejar de hablar de su belleza, por favor, siéntete libre de hacerlo.



—Gracias, señor Brown—esto no estaría sucediendo pero en realidad él era un hombre dulce, mayor. Un poco excéntrico, pero dulce.



—No la dé ninguna idea, señor Brown—Leif bromeó mientras cogía los libros de mis manos.



—Ah, el bello hombre que posee su corazón no quiere compartir—dijo el señor Brown con una sonrisa que empujó sus gruesas mejillas un poco hacia atrás.



Leif rió entre dientes—. Estás en lo correcto.



****



—Ahora, cuéntame una vez más, ¿qué es eso que vas a hacer que es más importante que ir de compras a por las perfectas botas de invierno? —la mano derecha de Miranda colocada en su cadera mientras me miraba como si acabase de hablar en español. Me subí la correa de la mochila más arriba en mi hombro y mantuve mis ojos en el aparcamiento.



—Voy a apuntarme a hacer trabajo voluntario en el hospital—no tenía una explicación moral real para ello. No me atreví a decirle a Miranda como sentía la necesidad de darme a mí misma o lo que sea que uno diría que siente cuando tiene la necesidad de ir de voluntario a ayudar a enfermos y moribundos. La verdad era que odiaba los hospitales y Miranda lo sabía. Ella no sabía por qué los odiaba. Solo sabía que lo hacía. Nunca había sido capaz de explicarla como me molestaban las almas errantes que llenaban las habitaciones de los hospitales.



—Así que, ¿has superado esa cosita de la aversión a los hospitales ahora que has pasado una semana allí? —preguntó con curiosidad. Me encogí de hombros porque mi estancia no tenía nada que ver con esto.



—Supongo—era una excusa tan buena como cualquier otra.



—Bien entonces, si tienes que ir a hacer algo por el bien de los demás mientras voy a hacer algo por el bien de mi armario de invierno, entonces supongo que estoy bien con eso.



Le dediqué una sonrisa y luego fui hacia el coche de Leif.



Me había dejado sus llaves y me dijo que iría a su casa con Justin. Yo le había engañado con esta cosa de “quiero ir a ser voluntaria” también. No era totalmente una mentira. Había decidido que este era la mejor forma de ver suficientes almas sin alguien metiéndome en un manicomio por vagar por los pasillos hablando conmigo misma. De esta manera tenía un motivo de estar allí y encontraría un montón de almas a las que hablar. Con el tiempo, encontraría alguna que hablase.



—Llámame cuando vuelvas a casa de tus buenos actos y llevaré mis compras y te las enseñaré.



—Vale, buena suerte—dije mientras abría la puerta del coche y entraba. Por primera vez en tres días tenía alguna esperanza. Seguía recordando la mirada en los ojos de Dank la noche del viernes mientras me abrazaba. Él había sido muy real. El hecho de que nadie pareciese pensar que hubiese caminado alguna vez por los pasillos del colegio no significase que me estaba volviendo loca. El hecho era que yo había estado viendo a la gente que nadie más podía ver desde que nací. Algo era diferente en mí. Esto no era una primicia. Dank tenía secretos y yo los iba a descubrir. Necesitaba saberlos porque le necesitaba. La respuesta detrás de su partida estaba dentro de sus secretos y sabía que si podía averiguarlo entonces podría encontrarle y traerle de vuelta.

CAPITULO 13

Eché un vistazo a mi ID*. Mi madre estaría encantada. Esto iba a lucir maravilloso en mis aplicaciones de la universidad. Entre más servicio a la comunidad mejor, bueno, mientras que sea voluntario y no obligatorio. Me habían asignado el deber de leer a los niños hoy desde que fue mi primer día y no tenían a nadie más que pudiera entrenarme para los trabajos más difíciles.

Me bajé del ascensor en la planta de pediatría y tres de las almas que había pasado en la planta anterior se detuvieron a mirarme. Asentí con la cabeza a ellos. – Hola – dije alegremente y todos ellos parecieron sorprenderse. Me volví y seguí las instrucciones que el voluntario de recepción me había dado. No tardé masque solo unos segundos en darme cuenta de que la planta de pediatría estaba llena de almas errantes. Caminé pasando a unos niños en silla de ruedas mirándome con curiosidad. Sonreí y dije hola al pasarlos. Mi corazón empezó a doler por otras razones que la de mi pérdida. Ver las pequeñas sonrisas en sus rostros pálidos no fue fácil. Una niña pequeña con un largo, rizado y rojo cabello llamó mi atención. Se paró en la puerta de su habitación de hospital mirando, no a mí, sino a ambos lados y detrás de mí con curiosidad antes de mirarme directamente a mí. Reduje mi andar y miré hacia atrás, dándome cuenta de que la mayoría de las almas a las que les había sonreído me estaban siguiendo. Ella podía verlos. Me detuve y estudié su pequeño y dulce rostro. Ella estaba de pie con el uso de lo que parecía ser un andador. Ella miró hacia las almas de nuevo y sonrió cálidamente, luego sus pequeños ojos me encontraron. – ¿Los ves? – le pregunté en un susurro, temerosa de que alguien pudiera escucharme y pensar que estaba demente. Ella asintió con la cabeza haciendo que todos los rizos rojos rebotaran a su alrededor.

– ¿Y tú? – me preguntó en un fuerte susurro. Yo asentí con la cabeza.

– Genial. – contestó ella sonriente. Le guiñé un ojo y luego seguí mi camino hacia la sala de actividad. No podía pararme a hablar con una niña en los pasillos sobre las almas que ambas podíamos ver sin llamar la atención. Yo nunca había conocido a nadie más que pudiera ver a las almas. Fue difícil el solo caminar lejos de su pequeña cara conocedora. Pero yo sabía que la vería de nuevo. Tenía la intención de encontrarla más tarde.

Encontré la puerta azul cielo con la frase, “Hoy tú eres tú, eso es más que cierto. No hay nadie vivo que sea más tú que tú.” Dr. Seuss, en colores brillantes pintado en ella. Aquí era donde se suponía que debía estar. La abrí e inmediatamente encontré la estantería de libros a la derecha.

Me di la vuelta y le sonreí a las almas que me habían seguido dentro. – ¿Alguno de ustedes tiene una sugerencia? – Todas me estudiaron y algunas se deslizaron más cerca para mirarme o tocarme. Yo no podía sentirlas. – ¿Nadie? – La habitación permaneció en silencio. Suspiré y me volví a los libros. – Muy bien, voy a elegir uno yo misma.

– Mi favorito es “Donde viven los monstruos”. – Giré de nuevo pensando que un alma por fin había hablado. Todas las almas estaban viendo a la pequeña niña de cabellos rojos desde el pasillo. Ella estaba de pie en la puerta sonriéndome. – No van a hablarte, ya sabes. No pueden. – dijo al tiempo que entraba.

– ¿No pueden hacerlo? – pregunté mirando hacia abajo, hacia sus ojos que parecían más viejos que su pequeño cuerpo.

Ella sacudió su cabeza lentamente y suspiró. – No, yo he tratado de hacer que lo hagan. A ellos les gusta que tú hables con ellos. – Hizo una pausa. – Bueno, algunos de ellos les gusta que tu les hables, pero ellos no pueden responder. Son almas luchando por su regreso así que permanecen aquí vagando sin rumbo. – Ella miró hacia atrás por encima de su hombro hacia las almas suspirando. – Pero empiezan a olvidar quienes son o porque están aquí. Es en verdad triste. Si ellas se hubieran ido a la primera oportunidad, se les habría asignado otro cuerpo y otra vida en lugar de esta existencia sin sentido.

Me acerqué y me senté en la silla frente a ella. – ¿Cómo sabes eso? – Pregunté, sorprendida de que alguien tan pequeño pudiera saber mucho más que yo sobre las almas que he visto toda mi vida.

Ella se encogió de hombros. – Supongo que él no quería que yo tuviera miedo. Ellas tienen miedo de él, como puedes ver, y él no quería que yo le tuviera miedo. El tampoco quería que yo tuviera miedo de ellas. Y creo que tal vez él no quería que yo me convirtiera en algo como ellas.

Sacudí la cabeza tratando de averiguar de quien estaba hablando ella. – ¿A qué te refieres? ¿Quién es él?

Ella frunció el ceño y las almas que se habían reunido en la habitación se desvanecieron. –Tienen miedo de él, como he dicho. Él es lo único que recuerdan porque él fue a última cosa que vieron mientras estaban vivos. Tonto, de verdad, eso no es culpa de él. Simplemente les había llegado su hora. – Me quedé helada ante sus palabras y me aferré al bazo de la silla en la que me encontraba sentada en busca de apoyo.
Mi corazón empezó a palpitar en mi pecho mientras preguntaba, – ¿A qué te refieres con “su hora”?

Ella me miró un momento y luego susurró, – Era su tiempo designado para morir. Al igual que el mío, que llegará pronto. Él me lo dijo. No se suponía que me lo dijera pero él puede romper las reglas si quiere. Nadie puede detenerlo. Al final es su decisión.

Tragué mi mal genio ante la mención de la pequeña niña al hablar sobre su muerte.

– ¿Quién te dijo? – Pregunté de otra vez.

Ella sacudió la cabeza. – No te pongas tan triste. Él dijo que este cuerpo que tengo está enfermo y una vez que me muera voy a conseguir un cuerpo nuevo y una nueva vida. Las almas no están obligadas a vagar por la Tierra. Solo aquellas demasiado asustadas para seguir son dejadas aquí para vagar. Si eliges dejar la Tierra regresarás en un cuerpo nuevo y en una nueva vida. Tú alma será, sin embargo, la misma. Él me dijo que el hombre que escribió mis libros favoritos, Las crónicas de Narnia, dijo que “Tú no eres un cuerpo. Tú tienes un cuerpo. Tú eres un alma.” – Ella sonrió ante la idea como si fuera brillante.

Yo respiré hondo para tranquilizarme antes de preguntar una vez más, – ¿Quién es “él”?

Ella frunció el ceño. – ¿El autor? C.S. Lewis.

Negué con la cabeza. – No, el “él” que te ha dicho todo esto. El “él” al que las almas tanto le temen. – Ella frunció el ceño y se volvió para irse. – No, por favor, espera… necesito saber quién es él, – le rogué.

Ella voltio para atrás mirándome y sacudió la cabeza. – Hasta que te llegue la hora no puedes saberlo. – Ella se fue.

Sostuve el libro, “Donde viven los monstruos”, en mis manos, lista para leer cuando los niños se presentaran, pero ella no vino con ellos. Forcé una sonrisa y un tono alegre al leer las palabras que yo recordaba de mi infancia. Varios niños pidieron otros libros cuando terminé y aturdida tomé cada libro fuera de la estantería y les leí los que me pidieron hasta que las enfermeras insistieron en que era hora de regresar a sus cuartos para la cena. Después de varios abrazos y “gracias” me dirigí de nuevo por los pasillos. Esta vez no me molesté en sonreírle a las almas. Ellas no me podrían ayudar. Yo estaba bastante segura de que la única que podría era la pequeña niña que había hablado con “él” y en el fondo me temía que yo sabía exactamente quien era “él” y que era lo que hacía.

***

Tengo una sorpresa para ti. – Leif anunció mientras paseaba por la sala de mi casa a las siete de la noche. Me asomé desde el libro de texto que estaba abierto sobre la mesa y le sonreí. Ver a Leif ayudó a aliviar el vacio dentro de mí. Él se inclino, me besó en los labios suavemente y luego sacó un folleto frente a mí en la mesa.

– ¿Gatlinburg, Tennessee? – Pregunté, leyendo el folleto frente a mí con la imagen de una montaña nevada con un telesilla y las calles festivamente iluminadas.
Él sonrió y se sentó en la silla a mi lado. – Todo un fin de semana de esquí y compras. Mis abuelos tienen una cabaña allí a la que vamos cada año en esta temporada. Yo hablé con Miranda y ella tiene el visto bueno por parte de su padre. Él está cubriendo los gastos del viaje de ella y Wyatt, y mis padres quieren agradecerte por todo el trabajo duro que hiciste al ayudarme a sacar una A+ en Oratoria. – Él sonrió con malicia. – Y porque sabían que yo no iría a menos que tu fuera también.

Irme de vacaciones a esquiar no era algo sobre lo que quería pensar en estos momentos. Emocionalmente, apenas podía sostenerme y necesitaba encontrar a Dank. Simplemente no podía entender como iba a encontrarle exactamente.

– Wow. – Forcé una sonrisa. El tomó mi falsa sonrisa como un estímulo y abrió el folleto. Él comenzó a hablar sobre todas las cosas que se podían hacer en la cima de la montaña. Yo estaba tratando de envolver mi mente alrededor de cómo podría decirle que no cuando mi madre entró.

– Hola, Leif, ¿Has comido? Traje a casa comida china de la reunión con mi agente literario. ¿Alguno de ustedes tiene hambre? – ella preguntó.

– Estoy muriendo de hambre. – Dijo Leif con entusiasmo.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:30 am

– No, gracias. – respondí. Pensar en comida me revolvió el estómago. Me di cuenta de que Leif le hablaba a mi madre sobre el viaje a esquiar y me entró pánico, tratando de pensar en alguna manera de detenerlo.



– Oh, eso sería perfecto, Maite. La tía Margie nos ha pedido ir al rancho por Acción de Gracias pero odiaría volver a llevarte allí para que seas testigo de su llanto su primer día de Acción de Gracias sin Ted. Ella me necesita y yo podría ir si tú pasaras las vacaciones en las montañas con tus amigos. No me sentiré como que estas sufriendo. Eso es simplemente perfecto. Leif, gracias. Tengo que llamar a tus padres esta noche para obtener más detalles. Quiero enviar dinero con ella, sin embargo, no me gusta la idea de que tus padres paguen por ella.



Leif negó con la cabeza. – ¡Oh, no, señora¡ Eso no es necesario. Ellos quieren pagar por ella. Ella ha sido una respuesta a sus oraciones con mis calificaciones de Oratoria este año. No podrían haber pagado por un mejor tutor. – Él me dedico una sonrisa maliciosa y luego sonrió a mi madre con cortesía.



Estaban planeándolo como si ya fuera un hecho. Mamá no iba a decirme que no o a cuestionármelo. No tenía escapatoria, a menos que quisiera herir no solo a Leif, quien no lo merecía, sino también a Miranda. Ella estaba, sin duda, emocionada por el viaje, y aunque todo lo que yo quería hacer era buscar a Willism, no podía. Por el momento yo no estaba segura sobre como comenzar a buscar a William. Mi plan había llegado a un interrumpido registro de trayectos. En un súbito estallido de esperanza buscaría en Ebay boletos para Cold Soul pensando que tal vez si yo fuera al concierto podría verlo y saber que él era real. Yo podría acabar con todos estos temores agitados dentro de mí de que él era algo que yo no podía tener o tocar. Incluso si pudiera comprarme los boletos, yo no podría financiarme el costo del viaje para llegar a sus próximas fechas de sus próximos conciertos.



– Supongo que eso es lo que tenemos que hacer mañana, – Mamá dijo alegremente. Yo no tenía idea a lo que se refería.



La miré fijamente y fruncí el ceño – ¿Qué?



Ella rodó los ojos. – Ir a comprar tu equipo para la nieve, tontita. Vas a necesitar ropa de invierno también. ¡Oh, esto va a ser muy divertido! Estoy tan emocionada acerca de esto. Ustedes dos hagan su tarea y yo iré a llamar a Margie y le haré saber que estaré allí en Acción de Gracias.



– Mamá nos dejó y Leif se dio la vuelta, sonriendo triunfante, con una caja de arroz frito en una mano y los palillos en la otra.



– Ella es más que genial, lo juro. Los padres de Waytt dieron una pequeña pelea. Ella fue tan fácil.



– Él beso la parte superior de mi cabeza mientras volvía a sentarse en torno a la mesa. – Será mejor que llame a Miranda y le cuentes las buenas noticias antes de que empecemos. Ella está esperando escuchar de ti.



– Asentí con la cabeza y alcancé el teléfono. Iba a tener que actuar emocionada por el bien de Leif, y el de ella. El teléfono sonó una vez antes de que un intenso chillido estallara en la otra línea.



– Por favor di que ella dijo que si, por favor, por favor, por favor, – la voz de Miranda cantó desde la otra línea.



– Ella dijo que si, – le respondí, dedicándole una sonrisa a Leif.



– ¡FANTABULOSO! Vamos a pasárnosla tan bien. De compras en la nieve. ¿Qué tan romántico es eso? Quiero decir, ¿Hay realmente algo mejor que la nieve sobre las pequeñas calles llenas de tiendas? No, no lo hay. Sin embargo, te advierto en este momento que no pondré mi pie en un esquí. De ninguna manera. Quiero ir de compras, no a visitar la sala de emergencias ¿Tú vas a esquiar?



– Miré a Leif, quien obviamente podía escuchar la voz desde el teléfono. Él estaba asintiendo con una gran sonrisa en su rostro.



– No creo que tenga elección. – Respondí.



– Uf, bueno, yo sí, y no lo haré. Quiero decir, te caes y tu trasero queda completamente húmedo. De ninguna manera. No lo haré.


Leif se rió entre dientes. – Llevarás puesto un traje de nieve Miranda, eso mantiene tu trasero seco.



– Él gritó en voz alta.


Lo que sea, sigo sin hacerlo. Oh, tengo que llamar a Wyatt y decirle. Tenemos que ir a comprar verdadera ropa de invierno. Vas a tener que hacer a un lado tu servicio comunitario por una tarde o quizá dos. Okay, bien! SQUEAAAAA! Hablaré contigo mas tarde.– Ella colgó.



Cerré mi teléfono y lo puse sobre la mesa.

– Sera un poco difícil vivir con ella las próximas dos semanas, – dije bromeando.



Leif asintió. – Creo que tienes razón. Él se recostó en su silla. – Así que cuenta acerca de ese servicio comunitario. – Yo no quería hablar con él acerca de esto. Miré hacia abajo en el block de notas frente a mí.



– Bueno, estoy trabajando como voluntaria en el hospital. Hoy leí libros a los niños. – Esperaba que esa fuera toda la información que el necesitaba. Levanté la vista mirándolo y la admiración en sus ojos me hizo sentir como una terrible persona. No había ido como voluntaria porque estuviera preocupada por otros. Había ido a encontrar respuestas. Sin embargo, había encontrado todas las respuestas que me era posible conseguir allí. Ella había sido solo una niña, pero ella había hablado como si supiera exactamente a lo que se refería. Pensé en mañana hablar con las personas mayores que sabía que nos les quedaba mucho tiempo para ver si alguno de ellos me decía si había visto a ese “él” al que ella se refería.


– Eres una chica especial, Maite Moore, y yo soy increíblemente afortunado. – Leif dijo, mirándome con una emoción en sus ojos que yo no merecía.



Negué con la cabeza. – No, soy tan normal como las demás. Confía en mí. Ahora, vamos a terminar algunos deberes.

– Necesitaba cambiar el tema antes de romper en llanto y admitir que clase de horrible persona era yo realmente. Usé a Leif como consuelo y lo tuve por tanto tiempo. Ahora, yo estaba utilizando gente enferma para encontrar a William. ¿Me detendría ante algo para encontrarlo? ¿Estaba el amor destinado a ser tan intenso?



– Bien, esta semana nos enfrentamos a la desafiante pregunta:

¿Deberían los estudiantes de secundaria apoyarse en la ayuda de beber café por las mañanas? Realmente profundo ¿eh? – Deje escapar una risa que no sentía y alcancé mi portátil.



– Creo que tenemos que buscar esta. Porque por lo menos yo pienso que el café es el néctar de los Dioses y, sí, lo necesitamos desesperadamente. Sin embargo, estoy pensando que tu profesor opina diferente.




Leif se encogió de hombros. – Odio esta cosa así que no soy de ayuda. ¿Realmente crees que el Internet va a tener información sobre esto?



Lo miré al presionar la tecla enter. – Um, sí lo hago. Nosotros tendremos los argumentos de los grupos preocupados por la salud y los argumentos de Starbucks, ambos en nuestras manos en tan solo un segundo.



Leif se inclinó, miró la pantalla, y sonrió. – Genial, así que, ¿De qué lado debo estar para este discurso?

14

Las calles estaban decoradas ya con luces parpadeantes, de color blanco de la Navidad en todos los árboles. Los escaparates engalanados con la alegría de las fiestas. Las calles olían a chocolate caliente y la montaña Taffy de las tiendas de dulces se llenaba en cada esquina. La nieve se derretía perezosamente y se pegaba a los abrigos a medida que caminaba por las calles. Wyatt llevaba cinco bolsas de compras en sus manos, llenas de compras de Miranda. Una brisa helada retumbaba en mi adormecida nariz. Me incline hacia abajo en la bufanda que había envuelto alrededor de la parte inferior de mi cabeza repetidas veces. No estaba acostumbrada a este clima. Nuestros inviernos en Florida nunca tenían este frío. Leif me atrajo hacia su lado.



—Vamos, vamos a entrar en este café y a obtener algo para que entremos en calor.



—Buena idea. Necesito un descanso de estas bolsas y estoy bastante seguro de que Miranda no va a encontrar nada allí para comprar. —Me reí de Wyatt a través de la bufanda que cubría mi boca. Extendí la mano y las baje, mirándolo.



—Tienes que estar bromeando. Sabes que ella puede encontrar cualquier cosa en cualquier tienda en donde entremos. Hasta ahora hemos estado en cinco tiendas y tienes en tus manos cinco bolsas.



—Como sea[1]—dijo Miranda con un gesto de su peluda mano enguantada—. ¿Para qué son todas estas pequeñas y lindas tiendas, si no es para comprar cosas? —Leif se río entre dientes detrás de mí y nos fuimos todos a una mesa. Suspiré cuando el calor de la cafetería parecía descongelarme la nariz congelada. Era la única parte del cuerpo que no había sido capaz de cubrir.



—¿Qué quieres? —preguntó Leif, quitándose la bufanda y colgándola junto a su gran abrigo negro en el respaldo de la silla junto a mí.



—Un Latte caramelo con crema batida —le contesté. Se volvió y se unió a Wyatt en el mostrador y mire a Miranda.



—Mi nariz se siente como si se pudiera caer por una mordedura helada —Me quejé y la frote con las manos enguantadas. Ella asintió con la cabeza y se frotó la suya también.



—Sé lo que quieres decir. Ahora que estoy dentro y no centrada en las compras, me siento adormecida.

Empecé a decir algo más cuando me di cuenta del alma parado junto al cajero observando a las personas con una expresión confusa. Ahora sabía lo que eran y por qué siempre se veían tan perdidos y confundidos, me hubiera gustado poder hacer algo para ayudarlos. Ellos pudieron haber vivido más vidas si sólo hubieran seguido adelante. En cambio, el miedo les había retenido y todo a lo que podían aspirar era a vagar, perdidos.

—¿A quién estás mirando como si tuvieras ganas de llorar? —preguntó Miranda, asomando la barbilla a lo largo de la bufanda alrededor de su cuello. Aleje mi vista del alma y le devolví la mirada

—No, simplemente estaba perdida en mis pensamientos. —Miranda miró por encima del hombro, pero todo lo que vio fue a Wyatt y Leif caminando de vuelta hacia nosotras, sosteniendo unas humeantes tazas de café. Bueno, al menos las de todos, menos la de Leif, el suyo sería un chocolate caliente.

—Aquí vamos. Vamos a ver si podemos hacer que la sangre helada en las venas se ponga de nuevo en marcha —dijo Wyatt jovialmente mientras dejaba el Latte de Miranda frente a ella. Tomé el mío de Leif y le di un pequeño sorbo, necesitando tener un poco de calidez fluyendo a través de mí. Miranda tomó la taza y lo acercó a su nariz. Me reí y Wyatt puso los ojos.

—Ríete todo lo que quieras pero se siente bien. —Estudie mi copa y decidí que no me importaba lo tonto que se viera, quería calentar mi nariz también. El calor de la taza provocaba una sensación maravillosa en mi nariz.

—Ustedes las chicas de la Florida tienen un tiempo difícil con un clima un poco frío. —Miranda bajó la copa y miró a Leif con incredulidad.

—¿Un poco de frío? ¿Estás loco? ¡Es como si aquí estuviera por debajo de treinta grados! —Gimió y regreso la taza hasta su nariz.

—Um, no. En realidad, allí afuera hay sólo veinte grados. Ni siquiera cerca de ser por debajo de cero. —Puse mi copa hacia abajo sobre la mesa.

—Um, que es como diez grados bajo congelación, así que diría que es mucho más frío que un poco de frío. —Miranda me sonrió por ir en su defensa y le disparó a Leif una sonrisa de suficiencia.



El brazo de Leif se deslizó alrededor de mí y me permití por ahora pretender que mi vida era normal: que yo amaba a Leif y mi corazón no sufría daños irreparables, porque estaba enamorada de alguien que no podía encontrar y temía que nunca volvería a hacerlo. La risa tintineante de mi mejor amiga y su felicidad al estar rodeada de amigos y de compras parecía tan normal. Podría fingir que era todo. Podría fingir que era feliz y pretender que un alma perdida no acababa de vagar a través de la pared detrás de Wyatt buscando a través de las personas a su alrededor a alguien que pudiera tener la respuesta a su problema. Nadie podía ayudarle ahora. Mi sonrisa falsa era más difícil de mantener en su lugar, pero lo hice, porque haciendo caso omiso de lo sobrenatural a mi alrededor era lo que había estado haciendo toda mi vida.

***

—Estoy pensando en que no deberíamos salir esta noche. Quiero decir, sé que no es exactamente ideal pasar el rato en una cabaña con tus padres, Leif, pero esta frío por ahí. —Miranda fruncía el entrecejo mientras miraba por la ventana en su lado de la Hummer que los padres de Leif habían alquilado para que utilizáramos mientras estábamos aquí.



—Estamos dentro de un monstruo, bebé, no te preocupes.—Wyatt se inclinó y besó el cuello de Miranda, haciéndola reír. Miré hacia el camino delante de mí y lejos de la feliz pareja a mi espalda.



—Wyatt tiene razón, Miranda. Mis padres alquilaron este vehículo para poder desplazarse fácilmente en el clima helado. Además, el Pancake House no es algo que te quieres perder. Las pilas de panqueques cubiertos en cualquier acabado que puedas imaginar. Estoy babeando sólo de pensarlo —dijo Leif, con una sonrisa.



—¡Uf! voy a tener como mil libras cuando nos vayamos de aquí. Todo lo que hacemos es comer. Si me hacen parar en una más de esas tiendas de montaña Taffy creo que podría salir corriendo hacia otro lado. —Miranda hizo un mohín en el asiento trasero. Wyatt se echó a reír.

—O te va a encantar probar todas las muestras que tienen. —Miranda le dio un puñetazo en el brazo bromeando.

—Oh silencio. No me recuerdes mi debilidad y el daño que he hecho a mis caderas.

—Me gustan tus caderas simplemente bien —respondió Wyatt en un susurro ronco que se podía escuchar claramente en la delantera.

—Bueno, ustedes dos, los voy a hacer caminar al restaurante si no se enfrían de nuevo allí —advirtió Leif, el parpadeo que una sonrisa en el espejo retrovisor.

Yo mantuve mi atención en la carretera mientras la nieve que caía parecía volverse más pesada. Me toqué el cinturón de seguridad y una pequeña puñalada de dolor me atravesó mientras recordaba a William de pie en mi habitación del hospital diciéndome que mi cinturón de seguridad había salvado mi vida. Sin embargo, mi madre había dicho que había sido expulsada por no llevar el cinturón de seguridad y no usarlo había salvado mi vida. Habría sido aplastada si me hubiera quedado en el interior del coche. El recuerdo de un gran peso sobre mi pecho, haciéndome difícil respirar, me golpeo. Había estado en el coche cuando por fin había dejado de rodar. Yo pensaba que me iba a asfixiar por la pesadez sobre mí. Entonces me habían sacado del auto y dejado en la hierba. El dolor había sido tan intenso que no podía abrir los ojos. ¿Cómo había salido del coche? Alguien me había sacado. Alguien me había desabrochado el cinturón de seguridad y me levantó del coche aplastado y me puso a salvo en la hierba. Nunca le había preguntado por el cinturón de seguridad otra vez. Ahora, mientras conducíamos por las calles heladas de la montaña poco a poco caí en la cuenta. La persona que me había sacado del accidente tenia que haber sido la única persona que sabía que yo había estado usando mi cinturón de seguridad. ¿Por qué no le pregunté de nuevo? Me había olvidado que sabía que había estado usando mi cinturón de seguridad. Leif se había presentado y me permití olvidar el accidente y los acontecimientos que condujeron a ello.



—¿Estás bien? —Leif deslizó la mano a través de mi pierna y me tomó la mano en la suya. Oculte mi dolor y me volví para darle una sonrisa tranquilizadora.





—Es hermoso, ¿no? —Asentí con la cabeza, porque él tenía razón, lo era, pero también porque me dio una excusa para seguir con la mirada perdida en la oscuridad.



—¡LEIF! ¡CUIDADO! —Rompió la voz de Wyatt la tranquilidad relajante de la Hummer como una bala y Leif tironeo el vehículo de la carretera y lo deslizó contra la ladera de la montaña antes de llegar a un punto sólo a unos pies de distancia, en el que un coche acababa de ser golpeado con un trozo de hielo y se volcó justo en frente de nosotros. Leif abrió de golpe la puerta.



—¡Llama al 911! —Nos grito de regreso a nosotros y Wyatt saltó del vehículo con él. Llegué a ciegas a mi bolso, sin querer quitar los ojos del humeante carro en caso de que las viera. Las almas que se alejaban de él, si el accidente había matado a los pasajeros. Sabría pronto, si habrían muerto... ¿no lo haría?



—Ha habido un accidente muy malo delante de nosotros. —Oí la voz de Miranda detrás de mí y sabía que había encontrado su teléfono y había hecho la llamada. Dejé caer mi bolso y me arrastre hasta el asiento de Leif para salir por su puerta, porque mi lado estaba atascado contra la montaña. Las chispas comenzaron a volar desde el coche hacia arriba y Wyatt agarró el brazo de Leif y tiró de él hacia atrás.



—No hombre, detente —dijo, y Leif pareció romperse en cuanto a si debía tratar de ayudarles a salir fuera de él. Las chispas y el humo tan cerca a la gasolina significa en cualquier momento el auto se prendería en fuego y posiblemente explotaría.



—RETROCEDAN —gritó Miranda, saltando fuera del coche y corriendo hacia nosotros con el teléfono en la mano—. La señora en el teléfono dice que retrocedan. El humo y las chispas son una mala señal y dijo que los paramédicos y camiones de bomberos se encuentran en camino, pero que no necesitan más lesiones para hacer frente, no va a ayudar a la gente en el coche.


—Ella tiene razón, Leif, vamos. Retrocede. —Leif miró frenéticamente a mí.



—Retrocede, Maite —llamó.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, el fuego encendido y el coche en frente de nosotros ardió en llamas. Un grito hizo eco en mis oídos y me estremecí al pensar en las personas en su interior que no había sido capaz de ayudar. Congelados por el horror, todos nos quedamos allí y mirando, sin poder hacer nada para salvarlos. Los lamentos de Miranda fueron amortiguados por la voz suave de Wyatt. Los brazos de Leif llegaron a mí alrededor y me llevó de nuevo más lejos del calor de las llamas. Dejé que me alejara, pero no apartaba los ojos del coche. Necesitaba ver si estaban muertos.



—No mires, Maite — me pidió Leif en voz baja en mi oído. No entendía por qué tenía que ver y yo no podía decirle. Entonces lo vi. Salió de la oscuridad y se dirigió directamente al fuego. Me libere del agarre de Leif y corrí hacia el fuego. Estaba aquí. William estaba aquí.



—Maite, ¡NO! —Llamo la voz de Leif detrás de mí.

—¡DETENLA! —Grito Miranda con voz de pánico, pero yo no podía parar. ¡William estaba aquí! Él estaba allí. El fuego no le haría daño. Ahora comprendía. Unos brazos aparecieron alrededor de mí y me llevaron de vuelta mientras luchaba en contra de ellos.



—No, déjame, no puedo… ¡Tengo que llegar hasta allí! Tengo que ver —Le rogué mientras luchaba contra las armas de Leif, sin apartar la vista del coche en llamas. William surgió con dos personas a su lado. Eran una pareja joven. Yo empecé a llamar a su nombre mientras Leif me abrazaba con fuerza en sus brazos, inflexible—. Por favor, por favor, déjame ir. Tengo que ir —Le supliqué, viendo como William se detuvo y miró hacia mí. Sus ojos eran de un azul intenso, brillante en la oscuridad, mientras me veía luchar y llamarlo desde los brazos de Leif. Él estaba allí, tan cerca, y la gente junto a él se quedó mirando de vuelta al coche en llamas del que acababan de escapar. Se apartó de mí y con un gesto de su mano, ellos tres se habían ido. Vi con horror como volvía la oscuridad. El coche seguía ardiendo y escuché los camiones de bomberos que se acercaban.



—Vamos, Maite, vuelve, bebe —susurró en mi oído Leif.



—Están muertos —Le susurré, sabiendo por qué había venido William.



Leif me atrajo hacia sí y me sostuvo en un fuerte abrazo. Lo dejé. No tenía ni idea de lo que acababa de ver. Nadie la tenía. Todo lo que veían era el vehículo en llamas. Acababa de ver el alma bella que había robado mi corazón emerger de la oscuridad y tomar las almas de las personas en el interior del coche en llamas. Él no era un alma normal. Él siempre me había dicho que era diferente. Ahora comprendía lo que quería decir. Él era diferente.



Su existencia era fría y solitaria. Un sollozo sacudido mi cuerpo y me estruje contra el cuerpo de Leif. Lloré con la comprensión de que a William nunca se le daría una oportunidad al amor. Vivió dentro de la tristeza. Tenía que caminar de la mano con la muerte. Oí la voz de Leif tratando de consolarme, pero no podía aceptar sus palabras. Nada de lo que dijo hizo que todo esto estuviera bien. A William no se le dio una oportunidad para vivir y ser feliz. Mi respiración era entrecortada por los disparos de dolor a través de mi corazón. Todo era demasiado. Tenía un límite y acababa de pasarlo positivamente.



—No, señor, que no está herida. No estábamos lo suficientemente cerca para el coche y todos llevábamos los cinturones de seguridad cuando me encontré con el Hummer en la montaña. Ella no está manejando lo que vimos y.... —La voz de Leif se fue apagando. Una voz desconocida habló desde detrás de mí.

—Ella tiene que ser ingresada y darle algunas medicinas para calmarla. Ese tipo de trauma emocional puede dejar efectos devastadores. —Apreté mi espera sobre Leif. No puedo ir al hospital ahora. Yo no quería ver más almas enfermas o perdidas. Negué con la cabeza violentamente contra su pecho.

—Ella está aterrorizada y no puedo dejarla ir sin mí. No puedo dejarla. — Oí a Leif discutir.

—Se puede montar con ella, pero necesita un poco de atención médica. Esto no es una forma normal de tratar con algo así. La otra chica está manejándolo bien. Ésta parece estar perdiendo.

—Está bien, pero no voy a apartarme de ella. —dijo Leif, con la finalidad en su voz.

—No quiero ir a un hospital —dije yo, presa del pánico. Me aparte de Leif, tratando de escapar, así podría correr hacia una persona segura, alguien que no me haría ir. Nadie entendía lo que yo había visto. Lo que yo había visto esta noche.

—No, no —Oí las protestas Leif y pensé por un momento que estaba hablándome a mí cuando sentí el pinchazo de una aguja y el mundo fue nebuloso antes de que se desvaneciera a negro.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:31 am

***

— No, le dieron un tiro para noquearla. Intenté detenerlos pero sucedió antes de que pudiera hacer nada. —Oí la voz de Leif en la oscuridad.

—He llamado a su madre y se ha preocupado muchísimo. Le dije que no viniera. Nos tengo volando de aquí en unas pocas horas. —Sonaba la preocupada voz de la señora Montgomery.

—¿Cómo están Miranda y Wyatt? —preguntó antes de que los dedos de Leif suavemente acariciaran mis brazos. Yo sabía que era su tacto.

—Ambos están muy bien. Miranda está bien. Ella está muy preocupada por Maite. Le aseguré que Maite estaba solo descansando. —Hubo unos minutos de silencio. Deje que la caricia de Leif me confortara. Ayudándome a luchar contra el horror que a duras penas podía contener. Sabía que era el dolor que me esperaba, pero no estaba lista para enfrentarlo.

—Cariño, ¿es ella siempre inestable? Me doy cuenta de que era una cosa horrible de presenciar, pero para que ella caiga completamente al borde, bien, ¿crees que ella tiene algunos problemas mentales de los cuales pueden no ser conscientes? —Leif no dijo nada al principio, y me pregunté si negaba con la cabeza o se encogía de hombros. Le oí suspirar.

—No sé, mamá —dijo en voz baja. Leif siempre parecía completamente ciego a mis problemas. Siempre me había preguntado si no se había acabo de dar cuenta de la manera en que yo podía mirar y ver cosas que él no podía ver. Luego estaban mis cambios de humor importantes que siempre parecía pasar por alto. Tal vez había visto más de lo que se había dado cuenta. Una oleada de pánico me apretó el pecho cuando me di cuenta que puedo estar perdiendo a Leif también. Esta vez no sería capaz de hacer caso omiso de mis problemas graves. Yo no era normal. Nunca lo había sido.

—Puede que tenga que pensar realmente acerca de tu relación con ella. No es saludable involucrarse con alguien que es emocionalmente vulnerable. La gente que esta débil emocionalmente puede ser peligrosa. —La mano de Leif dejó de acariciar mi brazo.

—No pedí tu opinión. No digas cosas como esa cerca de Maite nunca más. ¿Me entiendes? No hay nada malo con ella que sea peligroso o nocivo. Ella sólo siente más que otros. —Pensé en lo mucho que amaba a William y no podía discutir con él. Sentía más profundamente de lo que era normal.

—Lo siento, cariño. No debería haber dicho nada, pero esto es sólo la preocupación de una madre, eso es todo. Quiero lo mejor para ti. Asegúrate de que ella lo es. —Quería abrir los ojos y decir: "Escucha a tu madre. Yo no soy buena para ti Leif” pero no lo hice. Porque era egoísta y estaba asustada.

[1] En ingles Pish Posh: expresión usada para declarar una opinión o pensamientos absurdo, irrelevante o redundante.

15

No estaba segura de cuánto tiempo había tardado en vuelta a casa. La clase de tiempo que parecía rodar de manera continúa. No hay noche ni día. Levantarse de la cama parecía casi imposible a veces. En mis sueños, William estaba allí. Yo sólo quería dormir. Hablar era algo para lo que simplemente no estaba lista.



Había visto las preguntas y la preocupación en los ojos de Leif en el vuelo a casa pero no había hablado con él. No había querido enfrentarme a él, ahora que sabía que tenía problemas, aunque realmente no sabía lo que era. Él pensó que estaba loca y ese no era mi problema. Mi problema era que amaba a alguien a quien no podía tener. Vi las almas que vagaban por la tierra perdidas y que habían sido atacadas por un alma que tenía la intención de matarme. Yo era la única persona que recordaba que William Walker había ido a la escuela y si sacaba su nombre otra vez todo el mundo podría pensar que había realmente perdido la cabeza. Así que, sí, he tenido problemas, pero no los psiquiátricos. Tenía los sobrenaturales.



Un golpe en la puerta de mi habitación me sorprendió y me volví para mirar a la puerta cerrada, sabiendo que era mi madre. Mi madre muy preocupada. ¿Cómo explicarle a ella que estaba lastimada tan profundamente que no estaba segura de que nunca sería capaz de recuperarme? Hubo una pérdida en mi vida como nada de lo que jamás había conocido.



—Adelante —Mi voz sonó ronca por falta de uso. Mi madre abrió la puerta lentamente y metió la cabeza en el interior como si estuviera evaluando la atmósfera antes de caminar en ella.



—¿No iras a la escuela esta mañana? —Preguntó con una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Me había olvidado qué día era, pero sabía que no estaba preparada para hacer frente a la escuela. No estaba preparada para hacer frente a Leif o Miranda o Wyatt. Tenía que permanecer en mi habitación y encontrar la fuerza dentro de mí para seguir viviendo. Negué con la cabeza y la pretensión de sonrisa dio paso a un ceño de preocupación, arrugas en su frente. —Cariño, te has perdido una semana de escuela hasta ahora. Te he permitido permanecer en aquí con la esperanza que te permitiría superar el trauma que has experimentado. Pero ahora me estoy preocupado de que no vayas a salir de esta. He estado estudiando tus síntomas en Internet y tienes todos los signos de trastorno de estrés postraumático. Estás teniendo pesadillas horribles y gritas en tus sueños, gritando por Will o Willy o crank[1] -no puedo entender a través de los sollozos. No vas a salir de tu habitación y no estás tomando llamadas o visitas. Cuando trato de hablarte es como si te bloquearas a mí. No me estás escuchando.



Me quedé allí sentada escuchándola. Yo sufría por tener mi corazón destrozado, roto sin remedio, pero no iba a decírselo. Me quedé en silencio. Ella parecía tomar mi silencio como un estímulo.



—He hecho algunas llamadas y te conseguí una cita con una psiquiatra. Te necesito para ir a hablar con ella. Ella es muy buena y trabaja con los adolescentes exclusivamente. Está muy recomendada y no tienes que decirle a nadie vas a verla. — Las lágrimas brotaron en los ojos de mi madre. Ella las aparto de golpe y dejó escapar un jadeo entrecortado. — Yo... la verdad es que debería haberte enviado hace años. Cuando eras pequeña hablabas de personas en las paredes. Pensé que era tu imaginación, pero ahora me pregunto si de alguna manera tienes algunos productos químicos desequilibrados y este trauma que has experimentado ha provocado algo. — Ella olfateó. — Te hablas a ti misma en la noche aquí. Te escucho hablarle a alguien. Cariño, necesitas ayuda. — Asentí con la cabeza. Sabía que iba a aliviar su miedo. Ella estaba muy preocupada y yo no podía explicar nada de esto sin que ella realmente pensara que estaba loca.



Ella sonrió a través de sus lágrimas y asintió con la cabeza. — Está bien, bueno. Te voy a dar algo de tiempo pero hay que levantarse y tomar una ducha. Entonces vístete y vamos a ir a ver a la doctora Hockensmith. Ella nos está esperando.



Asentí con la cabeza de nuevo y vi que mi madre salió de la habitación, dejando la puerta abierta como un recordatorio de que necesitaba levantarme. Había aceptado ir a ver a un psiquiatra. Mi madre estaba perdiendo el dinero, pero yo sabía que tenía que ir o que ella iba a tener que ver a un psiquiatra de la tensión que le estaba poniendo emocionalmente. Odiaba estar disgustándola, pero me parecía que no podía ver una manera de salir de la desesperación que me consumía.



[1] En español: húmedo o hundir o manivela.

***

a grande, de dos pisos, casa de estuco blanco se paró sobre pilotes enfrentándose a lo largo del Golfo de México. Mi mamá se ralentizó y se quedó mirando la casa lo suficientemente grande como para contener al menos cinco familias cómodamente. Pero entonces, no era una casa para una familia. La casa alegre en la playa era un lugar para sanar a las adolescentes que sufren de problemas psiquiátricos.


Eché un vistazo a mamá, que estaba esperándome para dar el primer paso. Habíamos empacado mis cosas en silencio después de que estuve de acuerdo con el psiquiatra de que sufría de trastorno de estrés postraumático y necesitaba ayuda. Había estado dispuesta a aceptar cualquier cosa para salir de la oficina donde era obvio que ella realmente quería que cambiáramos personalidades o admitiera cortarme. Yo no era una psicópata y este parecía ser el diagnóstico que ella me había dado con el que estaba bien mentir.

—¿Quieres hacer un par de llamadas antes de ir a instalarte? Una de las reglas es que no se puede tener el teléfono aquí. — La expresión de mamá me dijo que temía que la noticia de ningún teléfono iba a ser motivo de ruptura para mí. Asentí con la cabeza pensando en Leif y Miranda. Tenía que hacerles saber dónde iba a estar por un tiempo. Mamá asintió con la cabeza. —Está bien. Voy a empezar a tomar tus maletas y a registrarte. —Ella dijo, las palabras con un pequeño hipo, como si estuviera a punto de romper a llorar. Había manejado todo esto tan bien y ha sido tan fuerte, pensando que esto era lo que necesitaba. Estiré la mano y le cogió la suya, apretándola con fuerza.


—Mamá, estoy bien con esto. Creo que me va a ayudar. No te pongas tan molesta. Todo va a estar bien. —Ella asintió con lágrimas en los ojos. Yo sabía que tenía que mejorar para ella. Tenía que encontrar una manera de vivir con el agujero en mi pecho. Mamá subió las escaleras con las maletas en la mano y cogí el teléfono marcando primero a Miranda.

—Bueno, todo el jodido tiempo veo tu nombre moviéndose por mi pantalla. ¡Por Dios Maite!, que me has estado asustando. —Sonreí con el alivio en su voz.

—Lo siento. —Tomé una respiración profunda. —He sido diagnosticada con trastorno de estrés postraumático. Estoy a la espera de ser ingresada en este centro de rehabilitación para personas con problemas similares. No puedo mantener mi teléfono pero me dijeron que podía recibir visitas, si quieres venir a verme alguna vez. — Miranda se quedó en silencio y comencé a preguntarme si mi teléfono había dejado caer su llamada.

—Por lo tanto, te pueden arreglar... Quiero decir, ¿a esto? —Preguntó lentamente sonar como si estuviera aterrorizada.

—Sí, pueden hacerlo. —Le dije para tranquilizarla. Pero sabía que no me podía sanar. Yo nunca podría ser reparada. Sólo quiero aprender a pasar con los movimientos de la vida para mis seres queridos no se preocupen por mí.

—¿Le has dicho a Leif? —Su voz había perdido la alegría de antes, y odiaba que fuera mi culpa.

—No, te llame primero. —Con un suspiro irregular, me dijo —Te quiero. —Sentí que las lágrimas de quemaban en mis ojos por primera vez. Yo también la quería. —Llama a Leif y estaré allí para visitarte lo antes posible.

—Está bien. Nos vemos pronto. Adiós. —Presione el botón para terminar la llamada y luego llame a Leif.

—Maite. —Él parecía tan aliviado como Miranda.

—Eh, tú —le dije, necesitando tranquilizarlo antes de asestarle la misma noticia que acababa de dar a Miranda.

—¿Te sientes mejor ahora? Espero que sí, Maite, porque te extraño como loco. —Sonreí ante la calidez que su voz siempre causaba.

—Tengo trastorno de estrés postraumático, Leif. Fui a ver a un psiquiatra.

¿Qué es eso? ¿Se te da la medicina para solucionarlo? En su voz sonaba el pánico.

—Es exactamente lo que suena. Tengo problemas para funcionar normalmente debido al trauma que todos experimentamos. Ustedes lo manejaron normalmente. No lo hice. Podría ser un desequilibrio químico, que no están seguros. Pero voy a estar en un centro psiquiátrico por un tiempo. Se supone que me pueden arreglar aquí. No voy a ser capaz de mantener mi teléfono, pero puedo tener visitas. —Leif parecía estar tomando una respiración profunda.

—¿Así que puedo ir a verte? ¿Por cuánto tiempo vas a estar allí?

—Sí, puedes, y no estoy segura todavía.

—Siento mucho lo que te está sucediendo, Maite. Lo siento mucho. —Su voz sonaba llena de dolor y culpa.

—Escúchame, Leif. Estoy lidiando con esto por las cosas que están mal conmigo. Lo que hemos visto sólo lo provocó. Voy a mejorar. —Necesitaba escuchar esa mentira tanto como él. Después de tranquilizarlo varias veces más colgué el teléfono y dejé mi celular en el asiento del pasajero del coche. Mi mochila para la noche era todo lo que quedó en el asiento trasero, así que lo cogí y me dirigí hacia las escaleras hasta mi nuevo hogar, al menos por ahora.
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Re: Webnovela Existence LevyRroni Adaptada(Terminada)

Mensaje por tamalevyrroni el Sáb Sep 26, 2015 11:32 am

***

La sala de color amarillo pálido que me habían asignado contenía una pequeña ventana redonda con vistas a la playa. Abracé a mi madre en la planta baja hacia treinta minutos. Recordándome que estaba haciendo esto por ella. Sería de gran ayuda para lidiar con sus miedos de mi locura. Y estar lejos de mi dormitorio, donde tantos recuerdos de la existencia William, me ayudaría a encontrar una manera de vivir sin él.


Una señora mayor se quedó fuera en la arena con una bolsa de lo que parecía pan de molde, lanzándolo en el aire mientras las gaviotas volaban en círculos sobre su cabeza. O bien ella no era local y no se daba cuenta de que era una muy buena manera de conseguir Oops! en la cabeza, o era un paciente psiquiátrico que estaba demasiado loca para preocuparse por el excremento de pájaro.

Me aparté de la oleada creciente de pájaros hambrientos y estudie la pequeña habitación de madera de por lo menos la mitad del tamaño de una habitación regular. Teniendo en cuenta que este lugar ocupaba veinticinco pacientes a la vez, y diez enfermeras y dos médicos, las habitaciones no podrían ser demasiado grandes, incluso si la casa era una muy grande de dos pisos. Una cama individual se asentaba en el centro de la habitación con una pequeña mesa redonda, blanca que sostenía una lámpara cubierta de conchas. Un solitario espejo ovalado colgaba en la pared en un armario con tres cajones. Un armario muy pequeño, sólo lo suficientemente grande como para colgar quince artículos y mantener tres pares de zapatos, estaba en la pared opuesta. Se me permitió sólo una hora en mi habitación durante el día. Podría usarlo todo en un momento u extenderlo a lo largo del día. Era su manera de mantener a los pacientes rodeados de otras personas. La depresión del aislamiento criado era su regla de oro aquí.

Le eché un vistazo al pequeño despertador que había dejado sobre la mesa redonda. Ya había utilizado diez de mis minutos en mi habitación. Tenía que ir a pasear y ser vista, así tendría tiempo para volver más tarde.


Caminé por el pasillo y cerré la puerta detrás de mí. La pequeña llave que me habían dado estaba en mi bolsillo y cerré mi puerta. Al parecer, no había motivos para preocuparse por el robo de algunos de los pacientes. No se permitía traer cualquier cosa de valor contigo, pero aquellos que sufrían de trastornos de la personalidad tomaban cualquier cosa y necesito mi ropa. Sólo había sido asignada una cantidad pequeña y necesitaba lo que tenía.

Una puerta se abrió por el pasillo y una niña con el pelo espeso, de color marrón y grandes gafas redondas se me quedó mirando, y luego rápidamente estampo su puerta para cerrarla. Oí el bloqueo, haciendo clic detrás de ella. Se asustó con facilidad y espanto. Debe de ser alguien que realmente sufre de Trastorno de Estrés Postraumático o PTSD[2], ya que estaba aquí. Me quedé mirando las otras puertas cerradas, preguntándome si todo el mundo en esta sala tenía el mismo trastorno. Si las noches iban a ser ruidosas con los gritos causados por pesadillas.

Bajé las escaleras hasta el salón principal, o lo que ellos denominan la Gran Sala. Allí era donde las televisiones interpretaban comedias y lo juegos de mesa se establecían en las mesas. No había ordenadores o Internet disponibles para los pacientes. Una enfermera me sonrió alegremente mientras caminaba con una cesta llena de aperitivos.

—Vamos a comer nuestra merienda pronto. Pásate por aquí y podrás conseguir algo para comer y conocer a algunos de los otros pacientes. Tenemos varios de tu edad. —Un encuentro con los adolescentes con trastornos psiquiátricos no era muy atractivo para mí. Pero no dije nada. En su lugar, me dirigí a las puertas dobles de cristal que daban hacia el piso.


—No serás capaz de abrirlas. Se bloquean. Ya sabes, para nosotros, los locos que podemos tener un salvaje capricho para ver si podemos volar. Aunque, me imagino que la arena no nos va a matar cuando nos golpee. —Me di vuelta para ver a una chica joven con el pelo teñido de rubio que yo suponía le llegaba hasta los hombros. Ella lo tenía levantado en dos coletas en la parte superior de su cabeza. Llevaba lápiz labial de color rojo brillante, que contrastaba con su piel pálida.

—Gracias. —Ella se encogió de hombros.

—No hay problema. Si deseas salir y disfrutar de la playa puedes obtener una enfermera para que te acompañe. Les gusta tener una excusa para salir a la calle. —Me acordé de la señora afuera alimentando a las aves. Ella había estado sola. Realmente no quiero saber quién era, por lo que una vez más asentí y dije—: Gracias. —Ella inclinó su rostro delgado de lado a lado y actuó como si estuviera examinando algo más espectacular.


—No estás loca, ¿verdad? —No me esperaba que esta chica extraña hiciera tal observación precisa. Después de todo, los médicos, todos creían que necesitaba ayuda. Me encogí de hombros, sin saber cómo responder.

—Bueno, ellos parecen pensar que lo estoy. —Ella levantó las cejas oscuras que había quedado fuera del blanqueo.

—Ellos pueden estar equivocados. Lo han estado antes. —Me pregunté si se refería a sí misma. Mire a la enfermera que estaba sentada detrás de un escritorio de trabajo en un ordenador portátil. Ella no parecía reaccionar a la acusación de que había gente aquí que no pertenecían.

—Karen sabe que es verdad. Ella no lo quiere admitir. ¿Vas con la enfermera Karen? —La rubia sonreía a la enfermera, quien levantó la vista y puso los ojos con cariño y volvió a escribir. —Ella lo sabe, pero está demasiado ocupada en Twitter para admitirlo. —La enfermera se acercó y le dio unas palmaditas a la pila de papeles que había junto a ella antes de mirar hacia atrás a la rubia de nuevo.


—Estoy conectando medicamentos y resultados de pruebas.

—Bla, bla, bla. No dejes que te engañe, ella es una Oops! de Twitter. Por eso esta todo el jodido tiempo de Oops!. —La enfermera le disparó una mirada de advertencia.

—El lenguaje, por favor. Vas a perder diez minutos de tu tiempo de habitación, si no tienes cuidado. —La rubia se encogió de hombros y me miró.

[2] Post-Traumatic Stress Disorder.

—Como he dicho, no siempre tienen la razón por aquí. Lo puedo ver en tus ojos. Estas muy sana. No tienes los demonios en tus ojos como la mayoría de la gente de aquí. —Se puso de pie y se estiró, mostrando un muy pálido, vientre plano. Tenía una gran barra negra a través de su ombligo.



—Soy Gee, por cierto. —Ella sostuvo su mano, extendiéndola hacia mí, cuando fui a sacudirla ella retiro la mano. —Regla número uno, no estreches la mano de nadie. Este lugar está lleno de locos. —Sonreí.



—Supongo que no eres uno de ellos. —Ella soltó una carcajada.



—Oh no, yo estoy tan jodida como ellos vienen. —Ella paseaba lejos y golpeó los papeles en los que la enfermera estaba trabajando mientras pasaba por allí.



—No Twitees demasiado, Karen, que es malo para los ojos. Tendré que tirarte fuera de esa Oops!.





—Diez minutos, Gee —dijo a la enfermera sin levantar la vista. Gee miró hacia atrás y me guiñó un ojo.

—No les gusta las palabras sucias por lo que si tienes una boca de Oops! necesitas dominarla.

—Veinte minutos, Gee —dijo la enfermera de nuevo, todavía centrada en la pantalla. Gee se cacareo una carcajada de nuevo y se dirigió hacia el comedor. La enfermera me miró.

—Gee es definitivamente un caso especial. Aprenderás a no hacerle caso. Es hora de la merienda en el comedor, si quieres ir a comer algo y conocer a otros pacientes. —Yo sonreí.

—Gracias, pero no estoy muy hambrienta. ¿Puedo quedarme aquí y ver la televisión? —La enfermera Karen asintió con la cabeza y volvió a su trabajo. Me acurruqué en un sillón y me quede mirando fijamente a la pantalla de televisión sintiéndome más sola que nunca.



16



El comedor era una habitación grande con cinco largas mesas que se sentaron diez personas por cada una. Un buffet de estilo cafetería se estableció donde las enfermeras llenaron los platos de los pacientes. Esta era la única habitación con grandes ventanales. Todo el muro sur era de grandes ventanales sobre todo diversas imágenes dan a la playa. Le di las gracias a la enfermera que me entregó la bandeja de color rojo brillante llena de macarrones con queso, que parecía muy comestible, tiras de pollo asado, una ensalada César, judías verdes, un panecillo de trigo grande, y una pequeña porción de algún tipo de crema que ya sabía que no estaría intentando. Las mesas más cercanas a las ventanas parecían ser las más populares ya que estaban llenando de agua y unos pocos pacientes estaban discutiendo sobre lugares específicos. Decidí sentarme en una de las mesas más allá de las ventanas. No quería tener que lidiar con la sentada en el asiento codiciado de alguien. Tomé una taza de plástico llena de té helado y me dirigí hacia la última fila de mesas.



—Por que no vas a buscar tú misma algo de azucar. El té no es dulce sin ella y es sólo desagradable. —Una chica con el pelo fibroso, de color marrón y grandes, ojos marrones, con el ceño fruncido todo el pie en la taza en la mano. Sus dientes parecían sobresalir un poco y tenía la nariz cubierta de pecas. Ella me recordó a alguien que uno podría encontrar en una granja en algún lugar.



—Oh, eh, gracias, pero yo no tomo azúcar en mi té helado —le expliqué y ella gruñó con la nariz.



—Debes ser entonces de Florida. ¿No entiendo porque ustedes continúan como si fueran del norte?, Ustedes están más al sur de lo que estamos en Mississippi y sabemos que el té helado necesita azúcar.



Me esforcé para entender su acento, pero me sonrió y se volvió hacia la mesa que había sido repartida para cuando me di cuenta de que ahora tenía dos otros ocupantes: la chica con el pelo marrón y espeso que se había cerrado la puerta y se encerró en el interior después de haberme visto a mi antes, con Gee. Vacile y me preguntaba si tal vez debería ir a sentarme en otra mesa cuando Gee me lanzó una sonrisa desafiante. Me imaginé que mejor que te quedes con mi plan. Gee espera que me vaya a otro sitio y no quería que su pensamiento me asustara. Estaba un poco sorprendida de que ella estubiera sentada con la niña inquieta. Gee no parecía la clase de persona que estubiera con una persona miedosa y nerviosa .



—¿Ya no has pensando uh sentarte de nuevo con aquellos dos? —La chica de campo me preguntó.



Me encogí de hombros. —No veo por qué no.



Ella se echó a reír. —Porque Gee es una loca, por eso. Es directamente de Looney Toons[1], te lo digo. —Me mordí para no devolver la sonrisa por el hecho de que este lugar era para los enfermos mentales. ¿Acaso no que todos estaban un poco Looney Toons?



—Um, gracias, pero he conocido a Gee y ella parece estar bien. —La chica junto a mí se me quedó mirando como si me estudiara cuidadosamente.



[1] Serie de dibujos animados de la compañía Warner Bros. Looney Tunes se significa Canciones chifladas.

—¿No eres una esquizofrenica, también? Porque tengo que saber. No es confortable estar alrededor de los esquizofrenicos. —Miró a Gee y me pregunté si era eso lo que era. ¿Tenía esquizofrenia?



Negué con la cabeza. —No, tengo trastorno de estrés postraumático.



Ella sonrió. —Ah, bueno puedo lidiar con eso. Son fáciles de manejar. Yo, soy bipolar. Mamá me había llevado por haber tratado de matarme.



Me puse rígida, mirando a esta persona amigable con el aspecto agrícola de niña inocente, preguntándome cómo alguien como ella podría tratar de acabar con su vida. —¿Por qué? —Me oí preguntar.



Ella se encogió de hombros. —A veces me siento tan triste que suena bien. —Dijo esto con toda seriedad y me estremecí. Nunca me di cuenta que había chicos de mi edad que parecían normales, pero tratan con mucho internamente. Estaba sentada con mi bandeja hacia abajo a través de la espesa morena—. Es bueno hablar —dijo la chica de campo, sonriendo.



—¿No vas a sentarte a mi lado, Henrietta? ¿Por qué, Henrietta, creo que mis sentimientos están heridos?. Puedo sentir la necesidad de llorar aquí, delante de la maldita cafetería —dijo Gee, sonriendo a la forma de riendose de la chica de campo.



—Déjala en paz —Siseó la tupida morena antes de meter una cuchara llena de macarrones con queso en la boca.



Gee le devolvió la sonrisa a la tupida morena. —Es muy divertido burlarse de Henrietta. A veces, incluso puedes hacerla decir 'que he tenido'. Ahora déjame mostrarte como lo digo. —Gee imitó el habla de Henrietta perfectamente. La tupida morena sonrió y se tragó su bocado de comida.



—¿Así que no estás loca? Yo soy Jess, lo siento por el día de hoy, pero no estoy en el cumplimiento de los nuevos locos que vienen. Estoy loco lo suficiente y no necesito nada más locos que los que me rodean. Dedico mucho tiempo con Gee como es. —Gee sonrió y sacó la lengua, que también tenía una barra en ella pero esta era de plata. Me quedé sorprendida por la aparición de la lengua y ella se rió a carcajadas.



—Relax. Maite. No muerdo, al menos, no muerdo a otras personas. —Ella se rió de su comentario al igual que su compañero. —Le dije a Jess no para obtener todos sus estados sobre ti. Yo te había visto, y no había nada malo en ti. Pero tú eres interesante. Nos parece que no puede averiguar qué es lo que parece pensar que tu tienes.



Moví el alimento alrededor en mi plato, pero nada me llamó la atención.



—Trastorno de estrés postraumático. —Se lo suministre, mirando hacia ella.



—Ah, así que piensas que has tenido el trauma y lo arruinaron contigo. ¿Lo que es realmente malo, ya que sabemos que no estas un loca? ¿Qué hiciste para conseguir ser enviada aquí? —Preguntó Jess antes de improvisar otra cuchara llena de macarrones con queso en la boca. Miré hacia las enfermeras que habían comenzado ya a patrullar las mesas laterales.



—Eso no es esa algo de lo que realmente quiero hablar. —Cogí mi rollo, con la esperanza de que si yo empiezo a llenar mi boca ellos dejarían de esperar que yo hable.



Gee asintió con la cabeza y luego le dio un codazo en el costado a Jess. —Observa a Roberta. Ella está a punto de sacar a Kim para tocar el plato. ¡Ah, maldita sea, no es esa enfermera Karen. Ella toma a Roberta para obtener una nueva placa y lavarse las manos. —Gee sonrió hacia mí—. Roberta es el mejor tipo de enfermo mental para meterse.



—Ella es el trastorno obsesivo compulsivo —Jess terminado por ella sonriendo. Al parecer, los pobres problemas de Roberta eran una cuestión de entretenimiento. Gee tiró el anillo de la lengua con los dientes.



—Oops! divertida —dijo ella, sonriendo.



—Diez minutos mañana, Gee —dijo la voz de la enfermera Karen detrás de mí.



Jess entornó los ojos. —¿Por qué hacer eso cuando usted sabe que ella puede oír?



Gee se encogió de hombros. —Porque puedo. O porque no me gusta ir a mi cuarto sola. Usted sabe que las voces en mi cabeza son muy altas cuando estoy sola. —Gee dirigió una sonrisa hacia mí y dio un mordisco a su pastel de crema.
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